logotipo

img_google
El prisma que me contiene
sobre arte y algunas cosas de mi libro de los viajes
Acerca de
El prisma que me contiene NO es: un código deontológico, una clase de arte, un dogma, una crítica artística. El prisma que me contiene ES: un espacio para la alquimia, mi versión de los hechos, un faro, arte, caprichos y alguna que otra historia. ________VISITAS_______
Contador gratis
Enlaces
Enlaces favoritos
Blogs que leo
Sindicación
 
No existe un momento para respirar
No existe un momento para respirar. Si respiro, lo hago con la ansiedad de retener en mis pulmones un atisbo del último aliento que verán mis días. No hay nada sano en esta tensión voluble que me dispara las pulsaciones y me revienta a espumarajos cuando no acierto a decir algo constructivo. Me enervo, me fatigo, grito, lloro y caigo rendida a la espiral de una vorágine que repito, no es sana y me deja la mente en blanco y el corazón mustio. No es un buen momento para decir cosas, para palpar miradas, ni siquiera para sugerir no hacer nada más que estar enganchada a este automatismo feroz que me hiere y me distrae de mi propia realidad. He visto la masa gris de tristeza de quien me habita y no sé como no seguir vulnerando tanto amor, tanta paciencia y tantos días de espera para robar una sonrisa. Si alguien sabe decirme como no estar triste que se acerque a estas notas y me tienda su mano...
Lo siento, hoy no puedo hablar de arte
 
Comentario:
Lo que yo hago.

Ahora es tiempo de fresas y con azúcar moreno están que te mueres, pero esto ya se lo puse en un blog al Ferrán Adriá y el hijoputa ni me ha contestado y eso que funciona, lo juro.
Yo vivo donde jesucristo perdió la sandalia y sin tele, así que al amparo de una barranca de arcilla terciaria que enfrió Febrero y sin el Tomate de Tele5 la cosa se pone chunga después de las dos.
Lo mejor en los casos en que la miseria te coge y no te salen las cuentas del levantartecurrarpensarcomeracostarteytópaqué?, lo mejor es ponerse solemne.
Yo me subo a la baranda de mi casa y allí me quedo de pié, cojo un estropajo nanas usado en la mano derecha y una ramita seca en la izquierda, me cuelgo un crucifijo de madera de mi primera comunión con un cabito y envuelto en una saco de dormir de Winnie de Pó me convierto en
CLAUDIO EL ESTILITA.
Al principio, suele pasar que el vulgo no es capaz de ver a un hombre santo, eso es normal, no han sido iluminados por la gracia y sólo ven a un tio raro. Pero el cosmos se mueve a base de imperceptibles inercias provocadas por los hombres píos como yo, capaces de subirse a un altar improvisado y que impregnado de unos escuetos símbolos de su tiempo invoca la luz para que todos vean. El motor comienza a moverse, la sonrisa se convierte en sorna y ponen a prueba mi fe, pero cuando todos se mofan yo rezo y eso amiga, los descoloca, algunos se van para sus casas, otros se quedan hasta el final de la inesperada omilía y otros gritan improperios hasta que son acallados por los mas fieles.
Luego sucede la catarsis, comienzan a venir al principio a hurtadillas y colocan estropajos nuevos a mis pies, algunos los que vienen en pack de tres del Carrefour, otros traen uno usado, lo que tienen, otros me traen el fairy, o el mistol, yo les pido disimuladamente que los coloquen en vasos transparentes para que coadyuven con la liturgia; entonces se abre paso entre la multitud Doña Belli, con una fuente grasienta donde colocó hace unos días el Bacalao al douro y me pide que se la friegue porque en ella come Jacinto, su marido de 59 años y que tiene una fístula. Yo elevo la fuente con el nanas y la ramita y me recluyo en mi casa, lavo la fuente, la seco y se la doy a doña Belli entre vítores y llanto.

Pues eso, eso hago, happenings en mi pueblo tradicional de pescadores donde ya solo pululan especuladores de costa, para defender la alegría, a favor de la vida y siguiendo los surcos infinitos de la Fé.

Un capitán de los que ya no quedan

Te recomiendo "Montañas de sal" de Manuel Carrasco.
Viene bien entre Nightnoise, La señorita Mc Kennit y Sabina Yannatou.

Y aguardiente.

 
Comentario:
la vorágine que te atrapa puede ser necesaria; pero también puede ser soluble. Si hay que ir recortando de aquí o de allá, vamos a por unas tijeras. El día no tiene treinticuatro horas, sólo tiene veinticuatro, de las cuales unas dieciséis deben ser para vivir intensamente sin que ello signifique dar hasta la última gota de sangre.

¿Cómo no estar triste? Dejando ahora un minuto para deleitarte en el espejo, sentarte cómoda y acariciarte en silencio por las muchas cosas que te has de agradecer.

No