logotipo

img_google
El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
Acerca de

Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

Enlaces
Información sobre la burbuja inmobiliaria: lo que no te cuentan en los medios de comunicación.
Enlaces de interés variados.
Los mejores blogs
Sindicación
 

De Triunfadores - Capítulo XVI


Cuarta Parte






- ¡Muchas gracias amor!
- De nada mujer.
- Ven aquí. – Lorena volvió a besar con furia a su novio, quizá tratando de imitar inconscientemente la escena que había presenciado minutos antes.
- Estás tan efusiva de pronto…
- Te quiero.
- Yo también te quiero pero…
- Quiero estar a solas contigo.
- ¿Hoy? Pero cielo, ya sabes que no tenemos casa…
- Tenemos el coche ¿no?
- Ya, pero siempre dices que no quieres en el coche.
- Bueno, da igual, hoy sí.
- No sé, Lorena quizá cuando termine la fiesta.
- ¿Y eso por qué?
- ¿Qué te pasa Lorena? Hoy hemos quedado con toda la gente, son tus amigos.
- Ah, sí, vale, bueno, da igual todo, todo. Olvídalo.

– Lorena se apartó de su anonadada pareja copa en mano. - ¡A bailar se ha dicho! ¡Chicas! ¿Bajamos a la pista?
- ¡Lorena! Cuando yo te digo que estás completamente desconocida…
- ¡Venga! ¿Por qué no?
- Uffff, no sé…
- Venga, aunque sea un momento… por favor…. Nunca hacemos nada diferente…
- Bueno vale, un rato…
- ¡Chicos, que nos vamos abajo a bailar un poco!
- ¡Lorena!
- Ahora venimos.

Las mujeres de la banda, aunque no estaban muy convencidas, se dejaron arrastrar por el incontestable brío una desconocida Lorena, que logró colocarse pronto y bien en el centro de la pista tras apartar con decisión a las hordas de borrachos. Lorena, sin detenerse ante la incredulidad de sus amigas, se dedicó a disfrutar como una niña en la piel de su disfraz de mujer fatal. Contestó a los improperios, sonrió a las alabanzas y contoneó su cuerpo encendido por el traje rojo como una gata exaltada. Los jóvenes de la sala no tardaron en responder a tan hermoso y sensual reclamo, no era un día para la vergüenza.
- ¿Bailamos? - ¿Bailas? – Pero Lorena no se privó del gran placer de desdeñarlos, así como ella se había sentido despreciada en ese día.

Sin embargo, unos minutos después, alguien situó su mirada penetrante frente a ella. Era el guapo chico que había descubierto en los primeros instantes de la noche.
- Hola. – Lorena no entendió por qué, pero la fuerza de aquellos ojos ansiosos fue lo suficientemente fuerte como para hacerla desistir de sus pretensiones, y siguió el ritmo de los brazos que se extendían hacia ella. Empezó a bailar con él, pero, de pronto, se sintió más cohibida que antes. Luchó por evitar que el cuerpo que se afanaba por aproximarse lascivamente al suyo no lograra su propósito. – Qué tímida eres. – Lorena sonrió con un gesto que en poco se diferenciaba de una mueca de desagrado. Comprendió lo penoso de su situación. – No me apetece bailar más. - ¿No? ¿Por qué? ¿Te ocurre algo? – Nada, sólo estoy cansada. - ¿Quieres que vayamos arriba a sentarnos? – No, me voy con mi novio. – El chico se quedó mudo, paralizado, observando a Lorena mientras se marchaba. No tuvo que andar mucho, ya que Felipe y sus acompañantes, algo sorprendidos por la situación, habían descendido a la pista para comprobar in situ lo que estaba sucediendo.

- Lorena, ¿qué ocurre? ¿Te está molestando ese?
- No, no te preocupes, ya le he dicho que me marchaba. ¿Qué tal vas?
- Bien, ¿y tú?
- Bueno, algo cansada. – Lorena se dejó caer lánguidamente sobre su protector Felipe, al que rodeó con sus brazos. Juntos, se movieron levemente sobre el suelo acristalado, a su propio ritmo, al margen del revuelo de la pista. Lorena, con su rostro oculto tras los hombros de Felipe, dejó escapar una diminuta lágrima por la comisura de sus grandes ojos. Después, se dejó vencer por el cansancio.



 

De Triunfadores - Capítulo XVI


Tercera Parte





     Al cabo de un tiempo, Lorena necesitó separarse del grupo para ir al baño. Desprendida de sus acompañantes, no le faltaron comentarios ni exclamaciones en aquella noche de alcohol y desinhibición, migajas de aliento para su confianza. Ahora que su espíritu se encontraba en calma, disfrutaba dejando que las palabras acariciasen su cuerpo, y resbalaran sobre él para luego marcharse, sin prestarle mayor atención a nada. Unos instantes después, ya había alcanzado el castigo de la fila del baño de señoras. “Siempre igual”. Pero aquel día era peor, tendría que esperar un rato. Se apoyó sobre la pared, luego se abstrajo, bostezó, a fin de cuentas, aquel día se había levantado pronto para ir al trabajo, y ya era tarde.

     Sus mente reposaba en paz cuando, repentinamente, algo captó su interés. Giró su cabeza. “Pero… ese no es…” “Sí, sí, es él ¿Qué hará aquí?” No pudo separar su mirada de la imagen, pero ésta poco a poco ésta se alejaba. La curiosidad ya había prendido en ella, así que no pudo evitar seguir sus pasos mecánicamente. “Le saludo y ya está”. De pronto, tuvo que detenerse, la figura había alcanzado su destino. En ese momento, Lorena creyó sentir que su corazón se paraba en seco, justo cuando vio como Jaime tomaba entre sus manos el rostro de otra chica, e introducía su lengua en su boca. Mientras les observaba sin parpadear, contuvo la respiración. Después bajó a la Tierra otra vez, pues cuando empezó a notar que le faltaba el aire, la tristeza afloró de sus entrañas. “Y tú que tanto decías que me querías”. Luego trató de consolarse a sí misma. “Bueno, al fin y al cabo no es mi novio, y tampoco tenía opciones conmigo”. Pensó con altivez. Pero la pareja separó sus labios. “Será cabrón”. La sangre de Lorena hirvió en sus venas al descubrir que la acompañante de Jaime no era otra que... su querida compañera Adaina. “Él sabe que no me cae bien”. El enfado se transformó en rabia profunda. Roja como la grana, sintió deseos de asesinar a la pareja. Evidentemente, no podía hacerlo.

     Volvió al baño, donde la cola había disminuido, pero todavía quedaba gente, y su humor no estaba para paciencia. No pudo parar de resoplar y mover la pierna con agitación. “Cabrón” “Bueno, que le den”. Otra vez enrojeció. “Hijo de puta”. Frente al espejo del baño contemplo sus facciones contraídas y encolerizadas, sus ojos centelleaban. Luego entró al cuartucho y sus fuerzas flaquearon. Se vino abajo y le entraron deseos de llorar, pero dio un golpe contra la pared y frenó en seco “No lo haré, no, no lo haré. ÉL NO MERECE LA PENA” Se propuso con firmeza. Después, intentó refrescarse con cuidado en el lavabo, para que nadie pudiese advertir su dolor. Pero, su estado interior todavía se reflejaba un poco en su cara. Se tranquilizó, pensó que la oscuridad la protegería, y, pese a su debilidad, comprendió que debía regresar a su puesto. “Estoy bien, estoy bien, estoy bien, estoy bien, estoy bien” repitió sin cesar en su interior, con la esperanza de que el mensaje quedara a fuego grabado.

- Tía, pues sí que has tardado. – Pero tal y como confiaba, nadie apreció el cambio que se había operado en ella. Rápidamente se colocó bajo el refugio de Felipe.

- Cariño ven aquí. – Hola guapa. – Lorena buscó sus labios en busca de un beso, y Felipe se dejó querer, pero el tibio roce se convirtió en mordisco ansioso, y entonces se sintió muy extrañado; no estaba acostumbrado a recibir esas apasionadas muestras de afecto en público, que no tenían lugar desde hace años. Lorena era muy consciente cuando se encontraban en situaciones sociales. Felipe, un tanto parco en detalles.
- Cariño, ¿te ocurre algo?
- No, ¿por qué?
- No sé, te noto rara.
- ¿Por qué, porque te doy un beso?
- Bueno sí...
- Pues es normal ¿no?
- Bueno, sí...

     Luego, con movimientos algo bruscos, Lorena empezó a inspeccionar la zona para encontrar su copa. - ¿Pero dónde está mi copa? – Parece que se la han llevado. - ¡Qué se la han llevado! ¿No estabais vigilando? – Bueno cariño no te preocupes, te cojo otra. – Bueno, bueno, vale.

     Después, Lorena se dio cuenta de que no podía parar. Temía que de hacerlo, su templanza se podría desplomar en picado.
- ¡Venga chicas, vamos a bailar!
- Pero Lorena ¿qué te pasa? Si a ti no te gusta bailar...
- ¡Y dale con que qué me pasa! ¡Qué es Nochevieja! Hay que disfrutar ¿no? jajaja. – En su risa aún quedaban ecos de un temblor nervioso. Pero nadie podía apreciarlo. Lorena semejaba haber enterrado las penas en los pliegues de su corazón. Pero era demasiado pronto, y sabía que el muerto todavía estaba vivo, palpitante, como le recordaban fogonazos en su mente. Tuvo que luchar férreamente para no caer atrapada en sus garras.

- Jajaja, ¡Tío buenooooo! ¿No lo habéis visto chicas?
- ¡Lorena! Estás desconocida tía.
- ¡Un día es un día!

Felipe regresó a la escena con una nueva copa entre las manos...