País de chancla, pandereta y boato.
Leído en la prensa, oído en la radio, visto en las televisiones:
Con la fastuosidad de un príncipe europeo y el mal gusto de un reyezuelo africano, se ha celebrado en Sevilla la “boda del siglo”. Más de tres mil asistentes colapsaron la ciudad durante horas, cante, baile y alegría para todos, lujo, boato, ostentación y derroche a golpe de talonario. Comilonas, banquetes y entre risas y alboroto la prueba del pañuelo. Denigrante y vergonzante trámite que tendrá que pasar la novia para hacerse digna de semejante personaje. ¿Qué dirán ahora esas organizaciones feministas que hacen correr ríos de tinta cuando en algún remoto rincón del tercer mundo se humilla a la mujer?
En este país, que a sí mismo se llama civilizado y progresista, en pleno siglo XXI se tolera, se mira para otro lado o hacemos ver que no sabemos qué es la prueba del pañuelo, preferimos pasar de puntillas sobre él. ¿Dónde están ahora las reivindicadoras de los derechos de la mujer? Mientras ellas guardan silencio y desvían la mirada, yo alzo mi voz y siento vergüenza ajena.
Algo más de 100.000 Euros por atropellar y causar la muerte a un hombre de 35 años cuando cruzaba por un paso de peatones, mientras un grupo de amigotes hacían ostentación de un potente BMW circulando temerariamente y sin permiso de conducir. No pisará la cárcel, y su victima nunca más pisará las calles de Sevilla.
Conducir sin carné a altas velocidades por la ciudad, matar a una persona y dejarla tirada en la calle como un perro, denegación de auxilio, intento de culpar a un menor para librarse de la Justicia, ocultación de pruebas. Todo sale barato si tienes con que pagarlo.
Mientras, la familia de Benjamín Olaya, sus amigos y todos cuantos estamos con ellos, asistimos abochornados a un estrafalario espectáculo y nos queda el regusto amargo al comprobar, una vez más, que no todos somos iguales ante la Ley.
Con la fastuosidad de un príncipe europeo y el mal gusto de un reyezuelo africano, se ha celebrado en Sevilla la “boda del siglo”. Más de tres mil asistentes colapsaron la ciudad durante horas, cante, baile y alegría para todos, lujo, boato, ostentación y derroche a golpe de talonario. Comilonas, banquetes y entre risas y alboroto la prueba del pañuelo. Denigrante y vergonzante trámite que tendrá que pasar la novia para hacerse digna de semejante personaje. ¿Qué dirán ahora esas organizaciones feministas que hacen correr ríos de tinta cuando en algún remoto rincón del tercer mundo se humilla a la mujer?
En este país, que a sí mismo se llama civilizado y progresista, en pleno siglo XXI se tolera, se mira para otro lado o hacemos ver que no sabemos qué es la prueba del pañuelo, preferimos pasar de puntillas sobre él. ¿Dónde están ahora las reivindicadoras de los derechos de la mujer? Mientras ellas guardan silencio y desvían la mirada, yo alzo mi voz y siento vergüenza ajena.
Algo más de 100.000 Euros por atropellar y causar la muerte a un hombre de 35 años cuando cruzaba por un paso de peatones, mientras un grupo de amigotes hacían ostentación de un potente BMW circulando temerariamente y sin permiso de conducir. No pisará la cárcel, y su victima nunca más pisará las calles de Sevilla.
Conducir sin carné a altas velocidades por la ciudad, matar a una persona y dejarla tirada en la calle como un perro, denegación de auxilio, intento de culpar a un menor para librarse de la Justicia, ocultación de pruebas. Todo sale barato si tienes con que pagarlo.
Mientras, la familia de Benjamín Olaya, sus amigos y todos cuantos estamos con ellos, asistimos abochornados a un estrafalario espectáculo y nos queda el regusto amargo al comprobar, una vez más, que no todos somos iguales ante la Ley.
Comentario:
Es cierto, bien parece a esta sociedad hipócrita la critica fácil y políticamente correcta, pero criticar ciertos aspectos o costumbres es casi un tabú. Todo el mundo dice que ama la verdad, pero siempre y cuando ésta no le sea desfavorable y no se la digan a la cara.
Aún nos quedan muchos complejos en el subconsciente y muchas telarañas mentales.
Aún nos quedan muchos complejos en el subconsciente y muchas telarañas mentales.
Comentario:
A todos nos estápermitido burlarnos de todo en forma discreta.En cambio, decir las cosas a la cara, sin rodeos, con el nominativo, el verbo y el acusativo en su lugar correspondiente, sin equívoco posible, no es tolerado; es ofensivo y la gente se apartará de nosotros si lo hacemos. (Samuel Butler. Escritor británico. 1835-1902).





