No existe un momento para respirar
No existe un momento para respirar. Si respiro, lo hago con la ansiedad de retener en mis pulmones un atisbo del último aliento que verán mis días. No hay nada sano en esta tensión voluble que me dispara las pulsaciones y me revienta a espumarajos cuando no acierto a decir algo constructivo. Me enervo, me fatigo, grito, lloro y caigo rendida a la espiral de una vorágine que repito, no es sana y me deja la mente en blanco y el corazón mustio. No es un buen momento para decir cosas, para palpar miradas, ni siquiera para sugerir no hacer nada más que estar enganchada a este automatismo feroz que me hiere y me distrae de mi propia realidad. He visto la masa gris de tristeza de quien me habita y no sé como no seguir vulnerando tanto amor, tanta paciencia y tantos días de espera para robar una sonrisa. Si alguien sabe decirme como no estar triste que se acerque a estas notas y me tienda su mano...
Lo siento, hoy no puedo hablar de arte
Lo siento, hoy no puedo hablar de arte





