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Mi vida como un periodista
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Sindicación
 
Señora Figueroa, déjenos en paz

Uno nunca sabe dónde se encuentra la persona que vela por su privacidad. En mi caso —y en el de miles de internautas— vive en San Francisco, se llama Liz Figueroa y pertenece al partido demócrata. Nunca hemos hablado. Ni siquiera nos hemos intercambiado un correo electrónico. Ella ignora cómo soy físicamente, aunque yo sí he visto una fotografía suya: es rubia y posee una sonrisa que le otorga un punto de amabilidad. Es el rostro de una persona que parece no entrometerse en decisiones ajenas. Pero una cara no siempre refleja con acierto la realidad: Figueroa se ha inmiscuido en mi vida sin pedirme permiso.

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