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Mi nombre es Elio Delgado Legón y soy un periodista con más de 30 años de ejercicio de la profesión. Me gustaría compartir mis vivencias personales y profesionales con todos los internautas interesados en conocer sobre Cuba, cuya realidad es tergiversada por la gran prensa.
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ISIDRO BENÍTEZ: DE CUBA Y DE AMÉRICA
El elegante de la música cubana será llevado al cine

Por Elio Delgado Legón

El destacado cineasta y productor chileno, Sergio Trabucco, me confirmó recientemente que piensa producir un filme que recoja la vida y la obra del músico cubano Isidro Benítez, quien llevó los ritmos de su país a la América del Sur, especialmente a Chile y Argentina, y creó un ritmo al que llamó Manaké, una mezcla de soul y de beat, que recuerda a la Lambada.
La obra cinematográfica estará basada en un libro del periodista cubano Eduardo Cruz Domínguez, actualmente radicado en Los Ángeles, que recoge su investigación sobre este destacado músico de la provincia de Villa Clara, en el centro de Cuba.
La idea de Trabucco es producir un largometraje de ficción apegado a la historia real, que será dirigido por el destacado cineasta chileno Luis R. Vera, en una coproducción entre Chile, Argentina y Cuba.
Sergio Trabucco ha producido películas tan importantes como Largo Viaje, de Patricio Kaulen; El chacal de Nahueltoro, de Miguel Littín, y Palomita Blanca, de Raúl Ruiz, entre muchas otras.
La vida de Isidro Benítez, músico, compositor y director de orquesta, más conocido en América del Sur que en su propia Patria, es una historia apasionante, por lo que le auguro un rotundo éxito a la obra cinematográfica en gestación.

¿QUIÉN FUE ISIDRO BENÍTEZ?

A pesar de que éramos del mismo pueblo: Santo Domingo, en la provincia de Villa Clara, yo no conocía nada de Isidro hasta 1973, cuando tuve que viajar a Santiago de Chile para realizar estudios en la Universidad. Como conocía a su hermano, que era juez en Manacas, este me dio el número de teléfono de Isidro para que lo llamara cuando estuviera en Santiago.
Cuando lo llamé la primera vez y me identifiqué como procedente del mismo lugar donde él nació, sentí a través de la línea telefónica la emoción en su voz. Me dio su dirección y me invitó a tomar el te para conversar.
Me recibió como a un viejo conocido y me llenó de preguntas sobre su familia, su pueblo, la situación en Cuba, en fin, quería saberlo todo.
Lo visité dos veces, pero siempre con poco tiempo disponible, por lo que no me fue posible hacerle una entrevista en la que me hablara de su historia y de su obra. La dejamos para más adelante, pero nos sorprendió el golpe de estado fascista, la muerte de Allende y mi salida precipitada del país. No obstante, me habló de muchas cosas que aún recuerdo.
Me mostró algunos diplomas o certificados entre los que sobresalían la
denominación como “El Duke Ellington de América del Sur” por la maestría en la interpretación del jazz de ese virtuoso artista norteamericano con el que mantuvo una entrañable amistad y larga relación de trabajo profesional; y también la calificación de ser “Introductor de la Música Cubana en Sudamérica.”
Algo que mostraba con especial orgullo era la condecoración recibida del Estado Cubano en 1950, con la Orden Carlos Manuel de Céspedes, en la categoría de “Caballero,” por sus méritos y servicios a la Patria como brillante compositor y director de orquesta.
Era un ferviente admirador y defensor del presidente Salvador Allende y se mostraba muy entusiasmado cuando hablaba de los cambios que habían ocurrido en Cuba después de 1959 y lo que se había logrado desde que en 1958 él estuvo en su Patria y se fue muy decepcionado por el racismo imperante y la situación política y económica del país.
La historia de Isidro es larga, digna de un largometraje, pero sólo contaré algunos pasajes de su vida, por razones de espacio.
Isidro nació el 15 de mayo del año 1900, en el poblado de Santo Domingo, antigua provincia de Las Villas, hoy Villa Clara, en el centro de Cuba.
Desde pequeño, con ocho años de edad, mostró habilidades sobresalientes para la música, razón que inspiró a su madre a incorporarlo a la academia de ese arte, recién constituida en su pueblo natal.
Meses más tarde ingresó en la primera banda infantil del municipio, dirigida por los profesores Andrés Arrechea y Gumersindo García. Su progreso no se hizo esperar, interpretaba con muestras de maestría el flautín, la flauta, el clarinete y el saxofón, algo no visto en esa época.
Entre 1916 y 1923, convertido ya en músico y sin rebasar aun los 23 años de edad, se trasladó a La Habana en busca de posibilidades de trabajo y desarrollo profesional que le permitiera contribuir al sostenimiento de su familia.
Durante su permanencia en la capital concluyo sus estudios de bachillerato, y para subsistir laboró al mismo tiempo como sastre, mientras en las noches y fines de semana realizaba su actividad musical en conjuntos y orquestas populares en los años 1924 a 1926.
El 22 de noviembre de 1926 salió Isidro Benítez de La Habana, rumbo a Santiago de Chile, al frente de la agrupación “Los negros cubanos”, contratados para la inauguración del centro de recreación Roof Garden situado en los altos del Cerro San Cristóbal en la capital chilena.
Argentina, Brasil, Perú, Bolivia, Uruguay y el resto de los países del Cono Sur, fueron las primeras plazas de presentación de “Los Negros Cubanos”, bajo la dirección de Isidro Benítez.
Durante la década de 1930 estableció temporalmente su estancia en Buenos Aires para cumplir compromisos en los principales teatros de esa capital como director musical de Josephine Baker, y de la Célebre Mistinguett y su Compañía del Gran Casino de Paris.
La radio también reclamó la presencia de Isidro con su gran orquesta. Era la época de oro del jazz y la prensa especializada le había otorgado, el sobrenombre de “EL DUKE ELLINGTON DE AMERICA DEL SUR” por la maestría y buen gusto con que interpretaba este género musical, principalmente las composiciones del virtuoso artista norteamericano.
Isidro Benítez, caracterizado como un popular show-man, que entregó momentos de alegría y esparcimiento a su público por casi 60 años, era ágil, dinámico al actuar. Disfrutó sus giras por el Continente, cada actuación y nueva amistad que se unía a la larga lista de amigos y personas conocidas. Sin embargo, hasta el día de su muerte sufrió la nostalgia que lo acompañó siempre desde que salió de Cuba dejando atrás a familiares queridos y amigos de la infancia y juventud.
No obstante, aprendió a convivir con esa nostalgia, que influyó indudablemente
en su producción musical. Algunas de sus más populares composiciones son: “El
Palomo (Guaracha), No Quiero Más Matrimonio (Guaracha), El Espejo Feliz
(Son Montuno), Cuba Bella (Bolero Beguine), Tesorito (Bolero Beguine), Santo
Domingo (Fox Trot), Piripiripipi (Fox trot) Viejos Recuerdos (Fox Trot), Mamá
Me Quiero Casar (Zamba), Chichito (Conga), Los Cubanos Son el Diablo (Conga), y alrededor de cien Manaké, ritmo bailable que se hizo muy popular en América del Sur.
Intervino además con su orquesta en la filmación de varias películas en Argentina y Chile, entre ellas: “Tesorito” (Argentina Sono Films), “Así es El Tango” (Porteña Films), “Su Hermana Menor” (Argentina Sono Films), “Novia, Esposa y Amante” (Lumiton), y “Hoy Comienza Mi Vida” (Estudios V.D.B. de Chile).
El año 1935 marcó el comienzo de una etapa importante en la consolidación del
prestigio y popularidad de Isidro Benítez y su espectáculo musical, desde el día
en que arribó a Río de Janeiro, para una estadía de tres meses de actuación en el
conocido Casino Da Urca, de la entonces capital de Brasil.
Después de varios años de continuados éxitos, en 1939 decidió establecerse definitivamente en Santiago de Chile, donde constituyó una familia.
El Elegante de la Música Cubana, como solían identificarlo, fue figura relevante en las carteleras de los clubes y centros nocturnos más concurridos de Chile, el Tap Room Ritz, Boite El Refugio, Stade Francais, Confitería Lucerna, Club Viña del Mar, Boite La Quintrala, Hotel Antofagasta, la Radio Corporación, la Televisión Canal 9 y las principales actividades festivas de la sociedad chilena.
Después de casi 25 años ausente de Cuba, en 1950 Isidro, viajó a la Habana a recibir la Condecoración del Estado Cubano con la Orden Carlos Manuel de Céspedes, en la categoría de “Caballero,” por sus méritos y servicios a la Patria como brillante compositor y director de orquesta.
A su regreso de Cuba, la revista especializada “El Pingüino”, editada en Santiago de Chile, expresaba en una parte del artículo dedicado al conocido músico, compositor y director de orquesta cubano-chileno:
(…) “Ningún artista de color tan querido en Chile como el músico cubano Isidro Benítez, que tiene ya 25 años por estas tierras de la América del Sur, llevando a todos lados su carga de notas musicales y de alegría. Acaba de regresar de Cuba, trayendo, como novedad, un Nuevo ritmo bailable, del cual es autor, titulado “El Manaké.”
Años más tarde Eddy Gaytan, conocido pianista argentino, manifestó estar en deuda con Isidro Benítez, por lo que aprendió de él como músico, como hombre y ser humano ejemplar. Expresó que: “Isidro siempre dijo a los integrantes de su orquesta que los latinoamericanos debían estar muy unidos para defender el futuro de sus países para así evitar que otros más poderosos vivan de su sudor y riquezas.”
Durante el recorrido de Isidro Benítez, por esa región de América, dejó el agradable recuerdo de su carismática presencia y buena música, y el ritmo Manaké, interpretado por primera vez, no en Cuba, sino en Chile y Argentina, donde alcanzó gran popularidad en la década de 1950.
Su principal difusión estuvo a cargo de la Compañía discográfica Columbia Broadcasting Sistem (C.B.S.) de Buenos Aires, que organizó una orquesta gigante con el nombre de Los Manakenses, para efectuar las grabaciones del ritmo Manaké, ya acogido por los bailadores de esa época.
A principios de 1967 Isidro enfermó y, obligado por su deteriorada salud, hizo un alto, aunque no definitivo, en su consolidada carrera artística.
La honestidad y amor que dedicó a su trabajo fueron su principal característica. No acumuló riquezas materiales y enfrentó situaciones económicas precarias en extremo, después de casi 60 años derrochando alegría y difundiendo la música cubana en América del Sur, y otros países.
A mediados de 1971 recibió la jubilación de la Sociedad de Autores y Compositores de Argentina de la que fue socio fundador en 1932. Un año después, la Caja de Empleados particulares de Chile le entregó un moderno apartamento en un populoso barrio residencial de la ciudad de Santiago.
Tres años más tarde, de nuevo La Sociedad de Autores y Compositores de Argentina se dirige a Isidro Benítez, pero en esta ocasión para entregarle la Medalla de Oro, la más importante condecoración con que se premia a un socio fundador, por su valioso aporte al desarrollo de la música y la cultura en esa nación.
En una carta a su hermano Aniceto le expresaba: “aunque sería ingrato de mi parte no decir que la he pasado maravillosamente bien todos estos años de “nómada”, de todos modos siento haberme alejado tanto tiempo de mi tierra, pues jamás ha pasado un instante sin pensar en mi pueblo querido y lo que me apena más es que no pude lograr afianzarme allí como lo hacía aquí en Sudamérica, a causa de “los blancos” que ahora, (maldecidos mil veces por mi) andan despatriados, regados por ahí añorando como yo a nuestra Cuba bella”.
El 25 de agosto de 1985, en la capital chilena, su segunda patria, dejó de existir físicamente el brillante compositor y director de orquesta Isidro Benítez.
La película que producirá Sergio Trabucco, además de ser una contribución al desarrollo del cine latinoamericano y a la historia de la música de la región, será un merecido homenaje a ese fabuloso músico, compositor y director de orquesta, que dio a conocer la música cubana en América del Sur.


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