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El prisma que me contiene
sobre arte y algunas cosas de mi libro de los viajes
Acerca de
El prisma que me contiene NO es: un código deontológico, una clase de arte, un dogma, una crítica artística. El prisma que me contiene ES: un espacio para la alquimia, mi versión de los hechos, un faro, arte, caprichos y alguna que otra historia. ________VISITAS_______
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Lo extraordinario de lo ordinario
Existen criaturas extraordinarias capaces de diferenciar camino a casa detalles imperceptibles entre el bullicio de lo cotidiano. Yo he tenido la suerte de tropezarme unos cuantos y todos coinciden en lo mismo; basta con permitir que la ciudad te mire y te abra sus ojos. Y yo que pensaba que el ojo avizor estaba en el que busca y resulta que para ver, hay que dejar que la ciudad te invada y se precipite sobre los sentidos acostumbrados a más de lo mismo. Me agrada pensar que sea así, porque soy puro despiste y acostumbro a realizar siempre el camino más largo al llevar la cabeza plagada de señales que me impiden circular con atino. Sería incapaz de concentrarme exclusivamente en percibir que novedades suceden a mi alrededor.
Sin embargo, hay ciertas imágenes que se tejen sobre el olvido y pese al esfuerzo de mi mente por retener lo mínimo, quedan delgadamente atrapadas en el recuerdo.
Estos días atrás, Valencia me ha regalado unas cuantas. Una serie de imágenes grafitteadas sobre paredes de ruinosa presencia. Un canto a la más libre de las expresiones del ser humano que hace suya la ciudad sin dejar rastro y nos concede sin previo paso por caja o previa espera en una sofocante cola atiborrada de ese interés excepcional y privativo que presentan los grandes acontecimientos sociales, una nueva mirada sobre la ciudad de siempre -porque las ciudades siempre están ¿o es que a alguien se le ha ocurrido pensar lo contrario?-.
No puedo evitar fraguar una historia para cada imagen e imaginar que debajo de los párpados y sobre la boca del estómago de la mujer de rojo sobre fondo gris sólo existe un deseo indomable de expulsar las notas de su garganta y cantar hasta caer exhausta o que bajo la ilógica del pensamiento aparentemente absurdo de los demás personajes persiste la frescura de la ironía, esa ciega moneda de cambio que afortunadamente algunos saben guardar.
No