Ryan Adams, el impúber genio americano

Es joven, resultón y carismático. Llega con un trabajo en solitario debajo del brazo, Heartbreaker, y la pretensión de desplazar a codazos con su segunda obra, Gold, a dinosaurios de la talla de Bruce Springsteen o Bob Dylan. La consecución o no de este objetivo dependerá del público, que ignoró su primer disco pero ha caído rendido a los pies de este artista llamado Ryan Adams con su más reciente obra. Como se han encargado de recalcar hasta el aturdimiento todos los medios de comunicación, este pequeño genio se diferencia del cantante Bryan Adams en una sola letra. Pero el matiz es reduccionista. Mientras que el canadiense se ha encuadrado en el rock más edulcorado, Ryan Adams llega dando codazos para comerse el mundo y recortar distancia en el menor tiempo posible con la que, hasta el momento, es su mejor arma: la música sustentada en esquemas definidos por el folk de Dylan, las descargas arrolladoras springstinianas y las baladas que acogería en su repertorio el mismísimo Van Morrison.
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