Trasgulín, un duende en el día de Navidad
Esta historia transcurrió hace mucho tiempo en el mundo de los Sueños, concretamente en el pequeño País Del Algodón. Dicho país, siempre había estado habitado por multitud de hadas, todas ellas hermosas y admiradas por los duendes que se colaban a hurtadillas en sus espacios diarios para poder disfrutar más de cerca de su belleza.
Entre todos los duendes traviesos, había uno pequeño y casero que siempre andaba escondido por los hogares de las hadas. Su nombre era Trasgulín, un duende burlón y muy feo, con la mano rota y cojeando siempre debido a sus travesuras. Para él, sus picardías eran la sal de la vida... algo que le hacía sentirse vivo cada día. Contínuamente recorría la casa de las hadas niñas, cuatro hadas que eran admiradas por su aspecto infantil, pese a los cientos de años que tenían...
Wist era la más joven de las cuatro, tenía unas alas azules preciosas, envidiadas por todas las hadas del país. Sus ojos y pelo, oscuros como el azabache, tenían un brillo especial que encandilaba al pequeño Trasgulín. Summi lucía un precioso pelo largo, de color miel...como sus ojos, unas alas de color rosa..., su cuerpo y pose delicados la hacían parecer un ángel. Book era la más descuidada, se pasaba el día entre libros, con sus gafitas puestas y cara de interés solía estar sentada encima de una seta o recostada en la rama de algún árbol..., siempre metida en sus lecturas. Pero si había alguna hada especial para Trasgulín, esa era Hada de Invierno, hada a la que sólo podía ver un día al año... el día de Navidad. Cada 25 de diciembre llegaba abrigadísima, con un traje rayado pegado a su piel y un pequeño vestido color marrón encima de éste, era simpática y muy habladora, cosa que a Trasgulín le encantaba. Se hospedaba no más de un par de días en la casa de sus amigas y regresaba a algún sitio para pasar el resto del año, quizá otro país..., cada vez viajaba a una parte del mundo de los sueños...

El pequeño Trasgu, durante el año, dedicaba sus días a hacer travesuras. Cambiaba las cosas de sitio en la casa de las hadas niñas, aparecía entre sus ropas con su narizota pintada y haciendo muecas para asustarlas, se metía dentro del tarro de la sal y daba un pequeño mordisco cuando alguna introducía la mano... Así durante todo el año, a diario. El hada Book había intentado cazarlo varias veces, soñaba con tenerlo cautivo en una pequeña jaula que colocaría en la sala de estar, incluso había llevado a cabo estrategias que encontraba en sus libros para poder hacerse con él, pero el duende siempre escapaba de sus manos y acababa burlándose de ella. Para Wist y Summi, la mayoría de las veces resultaba gracioso poder disfrutar de aquellas travesuras del duende y de los pequeños enfados de Book.
El día de Navidad, todo era diferente..., desaparecían por completo las travesuras. Trasgulín se servía de su gorro de color rojizo oscuro para preparar alguna sorpresa, andaba hasta muy lejos y colocaba dentro de éste pequeñas bolitas de chocolate y pildoritas de colores rellenas de regaliz para el Hada de Invierno y el resto de las hadas, lo arrastraba de vuelta a lo largo de muchos kilómetros hasta poder llevarlas a la casa. Escondido detrás de algún mueble, esperaba a la llegada de su hada favorita y las tres hadas con las que convivía. Cuando el hada aparecía, el duendecillo colocaba los dulces por toda la casa estratégicamente dispuestos, ante la sorpresa y alegría de las haditas que los íban encontrando. Era un día muy especial para todos.
En una ocasión, Hada de Invierno aprovechó para preguntarle al duende el por qué de tantas travesuras. Trasgulín le contestó que para él era muy difícil dejar de hacerlas, que eran casi tan necesarias como el hecho de respirar o comer...; por ello, hacía un gran esfuerzo en Navidad durante, al menos, unos días para que las hadas pudiesen estar contentas junto a él el resto del año. El duendecillo narizotas demostraba de ese modo su cariño especial hacia ellas, era su manera de demostrarles a sus haditas lo mucho que significaba para él tenerlas cerca...
Desde aquel día, las hadas vieron de modo distinto las travesuras del pequeño Trasgu y aprendieron a disfrutar de ellas...
NOTA: Este cuento participa en el concurso de Cuentos de Navidad que ha organizado Isthar, podéis votarme en su blog..., de hecho, me encantaría que me votáseis :-) Besitos!
Entre todos los duendes traviesos, había uno pequeño y casero que siempre andaba escondido por los hogares de las hadas. Su nombre era Trasgulín, un duende burlón y muy feo, con la mano rota y cojeando siempre debido a sus travesuras. Para él, sus picardías eran la sal de la vida... algo que le hacía sentirse vivo cada día. Contínuamente recorría la casa de las hadas niñas, cuatro hadas que eran admiradas por su aspecto infantil, pese a los cientos de años que tenían...
Wist era la más joven de las cuatro, tenía unas alas azules preciosas, envidiadas por todas las hadas del país. Sus ojos y pelo, oscuros como el azabache, tenían un brillo especial que encandilaba al pequeño Trasgulín. Summi lucía un precioso pelo largo, de color miel...como sus ojos, unas alas de color rosa..., su cuerpo y pose delicados la hacían parecer un ángel. Book era la más descuidada, se pasaba el día entre libros, con sus gafitas puestas y cara de interés solía estar sentada encima de una seta o recostada en la rama de algún árbol..., siempre metida en sus lecturas. Pero si había alguna hada especial para Trasgulín, esa era Hada de Invierno, hada a la que sólo podía ver un día al año... el día de Navidad. Cada 25 de diciembre llegaba abrigadísima, con un traje rayado pegado a su piel y un pequeño vestido color marrón encima de éste, era simpática y muy habladora, cosa que a Trasgulín le encantaba. Se hospedaba no más de un par de días en la casa de sus amigas y regresaba a algún sitio para pasar el resto del año, quizá otro país..., cada vez viajaba a una parte del mundo de los sueños...

El pequeño Trasgu, durante el año, dedicaba sus días a hacer travesuras. Cambiaba las cosas de sitio en la casa de las hadas niñas, aparecía entre sus ropas con su narizota pintada y haciendo muecas para asustarlas, se metía dentro del tarro de la sal y daba un pequeño mordisco cuando alguna introducía la mano... Así durante todo el año, a diario. El hada Book había intentado cazarlo varias veces, soñaba con tenerlo cautivo en una pequeña jaula que colocaría en la sala de estar, incluso había llevado a cabo estrategias que encontraba en sus libros para poder hacerse con él, pero el duende siempre escapaba de sus manos y acababa burlándose de ella. Para Wist y Summi, la mayoría de las veces resultaba gracioso poder disfrutar de aquellas travesuras del duende y de los pequeños enfados de Book.
El día de Navidad, todo era diferente..., desaparecían por completo las travesuras. Trasgulín se servía de su gorro de color rojizo oscuro para preparar alguna sorpresa, andaba hasta muy lejos y colocaba dentro de éste pequeñas bolitas de chocolate y pildoritas de colores rellenas de regaliz para el Hada de Invierno y el resto de las hadas, lo arrastraba de vuelta a lo largo de muchos kilómetros hasta poder llevarlas a la casa. Escondido detrás de algún mueble, esperaba a la llegada de su hada favorita y las tres hadas con las que convivía. Cuando el hada aparecía, el duendecillo colocaba los dulces por toda la casa estratégicamente dispuestos, ante la sorpresa y alegría de las haditas que los íban encontrando. Era un día muy especial para todos.
En una ocasión, Hada de Invierno aprovechó para preguntarle al duende el por qué de tantas travesuras. Trasgulín le contestó que para él era muy difícil dejar de hacerlas, que eran casi tan necesarias como el hecho de respirar o comer...; por ello, hacía un gran esfuerzo en Navidad durante, al menos, unos días para que las hadas pudiesen estar contentas junto a él el resto del año. El duendecillo narizotas demostraba de ese modo su cariño especial hacia ellas, era su manera de demostrarles a sus haditas lo mucho que significaba para él tenerlas cerca...
Desde aquel día, las hadas vieron de modo distinto las travesuras del pequeño Trasgu y aprendieron a disfrutar de ellas...
NOTA: Este cuento participa en el concurso de Cuentos de Navidad que ha organizado Isthar, podéis votarme en su blog..., de hecho, me encantaría que me votáseis :-) Besitos!
Comentario:
Hola me llamo Mar vivo y he nacido en Valladolid,pero mi padre era Asturiano y llevo todos sus genes ,me siento Asturiana hasta la medula,me encantan los TRASGUS.Un Cordial saludo a todos.Puxa Asturies
Comentario:
me pareció verle saltando por detrás de la pantalla... ;-)
Comentario:
que chulo yo creo que tengo varios trasgulines en casa que me esconden cosas...
icen y yo me lo creo que son reales. las hadas y duendes.
SUERTE
icen y yo me lo creo que son reales. las hadas y duendes.
SUERTE
Comentario:
Muy imaginativo!. Un abrazo y buen año!
Comentario:
Muy imaginativo!. Un abrazo y buen año!
Comentario:
Tan mágico como la estela de las hadas,... tan dulce como los caramelos del pequeño Trasgu. ;)
Un beso :)
Un beso :)
Comentario:
Que bonito! Es un cuento muy dulce, me encantan las hadas!
Comentario:
Me encantan estos pequeños cuentos que me hacen sonreír por dentro, volviendo a hacerme niña por completo :)
Comentario:
Que cuento tan hermoso!!!!
Felicitaciones, me has hecho ir durante un rato al mundo de la fantasia.
Te invito a leer el mio.
Felicitaciones, me has hecho ir durante un rato al mundo de la fantasia.
Te invito a leer el mio.
Comentario:
Habrá que ver el resto, pero este es un firme candidato...
Comentario:
Si es que Trasgulín sabía lo que se hacía, jeje
Tienes toda la razón...cada uno tiene su forma de expresar lo que lleva dentro. Lo importante es sacarlo, sip.
Me encantó ya la primera vez que lo leí :)
Besito
Tienes toda la razón...cada uno tiene su forma de expresar lo que lleva dentro. Lo importante es sacarlo, sip.
Me encantó ya la primera vez que lo leí :)
Besito
Comentario:
La cosa va de duende... para cuando la publicacion de los dibujitos en television? yo también quiero ser traviesa! jejeje que va.. :*





