De Triunfadores - Capítulo XVI

- ¡Pero hija! ¡Tú también vas a empezar con la misma tontería!
- ¡Mamá, es que no tengo hambre! – Lorena apretó la boca mientras engullía la comida bajo la escrutadora mirada de su madre. Hoy no tendría problemas, los manjares le gustaban demasiado. “Qué pesada se pone está mujer”. Natalia, la hermana, estaba efectivamente muy nerviosa. Era muy joven todavía como para perder el concepto idealizado de esta fiesta. De momento, era la máxima fiesta a la que se podía aspirar, y ella estaba en plena edad de disfrutarla.
- Déjala mamá, son cosas de la edad.
- Tú cállate, que menudo ejemplo le estás dando. – Pero la discordia no podía durar mucho en una noche como aquella, puesto que se trataba de una familia razonablemente bien avenida.
Después de cumplir con la tradición de rigor, los nervios se dispararon en la casa, pues había llegado la hora de lucirse, sobre todo para Lorena, que había puesto todo su empeño en ello. Una vez que Natalia se hubo lanzado ya a la calle para encontrarse sus amigas, Lorena se entretuvo ejecutando la segunda obligación del día, así pues, y para regocijo de las empresas de telefonía móvil, empezó a disparar pequeños sms de cariño enlatado a todos los integrantes de su lista de contactos.
Felipe volvió a recuperar su capacidad de asombro cuando contempló las curvas de su novia teñidas de rojo.
- ¡Pero qué guapa estás! – Lorena respiró. Necesitaba corroborar que su cambio se apreciase. Y sin más preámbulos, se pusieron en camino.
La zona centro de la ciudad está cortada al tráfico, lo que les obligó a aparcar a una considerable distancia de la discoteca. El frío, que en esos días golpeaba ya con fuerza, se clavó en los huesos de Lorena, pues el abrigo poco podía hacer si debajo de él sólo había una delgada tela de raso. Pero Lorena resolvió apretar el paso y erguir la cabeza como sus galas imponían. “Si las otras pueden, yo también”. Tras algo más de un cuarto de hora de caminata, sus pies amenazaron con rebelarse contra la tiranía de los afilados tacones, pero se encontraron con el resto del grupo.
- ¡Lorena estás guapísima! ¿Qué te has hecho?- Cual si de palabras mágicas se tratase los dolores parecieron remitir.
- ¿Estamos todos?
- No, faltan María y Carlos, pero les podíamos esperar dentro ¿no? Hace frío.
- Sí, es mejor, les enviamos un sms.
El grupo al completo se decidió a abandonar los trapos sobrantes en el ropero. Lorena, en su máximo esplendor, sintió como una mirada recorría su cuerpo. Su rostro reflejó algo del color grana de su traje. Pero una vez que se adentraron en local, apreció con algo de decepción que… casi todas las chicas estaban espectaculares.
No se arredró por ello. Inseguridades aparte, en el fondo sabía que ella, entre otras muchas, llamaba la atención.
Gracias a que el aforo aún no estaba completo, la pandilla encontró un palco libre que satisfacía plenamente sus intenciones, así que lo tomaron al momento. Felipe, junto con otro compañero, se ofreció como voluntario para la ardua tarea de conseguir bebidas en la atestada barra libre, que era el punto caliente del evento.
Así pues, las chicas se quedaron prácticamente solas. Lorena se apoyó lánguidamente en la barra del palco mientras esperaba la inyección de energía, pues había de reconocer que se encontraba algo cansada. “Será que me estoy haciendo mayor…” De pronto algo que había en la planta de abajo llamó su atención. Un grupo de chicos con su correspondiente traje fiestero empezó a enviarle abiertas sonrisas y miradas, e incluso puede que algún comentario. Lorena, satisfecha y avergonzada, fingió no haber captado la atención, y hasta fue incapaz de moverse de su sitio para mostrar su indiferencia. Sin embargo, algo después, no pudo evitar dejar caer sus ojos de nuevo hacia ellos. El grupo se había calmado y había diversificado sus objetivos, pero, uno de ellos, y con seguridad el más atractivo, seguía manteniendo su penetrante mirada sobre ella. “Pues está muy bueno”. Y le devolvió el gesto. El sonrió. Lorena se puso blanca, pero luego le devolvió la sonrisa, su ego disparado le dictó coquetear de esta manera. Tras varias comunicaciones similares, él efectuó un gesto con la mano, una invitación de compañía. Lorena volvió en sí y giró su mirada hacia atrás, a las chicas, a su novio que estaba en la barra. Lo rechazó con la cabeza, se dio la vuelta, regresó a su lugar.
Un instante después, Felipe regresó copa en mano. Se acercó a Lorena y le dedicó una sonrisa llena de cariño y afecto. Ella se dejó embargar de estos bellos sentimientos. En un par de movimientos aproximó su cuerpo al de Felipe y se posó sobre él. “No merece la pena ni dudarlo un segundo”. Pero, desafortunadamente, no existe la verdad absoluta.
De Triunfadores - Capítulo XVI

Como cada año, las Navidades llegaron puntualmente a su cita, con independencia de los cambios sociales o de los verdaderos intereses de la población, que con mayor o menor agrado terminaba por someterse a la rutina impuesta.
Después de pasar unos días bastante tranquilos, llegó el día 31 de Enero para Lorena, que se sentía animada y serena por aquellas fechas. Gracias a la ausencia por vacaciones de un buen número de compañeros, más la natural reducción del volumen de trabajo, el ambiente de la oficina se había liberado de tensiones. Mientras miraba sin ver la pantalla de su ordenador, Lorena pensaba en el vestido que se iba a poner por fin esa noche, el famoso vestido que tanto dinero le había costado. No se permitía muchas coqueterías en su vida, por lo que disfrutaba al máximo la emoción del momento.
De repente, y para sorpresa de las chicas del departamento, Maica atravesó las puertas del recinto y realizó un anuncio.
– Está claro que esta tarde no va a haber ningún trabajo, no hay clientes jejeje. Bueno, acabo de hablar con el Director General, y me ha dicho que no hace falta que vengáis esta tarde.
- ¿En serio? Es genial.
La algarabía no se hizo esperar. Lorena, con la confianza que le otorgaba su rango, se acercó a Maica para agradecerle personalmente el gesto. Cuando llegaron las dos de la tarde, las chicas del departamento comercial abandonaron las instalaciones entre sonrisas y felicitaciones.
Después de comer, y en vista de que aún quedaban muchas horas por delante, se le ocurrió que sería una buena idea acostarse, pero su cuerpo no estaba acostumbrado. Por otra parte, empezó a notar nervios, habida cuenta de que su estable vida quedaba muy lejos de fiestas y celebraciones. “¿Y qué hago? Quizás podría ir a la peluquería… uf, ni de coña, seguro que está todo lleno… pero… si lo consiguiera estaría perfecta…
“Ojalá me lo hubieran dicho antes, la mayoría de las tías lo hacen”.
Desde aquel momento la idea de dormir le resultó imposible. No tenía nada que perder, así que abrigo en ristre se lanzó a la calle. – No, lo siento, está todo lleno. – Tres veces hubo de escuchar la temida respuesta, y no le hizo falta más para resignarse. “Bueno ya está, a ver si consigo que mi madre por una vez me haga algo decente”. Pero, mientras paseaba su decepción camino a casa, se topó de bruces con la peluquería más cara de la zona, la misma que siempre observaba desde la indiferencia y la lejanía, como si perteneciese a un mundo diferente.
“Pero… ahora me lo puedo permitir”. Pensó, aunque la línea que separaba la calle del local todavía le causaba algo de respeto. “Pero cada vez me tengo que relacionar con gente más importante… no es tan raro ¿no?”. Dos mujeres algo más mayores, de gesto altivo y mirada elevada, caminaron firmes hacia la puerta, ignorando por completo la estática presencia de Lorena. No pudo evitarlo, tuvo que seguir la estela de perfume caro que las cabelleras de rubias mechas habían dejado tras de sí.
Dos horas después, Lorena no podía dejar de corretear hacia los espejos para buscar su nueva imagen, atrayente más que nada por lo inusual.
- Pero hija, te habrá costado un dineral…
- Bueno mamá, un día es un día.
- Es que últimamente estás gastando mucho.
- Ya, pero es que gano mucho más.
- Pero te van a dar el piso pronto.
- Está todo calculado madre, en serio, no te preocupes.
- Bueno mujer, si tú lo dices…
De Triunfadores - Capítulo XV
A mediados de diciembre el frío empezaba a azotar sus con heladores coletazos las esquinas de la capital por la noche. A pesar del descenso térmico, Lorena consideró que era el momento de lucirse. No tenía por costumbre salir, ni arreglarse excesivamente cuando lo hacía, pero aquel día tenía motivos para estar eufórica. Mientras observaba el efecto que producían las ceñidas prendas sobre sus curvas, cada día más acentuadas por la delgadez, su ánimo se elevaba.
- Lorena estamos muy muy satisfechos de tu rendimiento en la empresa. Sabemos que has trabajado mucho y, además, con muy buenos resultados. Este años hemos decidido concederte un aumento, pero que sepas que con esa actitud puedes llegar muy lejos en esta empresa.
Mientras Lorena sonreía con el dulce recuerdo de los halagos de Maica, llamaron a la puerta. Felipe se introdujo en la vivienda que tan bien conocía con toda familiaridad, y saludó a la madre.
- Hola Felipe guapo ¿cómo estás?
- Bien gracias. – La suegra contempló llena de orgullo al buen partido de su yerno, tan buen chico, tan trabajador.
- ¡Lorena hija! ¿Pero no vas a comer nada?
- No mamá, ya tomaremos algo por ahí.
- ¡Pero hija! ¡Te estás quedando flaca!
- ¿Flaca? ¿Pero tú me has visto bien? Sólo he adelgazado un par de kilos y otro par no me vendría mal la verdad.
- Hija tienes que cuidarte por favor, te vas a poner mala.
- Anda ya mamá, que eso de que la gordura es salud sería en tus tiempos. Estoy un poco rellena y lo sabes, déjame en paz.
- Hijo ya ves como está la cosa, a ver si tú me la puedes cuidar un poco, que a mí no me hace ni caso.
- Lorena estás muy bien, no necesitas adelgazar nada. – Aunque tristemente, Felipe se dio cuenta de que ni se había percatado del cambio.
Felipe y Lorena se acercaron a la mesa donde los amigos más puntuales se habían sentado. Pronto se reunirían en total con otras dos parejas, más dos amigas solteras de Lorena.
- Hola – Hola ¿qué tal? – Estás guapísima. – Gracias, gracias.
- Bueno chica que tal te va…
- Pues muy bien, con mucho trabajo, pero la verdad es que me va muy bien en la empresa.
- ¿Sí? Pues yo estoy hasta las narices tía. Estoy pensando en pillarme una baja por depresión jaja. ¿Y el piso qué? ¿Sabes algo?
- Pues mira, ha habido problemas con la constructora. Pero aún así no sé, algo me dice que nos lo van a dar pronto.
- Seguro que sí tía, si ya están hechos. El problemas es cuando ni empiezan, ahí si que tardan años en entregarlos.
- Eso espero, ojalá todo vaya bien. – Dijo Lorena tomando la mano de su novio.
- ¿Y tú que dices Felipe?
- ¿Eh? – La verdad es que Felipe se había abstraído por completo del lugar. No le parecían malas chicas, las amigas de Lorena, ni tampoco tenía problemas con sus acompañantes. Pero tampoco era gente con la que pudiera hablar desde el fondo de su ser, como Lorena haría con ellas en la intimidad. Sus nuevos amigos ofrecían mucha diversión, sin embargo ¿había algo más? Era como un extraterrestre injertado en lugar equivocado.
- Lorena, ¿no picas nada?
- No, no tengo hambre. – De pronto, un vaso de cerveza se derramó sobre la falda de una de las amigas de Lorena.
- ¡Ay tía! ¡Cómo me he puesto!
- No pasa nada, espera, toma unas servilletas.
- ¡Que no tía, que se nota un montón! Me voy a tener que marchar.
- ¿Pero cómo te vas a marchar por eso? Qué no pasa nada, venga te ayudo a limpiarte.
- ¡Pero es una mancha muy grande! Todo el mundo se va a dar cuenta… - De pronto, Felipe lanzó su brazo sobre la chica y empezó a hablar, con voz firme, tranquilizadora.
- No pasa nada, nadie se va a fijar en eso, tranquila, se secará. No tiene importancia ¿vale? No tiene ninguna importancia.