Líderes, Jefes y Jefecillos. Capitulo II. El Jefecillo.
El Jefecillo es una subespecie del Jefe, que habita en las zonas intermedias a las que los Jefes no quieren llegar, y a las que sus subordinados no pueden acceder.
Se ven así mismos comos Jefes, y en realidad son meros transmisores de las órdenes de los Jefes hacia los Ejecutores, no tienen capacidad de decisión salvo en pequeños márgenes dentro de las consignas que vienen de “arriba”. De hecho, asumen las directrices del Jefe y las hacen propias, para dar cierta credibilidad a unas ideas que no son las suyas.
Dentro del rango Jefecillo se podrían establecer tres subcategorías:
- Jefecillo Superior: Trata directamente con el Jefe y traslada sus órdenes al Jefe Intermedio mientras comprueba que son ejecutadas por el resto de la cadena descendente de acuerdo al criterio del Jefe, al que no cuestiona sino que adula porque se sabe llamado a ser uno de ellos algún día. Mientras, se deja adular por el Jefecillo Intermedio con la promesa tácita de que cuando él sea Jefe, el Jefecillo Intermedio podría ocupar su puesto vacante. El Jefecillo Superior suele tener varios Jefecillos Intermedios a su cargo, lo que aumenta la pugna y el deseo por destacar entre estos para dejar de ser “concubino” y alcanzar el nivel de “favorito”.
- Jefecillo Intermedio: Vive y se desenvuelve entre dos aguas, las cálidas del Jefecillo Superior y las más gélidas del Jefecillo Inferior, y su misión es transmitir, supervisar, auditar y comprobar la correcta ejecución de las consignas del Jefecillo Superior hacia los Jefecillos Inferiores, y su batalla diaria no es con estos, sino con sus iguales, el resto de Jefecillos Intermedios que como él, aprovechan cualquier ocasión para medrar o desprestigiar al resto, para algún día poder alcanzar el estatus de Jefecillo Superior, y por qué no, el de Jefe.
- Jefecillo Inferior: Es sin duda el escalón más duro de esta categoría de Jefecillos, ya que sobre él tiene una larga cadena de Jefes y Jefecillos de rango superior, pendientes de su gestión y resultados, y si algo sale mal o no se ajusta a las expectativas, será quien como último eslabón de la cadena de dirección, asuma el fracaso que desde arriba se irán sacudiendo unos y otros. Por otra parte su trabajo consiste en ser el último trasmisor de órdenes hacia los Ejecutores, y ya se sabe “el que da la cara es quien tiene más posibilidades de que se la partan”, sobre todo porque bajo él no dispone de ese colchón de escalones intermedios tras el que parapetarse en las adversidades.
Todas estas subcategorías tienen, según su rango, sus propias prebendas que a medida que se asciende, se acercan a las descritas para el Jefe en el Capítulo I, sin llegar desde luego a igualarlas, ya que están ahí, para recordarles su verdadero puesto en la escala social, y como estímulo de lo que podrían conseguir..., si algún día se hacen acreedores a ellas a los ojos de un Jefe paternalista.
En esta escala es donde se genera la tediosa burocracia, ya que los distintos niveles de Jefecillos tienen que esforzarse en controlar todos los aspectos de los ejecutores, elaborando sesudos informes y complejas estadísticas, que por un lado demuestren su preparación y capacidad para hacer llegar al Jefe los pormenores a los que por su distancia y lejanía no tiene acceso, y por otro lado justifiquen la necesidad de sus propios cargos, ya que suelen creer (equivocadamente) que su importancia y buen hacer se mide proporcionalmente según el volumen de papel que generan.
Los Jefecillos suelen tener más predisposición que los Jefes a escuchar a sus subordinados, pero no para interesarse por sus ideas (salvo que puedan plagiarlas si pueden ser beneficiosas para agradar al Jefe), sino en realidad para sondear actitudes desleales de la cadena inferior y ser los primeros en advertir al Jefe de que algo se cuece en las mazmorras.
Se podrían apuntar muchas más características del Jefecillo, y os animo a hacerlo, pero a lo que de verdad os exhorto es a que si sois Jefecillos o alguna vez llegáis a serlo recordéis esta pequeña caricatura como algo a evitar.
Si hubiera Líderes en lugar de Jefes, los Jefecillos estarían de sobra y sus nóminas podrían emplearse en algo más productivo que controlar, auditar, supervisar y monitorizar a los Ejecutores.
Se ven así mismos comos Jefes, y en realidad son meros transmisores de las órdenes de los Jefes hacia los Ejecutores, no tienen capacidad de decisión salvo en pequeños márgenes dentro de las consignas que vienen de “arriba”. De hecho, asumen las directrices del Jefe y las hacen propias, para dar cierta credibilidad a unas ideas que no son las suyas.
Dentro del rango Jefecillo se podrían establecer tres subcategorías:
- Jefecillo Superior: Trata directamente con el Jefe y traslada sus órdenes al Jefe Intermedio mientras comprueba que son ejecutadas por el resto de la cadena descendente de acuerdo al criterio del Jefe, al que no cuestiona sino que adula porque se sabe llamado a ser uno de ellos algún día. Mientras, se deja adular por el Jefecillo Intermedio con la promesa tácita de que cuando él sea Jefe, el Jefecillo Intermedio podría ocupar su puesto vacante. El Jefecillo Superior suele tener varios Jefecillos Intermedios a su cargo, lo que aumenta la pugna y el deseo por destacar entre estos para dejar de ser “concubino” y alcanzar el nivel de “favorito”.
- Jefecillo Intermedio: Vive y se desenvuelve entre dos aguas, las cálidas del Jefecillo Superior y las más gélidas del Jefecillo Inferior, y su misión es transmitir, supervisar, auditar y comprobar la correcta ejecución de las consignas del Jefecillo Superior hacia los Jefecillos Inferiores, y su batalla diaria no es con estos, sino con sus iguales, el resto de Jefecillos Intermedios que como él, aprovechan cualquier ocasión para medrar o desprestigiar al resto, para algún día poder alcanzar el estatus de Jefecillo Superior, y por qué no, el de Jefe.
- Jefecillo Inferior: Es sin duda el escalón más duro de esta categoría de Jefecillos, ya que sobre él tiene una larga cadena de Jefes y Jefecillos de rango superior, pendientes de su gestión y resultados, y si algo sale mal o no se ajusta a las expectativas, será quien como último eslabón de la cadena de dirección, asuma el fracaso que desde arriba se irán sacudiendo unos y otros. Por otra parte su trabajo consiste en ser el último trasmisor de órdenes hacia los Ejecutores, y ya se sabe “el que da la cara es quien tiene más posibilidades de que se la partan”, sobre todo porque bajo él no dispone de ese colchón de escalones intermedios tras el que parapetarse en las adversidades.
Todas estas subcategorías tienen, según su rango, sus propias prebendas que a medida que se asciende, se acercan a las descritas para el Jefe en el Capítulo I, sin llegar desde luego a igualarlas, ya que están ahí, para recordarles su verdadero puesto en la escala social, y como estímulo de lo que podrían conseguir..., si algún día se hacen acreedores a ellas a los ojos de un Jefe paternalista.
En esta escala es donde se genera la tediosa burocracia, ya que los distintos niveles de Jefecillos tienen que esforzarse en controlar todos los aspectos de los ejecutores, elaborando sesudos informes y complejas estadísticas, que por un lado demuestren su preparación y capacidad para hacer llegar al Jefe los pormenores a los que por su distancia y lejanía no tiene acceso, y por otro lado justifiquen la necesidad de sus propios cargos, ya que suelen creer (equivocadamente) que su importancia y buen hacer se mide proporcionalmente según el volumen de papel que generan.
Los Jefecillos suelen tener más predisposición que los Jefes a escuchar a sus subordinados, pero no para interesarse por sus ideas (salvo que puedan plagiarlas si pueden ser beneficiosas para agradar al Jefe), sino en realidad para sondear actitudes desleales de la cadena inferior y ser los primeros en advertir al Jefe de que algo se cuece en las mazmorras.
Se podrían apuntar muchas más características del Jefecillo, y os animo a hacerlo, pero a lo que de verdad os exhorto es a que si sois Jefecillos o alguna vez llegáis a serlo recordéis esta pequeña caricatura como algo a evitar.
Si hubiera Líderes en lugar de Jefes, los Jefecillos estarían de sobra y sus nóminas podrían emplearse en algo más productivo que controlar, auditar, supervisar y monitorizar a los Ejecutores.





