Articulo enviado por Vicente 10-10-05
Nuevamente me envía Vicente una colaboración en forma de comentario, y modestamente, creo que más que un comentario, es todo un articulo que por su propio peso e interes, envio directamente a la portada de este blog.
De nuevo, gracias por tus aportaciones.
Es imposible sustraerse a la pena que en cualquier persona bien nacida produce la visión de los horrores con los que nos ilustran diariamente sus noticias las cadenas de televisión, preferentemente a la hora del almuerzo o de la cena. La misión primordial del periodismo es la de informar, pero no veo necesario que, en aras de esa información, la noticia, cuando de una desgracia se trata, siempre se nos detalle mientras se emiten espantosas imágenes de cadáveres, niños aprisionados bajo toneladas de cascotes o restos humanos, entre chatarra humeante, de las víctimas de algún terrorista suicida.
Hay países donde estos procedimientos están vetados, incluso en las cadenas privadas, tan fuera de control en el nuestro. En los recientes atentados del metro en Gran Bretaña o en la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York, no se nos mostraron imágenes de las víctimas y, sin embargo, en ambas casos, quedó informado exhaustivamente hasta el último habitante de este planeta. Pero aquí no. Aquí, como si fuésemos incapaces de comprender los resultados que sobre una aldea puede causar la furia del monzón, nos bombardearán la retina con cuerpos humanos flotando y animales ahogados, hinchados como globos. Que un terremoto asola una región, en lugar de emitir las imágenes de los edificios destruidos o las carreteras cortadas, ya podemos prepararnos a observar cuerpos mutilados y pobres mujeres llorando ante la cabeza de un familiar apenas visible entre los escombros.
¡Periodismo de casquería!. E inmediatamente, como las setas después del primer día de lluvia, anuncios y más anuncios de organizaciones humanitarias solicitando nuestra ayuda, siempre circunscrita al ingreso de dinero en una cuenta corriente. Después, pasarán los días, las semanas, y aquella desgracia será sustituida por otra nueva desgracia; al tifón le sucederá una grave epidemia y al terremoto, la erupción de un volcán en alguna isla remota de la polinesia. Y ya tenemos otra vez el anuncio solicitando ayuda y la cuenta corriente donde ingresar nuestra aportación.
En la prensa de este fin de semana se ha publicado que el 64’67% de los ciudadanos andaluces no tiene posibilidades de ahorrar en su economía familiar y que el 63’7% sufre dificultades para llegar a final de mes.
Sufrir dificultades es el eufemismo que se emplea para no decir a las claras que tres o cuatro de cada diez andaluces pasa hambre. Que muchos carecen de un lugar donde cobijarse o de unos harapos con los que protegerse de las inclemencias del tiempo. Que hay personas que cada noche buscan en la basura de sus vecinos y en los desechos de los mercados un trozo de alimento que llevarse a la boca. No sé si en las televisiones de Suecia, Canadá o Japón, se emiten anuncios donde pidan la ayuda de sus ciudadanos mientras se ve la imagen de un jubilado español asomado a un contenedor de basura, pero lo que si sé es que, a la cuenta corriente de estas personas, no llegan los ingresos.
De nuevo, gracias por tus aportaciones.
Es imposible sustraerse a la pena que en cualquier persona bien nacida produce la visión de los horrores con los que nos ilustran diariamente sus noticias las cadenas de televisión, preferentemente a la hora del almuerzo o de la cena. La misión primordial del periodismo es la de informar, pero no veo necesario que, en aras de esa información, la noticia, cuando de una desgracia se trata, siempre se nos detalle mientras se emiten espantosas imágenes de cadáveres, niños aprisionados bajo toneladas de cascotes o restos humanos, entre chatarra humeante, de las víctimas de algún terrorista suicida.
Hay países donde estos procedimientos están vetados, incluso en las cadenas privadas, tan fuera de control en el nuestro. En los recientes atentados del metro en Gran Bretaña o en la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York, no se nos mostraron imágenes de las víctimas y, sin embargo, en ambas casos, quedó informado exhaustivamente hasta el último habitante de este planeta. Pero aquí no. Aquí, como si fuésemos incapaces de comprender los resultados que sobre una aldea puede causar la furia del monzón, nos bombardearán la retina con cuerpos humanos flotando y animales ahogados, hinchados como globos. Que un terremoto asola una región, en lugar de emitir las imágenes de los edificios destruidos o las carreteras cortadas, ya podemos prepararnos a observar cuerpos mutilados y pobres mujeres llorando ante la cabeza de un familiar apenas visible entre los escombros.
¡Periodismo de casquería!. E inmediatamente, como las setas después del primer día de lluvia, anuncios y más anuncios de organizaciones humanitarias solicitando nuestra ayuda, siempre circunscrita al ingreso de dinero en una cuenta corriente. Después, pasarán los días, las semanas, y aquella desgracia será sustituida por otra nueva desgracia; al tifón le sucederá una grave epidemia y al terremoto, la erupción de un volcán en alguna isla remota de la polinesia. Y ya tenemos otra vez el anuncio solicitando ayuda y la cuenta corriente donde ingresar nuestra aportación.
En la prensa de este fin de semana se ha publicado que el 64’67% de los ciudadanos andaluces no tiene posibilidades de ahorrar en su economía familiar y que el 63’7% sufre dificultades para llegar a final de mes.
Sufrir dificultades es el eufemismo que se emplea para no decir a las claras que tres o cuatro de cada diez andaluces pasa hambre. Que muchos carecen de un lugar donde cobijarse o de unos harapos con los que protegerse de las inclemencias del tiempo. Que hay personas que cada noche buscan en la basura de sus vecinos y en los desechos de los mercados un trozo de alimento que llevarse a la boca. No sé si en las televisiones de Suecia, Canadá o Japón, se emiten anuncios donde pidan la ayuda de sus ciudadanos mientras se ve la imagen de un jubilado español asomado a un contenedor de basura, pero lo que si sé es que, a la cuenta corriente de estas personas, no llegan los ingresos.
Comentario:
La tragedia del pobre es que no puede permitirse nada más que la abnegación. (Oscar Wilde).





