Adoro la sencillez

"Yo tengo un colega que tiene un canario que vive de puta madre.
No le falta nunca la comida y el agua.
Y la jaula no es de chapa, es de aluminio.
Pero cuando ve a un gorrión volando por la calle
se le ponen las plumas de punta y se le salta una lagrimilla.
A mi se me pone el vello de punta con las croquetas caseras.
Nuestra ciudad es parte de nuestra jaula"
Daniel Diosdado
A veces, la poética de lo cotidiano, el hablar claro sin camuflar, sin adornar, sin “enriquecer” bajo el eterno laberinto de la retórica, llena de elocuencia la casa del rico –del rico en saber, del rico en interpretar, del rico-rico en posesión de la palabra justa en el libro preciso-.
Siento –y no lo puedo evitar- una especie de atracción imantada hacia los que hablan de forma tan lúcida e inmediata. Una especie de aturdimiento feliz como el que te deja el sol sobre las pestañas o el agua en las muñecas tras un invierno sin tregua. Una luz que me alcanza desde el último pelo del viejo que baila en la barriga -y que sólo los que creemos en duendes sabemos que existe-, hasta el más mecánico de los movimientos de mis dedos tecleando sobre el ordenador.
A veces, entre tanto proceso de abstracción, tanto electrofármaco de acción inmediata, tanta sobredosis de alquimia en saldo es necesario encontrar gente que tenga un colega que tenga un canario que vive de puta madre.
Adoro la sencillez





