Por la boca muere la OPV

Uno, que es muy iluso, piensa que cuando una compañía sale a Bolsa es porque lo tiene todo atado y bien atado. Pisar el parqué no debería ser un capricho, menos aún una experiencia excitante con la que se pretende conseguir el máximo de millones en el menor tiempo posible. Aunque a veces suceda: esa es la sensación que generaron las decenas de puntocom que lanzaron su Oferta Pública de Venta (OPV) de acciones en pleno el boom de Internet.
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