EN LOS AVANCES DE CUBA NO HAY MILAGROS
Por Ángel Rodríguez Álvarez
Desde el momento de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, hace poco más de 44 años, los enemigos de Cuba vaticinan, prácticamente a plazo fijo, el fracaso de su modelo económico.
En el amplio abanico de calumnias y mentiras difundidas de manera sistemática y en tonos tremendistas, el tema ocupa un lugar prominente.
Carácter feroz adquirió en los meses siguientes a la desaparición del campo socialista y el derrumbe de la Unión Soviética. Entonces fijaron fechas exactas para el colapso y alborozados programaron el regreso.
Tal espejismo se comprende, pues para Washington y sus amanuenses de la Florida resulta incomprensible que el pequeño país, víctima de una brutal guerra económica desatada por la nación más poderosa del orbe, pudiera resistir y superar tal embestida, agravada cuando perdió en breve tiempo los vínculos financieros mutuamente ventajosos con sus principales y casi únicos socios comerciales.
Los pronósticos no carecían de lógica. Jamás una nación del Tercer Mundo había sido capaz de soportar tal prueba, en un planeta donde lo habitual es derrocar o doblegar gobiernos con muchísimas menos zancadillas de las puestas a Cuba. Lo ocurrido va mucho más allá de lo que la soberbia y prepotencia del imperio puede permitir y constituye un desafío demasiado peligroso para su dominio mundial. No pocos comienzan a hacer molestas preguntas relacionadas con la vitalidad de una economía que, según los cálculos de los especialistas, debió sucumbir hace décadas. Buena tarea espera a los abanderados del neoliberalismo cuando quieran ocultar y manipular los avances de Cuba, operados en medio de una embestida norteamericana, de la más prolongada sequía de las últimas siete décadas y después de sufrir los embates de varios huracanes en breve tiempo. El presidente Fidel Castro fue muy preciso en su medular intervención pública en ocasión del aniversario 52 del comienzo de la lucha de liberación nacional, el 26 de julio de 1953.
“El sólido incremento que comenzó a mostrar la economía cubana ya desde el pasado año –señaló- se ha visto reforzado en este primer semestre del 2005, lo cual puedo mostrar con datos irrefutables que así lo demuestran...”
La extensa relación de satisfactorios indicadores expuestos a continuación por el líder de la Revolución, se inició con el anuncio de que en los primeros seis meses de este año la economía del país creció alrededor de un 7,3 por ciento y se estima alcance el nueve para diciembre.
Esferas vitales para el desarrollo muestran impresionantes crecimientos. Las construcciones lo hacen en un 8,2 por ciento, las comunicaciones en 7,1 y el comercio y los servicios alcanzan el 13,3.
Similares tendencias son apreciables igualmente en la industria, en particular la farmacéutica, niquelífera y la turística, con un impresionante progreso en su costosa infraestructura; también en la extracción de petróleo y Gas. En la electricidad se acometen importantes inversiones. Ello explica el conjunto de programas en marcha dirigidos a aumentar de manera sensible la calidad de vida de los cubanos, de esos mismos a quienes la guerra mediática desatada contra la Isla, ubica en los limites de la pobreza.
En materias tan importantes para el bienestar del ser humano como salud, educación, empleo, seguridad y asistencia social, lo alcanzado en la mayor de las Antillas no tiene precedentes ni siquiera en un buen número de países desarrollados. Y cuando en la ínsula se señalan indicadores en cualquier esfera de la vida, estos comprenden a todos los ciudadanos, a diferencia de otros sitios donde los per cápita solo sirven para enmascarar las crecientes desigualdades. En sus palabras el Comandante en Jefe Fidel Castro anunció, esta vez para la opinión pública internacional, pues los cubanos están informados y comienzan a recibir los beneficios, la adquisición de tres millones 100 mil ollas de presión, tres millones 500 mil arroceras, tres millones 100 mil ollas eléctricas, tres millones 800 mil hornillas eléctricas y un millón 100 mil ventiladores.
Estos equipos domésticos han comenzado a llegar a la familia a precios módicos y en moneda nacional, gracias al financiamiento estatal de una parte de su costo. Expresión de la creciente vitalidad de la economía cubana y de la tradicional política de trabajar para el pueblo es también el esfuerzo que se realiza en la construcción de viviendas y en la reparación de la mayor parte de las afectadas por el huracán Dennis.
En este sector, donde las necesidades acumuladas son muy elevadas, se trabaja para reponer nunca menos de 10 mil de las destruidas y están contratados los materiales para unas 100 mil en el 2006.
Se trata de realidades que es imposible ocultar. Están a la vista de todos y dicen más que las palabras sobre las posibilidades de realización que solo puede ofrecer un sistema concebido y pensado para el ser humano. Si los ideólogos del imperio, sus secuaces de Miami y la gran prensa, quisieran buscar en serio y honradamente una explicación de lo que ocurre en Cuba, en este medular discurso del jefe de la Revolución lo encontrarán sin dificultad alguna. Verán que no se trata de misterios, fantasías y mucho menos de milagros.
Desde el momento de la proclamación del carácter socialista de la Revolución, hace poco más de 44 años, los enemigos de Cuba vaticinan, prácticamente a plazo fijo, el fracaso de su modelo económico.
En el amplio abanico de calumnias y mentiras difundidas de manera sistemática y en tonos tremendistas, el tema ocupa un lugar prominente.
Carácter feroz adquirió en los meses siguientes a la desaparición del campo socialista y el derrumbe de la Unión Soviética. Entonces fijaron fechas exactas para el colapso y alborozados programaron el regreso.
Tal espejismo se comprende, pues para Washington y sus amanuenses de la Florida resulta incomprensible que el pequeño país, víctima de una brutal guerra económica desatada por la nación más poderosa del orbe, pudiera resistir y superar tal embestida, agravada cuando perdió en breve tiempo los vínculos financieros mutuamente ventajosos con sus principales y casi únicos socios comerciales.
Los pronósticos no carecían de lógica. Jamás una nación del Tercer Mundo había sido capaz de soportar tal prueba, en un planeta donde lo habitual es derrocar o doblegar gobiernos con muchísimas menos zancadillas de las puestas a Cuba. Lo ocurrido va mucho más allá de lo que la soberbia y prepotencia del imperio puede permitir y constituye un desafío demasiado peligroso para su dominio mundial. No pocos comienzan a hacer molestas preguntas relacionadas con la vitalidad de una economía que, según los cálculos de los especialistas, debió sucumbir hace décadas. Buena tarea espera a los abanderados del neoliberalismo cuando quieran ocultar y manipular los avances de Cuba, operados en medio de una embestida norteamericana, de la más prolongada sequía de las últimas siete décadas y después de sufrir los embates de varios huracanes en breve tiempo. El presidente Fidel Castro fue muy preciso en su medular intervención pública en ocasión del aniversario 52 del comienzo de la lucha de liberación nacional, el 26 de julio de 1953.
“El sólido incremento que comenzó a mostrar la economía cubana ya desde el pasado año –señaló- se ha visto reforzado en este primer semestre del 2005, lo cual puedo mostrar con datos irrefutables que así lo demuestran...”
La extensa relación de satisfactorios indicadores expuestos a continuación por el líder de la Revolución, se inició con el anuncio de que en los primeros seis meses de este año la economía del país creció alrededor de un 7,3 por ciento y se estima alcance el nueve para diciembre.
Esferas vitales para el desarrollo muestran impresionantes crecimientos. Las construcciones lo hacen en un 8,2 por ciento, las comunicaciones en 7,1 y el comercio y los servicios alcanzan el 13,3.
Similares tendencias son apreciables igualmente en la industria, en particular la farmacéutica, niquelífera y la turística, con un impresionante progreso en su costosa infraestructura; también en la extracción de petróleo y Gas. En la electricidad se acometen importantes inversiones. Ello explica el conjunto de programas en marcha dirigidos a aumentar de manera sensible la calidad de vida de los cubanos, de esos mismos a quienes la guerra mediática desatada contra la Isla, ubica en los limites de la pobreza.
En materias tan importantes para el bienestar del ser humano como salud, educación, empleo, seguridad y asistencia social, lo alcanzado en la mayor de las Antillas no tiene precedentes ni siquiera en un buen número de países desarrollados. Y cuando en la ínsula se señalan indicadores en cualquier esfera de la vida, estos comprenden a todos los ciudadanos, a diferencia de otros sitios donde los per cápita solo sirven para enmascarar las crecientes desigualdades. En sus palabras el Comandante en Jefe Fidel Castro anunció, esta vez para la opinión pública internacional, pues los cubanos están informados y comienzan a recibir los beneficios, la adquisición de tres millones 100 mil ollas de presión, tres millones 500 mil arroceras, tres millones 100 mil ollas eléctricas, tres millones 800 mil hornillas eléctricas y un millón 100 mil ventiladores.
Estos equipos domésticos han comenzado a llegar a la familia a precios módicos y en moneda nacional, gracias al financiamiento estatal de una parte de su costo. Expresión de la creciente vitalidad de la economía cubana y de la tradicional política de trabajar para el pueblo es también el esfuerzo que se realiza en la construcción de viviendas y en la reparación de la mayor parte de las afectadas por el huracán Dennis.
En este sector, donde las necesidades acumuladas son muy elevadas, se trabaja para reponer nunca menos de 10 mil de las destruidas y están contratados los materiales para unas 100 mil en el 2006.
Se trata de realidades que es imposible ocultar. Están a la vista de todos y dicen más que las palabras sobre las posibilidades de realización que solo puede ofrecer un sistema concebido y pensado para el ser humano. Si los ideólogos del imperio, sus secuaces de Miami y la gran prensa, quisieran buscar en serio y honradamente una explicación de lo que ocurre en Cuba, en este medular discurso del jefe de la Revolución lo encontrarán sin dificultad alguna. Verán que no se trata de misterios, fantasías y mucho menos de milagros.
LA OEA, FIEL ALIADA DEL IMPERIO
Por Ángel Rodríguez Álvarez
Entre los numerosos recursos diplomáticos empleados por 10 administraciones norteamericanas contra la Revolución Cubana durante más de cuatro décadas, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha ocupado un lugar prominente.
La primera agresión en gran escala proveniente del referido organismo regional se produjo en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social, efectuada en agosto de 1961, en Punta del Este, Uruguay.
Fracasada la invasión mercenaria por Playa Girón, en abril de ese año, Estados Unidos aceleró la reunión con el propósito de presentar la llamada Alianza para el Progreso, plan de ayuda exterior condicionada a la aplicación de medidas internas en cada país, cuyos claros objetivos eran presentar una alternativa de desarrollo frente al ejemplo de Cuba.
El siguiente paso de la OEA en su escalada política contra la mayor de las Antillas se llevó a cabo en la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, celebrada del 22 al 31 de enero de 1962.
En esa oportunidad aprobaron por mayoría la Resolución VI, mediante la cual llegaron al insólito de prohibir un régimen social y su filosofía en el continente.
“El actual gobierno de Cuba –señala el acuerdo- que oficialmente se ha identificado como un gobierno marxista-leninista, es incompatible con los principios y propósitos del sistema interamericano”.
La nación caribeña fue suspendida de la organización por una mayoría amañada de votos, entre ellos los de sanguinarios dictadores, perfectamente compatibles con la OEA, como Alfredo Stroessner, de Paraguay; Miguel Idígoras, de Guatemala;
Anastasio Somoza, de Nicaragua y Francois Duvalier, de Haití. Ante la bancarrota de las medidas anticubanas, el Ministerio de Colonias yanqui, como certeramente lo bautizó el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, volvió sobre sus esfuerzos contrarrevolucionarios.
Esta vez la idea ordenada por Washington era allanar el camino para la eliminación consensuada del gobierno socialista instalado en la Isla.
Así, en la Novena Conferencia de Consulta celebrada en Washington, del 21 al 25 de julio de 1964, el imperio logró imponer a los Estados miembros la “interrupción de todo intercambio directo o indirecto con Cuba.”
De ese modo, al aislamiento diplomático se sumaba este nuevo esfuerzo para internacionalizar el bloqueo económico decretado antes, llevando a su mínima expresión las relaciones mercantiles de la ínsula con su área geográfica natural.
Únicamente se abstuvieron de apoyar tal política Canadá y México, este último entonces con un gobierno que mantuvo su tradicional doctrina de no inmiscuirse en los asuntos internos de otros estados.
En vigorosa respuesta, el pueblo cubano aprobó el 26 de julio, en multitudinario acto por el onceno aniversario del ataque al Moncada, la Declaración de Santiago de Cuba, en la cual se puntualizó que la OEA carecía por completo de moral y de derecho para juzgar y sancionar a la Antilla Mayor.
Más de 40 años después de tal medida la OEA, a pesar de sus reiterados fracasos, se mantiene entre el arsenal de recursos a emplear por la Casa Blanca contra Cuba.
Lo demuestra la intervención el pasado 2004 del secretario de Estado estadounidense Colin Powell, quien fuera de la agenda de la 33 Conferencia pronunció un discurso abiertamente injerencista contra la Isla.
En esa ocasión señaló enfático que se propone trabajar con la agrupación para “apurar una transición democrática en Cuba”, y “defender sus libertades fundamentales”.
Semejante afirmación, solo puede ser un chiste de mal gusto, sobre todo cuando se conoce esta historia, que es solo un eslabón más de la larga cadena de servicios brindados en la implementación de la política imperial contra América Latina en sus 57 años de existencia.
Se comprende la ingeniosa humorada de Powell, al igual que la propuesta injerencista de Condolezza Rice, este año, intentando oficializar la institución como instrumento de control de la democracia.
Como se aprecia, no son pocos los “méritos“ acumulados por la Organización, desde la época del golpe de estado del coronel Castillo Armas contra el gobierno legítimo de Jacobo Arbenz, en la Guatemala de 1954. Por ello, a pesar de todo, el imperio insiste.
Entre los numerosos recursos diplomáticos empleados por 10 administraciones norteamericanas contra la Revolución Cubana durante más de cuatro décadas, la Organización de Estados Americanos (OEA) ha ocupado un lugar prominente.
La primera agresión en gran escala proveniente del referido organismo regional se produjo en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social, efectuada en agosto de 1961, en Punta del Este, Uruguay.
Fracasada la invasión mercenaria por Playa Girón, en abril de ese año, Estados Unidos aceleró la reunión con el propósito de presentar la llamada Alianza para el Progreso, plan de ayuda exterior condicionada a la aplicación de medidas internas en cada país, cuyos claros objetivos eran presentar una alternativa de desarrollo frente al ejemplo de Cuba.
El siguiente paso de la OEA en su escalada política contra la mayor de las Antillas se llevó a cabo en la VIII Reunión de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores, celebrada del 22 al 31 de enero de 1962.
En esa oportunidad aprobaron por mayoría la Resolución VI, mediante la cual llegaron al insólito de prohibir un régimen social y su filosofía en el continente.
“El actual gobierno de Cuba –señala el acuerdo- que oficialmente se ha identificado como un gobierno marxista-leninista, es incompatible con los principios y propósitos del sistema interamericano”.
La nación caribeña fue suspendida de la organización por una mayoría amañada de votos, entre ellos los de sanguinarios dictadores, perfectamente compatibles con la OEA, como Alfredo Stroessner, de Paraguay; Miguel Idígoras, de Guatemala;
Anastasio Somoza, de Nicaragua y Francois Duvalier, de Haití. Ante la bancarrota de las medidas anticubanas, el Ministerio de Colonias yanqui, como certeramente lo bautizó el Canciller de la Dignidad, Raúl Roa, volvió sobre sus esfuerzos contrarrevolucionarios.
Esta vez la idea ordenada por Washington era allanar el camino para la eliminación consensuada del gobierno socialista instalado en la Isla.
Así, en la Novena Conferencia de Consulta celebrada en Washington, del 21 al 25 de julio de 1964, el imperio logró imponer a los Estados miembros la “interrupción de todo intercambio directo o indirecto con Cuba.”
De ese modo, al aislamiento diplomático se sumaba este nuevo esfuerzo para internacionalizar el bloqueo económico decretado antes, llevando a su mínima expresión las relaciones mercantiles de la ínsula con su área geográfica natural.
Únicamente se abstuvieron de apoyar tal política Canadá y México, este último entonces con un gobierno que mantuvo su tradicional doctrina de no inmiscuirse en los asuntos internos de otros estados.
En vigorosa respuesta, el pueblo cubano aprobó el 26 de julio, en multitudinario acto por el onceno aniversario del ataque al Moncada, la Declaración de Santiago de Cuba, en la cual se puntualizó que la OEA carecía por completo de moral y de derecho para juzgar y sancionar a la Antilla Mayor.
Más de 40 años después de tal medida la OEA, a pesar de sus reiterados fracasos, se mantiene entre el arsenal de recursos a emplear por la Casa Blanca contra Cuba.
Lo demuestra la intervención el pasado 2004 del secretario de Estado estadounidense Colin Powell, quien fuera de la agenda de la 33 Conferencia pronunció un discurso abiertamente injerencista contra la Isla.
En esa ocasión señaló enfático que se propone trabajar con la agrupación para “apurar una transición democrática en Cuba”, y “defender sus libertades fundamentales”.
Semejante afirmación, solo puede ser un chiste de mal gusto, sobre todo cuando se conoce esta historia, que es solo un eslabón más de la larga cadena de servicios brindados en la implementación de la política imperial contra América Latina en sus 57 años de existencia.
Se comprende la ingeniosa humorada de Powell, al igual que la propuesta injerencista de Condolezza Rice, este año, intentando oficializar la institución como instrumento de control de la democracia.
Como se aprecia, no son pocos los “méritos“ acumulados por la Organización, desde la época del golpe de estado del coronel Castillo Armas contra el gobierno legítimo de Jacobo Arbenz, en la Guatemala de 1954. Por ello, a pesar de todo, el imperio insiste.
¿POR QUÉ LA PRENSA NORTEAMERICANA SILENCIA EL CASO DE LOS CINCO?
Por Ángel Rodríguez Álvarez
El próximo 12 de septiembre se completarán siete años de la detención por el Buró Federal de Investigaciones ( FBI), en Miami, de los cinco cubanos infiltrados por su gobierno en las organizaciones terroristas que con toda impunidad actúan desde esa ciudad contra la Isla.
Al arresto siguió una escandalosa campaña mediática en la Florida, cuyo claro objetivo era “calentar” los ánimos de la comunidad, haciendo aparecer a los detenidos como tenebrosos espías que hicieron peligrar la seguridad nacional de Estados Unidos.
El tema ocupó un lugar de privilegio durante los siete meses del juicio en los cintillos de los periódicos y los espacios estelares de radio y televisión, creando una colosal cortina de desinformación, cuya intención era facilitar la manipulación del amañado proceso.
Con la brutal sentencia, el tema, como por encanto, dejó de ser noticia y un manto de silencio lo cubrió todo.
El caso, cuyo resultado fue la condena de los encartados a varias cadenas perpetuas y decenas de años de cárcel, parece no haber existido.
Se trata evidentemente de una habilidosa maniobra dirigida a escamotear la verdad a la opinión pública norteamericana, primero por exceso y después por defecto.
Más de un lustro después del fallo judicial, sigue ausente de la gran prensa en Estados Unidos el caso de los Cinco, pendiente aún de decisión en el Tribunal de Apelaciones de Atlanta y que ha concitado crecientes muestras de simpatía y solidaridad en decenas de países de todos los continentes, y en la propia Norteamérica.
Los muy contados espacios relevantes que ha ocupado en The New York Times la Prensa fueron financiados con los recursos colectados por grupos de solidaridad.
De este modo el silencio ha sido convertido en cómplice de la monstruosidad jurídica y la manipulación política realizada contra jóvenes y brillantes profesionales, cuyas informaciones sobre planes terroristas de la extrema derecha anticubana, ofrecidas a las autoridades cubanas, también fueron útiles a EE. UU.
Como fue informado recientemente por el presidente Fidel Castro, Cuba ofreció en 1998 al FBI detallados elementos acerca de un plan elaborado por organizaciones contrarrevolucionarias para hacer explotar aeronaves en vuelo hacia la mayor de las Antillas.
Al pueblo norteamericano no se le ha dado a conocer ese episodio, como tampoco que los detalles entregados por La Habana fueron empleados por las autoridades de ese territorio, no para detener a ningún terrorista, sino para arrestar a quienes ofrecieron la valiosa información, aunque no había ningún elemento para identificar las fuentes.
¿ Por qué el silencio ? Sencillamente para impedir que la opinión pública norteña, poseedora de un elevado sentido de la justicia, conozca la verdad, y tal como hizo cuando el secuestro en la misma urbe miamense del niño Elián González, se movilice y exija justicia.
Cuba, por su parte, ha declarado la voluntad de no cejar en el empeño, con la convicción de que más temprano que tarde la sensibilidad del norteamericano sencillo será tocada y contribuya de manera decisiva a la libertad y al regreso a la Patria de estos Cinco hombres inocentes.
Se trata de héroes reales, que durante el duro cautiverio han demostrado poseer extraordinarias cualidades éticas y morales.
El próximo 12 de septiembre se completarán siete años de la detención por el Buró Federal de Investigaciones ( FBI), en Miami, de los cinco cubanos infiltrados por su gobierno en las organizaciones terroristas que con toda impunidad actúan desde esa ciudad contra la Isla.
Al arresto siguió una escandalosa campaña mediática en la Florida, cuyo claro objetivo era “calentar” los ánimos de la comunidad, haciendo aparecer a los detenidos como tenebrosos espías que hicieron peligrar la seguridad nacional de Estados Unidos.
El tema ocupó un lugar de privilegio durante los siete meses del juicio en los cintillos de los periódicos y los espacios estelares de radio y televisión, creando una colosal cortina de desinformación, cuya intención era facilitar la manipulación del amañado proceso.
Con la brutal sentencia, el tema, como por encanto, dejó de ser noticia y un manto de silencio lo cubrió todo.
El caso, cuyo resultado fue la condena de los encartados a varias cadenas perpetuas y decenas de años de cárcel, parece no haber existido.
Se trata evidentemente de una habilidosa maniobra dirigida a escamotear la verdad a la opinión pública norteamericana, primero por exceso y después por defecto.
Más de un lustro después del fallo judicial, sigue ausente de la gran prensa en Estados Unidos el caso de los Cinco, pendiente aún de decisión en el Tribunal de Apelaciones de Atlanta y que ha concitado crecientes muestras de simpatía y solidaridad en decenas de países de todos los continentes, y en la propia Norteamérica.
Los muy contados espacios relevantes que ha ocupado en The New York Times la Prensa fueron financiados con los recursos colectados por grupos de solidaridad.
De este modo el silencio ha sido convertido en cómplice de la monstruosidad jurídica y la manipulación política realizada contra jóvenes y brillantes profesionales, cuyas informaciones sobre planes terroristas de la extrema derecha anticubana, ofrecidas a las autoridades cubanas, también fueron útiles a EE. UU.
Como fue informado recientemente por el presidente Fidel Castro, Cuba ofreció en 1998 al FBI detallados elementos acerca de un plan elaborado por organizaciones contrarrevolucionarias para hacer explotar aeronaves en vuelo hacia la mayor de las Antillas.
Al pueblo norteamericano no se le ha dado a conocer ese episodio, como tampoco que los detalles entregados por La Habana fueron empleados por las autoridades de ese territorio, no para detener a ningún terrorista, sino para arrestar a quienes ofrecieron la valiosa información, aunque no había ningún elemento para identificar las fuentes.
¿ Por qué el silencio ? Sencillamente para impedir que la opinión pública norteña, poseedora de un elevado sentido de la justicia, conozca la verdad, y tal como hizo cuando el secuestro en la misma urbe miamense del niño Elián González, se movilice y exija justicia.
Cuba, por su parte, ha declarado la voluntad de no cejar en el empeño, con la convicción de que más temprano que tarde la sensibilidad del norteamericano sencillo será tocada y contribuya de manera decisiva a la libertad y al regreso a la Patria de estos Cinco hombres inocentes.
Se trata de héroes reales, que durante el duro cautiverio han demostrado poseer extraordinarias cualidades éticas y morales.
CRUEL Y COSTOSA VARIANTE TERRORISTA CONTRA CUBA
Por Ángel Rodríguez Álvarez
Entre las numerosas variantes terroristas empleadas contra Cuba a partir del triunfo de la Revolución en enero de 1959, el bandidismo compite en crueldad y costo humano con las restantes. En abril de 1960, apenas 15 meses después de la toma del poder por las fuerzas populares, la Administración republicana del presidente Eisenhower dio luz verde a la idea de promover alzamientos armados contrarrevolucionarios en zonas montañosas del país.
El plan perseguía dos grandes objetivos bien definidos:
detener mediante el terror el creciente respaldo a la Revolución entre la población campesina y contar con una fuerza armada en el interior de la Isla, capaz de brindar apoyo a la ya proyectada agresión militar de Washington. La región seleccionada para iniciar la operación fue la zona montañosa del Escambray, en el centro-sur de la nación, que gradualmente se fue extendiendo al resto de la geografía antillana, hasta llegar a contar con 299 grupos con tres mil 995 mercenarios.
Estas bandas, organizadas por la CIA, eran dirigidas y avitualladas directamente por el gobierno de Estados Unidos, con armamentos, municiones, explosivos, equipos de comunicación y logística en general, para lo cual empleó todas las vías, hasta el canal diplomático de su embajada en la capital. El volumen del equipamiento alcanzó proporciones enormes como expresión de la prioridad brindada a estos planes. En un informe del Inspector General de la CIA se reconoce el apoyo ofrecido a las bandas.
Un ejemplo de ello fue la llamada Operación Silencio, consistente en 12 incursiones aéreas realizadas entre septiembre de 1960 y marzo del año siguiente.
El autor del documento refiere: “ En total, alrededor de 151 mil libras de armas, municiones y equipos se enviaron por aire.” Es decir, un total de 70 toneladas de equipos bélicos enviados solo por esa vía en tan breve período.
Integradas por algunos campesinos y obreros agrícolas analfabetos, delincuentes y antiguos miembros de los cuerpos armados de la derrotada tiranía, las bandas no demoraron en dar señales de existencia y presentaron sus “cartas credenciales”.
El 5 de enero de 1961 fueron asesinados el maestro voluntario Conrado Benítez y el campesino Eliodoro Rodríguez, horrendo crimen que conmovió profundamente a la opinión pública. Igualmente conmovedores resultaron los ahorcamientos del joven alfabetizador Manuel Ascunce Domenech y el campesino Pedro Lantigua, y de los hermanitos Yolanda y Fermín Rodríguez, de 11 y 13 años, respectivamente, los cuales resultaron baleados el 24 de enero de 1963, en la finca Candelaria, en Bolondrón, provincia de Matanzas.
Interminable constituye la relación de acciones similares emprendidas contra familias completas y pequeños poblados, no pocos de los cuales eran totalmente arrasados por el fuego.
Hasta 1965, momento en que las bandas fueron aniquiladas, el país pagó un precio elevadísimo en vidas humanas, sufrimientos y recursos materiales.
En esa lucha, entre combatientes de las tropas regulares, las milicias obreras y campesinas y pobladores civiles de las zonas afectadas, las bajas que han podido ser acreditadas hasta la fecha suman 549 muertos y varios miles de heridos, entre ellos 200 personas con lesiones invalidantes.
El costo contabilizado en valores se calcula en más de mil millones de pesos, teniendo en cuenta los gastos ocasionados por las operaciones militares y los bienes materiales destruidos por los indiscriminados sabotajes a la economía.
Han pasado cuatro décadas desde la captura del último bandido, pero las secuelas de tan abominable plan terrorista no podrán ser borradas jamás de la memoria histórica de los cubanos.





