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Cuba para el mundo
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Mi nombre es Elio Delgado Legón y soy un periodista con más de 30 años de ejercicio de la profesión. Me gustaría compartir mis vivencias personales y profesionales con todos los internautas interesados en conocer sobre Cuba, cuya realidad es tergiversada por la gran prensa.
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Peligros para no ser ignorados
Por Ángel Rodríguez Álvarez
Dos principales grandes peligros amenazan hoy a la humanidad: los cambios climáticos, cada vez más evidentes, y el posicionamiento de un equipo de fundamentalistas en la Casa Blanca.
Esa conjunción de factores ha colocado a los contemporáneos en un momento crucial en que está en juego, como nunca antes, la supervivencia de la especie.
Preocupante resulta que ninguno de estos dos temas está presente con la fuerza necesaria en el discurso de los Jefes de Estado, en especial de aquellos que por sus recursos económicos y tecnológicos están más obligados a encabezar los esfuerzos por paliar la agresión del medio y llamar a capítulo al grupo instalado en Washington.
Casi las excepciones en la denuncia del crucial asunto son los Presidentes de Cuba y Venezuela, Fidel Castro y Hugo Chávez, respectivamente, quienes utilizan todas las tribunas posibles para alertar, persuadidos de que la solución pasa necesariamente por la toma de conciencia de los políticos y las grandes mayorías desposeídas.
Los ricos deben saber que sus recursos no los harán inmunes a los efectos de los desastres ecológicos, como tampoco de los resultados de las decisiones aventureras de los halcones norteamericanos.
El mundo, como ha reiterado Fidel, es como un inmenso Titanic, con el cual irán al fondo del océano todos sus habitantes, tanto los viajeros de tercera como aquellos hospedados en primera.
La sensatez se impone pues la ambición imperial no debe seguir promoviendo la sociedad de consumo, capaz de quemar a pasos agigantados las ya escasas reservas petroleras y otros muchos recursos vitales no renovables.
Víctimas de esa irracionalidad son los menguados bosques, cada día más incapacitados de cumplir su función primordial como pulmones del planeta, mientras crecen los desiertos y la infertilidad de las tierras.
Súmese a lo anterior la emisión de gases contaminantes a la atmósfera y la explotación desmedida de los recursos marinos, cuyos efectos están ya pasando factura a los terrícolas.
La civilización actúa incivilizadamente y semeja a un leñador que hacha en mano arremete furioso contra la rama del árbol donde se encuentra sentado.
¿Qué es sino la negativa de Washington, principal contaminante de la atmósfera, a suscribir los acuerdos de Kyoto?
¿Cómo calificar las guerras desatadas por Estados Unidos contra Afganistán e Iraq, por las que el género humano ha pagado más de 200 mil vidas?
¿Dónde colocar el incremento del terrorismo, provocado a partir de concepciones totalmente equivocadas para combatirlo?
Ahí están, para quienes tengan dudas, los incendiarios discursos de Bush, amenazando a todos aquellos que no compartan sus posiciones, a quienes olímpicamente ubica en el bando contrario y califica como habitantes de "oscuros rincones" que pueden ser exterminados.
Este planteamiento es consecuente con la estrategia de defensa de EE.UU. del 2005, donde se sostiene que la Unión hará todo lo que considere de su interés en cualquier lugar y momento que decida, al margen de los intereses de otros, aunque para ello deba romper los compromisos suscritos por tratados.
Los actuales gobernantes norteños han demostrado ser más agresivos y reaccionarios que quienes en 1945 lanzaron las bombas atómicas sobre ciudades japonesas y sacrificaron a más de 200 mil personas.
Más aventureros y prepotentes que los promotores de la guerra desatada contra Viet Nam, en virtud de la cual el pueblo indochino perdió a cuatro millones de sus ciudadanos.
Tan ganados por sus ideas mesiánicas como aquel demente alemán que llevó al orbe a la mayor conflagración bélica de la historia, exterminó debido a sus aberraciones a seis millones de judíos y provocó la muerte a más de 50 millones de seres humanos.
No hay alternativa. O el género humano se moviliza con energía o vivirá condenado en un mundo cada vez más ingobernable y degradado, cuyo final será inimaginable.
Urge librar una batalla universal para derrotar esas ideas y crear conciencia para modificar la cómoda postura de muchos que, como el avestruz, pretenden solucionar el problema ignorándolo.
No