Vacaciones poco diferentes
Y es que para qué variar. Llevo un montón de años pasándolas en Vera, el paraíso del naturismo en España, y tras mucho negociar con "X", volveremos este año a disfrutar en pelotas. Hace tanto que ya no recuerdo la última vez que me fui a la playa con bañador. De hecho creo que por aquel entonces se llevaban los "turbo" negros con rallita amarilla en el lateral. Vera tiene el encanto doble de poder estar todo el día en pelota picada, algo que sigue dándome tanto morbo como el primer día, e incluso la posibilidad de dejarte caer por el simulacro de club liberal que hay al lado del hotel. Y es que nudismo y sexo obviamente no suelen ir unidos, aunque un vicioso como yo sea incapaz de desligarlo. En su día trataron de abrir un club liberal en plan serio (en Mojacar ya hay uno), pero al final quedó un híbrido extraño en el que si no sabes dónde estás puedes no llegar a enterarte de que la mitad de las parejas están buscando fiesta.

Hace cuatro años allí conocí a una pareja, con la que, tras mucho darle vueltas, creo que me pegué el mejor polvo de mi vida (hasta ahora). Lo mejor es que todo surgió como si nada. Comenzamos a charlar, con ellos tanteándome para ver si conocía el ambiente, y tras un par de copas, él (me acuerdo perfectamente del polvo pero soy incapaz de recordar sus nombres) me preguntó que si me apetecía tomar otra pero en su apartamento. Por supuesto me apunté, y al llegar nos servimos tres copillas mientras nos sentábamos a hablar de sexo para ir caldeando el ambiente.
El pasada la cuarentena. Ella pasada la treintena. El elegante y con clase. Ella guapa y con un cuerpazo, aunque sin ser una mujer despampanante. Vestida con un escotado y corto vestido negro. De forma casi imperceptible me encontré acariciando su muslo y él planteó que subiéramos a la habitación, donde estaríamos más a gusto. Una vez allí, todo surgió como si lo hubiéramos planeado mil veces, pero al mismo tiempo, de la forma más sencilla.
Ella se sentó en la cama y tras sacarnos los dos las pollas comenzó a comérselas una tras otra. Sin sacarse el vestido, pero desde arriba, la visión de su boca mamándonos a los dos ya me puso como un loco, hasta que le pedí que se incorporase. De haber seguido un poco más me habría corrido inmisericórdemente.
Con ella de pié, me dediqué a comerle el coño por detrás, metiendo mi lengua entre su culo, mientras ella pajeaba a su marido. No tardamos en tumbarnos sobre la cama e iniciar el clásico juego de él follándola de rodillas y ella chupando mi polla. Cada vez que veía que estaba a punto de correrme paraba y forzaba el cambio de postura para poder comerle el coño y así recuperar. Finalmente, y todo sazonado con estupendos gritos ciértamente escandalosos (con la ventana abierta en la playa de agosto creo que alguno se acordó de nuestra estampa), él me preguntó si llevaba condones. Obviamente como la respuesta era afirmativa, y tras encasquetarme uno en la polla agigantada por el morbazo de la situación, ella se puso encima de mi, moviéndose estupendamente, marcando el tempo brutalmente. Justo para oirle a él preguntarle ¿quieres que entre yo también? y ella, pletórica decir ¡adelante!
Los dos dentro de ella estuvimos unos minutos, y aunque a tenor de sus gritos de placer creo que disfrutó de lo lindo, sólo puedo hablar de mí mismo. Es la única vez que he practicado una doble penetración y aseguro que el placer es apoteósico. No obstante, y tras aguantar como titanes, volvimos a la posición inicial y con mi polla en su boca (sin quitar el condón) y el follándola a toda velocidad, acabamos corriéndonos, yo en su boca y él en sus tetas, y de paso en buena parte de mi costado, todo hay que decirlo.
Ahí habría terminado todo, pero aun así bajamos al salón tras darnos una breve ducha y seguimos charlando hasta que en menos de media hora volvía a tener la polla como un palo. Esta vez, al estar desnudos ella decidió metérsela en la boca allí mismo, mientras él la acariciaba el clítoris de manera algo ruda.
Volvimos a levantarnos y de nuevo en la habitación empezaron a follar mientras yo la comía el clítoris. Ella tumbada boca arriba, él encima, y mi lengua rozando clítoris y polla, se mantuvieron hasta que de nuevo él notó su orgasmo. Salió rápidamente y gritando "me corro en tu cara!" la echó unas pocas gotas entre sus labios.
Así las cosas me puse el segundo condón de la noche y tras ponerse ella de rodillas empecé a entrar en su culo despacito. No puedo tirarme el folio. Según entraba notaba que iba a correrme antes de que ella se enterase, y aunque traté de aguantar lo más posible, la visión de la polla flácida de él colgando manchada todavía, la lengua de ella acariciando un capullo flacido, y sobre todo la estrechez de su culo, hizo que llegase al orgasmo salvajemente. No me desmayé, pero juro que nunca he estado más cerca del climax. Jamás.
Quedamos al día siguiente para vernos, tomar café y echarnos la siesta juntos, pero ninguno de los tres apareció. Yo lo sé, porque observé donde habíamos quedado desde un lugar discreto por si aparecían. No tenía claro a la mañana siguiente si repetir. Pero desde luego ellos no fueron. Da igual. Casi mejor ya que así el recuerdo queda tan vívido como imborrable.
Después de eso, los tres años siguientes, siempre que voy a Vera pienso si sería interesante repetir con ellos si llegase a encontrarlos de nuevo, , pero no lo veo sencillo. En cualquier caso, el morbo de pensar que entre tanto nudista siempre hay 3 o 4 parejas liberales es tan grande, que desde hoy cuento los minutos que faltan para marcharme. Este horrible calor tiene para mí hoy un aliciente especial: Vera espera.

Hace cuatro años allí conocí a una pareja, con la que, tras mucho darle vueltas, creo que me pegué el mejor polvo de mi vida (hasta ahora). Lo mejor es que todo surgió como si nada. Comenzamos a charlar, con ellos tanteándome para ver si conocía el ambiente, y tras un par de copas, él (me acuerdo perfectamente del polvo pero soy incapaz de recordar sus nombres) me preguntó que si me apetecía tomar otra pero en su apartamento. Por supuesto me apunté, y al llegar nos servimos tres copillas mientras nos sentábamos a hablar de sexo para ir caldeando el ambiente.
El pasada la cuarentena. Ella pasada la treintena. El elegante y con clase. Ella guapa y con un cuerpazo, aunque sin ser una mujer despampanante. Vestida con un escotado y corto vestido negro. De forma casi imperceptible me encontré acariciando su muslo y él planteó que subiéramos a la habitación, donde estaríamos más a gusto. Una vez allí, todo surgió como si lo hubiéramos planeado mil veces, pero al mismo tiempo, de la forma más sencilla.
Con ella de pié, me dediqué a comerle el coño por detrás, metiendo mi lengua entre su culo, mientras ella pajeaba a su marido. No tardamos en tumbarnos sobre la cama e iniciar el clásico juego de él follándola de rodillas y ella chupando mi polla. Cada vez que veía que estaba a punto de correrme paraba y forzaba el cambio de postura para poder comerle el coño y así recuperar. Finalmente, y todo sazonado con estupendos gritos ciértamente escandalosos (con la ventana abierta en la playa de agosto creo que alguno se acordó de nuestra estampa), él me preguntó si llevaba condones. Obviamente como la respuesta era afirmativa, y tras encasquetarme uno en la polla agigantada por el morbazo de la situación, ella se puso encima de mi, moviéndose estupendamente, marcando el tempo brutalmente. Justo para oirle a él preguntarle ¿quieres que entre yo también? y ella, pletórica decir ¡adelante!
Los dos dentro de ella estuvimos unos minutos, y aunque a tenor de sus gritos de placer creo que disfrutó de lo lindo, sólo puedo hablar de mí mismo. Es la única vez que he practicado una doble penetración y aseguro que el placer es apoteósico. No obstante, y tras aguantar como titanes, volvimos a la posición inicial y con mi polla en su boca (sin quitar el condón) y el follándola a toda velocidad, acabamos corriéndonos, yo en su boca y él en sus tetas, y de paso en buena parte de mi costado, todo hay que decirlo.Ahí habría terminado todo, pero aun así bajamos al salón tras darnos una breve ducha y seguimos charlando hasta que en menos de media hora volvía a tener la polla como un palo. Esta vez, al estar desnudos ella decidió metérsela en la boca allí mismo, mientras él la acariciaba el clítoris de manera algo ruda.
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Después de eso, los tres años siguientes, siempre que voy a Vera pienso si sería interesante repetir con ellos si llegase a encontrarlos de nuevo, , pero no lo veo sencillo. En cualquier caso, el morbo de pensar que entre tanto nudista siempre hay 3 o 4 parejas liberales es tan grande, que desde hoy cuento los minutos que faltan para marcharme. Este horrible calor tiene para mí hoy un aliciente especial: Vera espera.
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Comentario:
PD no solo nos ha gustado eso, a estas horas de la mañana, a punto de salir para el curro la mente no está demasiado agil, buen post, bien contado, al grano y fiel a tu estilo, no cambies macho.
Comentario:
Bueno, al menos tu sabes que ambas cosas no tienen nada que ver, ni todos los swingers son nudistas ni viceversa, de hecho la mayoría de la gente que practica nudismo o naturismo ni se plantea el sexo swinger, lo que da lugar a no pocos equívocos, eso si nos ha gustado, que hayas puntualizado que en los ambientes nudistas (en los naturistas menos todavía) la concentración de swingers por metro cuadrado es igual de baja que en los textiles, buen relato, además las cifras si que son geniales (y realistas) en relación a la proporcion de swingers entre los nudistas, si todos los chicos solos fueran como tu otro gallo cantaría, no habría tanto troll suelto.