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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo XIV


Cuarta Parte





El disco-pub no tenía nada de particular, con su diseño lleno de tópicos y escaso de ideas originales. No respondía a ninguna temática en especial, pero tampoco tenía aires de antro, pues no estaba sucio ni descuidado. Luces bajas, algunos focos de colores, espejos y poco más. El público, aunque resultaba más nacional que en el local previo, no por ello era más afín a Felipe, que estaba acostumbrado a ver modelitos pretenciosos y camisas a discreción. Unos instantes después, y sin darse ni cuenta de cómo, se vio con otra copa en la mano, e inevitablemente, el alcohol de escasa calidad empezó a hacerse notar en sus neuronas.

Pronto llegaron un par de colegas más, incluso una chavala de la franja de edad de Roxana, aunque no tan guapa, que acudió rápidamente a intercambiar confidencias con su amiga. Los temores de Felipe se iban disipando progresivamente, así que empezó a observar al grupo con simpatía. A fin de cuentas, apenas se dirigían a él, puesto que la bebida y la contemplación de las chicas parecían ser temas mucho más de su agrado. Unos instantes después, las chicas prometidas surgieron de la noche. Ambas se precipitaron a saludar a Nico, el miembro más atractivo del grupo sin duda, pero el las acogió con simpática indiferencia.

- Felipe, ven que te voy a presentar a unas amigas. Ioana, Valentina.
- Hola, ¿qué tal?
- Qué, ¿te gusta alguna? Ioana está buena, ¿no te mola?
- Es guapa, pero es que no busco nada.
- ¿No?
- No, tengo novia.
- Aaaaah, bueno, pero ella no está aquí, jejeje. – Felipe le devolvió la risa por toda respuesta. – Bueno, da igual, pero si cambias de opinión me lo dices ¿eh?- Acto seguido, Nico tomó por la cintura a ambas chicas y las condujo hacia sus amigos presentes, a pesar de sus protestas.
- ¿Bailas?
- Uf, se me da muy mal.
- ¡Vamos! Eso da igual… - Felipe, que se iba animando por momentos, cedió al dulce reclamo de Roxana. Su cuerpo, muy poco acostumbrado al movimiento, trató de ejecutar unos simples pasos, pero enseguida fue consciente de su torpeza. Sin embargo, la naturalidad con la que Roxana seguía sus pasos fue suficiente para desterrar sus miedos. Posteriormente, la amiga rezagada se unió a la danza. Las dos jóvenes prendieron cada una un brazo de Felipe, y tiraron entre risas de él. Luego hicieron una especie de competencia para ver cual de las dos se ganaba sus favores. Felipe, visiblemente animado, se esforzó por complacer sus demandas entre risas e chanzas. Unos instantes después, y sin que se diera ni cuenta de cómo, se encontró a sí mismo dando botes y emitiendo abiertas carcajadas. Se detuvo y contempló su entorno, y ahí constató que nadie prestaba atención a sus desvaríos. Empezó a botar otra vez, se sintió… quizás… ¿libre?

- Chicas, os invito a una copa. – Dijo tomándolas de la mano. Ellas accedieron encantadas. En la barra, volvió su vista hacia Nico, que una vez más hablaba con una chica, otra más de su corte de admiradoras. “Joder qué cabrón”. Sin embargo, en esta ocasión él tampoco parecía tener mucho interés. Los amigos, por el contrario, y sumamente alcoholizados, no paraban de lanzar sus tentáculos sobre toda aquella que se acercaba a sus aledaños, aunque desgraciadamente con menos éxito. “Las tías siempre se fijan en el que más pasa jeje”.

- ¿Qué queréis tomar?
- Un vodka con limón. – Yo otro.
- ¿Pero y tu hermano?
- Ya te dije que no importa, ahora no se entera de nada jajaja.
- Tres vodkas con limón guapa.

Una vez que estuvieron convenientemente servidos, se lanzaron directamente al centro de la pista. Felipe, preso de la emoción, empujó a las entusiasmadas niñas hacia el mismísimo centro, y su cuerpo se imbuyó de aquellos sonidos techno que tantas otras veces despreciara. Acercó su cuerpo hacia una, luego hacia la otra, e incluso en algún momento se fundieron en un trío. Después, simplemente se separaron, ya que todo aquello carecía de importancia, y los integrantes de la terna lo sabían bien. Felipe no tenía ningún interés en ellas, lo cual era recíproco, si no que tan sólo se había hecho partícipe de sus juegos adolescentes, los mismos que en el pasado sólo había observado desde la barrera.

En la fase de mayor apogeo de la juerga, Felipe se vio en la necesidad de acudir al baño, al que llegó tras unos cuantos empujones. Tras abrir la puerta del baño de hombres, se dio de bruces con el espectáculo desolador de una chica no mayor que sus acompañantes esnifando coca sobre el lavabo. Sus ojos rebosantes de pintura y agresividad se cruzaron unos segundos con la mirada del atónito Felipe, pero la chica regresó inmediatamente a su tarea. Cuando finalizó, un chaval tan demacrado como ella la agarró por la espalda, para luego girarla e introducir su ansiosa lengua en las profundidades de su boca. Mientras la pareja intercambiaba saliva, y previsiblemente muy pronto algo más, Felipe experimentó una sensación cercana al mareo. Comprendió donde se encontraba. Así pues, una vez que salió del baño se abalanzó sobre la barra para conseguir un poco de agua, pero Nico se hallaba en las proximidades de la misma.

- ¿Qué, a pedir otra jejeje?
- No, voy a pedir agua tío…
- ¿Agua? Anda ya… te invito a otra.
- Es que no me encuentro muy bien…
- Venga bah, la última. “La última, ¿habrá eso para esta gente”. Pensó Felipe al ver a Nico ya tan borracho.

 

De Triunfadores - Capítulo XIV


Tercera Parte





- Esto empieza a ser aburrido, ¿y sí nos vamos por ahí? – ¡Sí! – se apresuró a contestar un Felipe muy conforme con la propuesta, necesitaba aire fresco. La chica joven desapareció unos instantes para cubrir sus piernas con unas botas y después ambos se abrigaron con sendas cazadoras. “Aún así, tiene que tener frío” – Pensó Felipe tras ojear una vez más la exigua minifalda. Sin embargo, el frío no parecía afectar mucho a las piernas de las chicas, como pudo comprobar más adelante. “Será que me estoy haciendo mayor”.

     Aún era pronto, con lo que no había mucha concurrencia en el pub. El trío se acercó a la barra reluciente de refriegas de ginebra. El tugurio no destacaba por su gran puesta a punto, pero al menos no parecía ser de lo peor de la zona.

- Tomas algo ¿no?
- Venga va, invito yo, ¿qué queréis?
- Para mí un vodka, y para la niña una coca cola.
- Ah, ¿pero no le dejabas beber?
- Jajaja, bueno sí, pero sólo un poco.
- ¿Y tú que piensas?
- Bueno, da igual. – Roxana se acercó a su oído. – Luego se emborrachará y yo haré lo que quiera. – Dijo con una mirada ladina.
- ¡Qué matado está esto! ¿Conocías este sitio?
- No, no. – De hecho, el pub tenía muy poco que ver con los lugares a los que acudía Felipe de cuando en cuando. “Me parece que voy a tener que estar toda la noche vigilando la cartera”, pensó cuando un grupo de moros de ostentosos gestos, como si fueran los amos del lugar, se situó junto a ellos. Pero tampoco los españoles que brotaban de la puerta le ofrecieron ninguna confianza. “Aquí viene lo peor de cada casa, en cuanto me tome la copa me largo”.

- ¡Salut Nicu!
- ¡Salut! – Un nuevo compatriota se incorporó a la cuadrilla de Nico. – Felipe, éste es Pavel. – Hola.
- ¡Vamos a tomar otra! Pavel ha dicho que nos invita.
- No, si yo…
- ¡Vamos! – Felipe poco pudo hacer al verse casi arrastrado a la barra por aquellos dos fornidos hombres que frisaban el 190. “A ver si me escaqueo a la próxima”.
- ¿Te aburres?
- No, es que estoy un poco cansado. Trabajo mucho ¿sabes?
- ¿Cuántos años tienes?
- 28
- Pues sí son muchos, pero a mí me parece bien ¿eh?- Dijo Roxana lanzando otra de sus arrebatadoras miradas. “Menos mal que es tan joven que si no…”
- ¡Felipe! ¡Pavel no se cree que seas Jefe de una empresa! – Interrumpió Nico.
- Bueno, jefe jefe no soy, hay otros encima de mí...
- ¿Ah sí? ¿Y qué haces con estos?
- Oye, que nosotros somos gente con mucha clase. ¡Jajaja! – Ambos rieron estrepitosamente. – Felipe detestó que le interrogaran de ese modo sobre su estatus. “A ver si de verdad estos van a querer algo”. - ¡Eeeeeeehhhh, que pasaaaa tío! – Bramó una escandalosa chiquilla española a la vez que empujaba a Felipe en su marcha. “Qué fina la niña”. Felipe resolvió finalizar su copa cuanto antes y apuró un par de tragos.
- Hey Felipe, nos vamos a otro garito.
- Bueno, es que yo me voy a tener que marchar…
- ¿Y eso? ¿Trabajas mañana?
- No, es sólo que…
- ¿Pues entonces?
- Es que de verdad estoy muy cansado…
- ¡Pero qué dices! Si hemos quedado con unas tías.
- Ya pero es que…
- ¡Nada hombre! Si está aquí al lado. Tú vienes a verlo, y luego si eso…
- Bueno… - Felipe se dejó guiar por el hercúleo brazo que agarró sus hombros.


 

De Triunfadores - Capítulo XIV


Segunda Parte








     Su corazón saltaba por momentos, para luego regresar súbitamente a la calma mientras conducía su viejo coche. Le acompañaba el temor a lo desconocido, sin embargo, una sed de emociones poco conocida en él le empujaba hacia delante. Trabajo, estrés, novia, bienestar, obligaciones. En teoría, no tenía mucha queja del sistema, se sentía cómodo en él, así que no comprendía por qué hacer algo diferente le seducía de un modo tan pecaminoso, principalmente porque no habría de comentar con nadie sus andanzas. No era propio de él. – Pero por una vez, no pasará nada…

     Aparcó su coche en el barrio de los dramáticos sucesos y, tras el asalto de terribles recuerdos, notó como ascendía su inquietud. – Ellos… podrían estar aquí. – Acto seguido, un nudo atenazó su garganta. Pero el miedo no logró disuadirle de sus propósitos. Agachó la cabeza, contuvo la respiración y aceleró sus pasos todo lo que pudo hasta llegar a la casa. Detenido frente a la puerta, sus preocupaciones cambiaron de signo, pero ahora que había llegado a la meta, no tenía sentido echarse para atrás.

- Pasa tío. ¿Qué tal? – Felipe miró perplejo a Nico, que desafiaba los rigores invernales con una camiseta. Dos pasos más allá, se hallaba el pequeño salón. En el sofá más alargado yacía lánguidamente Roxana, que tampoco parecía notar especialmente la ausencia de calefacción. – Hola. – Saludó con una ingenua sonrisa. Felipe no pudo evitar darle un repaso a aquel proyecto de diosa, cuya minifalda vaquera no ocultaba sus largas piernas. – Cómo va a estar ésta de mayor…

- ¿Quieres tomar algo? ¿Una cerveza?
- Sí. – Felipe, paralizado por la vergüenza, aceptó con alivio la oferta de Nico.
- Bueno, ¿y cómo que has llamado hoy?
- Pues, bueno, la otra vez que os vi ya os dije que… bueno, que quería invitaros un día para agradecer lo que…
- ¡Ah! Ya recuerdo. No hace falta hombre… He quedado con unos amigos, ¿te vienes no?
- … Sí.
- Siéntate si quieres. – Dijo de pronto Roxana. Felipe sintió algo de aprensión contra el desvencijado y antiguo sillón, pero no podía continuar plantado en medio del salón como un pasmarote, así que aceptó. Algunos muelles chirriaron tras su acometida, tras lo que se quedó hundido en el desgastado relleno, no muy cómodo por cierto, y luego palideció al observar los restos de una mancha bajo su brazo. – Esta pareja no es muy amiga de la limpieza. - Luego contempló como la nena se incorporaba realizando un habilísimo movimiento de piernas, que desnudas bailotearon frente a él. Una gota de sudor brotó de su frente.

- Toma, aquí tienes tu cerveza.
- Gracias… - Nico se desplomó sobre el sillón con toda naturalidad. Luego acercó una pequeña y poco potente estufa eléctrica al grupo. Eran tan escasos sus efectos, que Felipe ni había reparado en ella.
- ¿Y cómo es que has llamado hoy?
- Bueno, es que como os portasteis tan bien la otra vez, yo quería agradeceros…
- No hace falta, vamos a salir, ¿te vienes?
- Sí, claro… “Esto es surrealista del todo.” – Pensó Felipe tras casi repetir con Roxana la misma conversación que minutos antes había tenido con su hermano. Luego observó perplejo como el hermano tendía una lata también hacia ella. “Pero… es tan joven…”

- Emmm, perdona… ¿tú cuantos años tienes?
- Dieciséis. Bueno, casi…
- Esto… y… ¿ya bebes cerveza?
- ¿Tú no bebías cuando tenías dieciséis años?
- Pues sí, pero…
- Pues eso. – Ambos hermanos rieron.
- Prefiero que beba algo, si lo controlo, que no que ande por ahí haciendo tonterías. – Replicó Nico.
- Bueno, ¿y qué haces? ¿Estudias?
- Sí, en el Instituto.
- ¿Y qué tal lo llevas?
- Bueno….
- No muy bien. – Dijo el hermano.
- Pues es muy importante que estudies.
- ¡Ya lo sé! ¡Pareces mi padre! Es que todavía tengo problemas con el idioma.
- Ya se lo digo yo siempre. Lo intenta, pero siempre se puede más. Si ella supiera lo importante que es.
- ¡Bueno vale! Es mi vida. – Felipe volvió a ver a la niña en su rostro enfurruñado. Le despertó una cierta ternura. Luego ambos intercambiaron unas palabras en su idioma. “Qué estarán hablando”.

- Bueno qué, ¿y tú a qué te dedicas?
- Bueno yo… soy Jefe de Administración de una empresa.
- ¿Sí? Eso suena muy importante.
- Es un buen puesto.
- Vaya amiguito nuevo que tenemos ¿eh? – Ambos hermanos cruzaron una mirada llena de picardía. “Uf, no sé si tenía que haber dado esa información”. – Se lamentó Felipe.



 

De Triunfadores - Capítulo XIV


Primera Parte








     El viento azotaba con fuerza las ventanas de la habitación de Felipe en aquel fin de semana que daba inicio al mes de diciembre. El chico escuchó el fenómeno con placidez, apatía, de tan a gusto como se encontraba recostado en su cama, embriagado de pereza, sin otro interés que leer el Marca. Lorena había partido a Barcelona para celebrar una convención con otros miembros de su empresa, así que a Felipe no le quedaba mucho más que hacer. Después de una semana de intenso agobio en el trabajo, también agradeció el poder descansar, todo un privilegio en esos tiempos.

     De pronto una idea llegó para sacudirle de su letargo. Las imágenes de sus amigos, presentes y pasados, empezaron a poblar sus pensamientos, y se le ocurrió que quizá fuera la hora de cultivar estas relaciones. Pero la frialdad de las circunstancias se impuso a sus intenciones. Recordó con nostalgia como poco a poco se había ido desligando de los que fueron una vez sus mejores colegas de la Universidad, los mismos con los había compartido las aventuras más memorables de su juventud. Pero Lorena no era aficionada ni a la fiesta ni a la noche, y él necesitaba su compañía sobre todas las cosas, así que eligió su camino.

     Las amistades que frecuentaba ahora, no eran como las de antes, o por lo menos no recordaba haber tenido ninguna conversación intimista con ellos. Siempre quedaba en pareja y con parejas, o con alguna amiga descolgada de Lorena, y poco más, sin conversaciones de tíos, ni otro confidente que su novia.

     Felipe se sintió repentinamente melancólico, abandonado. ¿A quién podría recurrir si alguna vez no estaba Lorena? Ella al fin y al cabo se las había apañado para retener a sus amigas, pensó no sin resquemor.

¿Y si…? ¿No sería justo…?

A pesar de sus múltiples reparos, Felipe, arrebatado, tomó el teléfono.

- ¿Da?
- Em, hola, no sé si te acuerdas de mí.
- Sí, Felipe.
- Emmm, pues sí, soy Felipe.
- ¿Cómo va hombre?
- Bien gracias.
- ¿Y tú?
- Bien. ¿Vas a hacer algo hoy?
- Pues precisamente os he llamado por si…
- Si quieres quedamos.
- Bueno, pero yo…
- ¿Te vienes para casa?
- Bueno sí, pero luego…
- ¿A qué hora te viene bien? ¿A las 10?
- Sí, a las 10 está bien...
- Bueno, pues hasta luego.
- Hasta luego.

     Felipe se quedó paralizado con el móvil en la mano. Aquella familiaridad le había desconcertado por completo. No resultó como esperaba. -¿Pero qué he hecho? - Su plan era invitar a la pareja, cuyo buen detalle vino a su memoria en tal día de soledad, a la prometida cena de agradecimiento. Sin embargo, esperaba algo de reticencia, tanta confianza le desarmó.

     ¿Pero dónde me estoy metiendo? ¿Quién es esta gente? ¿Querrán algo de mí?

     No pasa nada, veo demasiado el telediario. Seguro que son buena gente, se portaron muy bien conmigo.

     Nada era lo suficientemente convincente, pero Felipe deseaba evadirse de su soledad. Incluso traspasar las fronteras de su acomodada y rutinaria vida, para disfrutar de un amago de aventura que probablemente nunca volverá a tener, ya que la cuenta atrás para irse a vivir con Lorena había comenzado. – Qué coño. Un poco de emoción no me vendrá mal.

     Rebuscó una de sus antiguas camisetas en el fondo de su armario plagado de camisas, y se preparó para la marcha, pero aún quedaba demasiado tiempo. Se tranquilizó, pero la excitación no tardó en volver. – No pasa nada, es normal. – Pero bien sabía que ésa no era la clase de ambientes que se solía recomendar. De hecho, no tenía intención de informar a nadie sobre su escapada, pues en su entorno ciertas cosas no gozaban de aceptación. Había prejuicios, y los prejuicios generan miedo. – Bah, los invito a cenar y me voy.