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El Incordio
Sano ejercicio del derecho al pataleo: entrada a saco en la comunión con ruedas de molino.
Sindicación
 
En tiempos de tribulación no hacer mudanza (de opinión)

El momento ha llegado. Gracias a la tecnología digital será posible lo que ni la Revolución Francesa, ni la República española, ni el Soviet Supremo, ni el Mayo del 68 hicieron realidad. Nosotros tenemos una nueva oportunidad para materializar la Arcadia soñada.

¿Vamos a ir a por todas o sólo queremos música gratis?


Son las palabras finales -en tono sarcástico- del artículo de Jaume Sisa publicado en «La Vanguardia» anteayer, 17 de octubre de 2004.

Jaume Sisa, quien en 1976 cantaba esto:

Oh, benvinguts, passeu, passeu!
De les tristors en farem fum.
Que casa meva és casa vostra
si és que hi ha
cases d'algú


Lo traduzco:

¡Bienvenidos, pasad, pasad!
Convertiremos las penas en humo.
Que mi casa es vuestra casa
si es que hay
casas de alguien


Qué pena, hacerse viejo...



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La Comisión del Monopolio de las Teleoperadoras

Llevo desde el viernes aguantándome los dedos. Mejor dicho, dejándolos ir y borrando todo lo que de ellos sale, por miedo, más que por falta de justicia y de razón, a ir de narices ante el juez de guardia acusado de injurias, de más injurias, de venga injurias, de inundación de injurias y de lanzamiento de sapos y culebras a morros tenidos -vaya usted a saber por qué- por honorables. Venía utilizando, además, un lenguaje que, en expresión de Tom Wolfe, calcinaría el cerebro a media ciudadanía y media ciudadanía -bastante más de media- ya está muy quemada con todo lo que acontece en este desgraciado país. Así que necesitaba el transcurso de algunos días para calmar mi incendiaria ira.

La cosa es que el viernes me llegó, a través de una de las listas de correo de Softcatalà, la noticia de que la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (en adelante, CMT, para no desperdiciar bytes estúpidamente) había obligado al Ayuntamiento de Barcelona al cierre de su red WI-FI, es decir, sin cable por suministrar Internet gratuitamente. El Ayuntamiento, precisamente a fin de que no sucediese esto, había limitado el servicio a unas pocas docenas de páginas web, todas ellas de carácter administrativo e, incluso, estaba dispuesto a darse de alta formal como operador de telecomunicaciones. Pero la CMT quería más: quería que el servicio no se financiara con una sola pesetas de dinero público lo que, de hecho, hubiera implicado cobrar al usuario por la prestación de este servicio que el Ayuntamiento entiende como público. No estando dispuesto el Ayuntamiento a darse de alta como operador en estas condiciones, ha cerrado su red. Nada que decir, no podía hacer otra cosa. Me refiero al Ayuntamiento, claro.

Lo de la CMT es distinto. Yo me pregunto si en el conjunto de una Administración del Estado -más la autonómica y la municipal, así en general- que ya de por sí contentos nos tiene a los ciudadanos con su eficacia y, sobre todo, por la nula preeminencia que los intereses cívicos tienen en el ejercicio de sus funciones, habrá organismo más inútil, incompetente, negligente y entregado a intereses ajenos al ciudadano que la CMT la cual, en teoría, es un elemento regulador de un mercado y, en la pràctica, no sirve -aparte de para nada- más que para liarlo, para complicarlo, para asfixiar iniciativas que pueden favorecer al usuario y, en definitiva, para perpetuar la condición de Sierra Morena de ese mercado, en manos de compañías cuyo único servicio es participar activísimamente en la operación de esquilmar al ciudadano, la mayoría de ellas sin tan siquiera la mínima inversión que justificaría el atraco, convirtiéndonos a todos en rehenes y en siervos de la gleba de esas compañías (las peores de Europa en calidad de servicios y en precios) todo ello amenizado por los cantos rituales de los sumos sacerdotes de la CMT sacrificando nuestros desgraciados bolsillos a los crueles dioses timofónicos.

Cada día se suceden las alegres noticias con que nos obsequia ese organismo putrefacto: en poco más de una semana, congela una oferta de Timofónica -no muy buena, es verdad, pero esa es otra cuestión- sólo porque muchas de las demás operadoras no pueden competir con ella (al no haberse molestado en tener una infraestructura propia... ¿para qué, si está la CMT?); a continuación, lo del Ayuntamiento de Barcelona que encabeza y, en cierto modo, motiva, este artículo; y hoy mismo nos enteramos del caso indignante de un ciudadano al que una práctica de slamming realizada por Uni2 (práctica sobre la que la CMT, faltaría más, no se ha cansado tomando medidas que la impidieran) ha llevado a una de esas listas de morosos mafiosas y bandidescas (otra cosa a la que habría que meter mano dentro y fuera de las TIC) sin comerlo ni beberlo. Según Timofónica (para nuestra relativa suerte, principal perjudicada -aparte del usuario- por esa buitresca práctica), estos casos se están dando por miles. Y en la CMT deben pasar el tiempo quitándose barrillos de las nalgas: total, para qué molestarse si este problema sólo afecta a los ciudadanos porque, señor Alierta, hombre, por unos miles de clientes que su cuenta de resultados ni va a notar, no vamos a deteriorar el buen rollo que nos llevamos desde siempre ¿verdad?

Viendo lo que es y cómo funciona la CMT, y siendo uno catalán, no sorprende que el gobierno central haya accedido a que se instale en Barcelona. ¡Menudo muerto se quita de encima! Los que estamos apañados somos los catalanes, como Maragall siga obteniendo “logros” como ese...

Yo sugeriría a nuestro President que, en su aparente empeño por revitalizar conjunta y administrativamente los territorios de la Corona de Aragón, propusiera el traslado de la CMT a los Monegros, lugar donde, con todo el respeto para mis queridos aragoneses, daría poco por el culo o, por lo menos, no daría más de lo que da ahora, que ya sería de agradecer, visto lo previsible. Ubicada en la cosa esa barcelonesa del “Distrito 22@”, yo creo que provocaría tal fuga de empresas que el mencionado proyecto municipal sería un fracaso aún mayor que el Forum (camino que, por otra parte, lleva, incluso sin necesidad de la CMT, pero esa es otra historia de la que ya hablaré -y largo- un día de estos). Si no pudiera ser en los Monegros, quizá unas conversaciones con el gobierno foral Navarro permitirían instalarla en las Bardenas Reales, a ver si hubiera suerte...

Por cierto -y como ya he oído por ahí más que insinuaciones-... ¿podría ser que esto de darle cerrojazo al Ayuntamiento fuera una pataleta de los yuppies de la CMT por su deslocalización madrileña hacia Barcelona? Aunque no me sorprendería nada, nada, nada, a beneficio de mis dedos y de mi eventual comparecencia ante el juzgado de guardia prefiero pensar que no, que se trata, simplemente, de otra idiotez más de carácter ordinario.

¡Qué calvario, Señor..!



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Código penal al mono, que es de goma

Recuerdo cuando, hace treinta años, en las clases de Derecho Penal de la Universidad barcelonesa, el sapientísimo profesor Córdoba Roda criticaba la inclusión de nuevas conductas en el Código. Decía que la tendencia había de ser justamente la contraria y que los bienes jurídicamente protegibles debían serlo por vía tan dura muy en última instancia y, sobre todo, teniendo como prioridad la vida, la integridad física y la libertad de las personas; y que, salvo en casos muy extremos, las relaciones sociales y sus distorsiones debían ser reguladas mediante otras vías jurídicas (civil, mercantil, administrativa, etc.). Aún me acuerdo de eso como si tuviera delante los apuntes que tomé en la época, quizá porque decía esto justamente en 1974 y ya sabemos qué director de orquesta conducía la partitura en aquel momento histórico, y aunque la orquesta ya sonaba mortecina y desafinada, aún producía un cierto ruc-ruc en las tripas decir y oir decir según qué cosas.

En los últimos años me he acordado mucho del doctor Córdoba y de sus críticas, quizá porque en estos mismos últimos años el Código penal se va pareciendo cada vez más a la Enciclopedia Espasa. La falta de imaginación, de profesionalidad, de cultura e, incluso, de coeficiente intelectual de los políticos y, además, en su caso, la brutalidad política como criterio para administrar una mayoría absoluta, ha hecho que sobre cada problema nuevo se dé carpetazo a base de añadir un artículo, o grupo de ellos, al ya abultado Código. ¿Que demasiados hombres cascan a las mujeres? Nada de educar a los jóvenes (que suben de un bárbaro inaguantable): Código penal. ¿Que pisamos demasiado fuerte el acelerador? Nada de poner límites a la potencia de los coches: Código penal. ¿Que la gente usa un derecho otorgado por la ley de un modo que disgusta a la $GAE y a la industria discográfica? Código penal. Y así podríamos llegar a la cita que un día encontré en un libro de Vizcaíno Casas («El revés del Derecho», creo recordar, porque cito de memoria), que mencionaba un opúsculo del siglo XVIII o XIX titulado: «Algunas modificaciones que podrían sugerirse a las leyes penales inglesas, efectuadas por un hombre honrado que no está seguro de no ser ahorcado algún día». Y apostillaba Vizcaíno que tan poco seguro estaba el hombre, que se mantuvo en el más absoluto anonimato. Bueno, yo, tanto como la horca, no temo padecerla, a menos que den total satisfacción a los deseos de Teddy Bautista, que el día menos pensado pedirá la pena de muerte para los críticos con la $GAE, pero tampoco estoy completamente seguro -pese a mi acreditada probidad- de no ir a parar, en el futuro, ante un juez de guardia. ¿Acusado de qué delito? Algunos bien posibles, al paso que vamos, podrían ser los de apología del conocimiento libre, apología del “copyleft”, creación musical o literaria sin adhesión a entidad alguna de gestión de propiedad intelectual, importación de soportes digitales sin pago de diezmo a la $GAE y no descarto tampoco una acusación por sedición o rebelión al negarme a adquirir, ni a título oneroso ni gratuito, música sometida a cargas de propiedad intelectual.

En materia de propiedad intelectual (hay que hablar en estos términos y no, desgraciadamente, de derechos de autor) el código penal ha montado un cisco como pocas veces se ha organizado en el mundo forense. Yo no sé si los legsladores del Partido Popular quisieron hacer de propósito algo confuso para quitarse el muerto de encima y, de paso, para utilizar la ley según les conviniera a cada momento, o, simplemente, es que no saben escribir la O con un canuto. Cualquier explicación es plausible. El PSOE se opuso, en trámite parlamentario a esta reforma penal y luego ha experimentado el síndrome “tripartítico” dolencia propia de partidos de izquierda que se caracteriza por hacer malo cuando están en el poder todo lo que era bueno cuando estaban en la oposición y viceversa. En Catalunya estamos empolladísimos de ese síndrome, como he explicado hace breves fechas y no por primera vez. Algunos opinan que el virus se introduce en el organismo cuando el paciente, incapaz de hacer una oposición constructiva y creativa, dedica íntegramente su actividad parlamentaria a echar arena a los cojinetes del partido rival. Víctima, pues, de tan común pero grave enfermedad, el PSOE, pese a haber tenido tiempo sobrado para frenar o enderezar a términos coherentes dicha reforma, pues nada, la ha promulgado como si tal cosa. Y a las pocas horas de hacerlo, ha asegurado que reformaría la reforma, aunque ni pío sobre el sentido de esa nueva recontrareforma, lo que hace temer lo peor y entonar el tradicional y socorrido Virgencita que me quede como estoy dadas, entre otras cosas, la ministra de Cultura y, ostras, doña Carmen Chacón, que está de número dos en la mesa del Congreso, amigas de la $GAE y acreedoras -al menos doña Carmen- de sus agasajos.

Ya es mala suerte: o somos víctimas del partido de la cámara de comercio o somos víctimas del partido deudor de la farándula, pero, los unos por los otros, no salimos del hoyo, si bien vamos modificando nuestra posición; hoy, sin ir más lejos, he leído que ya no somos el tercer país de Europa empezando por la cola en materia de TIC: ahora somos el segundo, con Grecia de farolillo. Hasta Portugal e Irlanda, dos países europeos bastante más desgraciados que el nuestro en cifras socioeconómicas globales, están por delante en materia tecnológica. Lo cual quiere decir que, de sostenerse esta relación, dentro de poco ya no serán países tan desgraciados y nosotros sí lo seremos mucho más que ellos, y no sólo en materia tecnológica. Pero como la gente ya está contenta con el Window$ o con aquello de yo, de informática, no entiendo, pues no hay novedad, señora baronesa y todo será seguir llorando porque tenemos a los chavales entre el paro y el contrato basura.

Sic transit gloria mundi.



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El poder de las bitácoras

Me anima las pajaritas, en este día de “puente” que, por no serlo para mí, me resulta soporífero, un artículo de mi admirado Antonio José Chinchetru en «Libertad Digital», titulado “Pecados blogosféricos”, por el que, inevitablemente, me siento aludido. No personalmente o a título individual, por supuesto: no creo gozar del alto honor de merecer la atención de don Antonio José (y conste que lo digo sin el menor ánimo sarcástico); pero sí como parte de un colectivo que reivindica para sí una cierta trascendencia en el reparto del, llamémosle, poder mediático. En mi caso concreto, esa reivindicación no se ha limitado simplemente a las bitácoras (Chinchetru sí ciñe a ellas sus críticas) sino que las he extendido a los foros, a las listas de correo y grupos de noticias e incluso -lo asevero ahora por primera vez- a algunas comunidades basadas en mensajerías instantáneas (Yahoo, ICQ, MSN, etc.).

Naturalmente, estoy de acuerdo con que no hay apenas bitácoras que por sí solas tengan alguna influencia, y las pocas que la tienen petenecen a autores consagrados de la prensa ordinaria (en papel o digital), aunque la cosa cambia con la blogosfera considerada en su conjunto; también es desgraciadamente cierto que, en comparación con las de los Estados Unidos, nuestras bitácoras locales no levantan ni el polvo; pero es que en cualquier comparación tecnológica y mediática con los Estados Unidos los pobres españoles mordemos estrepitosamente ese polvo que no levantamos, claro que eso incluye también a los medios comerciales (en papel y digitales).

A mí no deja de sorprenderme lo deprisa que se ponen de acuerdo los medios comerciales de todo el arco ideológico y empresarial, cómo desde «El País» de don Juan Luis hasta la «Libertad Digital» de don Federico se vapulea al independiente con rara unanimidad. Para ser nuestras bitácoras y nuestros confidenciales tan poco influyentes y tan amarillos, hay que ver lo que estamos molestando a los que hasta ahora tenían la exclusiva de la información y hacían de ella mangas y capirotes. Pero todo hay que relativizarlo: también hace poco ponían a parir a los medios comerciales gratuitos (en papel), incluso llegaron a amenazar de boicot a los kioskos que los distribuyeran, y ahora los más poderosos tiburones mediáticos del papel (Polanco y Zeta) ya preparan los suyos propios. Y es que, amigo, o se corre o se pierde el tren.

Lo único que no harán los medios comerciales (o no harán públicamente) es una profunda autocrítica, un análisis de por qué el ciudadano huye de lo que, en definitiva, son fotocopias con distintas presentaciones, formatos y colorines, y busca la información diferente, busca lo que quiere saber y no le dicen, busca poder opinar debajo de un artículo sin la censura del responsable de la sección de cartas al director. Internet ha hecho realidad lo que hasta hace muy pocos años sólo era una falacia: la libertad de expresión. Libertad de expresión que debería consistir -y al fin consiste- no sólo en poder decir lo que se quiera sin acabar en comisaría, sino en tener la posibilidad de ser escuchado por todo el mundo; y luego que sea cada cual quien decida libremente si quiere escuchar o no. Nuestra presunta libertad de expresión no era sino un sarcasmo constitucional reducido a la oficina, al bar y al comerdor de casa. La verdadera libertad de expresión estaba secuestrada por los medios convencionales, y lo que ha logrado Internet es el fin de ese secuestro y eso es lo que trae de cabeza a más de cuatro que hasta hace bien poquito tenían el monopolio de la información... y del silencio. Sobre todo del silencio: aquello de lo que no se habla (de lo que no hablan ellos), no existe. Y de pronto... hay espacio suficiente y sobrante para que todo el mundo hable de lo que le dé la gana. Duros son los tiempos para los manipuladores: ya no hay que tener el gran capital a que obliga un periódico, una emisora de radio o una cadena de televisión (o todo junto) para poder hablar y que otros puedan escuchar. Se resiente el poder... y se resiente el negocio, quizá.

Juan Luis Cebrián, por ejemplo, acusaba hace pocos días a los confidenciales de lanzar al tuntún información sin contrastar. ¿Y quién nos garantiza el contraste en «El País», en «ABC», en «El Mundo» o en «El Periódico»? ¿Él? ¿PedroJota? ¿Los dos juntos (y demás colegas)? Pues estamos apañados... Precisamente, no hace muchas semanas, varios redactores de «El País» se quejaban de la imposición de criterios pro-socialistas sobre su trabajo por parte de la dirección y del editor. Magnífica garantía en materia de contrastes: la liquidación de lo único de lo que aún nos podíamos -más o menos y por casos medidos- fiar: la ética de los profesionales. Por no hablar del tango mediático a que ha dado lugar la piscina pública/privada de PedroJota en clave no del interés público eventualmente lesionado sino de puñaladas traperas entre rigurosísimos y contrastadísimos tiburones disputándose la carnaza.

Yo sigo sosteniendo que, más de una vez, la opinión cívica manifestada a través de Internet ha suscitado tal debate que ha obligado a los medios comerciales (sobre todo, a los de papel, en este caso) a entrar en la poémica suscitada: y me reitero en que el más claro ejemplo de ello fue el noviazgo de Felipe de Borbón con la señora sueca aquella. Bien es cierto que, a partir de ese obligatorio afloramiento del asunto a la superficie mediática convencional, y ya puestos, varios factótums de intereses diversos aprovecharon para arrimar el ascua a su sardina, pero esa ya sería una cuestión que atañe, precisamente, al problema de manipulación permanente a que nos someten, desde un campo ideológico u otro (o de interés económico o fáctico) los diversos medios de comunicación comerciales.

También ha causado indisimulado pánico entre la clase política y mediática lo que ocurrió el 13-M, el famoso «¡Pásalo!», aunque fuera a través de otro tipo de medio de comunicación, pero medio libre e incontrolable, a fin de cuentas: el teléfono móvil. En la evidencia de que una oleada de SMS pudo muy bien derrumbar la expectativas electorales de un partido, y aunque en esta ocasión el gran perjudicado fuera el PP, nadie, en ningún partido de izquierdas o de derechas, dormirá tranquilo ya: el día menos pensado, en el momento menos pensado, el «¡Pásalo!» puede ser su sentencia de muerte electoral y reducir a escombros discursos, mítines, campañas, gastos inconmensurables y demagogias; los esfuerzos de la prensa comercial, al servicio de este o de aquel, pueden resultar baldíos en cuestión de unas pocas horas vespertinas y nocturnas y sin respuesta ni reequilibrio posible. Y esto, señores, aunque ya sé que no les gusta nada, lo que se dice nada, es democracia. La prueba es que, paulatinamente, el Partido Popular ha ido apagando la cantinela contra la noche de los SMS largos porque, no pudiendo acusar de ella al PSOE (no puede probarlo, sencillamente porque no hay tal culpabilidad, ya le gustaría al PSOE tener ese poder), dar en público el debido aprecio a la fuerza del medio es contraproducente: para ellos y para todos. Por eso van callando mientras Cebrián y Losantos se angustian en la misma medida.

Al igual que le ha pasado a Micro$oft con el software libre, que adoptando la táctica de silenciarlo para que no existiera, podría haber colaborado decisivamente (y muy a su pesar, por supuesto) en su crecimiento hasta lo irreversible y ahora es causa de los dolores de cabeza de don Guillermo y de los ataques de histeria de don Esteban, los medios convencionales han ninguneado a la opinión en la red hasta que ésta les ha atizado en la cara. Ahora ya es tarde, pero, si les sirve de consuelo, nada hubieran podido hacer aunque hubieran tomado cartas desde el principio. Lo sabe muy bien el admirado Chinchetru, buen conocedor de Internet, y por eso es mayor mi sorpresa ante su artículo (porque, desde luego, me niego a creerlo fruto de una presión corporativa o empresarial).

Claro que, en esto de bitácoras que se miran el ombligo sin ir a más, Chinchetru opone una excepción: las del ámbito liberal, que ésas sí son muchas, buenas e influyentes.

Acabáramos.



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Puntualizaciones a "Cuidados paliativos para un enfermo sanísimo"

Parece que en mi artículo podría haber cometido dos errores. Bueno, uno, seguro. Éste, el seguro, es al hablar de la intervención de Òscar del Pozo en el que yo ponía en su boca que la responsabilidad de que haya más software en catalán es, primeramente, de las empresas. Me matiza Òscar en un emilio privado que, efectivamente, dijo esto, pero en un contexto ideal -aún no producido- (en una situación normalizada, en exacta expresión de Òscar) en el que la Generalitat hubiera intervenido al respecto sobre la base de dos vectores, uno hacia el empresariado local y otro hacia el multinacional para que trabajasen en esta línea. Matizado y rectificado queda. Gracias, Òscar, y mil disculpas.

Para saber si, efectivamente, el segundo error es tal, tendremos que esperar a los archivos sonoros del acto, que fue grabado en su integridad. Según puede verse en el comentario que Quim Gil ha insertado en el artículo, parece ser que no está claro que don Ferran Ruiz, subdirector general de Tecnologías de la Información del Departament d'Educació, hubiera mencionado que los extremeños hayan pedido ayuda a los técnicos catalanes. Bueno, aquí dejo la posibilidad del error, pendiente de confirmación o no. Si es cierto que no lo dijo, rectificaré, sin duda, no faltaría más. Pero estas cosas pueden pasar cuando se utiliza vergonzantemente el método Urdaci y se va a los sitios a hablar para cubrir el expediente y no sin un cierto -y evidenciado- desprecio previo hacia algunos de los asistentes o de sus entidades de adscripción.

Póngame, don Ferran, a los pies de doña Rosa.



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Cuidados paliativos para un enfermo sanísimo

Hace cosa de una semana fui invitado por la Secretaria de Telecomunicacions i Societat de la Informació de la Generalitat de Catalunya a un acto que se ha celebrado esta mañana para que administraciones públicas, educadores, empresas, gente de la sociedad civil, mundo asociativo y demás hierbas, reflexionáramos en común sobre el tuturo del software libre en Catalunya y, de paso, para presentar el recién nacido ¿portal? ¿comunidad? del software libre catalán «La Farga» (en castellano, «La Forja»). Después de mi poco amigable artículo «Las TIC administrativas y educativas catalanas a bandazos» que publiqué a principios de julio pasado, me sorprendió -y agradezco- tal invitación. ¿Que por qué me sorprendo? Ciertamente, la cosa no debería causarme esa admiración porque la democracia es precisamente así, pero es que en época aún no demasiado antigua (unos meses, en realidad), por la mitad de eso hubiera sido declarado enemigo de Catalunya y hasta de la civilización cristiana. O sea que algo hemos avanzado.

Bien, después de este justo y necesario homenaje al buen rollo, vamos a la menos elegante tarea de comentar los hechos y dichos que han acontecido en tan brillante jornada. La reunión se ha estructurado sobre la base de un breve parlamento de diez minutos a cargo de un invitado seguido de otros diez minutos de turno abierto de intervenciones. En lo que respecta a los parlamentos por parte de invitados prefijados, ha habido de todo. Veamos...

En primer lugar, ha intervenido Eduard Elias, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Informáticos de Catalunya, cuyas líneas esenciales han consistido en defender que el software libre es una oportunidad para las PYMES y para el desarrollo de aplicaciones en catalán. También ha pedido que el software libre se venda, no que se predique, ya que las empresas no son ONG y compran productos o servicios para su negocio y que, por lo tanto, de lo que hay que convencerles es de la calidad de ese producto o servicio y no de filosofías filantrópicas. Es, en mi opinión, un argumento muy plausible, que no es la primera vez que oigo y que debería significar el abandono de las actitudes tipo “grupo parroquial” para ir a la expansión definitiva del SL en el mundo empresarial.

Tras el turno libre de intervenciones se dio paso a Sergio Talens-Oliag, desarrollador del proyecto Debian, que describió unas sencillas normas para establecer, de acuerdo con las necesidades concretas, las características ideales de una distribución; y de ahí pasó a describir someramente metodologías para elegir las aplicaciones a adoptar. Específicamente sostuvo que las administraciones públicas deberían acogerse prácticamente siempre a las licencias GPL, pero sin rechazar, para casos concretos y excepcionales, las licencias libres BSD que permiten ulteriores desarrollos bajo licencia privativa.

Seguidamente, David Poblador, administrador de Puntbarra.com, habló de la calidad, haciendo hincapié en que el libre acceso al código fuente es un hecho que, ya por sí mismo, garantiza la calidad del software libre (hay que decir que de esta idea se discrepó en algunos casos, tanto en las intervenciones libres como en los parlamentos de otros invitados). Se lamentó de que fuera cierta, cuando menos parcialmente, la objeción de que el tejido empresarial para dara las PYMES servicio técnico y de apoyo en el ámbito del software libre es aún muy rudimentario y de que las pocas empresas existentes sean aún muy pequeñas y no ofrezcan suficientes garantías comerciales (que no es lo mismo que técnicas).

Òscar del Pozo, uno de los más caracterizados factótums de Softcatalà y su portavoz habitual, protestó por el hecho de que el catalán fuera aún desproporcionadamente minoritario en las TIC catalanas. Explicó que la adaptación lingüística no consiste solamente en “parchear” al catalán una aplicación en castellano o en inglés sino en realizar en catalán otros elementos como la documentación y la asistencia técnica. Responsabilizó del déficit del catalán a las empresas desarrolladoras puesto que son ellas quienes tienen la obligación primera de desplegar el catalán en sus productos, siendo la única obligación de la administración pública procurar un marco legal adecuado.

Andreu Ibáñez, director comercial de IWS (y compañero de pro en las tareas de Hispalinux, añado por mi cuenta) habló de la estructura de las empresas desarrolladoras de software libre como poco diferenciada de las que trabajan bajo licencias privativas y recordó la existencia del Libro Blanco del Software Libre (promovio por el amigo Alberto Abella) como vademecum que incluye una lista -que intenta ser exhaustiva- de las empresas que prestan servicios bajo SL.

A don Raimon Dalmau, director del Centro de Competencia Open Source de T-Systems de nuestro dolores, le tocó convencernos de que, tras un buen porrón de años -no menos de seis o siete, desde que Debis se hizo con el Centre Informàtic de la Generalitat- de no querer saber nada del software libre, ahora están enamoradísimos de esta genialidad para la cual van a desarrollar proyectos sin cuento; ahora, eso sí, no en exclusiva, que el software privativo es lo de toda la vida, el tortellet de los domingos, como si dijésemos... También propone joint ventures con microempresas al estar éstas muy especializadas y ser muy solventes técnicamente pero (¡ooooooohhhh!) ser poco potentes a nivel de proyectos. Si esto llega a suceder, ya veremos el reparto, pero yo estoy casi seguro de que ya lo sé ;-)

Xavier Drudis, de l'Associació Caliu, nos hizo una breve e ilustradora disertación sobre el siniestro cocido de las patentes de software, en la que aportó algunos datos curiosos y alarmantes: por ejemplo, que en la lucha por defender las patentes, las compañías se compensan las unas a las otras: “lo que tú me des, yo te lo daré; lo que tú me propines, yo te lo propinaré”; un poco la teoría MAD de la guerra fría: disuasión y contención por vía de «mutua destrucción asegurada». El problema es que empieza a haber quienes coleccionan patentes (siendo como es tan fácil patentar gilipolleces pergeñadas en una noche de cogorza) sin intervenir para nada en proceso alguno técnico ni comercial del software, con lo que se rompe el equilibrio: pueden dañar sin temor a ser dañados. Simples especuladores del conocimiento, en definitiva. No sé si habrá sido prudente escribir esto, sabiendo que los soplones de Teddy Bautista están por todas partes poniendo la oreja...

Después de Xavier, nos habla Alain Jordà, concejal-delegado de Presidencia y Tecnologías de la Información del Ayuntamiento de Manresa, quien nos explica que las administraciones públicas pueden dar al software libre una credibilidad en los mercados y a ojos del público común que, hoy por hoy, le falta. Apuesta por la Administración de la Generalitat para ir motivando a los ayuntamientos catalanes hacia el SL aunque -objeta y se lamenta- dentro de la propia Generalitat hay mucha división de opiniones.

Es, efectivamente, así porque tras Alain comparece el más preclaro ejemplo del sector reticente, es decir, don Ferran Ruiz, subdirector general de Tecnologías de la Información del Departament d'Educació (sí, sí: los de la foto con Rosa de España; bueno, no la que canta: la otra, la de Micro$oft). A don Ferran le ha tocado -se nota a veinte metros- comerse el marrón; no sé a quién le habrá pisado el juanete, pero da talmente la impresión de que lo han echado a las fieras. Así que adopta el acreditado método Urdaci: se sienta, empieza a hablar a cien por hora (no dice -a tanto no llega- lo de “ce-ce-o-o”, pero juro que es la única diferencia) y habla de dificultades ciclópeas, cósmicas, para la implantación del software libre en la enseñanza catalana. En un momento determinado (si fuera una parturienta diría que el ginecólogo se ha pasado con la oxitocina y casi nos la mete en la sala de partos vía urgencias) llega a anunciar (así lo ha recogido esta misma tarde «La Farga») que se está cociendo una distro propia y catalanísima para la enseñanza de nuestros xicots pero que -no seamos impacientes- no la esperemos hasta dentro de un año. Largo me lo fiáis, y conste que lo ha dicho él mismo.

Cuando llega el turno de intervenciones libres, aparece -no podía faltar- el inevitable rojo incordiante para refregarle por la cara a don Ferran que los de Extremadura han hecho virguerías sin tanta tragedia trascendental; y don Ferran le hace una manoletina mirando al tendido sobre la base de que, por un lado, el invento que se han montado los extremenos es «muy rígido» (sic) y, por otra parte, Extremadura ha pedido ayuda a los técnicos catalanes para salir de no se sabe muy bien qué problemas y atolladeros al respecto.

Llegados a este punto, uno tiene que remitir al lector a «Asterix en los Juegos Olímpicos». En este episodio del ilustre galo, recordarán sus seguidores que los atletas espartanos se rebelan por la frugalidad de su comida mientras sus vecinos romanos se meten entre pecho y espalda unos banquetes la mar de suculentos. El entrenador les responde: «¡Son unos decadentes!» y el líder de la rebelión le espeta al entrenador: «¡Pues, por Artemisa, yo también quiero ser decadente!». Así que el malogrado Goscinny me va a permitir que lo parafrasee y le diga a don Ferran: «Pues, por los calcetines incorruptos de Richard Stallman, yo también quiero que mis hijas estudien inmersas en una estructura tecnológica “rígida” como la de los extremeños».

Respecto al SOS de los extremeños a los técnicos catalanes, desconozco completamente la cuestión, no tenía la menor noticia de ella y, por tanto, me limito a certificar aquí lo dicho por don Ferran por si alguien quiere recogerlo a los oportunos efectos; yo, me lavo las manos...

Tras venir a decir don Ferran, a preguntas de Joan de Gràcia, presidente de la Associació d'Ensenyants d'Informàtica de Catalunya, otro incordio masónico, que el manifiesto sobre el uso del software libre en la educación publicado por dicha asociación le importaba aproximadamente un pimiento, caló el chapeo, requirió la espada, fuese... y no hubo nada.

Cerró esta parte de la sesión la intervención de David Megias. codirector del Máster internacional en Software libre impulsado por la Universitat Oberta de Catalunya, quien nos ha explicó que, en términos estrictamente científicos, no hay diferencia entre el software libre y el software de licencia privativa, pero que sí hay diferencias fundamentales en lo que se refiere a la implementación empresarial y en materia de seguridad.

Finalmente, llegó la intervención de los políticos, por mí muy esperada porque un pajarito me había “confidenciado” que se iban a decir cosas importantes y sustanciales.

Habló, en primer lugar, Oriol Ferran secretario de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información quien, entre otras, enunció las siguientes intenciones de su Secretaria:

· Ratificar el «Acord del Tinell». El acord del Tinell, para los no avisados, es el que suscribieron los tres partidos que componen el tripartito catalán (PSC-PSOE, ERC y IC-EU-EV) a modo de programa de gobierno y en el que las muy parcas líneas en materia de TIC son, eso sí, muy progresistas.

· Realizar en software libre todos los programas promovidos por el DURSI (el Departament d'Universitats, Recerca i Societat de la Informació).

· Ir liberando progresivamente los programas y aplicaciones realizados por la Generalitat o de los que ésta sea propietaria.

· Analizar la política industrial respecto del SL mediante la colaboración CIDEM-CIRIT (los organismos autónomos de carácter promocional de los departamentos de Treball i Indústria y de Universitats, Recerca i Societat de la Informació, respectivamente).

· Equipar la red de telecentros al 100 por 100 con software libre.

· Poner en marcha, también sobre base de SL el plan de alfabetización digital que se espera aparezca en el boletín durante la próxima semana.

· El famoso supercomputador de la Universitat Politècnica de Catalunya funcionará con Linux.

· El de la Universitat Oberta de Catalunya se libera y pasa a ser abierto.

· Apoyo a la creación y desarrollo de la Cátedra de Software Libre de la Politècnica.

· Incremento de las actuaciones conjuntas con el consorcio Localret.

Tras él, intervino, para clausurar el acto, el conseller del DURSI, Carles Solà, quien añadió a lo dicho por Oriol Ferran lo siguiente:

· El Gobierno de la Generalitat se plantea como prioridad la lucha contra la fractura digital, apoyándose en vectores como el software libre y las licencias de Creative Commons.

· El Gobierno también se ha impuesto como objetivo que todas las páginas web de la Generalitat se realicen con estándares libres validables por la W3C de modo que todos los ciudadanos puedan acceder a las aplicaciones de la Generalitat sea cual sea el programario que utilicen para ello.

· El Gobierno de la Generalitat se ha adherido a la Red Internacional de Administraciones Públicas por el Software Libre establecida en la Declaración de Barcelona.

Y así transcurrió la jornada. Seamos claros: la gente no salió contenta y, de verdad, no tengo la menor intención de ser destroyer cuando digo que si hubiera que utilizar una única palabra para describir el sentir general de la concurrencia al finalizar el acto, yo me inclinaría por «escepticismo». Alguno salió triste y decepcionado; hombre, no había para tanto, pero tampoco ha dado la cosa como para saltos de alegría.

Como podemos ver unos pocos párrafos más arriba, las intenciones son buenas, incluso interesantes, pero les falta concreción a las más importantes. Seguimos sin saber en qué estado está la implantación del SL en la administración de la Generalitat y seguimos desconociendo la planificación de la misma: desde dónde se va a partir, a dónde se quiere llegar, qué mínimos y qué máximos se han establecido, qué plazos... continúa el misterio.

Recogemos la promesa de que se va a emprender la limpieza técnica de CAT365 (no efectuada hoy, pero sí hace pocos días) aunque tampoco conocemos más detalles ni sabemos si los dirigentes del invento seguirán siendo los mismos o el aire fresco se los llevará por delante. Se ha hablado de un operador neutral de telecomunicaciones para que el servicio universal alcance al 100 por 100 de la población catalana, pero no tenemos tampoco un perfil medianamente claro de cómo va a ser ese operador en un ámbito que Bruselas va a mirar con lupa.

En el ámbito negativo, tenemos a Rosa de España (ya digo, no la que canta: la otra) haciéndose demasiadas fotos en nuestros edificios públicos y, atención, tenemos a la práctica totalidad de los empleados públicos de la Generalitat (sobre todo los de los cuerpos de administración general, los burocráticos, para entendernos) en la más total y absoluta ignorancia de lo que -parece- se está proyectando, y lo que se está proyectando es el cambio de su herramienta básica de trabajo.

¿«La Farga»? No es una mala idea, en principio y stricto sensu; pero la pregunta es: ¿va a generar el DURSI los polos de atracción suficientes como para llevar a «La Farga» a las comunidades catalanas de desarrolladores y promotores de software libre? No sería imposible, pero para ello, y en primerísimo lugar, hay poner sobre la mesa proyectos concretos y estructurados -o la propuesta de realizarlos desde esta nueva megacomunidad- porque no van a bastar los términos generales, los anuncios globales o las grandes declaraciones.

Y hay que meter en cintura a los discordantes. Aquí la fiesta no puede ir por barrios: o estamos hablando de TODA la Generalitat o nos vamos a jugar al parchís y dejamos de perder el tiempo, pero lo que no se puede tolerar son espectáculos como el que nos dio Educació a principios de este verano por más que luego, aprovechando una media jornada de trabajo, echen a los leones a un subdirector general sin farol al que agarrarse.




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