logotipo

img_google
Cuba para el mundo
Compartir información y opinión sobre Cuba.
Acerca de
Mi nombre es Elio Delgado Legón y soy un periodista con más de 30 años de ejercicio de la profesión. Me gustaría compartir mis vivencias personales y profesionales con todos los internautas interesados en conocer sobre Cuba, cuya realidad es tergiversada por la gran prensa.
Enlaces
Desde Cuba
Sindicación
 
EL TERRORISMO ATÓMICO NO ES DEL PASADO
Por Ángel Rodríguez Álvarez
A seis décadas de las explosiones atómicas en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, la simple mención del hecho provoca estremecimientos seguidos por la inevitable indignación.
El lanzamiento de las bombas los días seis y nueve de agosto de 1945 no fue un acto legítimo de guerra, como historiadores tarifados del Imperio y alguna filmografía han intentado presentarlo.
Se trata, tanto por su naturaleza como por los objetivos propuestos por sus autores, de un genuino acto terrorista, el mayor y más criminal de cuantos ha conocido la humanidad.
Aun en el supuesto de que el curso del conflicto mandara el empleo de tan mortífera arma, nada, absolutamente nada puede justificar que se hiciera sobre urbes densamente pobladas, situadas fuera de los escenarios bélicos.
En esa fecha el eje Roma-Berlín-Tokio estaba virtualmente derrotado. Tres meses antes la bandera soviética había sido colocada sobre la cúpula del Reistach alemán y convertida en símbolo de la victoria de los Aliados.
Mussolini, como Hitler, había muerto y la Italia del Duce tomada por los heroicos "partisants", comandados por el Mariscal Tito.
El emperador nipón y sus más connotados generales, totalmente desmoralizados, habían desechado las tradiciones militares orientales, e incapacitados para hacerse el harakiri, estaban en capacidad de levantar bandera blanca y rendir incondicionalmente sus armas.
El fin de la Segunda Guerra Mundial se había precipitado y a Estados Unidos apenas le quedaba tiempo para comprobar en un laboratorio, cuyos Conejillos de Indias fueran seres humanos vivos, los letales efectos de las bombas recién descubiertas. Para las pretensiones norteamericanas era decisivo aprovechar aquellas circunstancias, para emerger de la conflagración bélica como la principal potencia del orbe e imponer su orden e intereses al resto del mundo.
Y los halcones que ya anidaban en la Casa Blanca y el Pentágono, dirigidos por el demócrata presidente Harry S. Truman, no vacilaron en llevar a cabo el gigantesco genocidio, cuyos efectos mortales todavía se hacen sentir en las actuales generaciones japonesas.
La virtual pulverización de Hiroshima y Nagasaki con sus decenas de miles de habitantes calcinados, fue una fría y meditada decisión del gobierno norteño, convertida históricamente en el mayor y más sangriento acto de terrorismo de estado.
Fue, a no dudarlo, el comienzo de una nueva época, la de la guerra fría, signada por el chantaje nuclear y promotora de una colosal carrera armamentista que transformó el planeta en un polvorín y potencial teatro de operaciones militares, sin retaguardia posible.
A partir de entonces la humanidad no ha podido respirar con alivio, devenida rehén nuclear de quienes tienen el poder para hacerla volar en pedazos y suficiente voluntad para concretar el hecho.
Los recursos dedicados en estas seis décadas a fabricar pertrechos bélicos y en hacer guerras de conquista serían más que sobrantes para eliminar la pobreza. Así de irracional ha sido la vida en el orbe.
Lo más trágico es que quienes dominan los acontecimientos desde Washington y otros principales centros de poder, no han aprendido esta lección.
Muy por el contrario, el terrorismo de estado adquirió categoría de política oficial y conduce a nuevos genocidios, pues Iraq y Afganistán son tan víctimas de estas ideas como en 1945 lo fueron las localidades japonesas devastadas.
Peor aún, la agresión no se limita al hombre, se extiende peligrosamente al medio y amenaza a la especie. Se trata de realidades que la humanidad debe enfrentar sin demora y solo puede hacerlo con ideas, creando conciencia y una férrea voluntad de unirse y luchar.
La conmemoración de este aniversario 60 del holocausto nipón debe ser servir a ese propósito.

No