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Hola! soy yo el del verbo rápido y la respuesta ingeniosa...

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Verde
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Mi padre había venido a verme, en el hospital todo era verde, sillas verdes, vasos de plástico verdes, azulejos verdes, enfermeras enlatadas en batas verdes, viejos verdes que miraban a las enfermeras, sábanas y almohadas verdes y los ojos verdes del señor Valverde un tío muy curioso que siempre estaba recitando versos. Sus ojos verdes claros miraban al frente, perdidos “verde que te quiero verde, verdes carnes verdes ramas” exclamaba una y otra vez, parecía estar reflexionando, creo que era un tipo soñador. Era el día de pascua y el dueño de la confitería de abajo había donado 30 kilos de caramelos mentolados en unas bolsitas traslúcidas de color esmeralda para los pacientes del hospital. Habían colocado un árbol de Navidad en nuestra Planta y ante la insistencia de los pacientes nos habían prometido pintarlo de Rojo. Los caramelos, bastante raros por cierto, eran de color verdemar y tenían un fuerte sabor a menta. Mi padre me ponía la mano en la frente para controlarme la fiebre, cuando de pronto una sensación de bienestar pareció apoderarse de mí. Escuchaba la voz de las telefonistas de abajo, una bellísimas conversaciones telefónicas subía hasta nuestras habitaciones y se colaban por los quirófanos haciéndonos cosquillas en los pies, las botellas de oxígeno se irisaban en una explosión multicolor mientras una musa invisible con voz de sirena nos susurraba al oido unas baladas preciosas en francés y en argentino. Mi padre me miraba con cara de mono y el señor Valverde saltaba por la ventana del hospital cada cinco minutos. Una enfermera cantaba con “Énfasis”, el perro cántor, que era propiedad del guarda jurado de los almacenes de enfrente de mi casa, ladraba con voz atropellada una canción preciosa que hacía flotar las camas y encender la llama de la concordia. Podría decirse que aquellos caramelos tenían cierto poder alucinógeno o que yo estaba padeciendo “delirium tremens”, una salchicha entró en la habitación y se enamoro del señor Valverde el señor Valverde se enamoró de la salchicha, pero ni el amor que había crecido dentro de él era tan fuerte como para contrarrestar el placer que sentía al despeñarse por la ventana. Antes de tirarse dijo: lo siento tu eres una salchicha y yo un saltamontes recuerda que te quiero, la salchicha presa del dolor se tiró en los morros de Énfasis “el perro cantor” que se la comió, cantando en su honor una canción que decía Guau,Guauu; Grrrr, Grrrrr, Ñam, Ñam. Todo el mundo lloraba por la salchicha todos menos mi padre que se reía de todo lo que pasaba. El señor Valverde se tiró por décima vez y ya no volvió a aparecer, el perro cantor calló de súbito y a mi padre se le cayeron veinte duros, todo había vuelto a la normalidad y todos absolutamente todos teníamos la Esperanza de que el próximo año en pascua nos regalarán más caramelos. “Verde que te quiero verde”., gimió afuera y en la oscuridad un hombre acostumbrado a no dormir la mona que deambulaba de un lado al otro de la calle, riendose de él y de todo el mundo.

VERDE, VERDE COMO EL AGUA CLARA CUANDO ME MIRO EN TUS OJOS MI CORAZON SE DISPARA, MI CORAZÓN SE DISPARA. LA PLATINTA QUE TU RIEGAS CRECE QUE CRECE QUE CRECE Y EN MI PECHO REVERDECE... VERDE COMO EL ANCHO MAR, VERDE COMO EL ANCHO MAR....

Música: Wave By Antonio Carlos Jobim
 
Una calle de Cádiz



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Hay calles con solera, como los buenos vinos y en estas calles, es imposible no mirar a un lado y otro, y preguntarse por ejemplo, que secretos guardan los ladrillos. Una de estas calles, (donde no me importaría vivir mis últimos días como dueño de una polvorienta librería, o de una relojería), es la calle Feducci, de Cádiz. Es una calle que asombra por su sombra, una calle nostálgica. Donde hay una tiendecita de antigüedades, un consultorio espiritualista- conceptista, un club de amigos del rol, una tienda de catas de vinos y una farmacia (una calle que se precie debe tener su farmacia y su resplandor de neón verde,¿¿¿Por qué sino que sería delos días de lluvia???). El sol brilla por su ausencia en esta calle empedrada, donde el agua del alcantarillado musita a tu paso. Las fachadas suben queriendo cerrar el cielo y yo le doy las gracias por ello, por que se refugia aquí mi cuerpo y mi alma. Por esta calle he paseado multitud de veces, cuando no he tenido nada que hacer y he andado sobre mis pies para volver a recorrerla. Pues es una calle Tenoria, Lazarística, Bohemia. Por las noches, el silencio recorre sus calles y veo doblar la esquina a Jack el destripador convertido en un funcionario del ayuntamiento , mirar por la ventana a la anciana de Psicosis que a su pesar espera la llegada de Norman, que no llegará hasta que ella quiera e incluso el perro de los Baskerville que olisquea aquí y allá convertido en un perrillo encantador que me mira un segundo y me mueve la cola. Llegó al final de la calle y chocó frontalmente con la realidad, despierto del sueño me doy de bruces con la plaza del Palillero, ante mi una tienda de ropa cara, una casa de discos y un multicines. Una mueca se desdibuja es mi boca... que demonios demos una vuelta más...pues soñar no cuesta dinero.


Música: Begin the beguine (Cole Porter).