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Imagina una bomba sexual, apetente ante el deseo de la carne, libidinoso y lúbrico, dispuesto a saciar todas las fantasías, y experimentador de vicios para muchos inconfesables. Pornógrafo, voyeur, amante de orgías, onanista, sodomita y fanático de cuerpos depilados... o sin depilar, todo depende... Mételo todo en la coctelera y dale una imagen normal, una apariencia jovial, un trabajo respetable y una fuerte dosis de cinismo y me tendrás en la foto... Soy el angelito que la tiró


Aviso innecesario


Este es un blog en el que se dicen guarradas que puede estar prohibido leer si no se tiene edad de votar.

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Mi primer gran magreo
Ocurrió allá por el Pleistoceno Superior. Del día me acuerdo perfectamente. Era 5 de febrero. Y la estulticia pueblerina citaba esa fecha como Santa Agueda, el día que mandaban las mujeres. Por arte de alquimia de pronto me encontré con mi amiga "J" a la que hacía meses que llevaba con el ojo echado. Bien, si digo que se lo tenía echado a sus tetas a nadie le sorprenderá, pero para nuestras mentes núbiles el tamaño de sus atributos mamarios era tan excesivo que dudo que hubiera adolescente granudo en 200 kilometros a la redonda que no babease por aquellos enormes bultos prominentes. Claro, la jodía era de las de "me mirarás y no me catarás" en su vertiente de "somos muy amigos y nada más" de forma que bastante tuve con conseguir que me presentase una amiga que, como decíamos en aquellos tiempos en los que los dinosaurios todavía hollaban la tierra, "tirase". Y lo hizo, me la presentó: "A" no me parecía tan impresionante como "J", pero tampoco se quedaba atrás en cuanto a atributos tetiles. Me daba un poco de reparo ya que parecía saber latín, y yo a lo más que llegaba era a machacármela como un mono un par de veces al día, y desde luego no pensaba que aquella chavala pudiera fijarse en alguien cargado de chapas, parches en la cazadora y muñequeras de pinchos. No, no pensaba que pudiera comerme nada, ni con ella ni con ninguna otra más allá de mis fantasías pajeriles.

Aquel día 5 de febrero nos encontramos y tras los saluditos de rigor "J" me dijo que ya estaba hecho. Que me lanzase, que "A" estaba dispuesta. A lo que por primera vez en mi breve vida de merodeador tetero dije que no. Cual borrego de calendario solté "¿Hoy no mandáis las mujeres? Pues que me lo diga ella!!!" Y ni corta ni perezosa, "A" me preguntó: "¿quieres salir conmigo?" Ufff, qué tiempos pretéritos cuando semejante gilipollez de cuestión le retorcía a uno la barriga. Hacíamos el chorra, pero tenía su gracia.

El caso es que ni cortos ni perezosos nos enganchamos por la cintura y nos fuimos a un garito donde con la miserable paga mendigada a papá al menos podías tomar una cerveza, y nos pegamos uno de los mayores lotes que recuerdo. Morreando como posesos, con mi polla como el palo de una bandera no pude evitar a empezar a meterla mano. Sin tacto. A lo bruto. Sentados en un reservado, mi única obsesión era tocar por fin a gusto un par de tetas, besuquearlas, morrearlas, de forma que allí, a la vista de todos los que querían mirar, nos pusimos las botas. Mejor dicho, yo me puse las botas, que la pobre "A" bastante tenía con evitar que no acabase lanzándome más allá de su cinturón.

Cada vez que me recuerdo en aquella situación siento un pequeño prurito de vergüenza, aunque el morbo de esa primera vez nunca podré quitármelo de la cabeza. A la vista de todo el mundo, sin importarnos nada, tan sólo descubriendo nuestros cuerpos, aprendiendo del placer.

Y hoy volvía a mi cabeza cuando llegaba a casa. Estaba esperando el metro mientras en el banco de al lado una pareja que no llegarían a los 16 años se ponían las botas como si de película porno se tratase. Ambos vestidos de uniforme, más chocante en el chaval si cabe, por lo extraño de la situación. Una de sus manos metidas debajo del jersey de la chica apretando uno de sus pechos, mientras que la otra se perdía entre la falda buscando el interior de su muslo. Ella suspiraba y se dejaba hacer. Y de pronto no eran ellos, de repente era otra Era, otro tiempo, otro momento en el que el descubrimiento de los sentidos se limitaba a eso, a explorar, a buscar, a suspirar. Lo sentí sensual, pero al mismo tiempo una pequeña punzada de indefinible nostalgia. Será la edad y la lluvia, que en días así nos pierde...
 
Comentario:
Mi primer magreo fuen en el baño de mi escuela de inglés. Ahora los baños no me apasionan demasiado (jo, que señorita me he vuelto), pero esa primera vez fue como estar en el paraíso.

Besitos
 
Comentario:
La primera vez de todo siempre se recuerda, pero es que los primeros besos (casi siempre babosos) los primeros magreos (casi siempre apresurados y patosos) y los primeros polvos (la primera fellatio, el primer coito) se convierten en un punto de referencia inevitable, los posteriores serán mas expertos, pero nunca recuperas la desazón de la primera vez, las nuevas sensaciones, esas erecciones imparables, esos orgasmos involuntarios...
 
Comentario:
Sí, la verdad es que a veces añoro esos tiempos en los que no follaba y acababa totalmente cachonda. Ahora hubiera sido otra historia, pero aquello también era encantador y se disfrutaba un montón.

Yo recuerdo mis primeras pollas como un experimento, no me excitaba tocarlas, veía la reacción del tío mientras se la meneaba y yo allí como la doctora francis, apuntando las reacciones del sujeto en mi libreta virtual...

PS: Menos mal que ha empezado a llover..
 
Comentario:
uishh..eso me recuerda a mi primer magreo en un lugar público..aish, tendría 11 o 12 años!no lo cuento que me da vergoña haber hecho ciertas cosas tan joven!jajaja
No