Los taxistas tienen miedo.

El colectivo de trabajadores del taxi tiene miedo, no quieren ni pueden ocultarlo. Lo entiendo y les comprendo.
Demasiadas horas de jornada, convertidos en cajeros sobre ruedas al alcance de cualquier matón sin escrúpulos. Día y noche se exponen a que les arrebaten el fruto de su trabajo, volviendo a casa con los bolsillos vacíos. Eso, en el mejor de los casos. A veces les roban o destrozan su herramienta de trabajo, en ocasiones les arrebatan la vida a punta de cuchillo en un solitario descampado. Se sienten solos y abandonados, olvidados de quienes tienen la obligación de protegerlos, pero una vez más, a los poderes del Estado sólo les preocupa que estén al corriente de sus impuestos.
Leo en la prensa que el pasado fin de semana tras la muerte de un taxista a manos de un dominicano que sacaba la lengua chulesco a los compañeros de la víctima, amparado tras la policía, sólo en dos días, en la Línea de la Concepción (Cádiz), se han producido otros tres atracos con agresión y daños a sendos taxistas.
Como siempre, a pesar de sus muchas carencias, la policía hace lo que puede y en 48 horas detiene al atracador, cuando armado con un cuchillo oculto en su pantalón, rondaba un supermercado “presuntamente” para volver a delinquir.
Juicio rápido, en otras 48 horas el detenido es puesto en libertad. Vuelve a estar en la calle, cuando sus víctimas aún no se han recuperado ni de los daños en los vehículos, ni de sus lesiones. La decisión del juez de Guardia de San Roque, indigna a victimas y espectadores de tan lamentable espectáculo. Un delincuente con varios antecedentes por robo con violencia y agresiones se pasea de nuevo por las calles del Campo de Gibraltar.
Ya comprendo de que va eso de los juicios rápidos... las víctimas abandonadas a su suerte, los funcionarios aún rellenando los impresos de la detención, los delincuentes en la calle planeando nuevos delitos, y ustedes señores magistrados volviendo a casa con la satisfacción de un trabajo “bien hecho”.
Por cierto, la Audiencia Nacional, ha condenado a VEINTISÉIS AÑOS de prisión al colaborador de ETA Orkatz Gallastegui por facilitar en el año 2001, los datos personales que facilitaron a un comando terrorista asesinar al juez José María Lidón, y claro como se deduce de tan dispares sentencias, una cosa es atentar contra la vida de un juez, y otra muy distinta atentar contra la vida de un taxista.
Comentario:
¡FELICES PASCUAS!
Comentario:
A veces intencionadamente, a veces no, confundimos la justicia con los jueces, y esto nos hace sentirnos recelosos e inseguros. Quizás convendría recordar lo que dijo Voltaire: "Los pueblos a quienes no se hace justicia, se la tomarán por su mano más pronto o más tarde".
Salu2.
Salu2.





