¿Por qué le temen a la izquierda?
Por Elio Delgado Legón
Nunca he podido entender cómo es posible que en un mundo donde existe tanta riqueza, incluyendo las naturales y las creadas por el hombre, haya tantos millones de personas viviendo en la más absoluta miseria y pasando hambre todos los días.
Al repasar algunos datos sobre el hambre, ofrecidos por informes de la ONU sobre el tema, no puede uno menos que conmoverse y sufrir la impotencia de no poder hacer nada para cambiar tal situación. Sólo escribir algún artículo que muchos leerán con indiferencia, como leen los informes de las agencias especializadas de la ONU.
Yo me considero un hombre de izquierda, y si tuviera algún poder sobre el gobierno de un país ya fuera pobre o rico, trataría de cambiar tan espeluznante situación.
Eso es lo que persiguen los gobiernos de izquierda: ayudar a los pobres de la tierra y eliminar el hambre. ¿Por qué le temen a tan nobles ideas?
Quiero compartir con usted, amigo lector, algunos de los datos encontrados, sólo algunos, sobre el hambre en el mundo actual.
Según información ofrecida recientemente por el Equipo de Tareas Sobre el Hambre, creado por la ONU para estudiar la situación y proponer soluciones, más de 850 millones de personas pasan hambre en el mundo, todos los días y 300 millones de ellas son niños. Cada año mueren seis millones de niños menores de cinco años, por el hambre y sus consecuencias.
Los expertos aseguran que las muertes por hambre no obedecen a ninguna fatalidad: que detrás de cada víctima, hay responsables.
En los países donde la situación es más grave, un recién nacido tiene una expectativa de vida de apenas 38 años, mientras en las naciones más desarrolladas pasa de 70 años.
Prakash Shetty, jefe del Servicio de Planificación, Estimación y Evaluación de la Nutrición, de la FAO, opina que “la subnutrición crónica obstaculiza el desarrollo intelectual y físico de los niños, impide a las personas llevar una vida sana y productiva y menoscaba el desarrollo económico de los países. Por lo tanto, el hambre, consecuencia de la pobreza, también es una de sus causas.”
En el informe presentado por el Equipo de Tareas sobre el Hambre se afirma que “el objetivo de desarrollo del milenio de reducir el hambre a la mitad para el 2015 puede alcanzarse si los países industrializados aumentan y mejoran su asistencia para el desarrollo.” Sin embargo, esa asistencia, ni se ha aumentado, ni se ha mejorado. Todo lo contrario: no se cumple el compromiso de destinar el 0,7 por ciento del PIB al desarrollo de los más atrasados.
Como consecuencia, la malnutrición en África, lejos de decrecer, está en aumento.
Agrega el informe una serie de recomendaciones con vistas a mejorar la catastrófica situación analizada, y de ellas reproduzco sólo dos que me parecen ilustrativas:
- “Reformar las políticas y forjar un entorno propicio por medio de estrategias como una política integrada que incluya la agricultura, la nutrición y el desarrollo rural, un mayor apoyo presupuestario, la potenciación de las mujeres y niñas, el mejoramiento del acceso a las tierras, el fomento de la investigación, la eliminación de los obstáculos al comercio y el fortalecimiento de la capacidad para poner en marcha programas de reducción del hambre.”
- “Incrementar la productividad de los agricultores pobres que luchan para producir apenas los alimentos necesarios para subsistir, mediante la mejora de suelos, la gestión de los recursos hídricos, las semillas y el ganado, así como también los servicios de divulgación agrícola.”
Por supuesto que estas dos recomendaciones podrían hacerse realidad más fácilmente en los países pobres, si existiera una real ayuda al desarrollo.
No obstante, en aquellos países donde existen gobiernos de izquierda, preocupados por su pueblo y ajenos al neoliberalismo, se toman medidas encaminadas a cumplir esas y otras recomendaciones, en la medida de las posibilidades de cada cual.
En Brasil, por ejemplo, existen 11,2 millones de familias por debajo de la línea de pobreza, y el gobierno del presidente Luiz Inacio Lula Da Silva anunció que dedicará 5 600 millones de dólares para programas de alimentación de la población, incluidos 2 500 millones a subsidios directos a 8,7 millones de familias y para el próximo año espera llegar con ese subsidio a la totalidad de las familias por debajo de la línea de pobreza.
Mientras tanto, trabaja en temas como el acceso a la tierra y la creación de puestos de trabajo.
En Venezuela, el gobierno del presidente Hugo Chávez Frías ha creado los llamados Mercal, que son mercados bien surtidos, donde los pobres pueden adquirir una gran variedad de alimentos a precios subsidiados. Al mismo tiempo, se reparten tierras ociosas a los campesinos, para que produzcan alimentos y se atiende prioritariamente la salud y la educación de la población.
He señalado sólo dos ejemplos de gobiernos de izquierda, en América del Sur, que tratan de hacer todo lo que está a su alcance para eliminar el hambre, entre otras situaciones sociales que han heredado del neoliberalismo; sin embargo esos gobiernos son atacados, calumniados y amenazados constantemente. ¿Por qué les temen, si sólo tratan de hacer lo que recomienda la ONU?
El caso de Cuba es harto conocido. A pesar de ser un país pobre, víctima de un cruel bloqueo económico y financiero desde hace más de 40 años, no existe la subnutrición crónica. Toda la población tiene acceso por igual a una determinada cantidad de alimentos subsidiados por el Estado, con precios muy bajos para que todos, sin excepción, puedan adquirirlos.
Además, en Cuba se presta atención médica de alta calidad a toda la población, gratuitamente. La educación es gratis, los precios de las medicinas, son bajos; un alto porcentaje de la población no paga por su vivienda y el que paga tiene alquileres módicos. De esa manera, los salarios reales se ven aumentados considerablemente para adquirir otros alimentos no subsidiados.
En Cuba, la esperanza de vida al nacer es de 76 años para los hombres y 78 para las mujeres y sigue creciendo. El índice de mortalidad infantil en el 2004 fue de 5,6 por cada mil nacidos vivos, lo que la sitúa por encima de muchos países industrializados, incluido Estados Unidos.
Este año, como en los anteriores, Cuba presentará en el 61 período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, una resolución sobre el derecho a la alimentación. Sistemáticamente, Estados Unidos ha votado en contra de esta resolución. Juzgue usted quien tiene la razón.
Podría citar otros datos, pero sería abrumador. Sin embargo, a Cuba también se le calumnia, se le acusa, se le ataca, se le amenaza, porque es un país con un gobierno que se ocupa de su pueblo. ¿A qué le temen? ¿Al ejemplo de la izquierda?





