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Cuba para el mundo
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Mi nombre es Elio Delgado Legón y soy un periodista con más de 30 años de ejercicio de la profesión. Me gustaría compartir mis vivencias personales y profesionales con todos los internautas interesados en conocer sobre Cuba, cuya realidad es tergiversada por la gran prensa.
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Desde Cuba
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IMPORTANTE LECCIÓN PARA TODOS LOS TIEMPOS
Por Ángel Rodríguez Álvarez

El recuerdo, siempre vivo, de la victoria del pueblo vietnamita sobre los agresores norteamericanos, adquiere especial vigor y actualidad por estos días, próximos a su trigésimo aniversario y cuando el fantasma de la guerra ronda por la Casa Blanca.
No se trata de una frase de ocasión, no puede serlo para caracterizar un desenlace que modificó el rumbo de los acontecimientos internacionales al comenzar el último cuarto del siglo XX.
Para comprender mejor este significado basta con una sencilla
pregunta: ¿Cuál sería el panorama mundial actual si los vencedores hubieran resultado los Estados Unidos? Los vietnamitas ofrecieron a la humanidad, con su incuestionable triunfo, un invalorable servicio en muchos sentidos.
A partir de la estampida estadounidense del 30 de abril de 1975 en Saigón, quedó inobjetablemente demostrado que el poderoso imperio no es invencible y puede ser derrotado.
Contra el pueblo de Viet Nam el gobierno norteamericano lo intentó todo. En su criminal política de tierra arrasada nada lo detuvo, ni el rechazo unánime de la comunidad mundial, como tampoco la existencia de normas y leyes mundiales, establecidas para garantizar la sobrevivencia y coexistencia pacífica del género humano.
Con el único propósito de doblegar la voluntad popular, no vacilaron en lanzar indiscriminadamente sobre aldeas y ciudades millones de toneladas de bombas de alto poder, de sustancias químicas de elevada toxicidad y del infernal napalm.
Tropas, que en algún momento superaron los 500 mil efectivos, equipadas con los medios más modernos, sembraron la destrucción y la muerte a su paso por cada palmo de ese territorio asiático.
Estados Unidos recurrió a sus enormes recursos y a ellos confió su éxito, pero no tuvo en cuenta el factor humano y la fuerza invencible de las ideas, que han demostrado ser más poderosas que cualquier fuerza material.
El pueblo vietnamita, bajo la firme e inteligente dirección del Partido fundado por Ho Chi Minh, enfrentó la agresión férreamente unido, dotado de profundos sentimientos patrióticos y con inquebrantable decisión de resistir y vencer.
Fueron esas, a no dudarlo, sus mejores armas. Con ellas fue capaz de convertir los ingeniosos medios bélicos rústicos, las audaces tácticas combinadas de guerra regular e irregular y la disciplinada astucia de todo el pueblo, en barrera infranqueable para las criminales aspiraciones de los intervencionistas.
Entre las muchas lecciones legadas por Viet Nam a los países
pequeños y subdesarrollados, potenciales presas de las
ambiciones imperiales, se encuentra la Guerra de Todo el Pueblo, en cuyo desarrollo alcanzó un verdadero magisterio.
Con esa concepción los “desarrapados fantasmas del vietcong”, como en su subestimación los llamaba el invasor, se hicieron dueños absolutos de la selva, aldeas y ciudades y mediante el empleo inicial de lanzas, flechas y otros medios artesanales, accedieron a fusiles, cañones y tanques, con los cuales convirtieron la península indochina en insoportable avispero para los intrusos.
Coinciden en abril la victoria vietnamita del día 30 y la alcanzada por los cubanos en las arenas de Playa Girón –Bahía de Cochinos- 14 años antes, hijas ambas de la misma concepción de lucha y de idénticos objetivos de independencia, justicia social y desarrollo humano.
Ambos acontecimientos agigantan con el tiempo sus enseñanzas y ejemplos y constituyen monumentos a la fuerza invencible del pueblo, de su autoridad moral y unidad.
A partir de esos hitos todos los pueblos fueron más libres.
 
EL CANTO DE CISNE DE LA COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS
Por Ángel Rodríguez Álvarez


No resulta nada sencillo encontrar el adjetivo preciso para calificar lo que ha estado ocurriendo en la 61 sesión de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU (CDH), en Ginebra.
Como si el bochornoso episodio de la aprobación de la Resolución presentada por Estados Unidos contra Cuba, no fuera suficiente para descalificar a ese organismo internacional, ahora rechazan, por abrumadora mayoría, el proyecto presentado por la mayor de las Antillas, para solicitar una investigación sobre lo que todo el mundo sabe.
Se trata de conocer sobre el terreno el campo de concentración existente en la Base Naval estadounidense, enclavada contra la voluntad del pueblo cubano, en su oriental provincia de Guantánamo.
En honor a la verdad, el objetivo del texto presentado por la delegación antillana solo pretendía darle curso formal y legalizar ante la opinión publica internacional, la evidente y conocida violación de los derechos humanos de más de 500 personas, capturadas en Afganistán por las tropas norteamericanas, como supuestos combatientes talibanes.
Desde hace más de dos años esos hombres fueron internados en celdas semejantes a jaulas para tigres e interrogados sistemáticamente con el empleo de torturas físicas, presiones sicológicas y practicas degradantes.
A ello se suma el mantenimiento de los internados allí en lo que los juristas llaman “limbo jurídico”, consistente en la no formulación de cargos y la negativa de asistencia legal alguna. El contacto de estos prisioneros con sus familiares, también ha sido totalmente prohibido.
No es casual que como resultado de lo anterior, se produzcan suicidios, se registre un elevado número de enfermos mentales y otros padezcan graves afecciones gástricas y dermatológicas.
No se trata de exageraciones o manipulaciones realizadas por periodistas enemigos de Estados Unidos e interesados en dañar su prestigio, pues el acceso de la prensa a esas instalaciones no está permitido.
Pero la información publicada al respecto por numerosos medios de prensa no puede ser más fidedigna, pues ha sido ofrecida por algunas decenas de prisioneros europeos, que han logrado ser liberados en las últimas semanas.
En realidad los “desvelados” integrantes de la CDH, no tienen necesidad alguna de trasladarse a Guantánamo para conocer la verdad, les bastaría con leer lo publicado en órganos nada sospechosos de izquierdistas o simplemente buscar a quienes han ofrecido sus testimonios.
Todos en la CDH, sin excepción, están convencidos de lo planteado por Cuba y saben muy bien lo que ocurre allí, pero se saben también incapacitados para actuar, cuando se trata de lesionar en lo más mínimo la imagen e intereses de Estados Unidos.
En la vanguardia del pelotón de abyectos marca el paso la culta Europa, incapaz de defender, no ya los más altos valores de la civilización que dicen simbolizar, si no a los ciudadanos europeos secuestrados en ese lugar.
La bochornosa situación creada en el seno de la CDH este jueves, constituye sin duda alguna el tiro de gracia, o para decirlo mas poéticamente, el canto de cisne de un organismo que tanto podía hacer a favor de los derechos humanos.
Por supuesto, eso sólo sería posible si el mundo estuviera regido por un sentido de justicia, y la ética, la moral y la dignidad no fuera para muchos un ejercicio olvidado.
 
La victoria de Girón: UNA BATALLA POR EL SOCIALISMO
Por Ángel Rodríguez Álvarez

La invasión mercenaria del 17 de abril de 1961 por Playa Girón –Bahía de Cochinos- fue el colofón de la política de hostilidad de Estados Unidos contra la Revolución Cubana, gestada mucho antes de que el gobierno de la Isla adoptara alguna medida contra intereses foráneos.
No era la primera vez que una administración norteamericana apelaba a la violencia para impedir que un país de este hemisferio pretendiera su independencia, para lo cual era imprescindible romper los lazos de sujeción económica del vecino norteño.
En abril de 1961, en la concepción imperial, Cuba había ido demasiado lejos.
Para esa época ya estaban promulgadas las leyes de Reforma Urbana y la Agraria y nacionalizadas las propiedades norteamericanas.
Apenas unos meses antes de la invasión, en octubre de 1960,
fueron dictadas las leyes 890, convirtiendo en propiedad del
pueblo las grandes empresas nacionales y la 891, que nacionalizó
los bancos.
En los hechos, la Revolución hacía justicia y el pueblo tomaba en sus manos, por primera vez, el poder económico. Se ponía fin al dominio del capitalismo dependiente y se iniciaba sin declararlo, la época socialista, pues las condiciones para hacerlo debían madurar aun más.
La respuesta imperial no tardaría. A las seis de la mañana del 15 de abril, aviones B-26 preparados por la CIA, con insignias cubanas despertaban con sus bombas a los habitantes de Ciudad de La Habana, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba. La invasión estaba en marcha.
El 16, en una tribuna improvisada en la intersección de las calles 23 y 12 en el Vedado capitalino, el Comandante en Jefe Fidel Castro despedía el duelo de las siete víctimas del artero ataque, ante una impresionante multitud entre la que se destacaban decenas de miles de milicianos armados.
En sus palabras Fidel comparó el ataque con el realizado contra Pearl Harbor en 1941, y dijo que si el pueblo norteamericano tuvo derecho a calificarlo como un acto traicionero y cobarde, los cubanos podían considerar este como “dos veces traicionero y mil veces cobarde.”
Más adelante analizó los despachos de las agencias de noticias norteamericanas que difundieron una falsa versión preparada por la CIA, y emplazó al presidente Kennedy a que presentara ante Naciones Unidas a los pilotos que decían haber salido de territorio cubano.
“El ataque de ayer fue el preludio de la agresión de los mercenarios”, afirmó Fidel. Era, a no dudarlo, un momento de grandes definiciones en el que no cabían vacilaciones.
Y el anuncio, no por esperado, sería menos estremecedor: “Eso
es lo que no pueden perdonarnos, que estemos ahí en sus narices,
y que hayamos hecho una Revolución Socialista en las propias
narices de los Estados Unidos.”
Esa declaración tendría un alcance estratégico y justo, pues quienes horas después iban a combatir debían saber que lo hacían por el socialismo.
Ella contribuyó a la victoria, pues aumentó la conciencia y el espíritu revolucionario de las masas populares. Ahora el pueblo sabía que, fusil en mano, defendería no solo su Revolución sino también al primer Estado de obreros y campesinos en el hemisferio occidental.
Cuando el 17 marcharon a Girón los combatientes del Ejército
Rebelde y de las Milicias Nacionales Revolucionarias a enfrentar
a los invasores al servicio del imperialismo norteamericano, lo
hicieron bajo las banderas del socialismo.
Por Fidel habló la Patria, y la Patria que defendería el pueblo era ya socialista.

 
Elecciones cubanas: LOS ETERNOS CUESTIONAMIENTOS
Por Néstor Núñez
Habituados están los cubanos a que desde cualquier lugar y desde las más disímiles posiciones declaradas, algunos examinen su realidad y le otorguen el calificativo que entiendan a partir de sus propios criterios y experiencias.
Y luego escúchelos usted hablar de dogmatismos y estrechez ajenas, como si fuesen ellos muestras vivientes de desenfado intelectual.
Y algo de eso pasa cuando algunos en este mundo enfocan y juzgan el sistema electoral de la Isla a partir del criterio de la lucha de partidos y grupos en que suele expresarse este asunto en muchas otras partes del planeta.
Entonces aparecen los análisis y criterios que hablan de los presuntos pecados de la falta de varias organizaciones disputándose el poder y tratando de conquistar, como sí ocurre en otros muchos sitios, las simpatías de la gente mediante promesas que muchas veces se quedan en puras palabras.
No se entiende o no se quiere entender la existencia en Cuba de un partido patriótico, que no postula y que es la clave de la orientación revolucionaria de la nación, tiene raíces históricas muy profundas y se ajusta perfectamente a esta larga etapa de defensa frente a las apetencias de una metrópoli a favor de la destrucción del país como colectivo humano independiente.
Si Cuba se sumara a las muchas veces inefectiva fórmula del llamado pluripartidismo, abriría ingenua las puertas al enemigo para que fundara, pagara e impulsara aquí a sus cohortes de apátridas, accionando a favor del imperio bajo el manto de vacíos legalismos.
Es como darle acceso al hogar propio, por pretendidos dogmas y criterios, al que de forma clara y confesa intenta la disolución de nuestra familia y provoca la debacle bajo nuestro techo.
Por demás, está claro que no existen fórmulas únicas en el mundo para elegir gobierno, y que la razón consagra el derecho de cada grupo humano a darse la forma de organización política que soberanamente considere más adecuada a sus necesidades y características.
Entonces, respétese ese derecho a los cubanos, como ellos respetan las fórmulas de otros y que, dicho sea de paso, han demostrado fallas históricas de alto calibre.