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Mi nombre es Elio Delgado Legón y soy un periodista con más de 30 años de ejercicio de la profesión. Me gustaría compartir mis vivencias personales y profesionales con todos los internautas interesados en conocer sobre Cuba, cuya realidad es tergiversada por la gran prensa.
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HISTORIAS ASÍ JUSTIFICAN LA MISION DE LOS CINCO
Por Ángel Rodríguez Álvarez
Bajo el título “Revelan un plan para atentar contra Castro”, El Nuevo Herald devela los pormenores del escándalo que protagonizan por estos días prominentes directivos de las organizaciones terroristas de origen cubano con sede en Miami.
La denuncia, con pelos y señales, estuvo a cargo de José Antonio Llama, ex director de la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA), en la cual reconoce que él y otros miembros de la jerarquía de esa organización crearon un grupo paramilitar, con el fin de llevar a cabo actos terroristas para desestabilizar a Cuba y eliminar físicamente al presidente Fidel Castro.
En sus declaraciones el “arrepentido” mafioso Llama, alias Toñín, detalló el arsenal adquirido para esas acciones, que incluía un helicóptero de carga, 10 aviones ultra livianos dirigidos por control remoto, siete embarcaciones y abundante material explosivo.
Según el demandante, otrora hombre de confianza y cercano al desaparecido fundador de la FNCA, Jorge Mas Canosa, la iniciativa tuvo lugar en los inicios de la década de los 90, coincidente con el derrumbe de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista, cuando todos pronosticaban el fracaso de la Revolución Cubana en unas pocas semanas.
El asesinato fue frustrado por un episodio fortuito, al ser capturado el yate Esperanza, propiedad de Toñín, cuando se dirigía a la isla venezolana de Margarita, sede de la Cumbre Iberoamericana donde estaría el mandatario cubano.
Para sorpresa de la tripulación del guardacosta norteamericano que los abordó en alta mar, en lugar de drogas encontró un poderoso fúsil calibre 50 y otros medios bélicos, con los cuales efectuarían el magnicidio planificado.
No resulta ocioso recordar que Toñín y otros cuatro tripulantes
fueron arrestados y encausados en 1997 por una corte federal en Puerto
Rico, bajo cargos de conspiración para asesinar al Jefe del Estado de
Cuba, pero poco después en uno de esos casos insólitos de la justicia
norteamericana, si de Cuba se trata, los acusados resultaron exonerados
¡por falta de pruebas¡
Se preguntará el lector, con lógica, cuáles son los motivos para que esta truculenta historia, más apropiada para un filme de policías y bandidos, estalle ahora, al cabo de casi 10 años, solo para corroborar las andanzas terroristas y la violación de las leyes de Estados Unidos, que tantas veces la Antilla Mayor ha denunciado y son del dominio público y, sobre todo, de las autoridades desde la Florida hasta Washington.
Sencillo. Todo tiene su lógica cuando se sabe que Llama está en llamas, debido a que toda la operación descrita fue sufragada con sus recursos personales en calidad de préstamo, ascendente a un millón 471 mil 840 dólares con 35 centavos, y nadie le ha podido explicar el destino de los recursos adquiridos y no aprecia la menor intención de devolverle el dinero.
El Nuevo Herald describe la escena en que un indignado, y según él, arruinado Llama, “ rodeado de numerosas cajas y carpetas donde archiva meticulosamente documentos, apuntes de reuniones y recortes de prensa”, demuestra la estafa de que ha sido objeto por sus antiguos socios.
Este episodio tiene como primera lectura la de poner en evidencia, en boca de uno de ellos, el carácter terrorista e ilegal de estas organizaciones contrarrevolucionarias, en particular la FNCA, con fachada oficial para hacer lobby.
Una segunda lectura demuestra la catadura moral de estos sujetos que han hecho del anticastrismo una industria fabricante de millonarios a cuenta de los acostumbrados “pases de cepillos” en Miami-Dade y el dinero del contribuyente norteamericano, tan generosa y complacientemente asignado por Bush y quienes le antecedieron.
Y una tercera, que no debe pasar por alto, pero que haremos con dos preguntas y dejaremos las respuestas al lector:
¿Acaso no demuestra esta historia el derecho y la necesidad de Cuba de infiltrar a René González, Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González y Antonio Guerrero en las filas de esa mafia terrorista, para conocer tales planes y proteger a su pueblo?
¿Es justo que estos probados luchadores contra el terrorismo se encuentren prisioneros en cárceles norteamericanas desde hace casi ocho años, condenados sin pruebas a largas penas por espionaje y “constituir un peligro” para la seguridad nacional de ese país?









No