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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo XXVII


Primera Parte






     A las once de la mañana, como cualquier otro día, la actividad era febril en la oficina de Lorena. Las hormigas engalanadas, participaban de la agitación colectiva o se refugiaban en las páginas de Internet, si sus obligaciones se lo permitían. Todo era igual, en apariencia, y sin embargo diferente. Cada una de las personas individuales ignoraba las sorpresas con las que se podía encontrar.


     “Alguien tiene que saber algo, ¿pero, cómo podría…?” En los días siguientes a la conversación con Patricia, Jaime empezó a cavilar acerca del tratamiento que le había de dar a la nueva información. Aunque su fallida aventura con Lorena le había afectado más de lo que hubiera querido y esperado, no era un hombre de naturaleza rencorosa. Sin embargo, la puñalada trapera que Lorena le había asestado a Adaina, había tocado su fibra más sensible. No sabía si era instinto de protección, o el cariño, que no amor, que todavía dispensaba a la chica, pero no podía aceptar lo sucedido, le parecía intolerable.

     Miraba a su alrededor, contemplando uno a uno los rostros, pero no sabía a qué dirección apuntar. Si alguna vez hubo un culpable del robo, éste se cuidaría bien de no ser descubierto. “¿Qué puedo hacer?” Dudaba, pero tenía claro que aquello no iba a quedar así, no podía soportar tanta maldad. “Ésta se va a enterar”.

     Unos metros más allá, y sin embargo totalmente lejos de la vista de Jaime, se encontraba Lorena, con su estrés habitual, pero con problemas adicionales. De un día para otro, el ambiente se había enrarecido sobremanera. Los rostros que se encontraba no le resultaban muy amigables, si no por el contrario, bastante fríos y distantes. “¿Qué le ocurre hoy a la gente?”. Cada cierto tiempo, no podía evitar interrumpir su trabajo para reflexionar. “¿Se habrán enterado de lo de Patricia? ¿Pensarán que soy culpable? No creo que Maica me haya hecho eso, no puede. A lo mejor lo han pensado por su cuenta, no sé.” Su intuición no podía negar lo evidente y esto constituía un buen motivo para la preocupación.

     Un rato después, recibió una llamada de Juan Manuel. No pudo evitar sobresaltarse, pero, para su fortuna, la conversación retomó el sendero de lo habitual, sin comentarios personales, ni alusiones a los últimos sucesos. Aunque, eso sí, había en sus palabras una mayor familiaridad, más confianza, como si realmente se hubiese establecido una amistad. Se tranquilizó, por lo menos en ese aspecto parecía que las aguas volvían a su cauce, pero no ignoraba que trataba de una tregua temporal, debía estar preparada para la próxima tormenta. No confiaba en él.

     A última hora de la tarde, Lorena tenía ya prácticamente superado el malestar que le había producido la reacción de sus compañeros. Aceptó que no podía cambiar lo inevitable, si sus compañeros se habían enterado de lo de Patricia, no le quedaba otra alternativa que vivir con ello, superarlo. “Ya se les olvidará”. Todavía confiaba en su capacidad para recuperar el terreno perdido. Por el momento, nada más podía hacer. Llego la hora de salir, por fin podía apagar su equipo, marcharse, desconectar de todo, olvidar. Pero, cuando se disponía a hacerlo, revisó su correo por última vez. Encontró un mensaje realmente desconcertante.

SÉ LO QUE HAS HECHO CON ADAINA. ESTO NO VA A QUEDAR ASÍ, VAS A PAGAR LAS CONSECUENCIAS.

     Un tal Justicia firmaba el amenazante texto. De repente, un escalofrío sacudió su cuerpo, y los nervios se apoderaron de ella. “¿Pero esto qué es?”. La habían descubierto. Se sintió tan violenta que sólo atinó a apagar su ordenador con rapidez. Miró a su alrededor. “¿Quién habrá sido?”. Pero aquel día había apreciado demasiada hostilidad en las miradas, podría ser cualquiera. Se marchó. Empezó a pensar, pero por más vueltas que le daba, no lograba averiguar quién podría estar operando en su contra, podría ser cualquiera, todos y nadie, en el fondo de su ser reconocía que se lo había buscado.

 
De Triunfadores - Capítulo XVI


Segunda Parte






- Felipe, vente un momento a mi despacho y pásame los papeles que te pedí el otro día.
- Voy.
- Siéntate chico, mira, tengo una cosa que decirte.
- ¿Qué ocurre?
- Jajaja, relájate hombre, no ocurre nada. Sólo quiero decirte que tanto Pereda como yo te estamos muy agradecidos por tu colaboración en este asunto. Es más, él me ha sugerido que debemos gratificarte de algún modo. Así que, hemos pensado en darte esto. – Gonzalo extendió su mano y tendió un cheque a Felipe.
- No, no puede ser.
- ¿Cómo que no? Si te lo has ganado chaval.
- Yo me he limitado a cumplir órdenes, no sé nada más.
- Pero no seas tonto, no acepto un no por respuesta. ¡Que no Felipe, que no me lo devuelvas! Además, sé que dentro de poco te vas a ir a vivir con tu novia y te va a venir muy bien. Venga, pues esto es todo, puedes volver a tu trabajo.

Felipe regresó a su puesto aturdido y consternado. La cifra que vio reflejada ante se ojos le provocaba vértigo. Ese dinero le supondría una gran ayuda ahora que estaba a punto de afrontar una mudanza. Pero, no ignoraba el significado del regalo, le estaban comprando a él, a su silencio. Se preguntó si habría algún modo de devolverlo, o si tal vez fuera mejor no cobrarlo. Por lo pronto, sólo se le ocurrió ocultar el papel maldito de la vista de sus compañeros. Aún así, lo sentía a cada paso que daba, como si lo llevara grabado a fuego. “¿Qué hago?” y lo que era aún peor “¿Me toman por gilipollas?”

- Es precioso, definitivamente precioso, y además nos va durar un montón de años…
“Se lo digo o no se lo digo”. Felipe guardaba silencio mientras su novia hablaba del precioso y carísimo sillón que había encontrado.
- Pero es que es tan caro… aunque como vamos a pagar las cosas a plazos tampoco tendremos muchos problemas, ¿no? ¿Tú que piensas?
- Si te parece bien lo compramos.
- Vaya Felipe, cómo has cambiado.
- Bueno, no sé, da igual, tampoco nos van tan mal las cosas. – Felipe enrojeció mientras pensaba en el maldito pedazo de papel bancario que le atormentaba. Lorena, entre tanto, le miró extrañada.
- ¿Ocurre algo?
–No.
- Vaya, bueno, me alegro. Las cosas como son, ese sofá y una decoración adecuada nos vendrían muy bien para la casa. Es posible que tengamos que recibir a gente importante del trabajo, y aunque quede mal decirlo, las cosas como son, la apariencia importa. Pero también hay que ser realistas, esta claro que ahora mismo no nos podemos meter en todo. Podríamos comprar el sofá y luego, pues ya poco a poco las otras cosas, qué remedio.
- Sí cariño. – Luego se marcharon a casa. Lorena, en un extraño acceso de nostalgia, tomó la mano de su novio. Hacía mucho tiempo que no compartían este gesto, y aquel preciso instante, en el que se encontraban a las puertas de un cambio tan importante, le apeteció mucho hacerlo. En el fondo, no se sabía lo que la convivencia podría depararles. Felipe se enterneció, sin embargo, la sombra de la preocupación no le dejaba relajarse. “No puedo cobrarlo, no puedo. Pero a Lorena le hace tanta ilusión lo de la casa…”




Como siempre, sigo insistiendo jeje: http://www.anamariacuesta.es

Besos

 
De Triunfadores - Capítulo XVI


Primera Parte






     Un menudo pero reconfortante rayo de sol atravesó las persianas para acariciar el rostro de Adaina, que esperaba sentada a que comenzaran las clases. Sonrió. Por fin había sido convocada para realizar uno de los cursos del paro que había solicitado, y aunque el problema del trabajo era el más importante, todavía era muy joven como para volcarse plenamente en ello. Mejorar su formación podría ayudarle en el futuro, quizá para encontrar un trabajo mejor, así que de algún modo empezó a considerar que cambiaba su suerte. Era demasiado joven como para que los nubarrones negros de la mente destruyeran la fuerza que le empujaba a la vida. Por otra parte, salir de la inactividad le estaba ayudando mucho a mejorar su estado de ánimo, ya no tenía tanto tiempo para pensar.

- Hola, ¿qué tal?
- Bien.
- ¿Cómo te llamas? ¿Es la primera vez que vienes por aquí?

     Sus nuevos compañeros parecían amigables, y las sonrisas que recibió tuvieron para ella un sabor especial. Ahora que los desaires del pasado empezaban a quedar atrás, se sentía a las puertas de una nueva vida, quizá aún con temor, pero no sin la esperanza que antes le faltaba.

- Jaime tío, ¿te vienes a tomar una caña?
- Vale, venga, ¿vamos?
- Espera, que he quedado con una chica, viene ahora.
- Hola chicos, ¿qué tal?
- Bien. Patricia, vaya cara ¿qué te ocurre?
- Que me han despedido.
- ¡Qué dices! ¿Y eso?
- Pues yo que sé, vámonos de aquí, ahora os cuento. – Los tres miembros del grupo se introdujeron en el coche del compañero de Jaime. Como en otras ocasiones, se dirigieron a un local algo apartado, para quedar lejos de las miradas y las murmuraciones.
- Vaya Patricia tía, lo siento mucho.
- Gracias chicos, pero qué se le va a hacer, cuando se te cruza una hija de puta en el camino…
- ¿Una hija de puta? ¿Qué ha pasado?
- Esto ha sido la Lorena, estoy segura.
- ¿Por qué dices eso?
- Mira, todas sabemos como es en el departamento, una trepa, una sinvergüenza, además, a mí no me podía ni ver, no veas cómo me trataba.
- Joder tía, lo siento, pero ¿tienes alguna prueba?
- No, no tengo una prueba en concreto de lo mío, pero estoy bastante segura, ella ya ha estado implicada en movidas como ésta antes.
- ¿Qué dices?
- Lo que oyes, ¿no sabíais lo que paso con Adaina?
- No, ¿Qué pasó?
- Pues que la golfa esta le dijo a Maica que había robado un dinero para quitársela de encima.
- ¡Ah sí! ¿Qué dices? Cuenta, cuenta.
- Me lo ha dicho una tía que conoce bien al de Recursos Humanos.
- Pues vaya trepa, que asco.
- Ya ves, antes me lo tenía bien callado, pero ahora me ocuparé de que esto se sepa bien sabido, ya lo verás.
- Bueno, no te preocupes guapa, que el tiempo le dará lo suyo.
- Puedes estar segura de que sí. – Finalizó Jaime.




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Siento que no salga el link directo, pero es que ahora no permiten ponerlo. Besos.


 
DE TRIUNFADORES - CAPÍTULO XXV


Segunda Parte





     “Noooooooooo, esto no puede estar pasando”. A pesar del aire fresco de la noche, Lorena tenía abiertas las puertas de su ventana de par en par. La Luna llena, poderosa y brillante, bañaba con su luz azulada el interior de la habitación. No podía parar de dar vueltas en la cama, ni siquiera tras tomar la pastilla de siempre, y a cada giro que daba el calor se apoderaba más de ella, empapando de sudor sus rincones. “¿Será verdad que me va a respetar, que no lo va a intentar más? Ufff, ¡que va! con lo que son los tíos. Vaya problema. El mejor cliente de la empresa. A ver cómo salgo de ésta. Ojalá, ojalá pueda controlarlo”. En una de las vueltas, observó la reluciente caja que había depositado sobre su mesilla. La abrió, y extrajo el flamante reloj nuevo. No pudo dejar de observarlo con fascinación. “La verdad es que es maravilloso”. Nunca creyó que tendría en su poder semejante posesión y se asustó de la extraña sensación que le producía, porque, a pesar de todo, no era capaz de mirar a Juan Manuel con desagrado del todo. Finalmente, optó por tomarse otra pastilla, tantos pensamientos confusos estaban llegando a saturarla.

- Lorena, ¿estás bien? Tienes mala cara.
- Sí, bueno, un poco cansada, pero nada más.
- ¿Qué tal van las cosas con Juan Manuel? Parece que bien ¿no?
- Sí, sí, sin problemas.
- Muy bien. Oye, cuando puedas pásate por mi despacho que tenemos que hablar.
- Ok.
- Cierra la puerta. Bueno, verás, como sabes hemos tenido algunos problemillas en la empresa últimamente. En esta semana se han dado de baja otros dos clientes más.
- ¿En serio?
- Sí, la verdad es que la cosa no va muy bien, la facturación está bajando, lo lleva haciendo un tiempo, y ya se están notando los resultados. Tenemos que hacer algo, y no hay más remedio que reducir plantilla.
- ¿Qué?
- Como lo oyes. Me han dicho que hay que empezar a despedir gente. Por suerte, esto no va a afectar mucho a nuestro departamento, pero, aún así, tenemos que elegir al menos a una persona.
- Noooo. No puede ser.
- Es inevitable, no tenemos otra alternativa.
- Qué mal rollo, y… ¿Habéis pensado algo?
- Estamos en ello, por eso precisamente quería hablar contigo, tú trabajas día a día con las chicas y las conoces mejor que nadie, necesito que me digas tu opinión, ¿cuál es la que va peor?
- Pues… si hay que decir a alguien, yo te diría que Patricia, pero…
- Muy bien Lorena, eso es lo que quería saber, gracias.

     A pesar de lo comprometido de la situación, Lorena no se sintió particularmente afectada. En realidad, Patricia no le gustaba, nunca había sido santo de su devoción. Aquella chica, a diferencia de las otras, no se mostraba simpática con Lorena, ni parecía acatar de buen grado su mandato. Aunque a simple vista parecía correcta, por lo menos en cuanto a las formas, siempre resultaba algo seca, y sus miradas, fugaces, transmitían rechazo o desprecio. En el fondo sintió que se había quitado un peso de encima.

- Felipe, ya está arreglado todo.
- ¿Cómo?
- Que ya se ha solucionado lo de la venta. Pereda ya ha elegido un edificio.
- Bien.
- Ponte la chaqueta, que nos vamos. – Felipe renunció a contestar, sabía que no podía hacer nada para cambiar las cosas.

     Esta vez el encuentro no se produjo en un hotel, si no en un modesto, aunque no mal situado apartamento. Felipe aguardó sentado y en silencio mientras los otros dos hombres bromeaban y se servían una copa, como si aquella situación fuese lo más normal del mundo. Había alguien más en el grupo, un hombre fornido, callado, que había acompañado a Pereda. Felipe, que se sintió intimidado por su mirada, dedujo que se trataba de un guardaespaldas.

- Bueno, bueno, bueno, dejémonos de bromas, ¿has traído lo mío?
- Jajajaja, aquí lo tienes, sigues igual que siempre, no pasas ni una ¿eh?
- Jajajaja, por supuesto que no amigo mío, los negocios son los negocios. – Pereda extrajo de su equipaje un grueso maletín que depositó sobre la cama. – Cuéntalo, anda. – Felipe observó atónito el desfile de billetes morados. “Vaya fortuna, ¿cómo puede tener tanto dinero en efectivo?”. Se preguntó en qué clase de negocios turbios estaría involucrado.
- Vaya, vaya, parece que está todo, así da gusto jaja.
- Jajaja, a estas alturas y que todavía no te fíes de mí.
- Bueno Felipe, hemos terminado. Ahora coge mi coche y pon el maletín a buen recaudo, que nosotros tenemos que ir a celebrarlo. ¡Ah! Y ve preparando los papeles para que la empresa realice la compra.
- Pero… ¿esto se puede hacer?
- Pero otra vez… cómo no se va a poder hacer, la empresa ya tiene otros intereses inmobiliarios. Y no te preocupes de nada más, que ya los firmaré yo. Te acompaña este señor al coche. Venga, hasta luego. – Una vez más, Felipe se quedó sin derecho a réplica. Con firma o sin firma, había sido testigo de un hecho ilegal, y había establecido algún tipo de relación con esa gente. “¿Pero para qué me necesitan? ¿Qué quieren de mí? Me quieren colocar algo, estoy seguro”.




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