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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo XVIII


Tercera Parte









     Lorena confiaba plenamente en la palabra de su novio, no tenía motivos para pensar de otra manera. Felipe, por su parte, perdía sus ojos inquietos entre tablas de Excel, mientras trataba de imaginar cómo sería el trabajo que Gonzalo le había encomendado.

     A las siete de la tarde, el personal de la oficina comenzó a desalojar la estancia. Mientras tanto, él seguía esperando noticias en su despacho. Media hora después, Gonzalo llamó a su puerta.
– Felipe ha llegado la hora, ¿nos vamos?
– Sí, claro. – Ambos hombres partieron hacia el parking de la empresa.
– Vamos en mi coche. Hay que impresionar jeje. Pero no te preocupes chaval, que ya tengo pedido un coche para ti.
- ¿Sí? Vaya Gonzalo no lo esperaba.
- Nada chaval, si lo vas a necesitar para relacionarte con los clientes. No te puedes presentar delante de esta gente de cualquier manera, como ya comprenderás.
- Bueno Gonzalo, gracias y ahora…. ¿dónde vamos?
- ¿No te dije antes que íbamos a ver a un cliente? Bueno, se trata más bien de un inversor. Alguien que quiere meter capital en la empresa, pero no es algo que deba saber todo el mundo.
- ¿No? ¿Por qué?
- Vamos a ver chaval, que llevas mucho tiempo trabajando en administración. Ya sabes como está el tema de Hacienda en este país. Este señor tiene un dinero y lo quiere meter en algún sitio. Nosotros hablamos con él y vemos a ver si le podemos hacer unos contratos. El dinero entra, sale legal, y entre tanto pues la empresa se lleva una comisión. Vamos, lo normal en cualquier negocio. ¿Si no cómo te crees que podemos seguir adelante en este país? Felipe, entiendes esto que te digo ¿no?
- Sí…
- Vamos, que puedo confiar en ti. Es así ¿no?
- Sí… - Pero Felipe torció el gesto. No le gustó el cáliz que empezaba a tomar la situación.
- Jajaja, lo esperaba muchacho.

     En unos minutos llegaron a las puertas del conocido hotel. Felipe, con un nudo en el estómago, se limitó a seguir los pasos de su jefe. Temía que lo que fuera a escuchar aquella noche, le supusiese ciertas consecuencias en el futuro. Gonzalo golpeó la puerta de la habitación donde supuestamente les esperaban.

- Qué pasa Gonzalito. – Hola Pereda, ¿cómo te va? – Bien, bien, pasar por aquí.
- ¿Queréis tomar algo?
- Bueno, a ver que tienes por aquí. Un Ballantines con coca cola.
- ¿Y tú chaval?
- No, nada.
- ¿Nada? – Preguntaron los otros al tiempo.
- Bueno… lo mismo.
- Pues si os parece empezamos.

     Felipe observó enmudecido las negociaciones entre ambos hombres. Detestaba ser el testigo de tan turbios asuntos, con el compromiso que aquello implicaba, y sin capacidad para protestar. “Si lo hubiera sabido antes”. Las palabras desfilaron ante él como jinetes negros. Su malestar se hizo mayor. - ¿De qué cantidad hablamos esta vez? … – Pero es mucho dinero, no creo que te lo pueda meter todo en mercancías. … - No sé, no me das mucho plazo. … - Pues no sé, lo único que se me ocurre es comprar un terreno o algo. … - Sí, tienes razón, un edificio es lo mejor. … - De acuerdo, pues lo hacemos así. Empezaré a mirar cosas y cuando lo tenga te cuento.

- Bueno, pues ahora que lo hemos hablado, ¿qué hacemos? ¿Nos vamos a tomar algo por ahí?
- Pues claro, eso está hecho.
- Pues tú dirás, que eres de la ciudad, conocerás algún local interesante…
- Sí señor, conozco más de uno jeje.
- Pero que sea interesante de verdad ¿eh? Jejeje.
- Sí, ya entiendo, te llevaré a uno pero que muy interesante jejejeje. – Ambos hombres sonrieron obscenamente mientras intercambiaban guiños de complicidad. Felipe, que había captado las indirectas, se sintió horrorizado del todo.


 

De Triunfadores - Capítulo XVIII


Segunda Parte









A la una menos cuarto de la tarde, ya lejos del chaparrón, Lorena se encontraba ultimando los detalles de la reunión en la que habría de participar unos minutos más tarde, aunque gracias a lo organizado de su carácter, en esencia estaba todo preparado. Aprovechó para ir al baño para deshacerse de los nervios de última hora. Después regresó a su sitio a esperar.

- Juan Manuel está aquí.
- Gracias. – Lorena colgó el teléfono con una mueca de desagrado tras el anuncio que realizó Adaina.

- Holaaa Juan Manuel ¿qué tal estás? – Bien gracias. – Una vez más Lorena se sorprendió de ver que Juan Manuel prescindía de todo tipo de acompañantes.
- ¿Quieres un café?
- No, no gracias.
- Bueno, vamos a la sala. – Dio comienzo la reunión.
– Lorena, no estoy descontento del resultado de la campaña que me habéis hecho, pero hay que avanzar, qué va a pasar a partir de ahora.
- No pasa nada, ya he mirado presupuestos para publicar en otros medios. – Lorena sonrió satisfecha de su propia eficiencia, acto seguido, extrajo los papeles de su carpeta. Mientras Juan Manuel le echaba un vistazo a su trabajo, Lorena tuvo tiempo de mirarle de refilón. Le agradó su aire a Richard Gere. Lo cierto es que Juan Manuel, gracias al deporte y a la buena vida, era uno de aquellos hombres maduros a los que el tiempo reservaba un atractivo especial.
- Para empezar no está mal Lorena. Me alegra ver que estás cuidando mis asuntos. Vale, lo hacemos así. Pero habrá que estar al tanto.
- Claro que sí, ya verás como todo va a ir muy bien. Y seguiré mirando más cosas para ti, no te preocupes.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
- Pues no sé, me marcharé a comer supongo…
- ¿Has quedado con alguien?
- No… ¿por qué?
- Pues te invito a comer.
- Bueno es que yo…
- Es que así te comento unas cosas sobre otro posible cliente.
- Bueno vale.

     Lorena sentía ciertas reticencias ante esta invitación, pues aunque Juan Manuel había sido correcto en todo momento, era lo suficientemente mayor como para conocer las debilidades de los hombres. No obstante, la posibilidad de de hacer un buen negocio era un dulce demasiado apetitoso como para rechazarlo. “La verdad es que me ha dicho nada fuera de lo normal, así que…”


     En el parking de la empresa encontraron aparcado el flamante y enorme BMW de Juan Manuel. Negro y reluciente, el coche daba la apariencia de ser casi nuevo. Lorena admiró el vehículo en silencio mientras se planteaba lo muchísimo que habría costado, pero entre tanto fingió indiferencia. No quería poner de manifiesto su escasa experiencia en el mundo de los lujos. Después, partieron en camino.

     Durante el trayecto, y para tranquilidad de Lorena, Juan Manuel se mantuvo poco hablador y algo serio. Finalmente llegaron al lugar seleccionado, que a simple vista resultaba caro y elegante.

- Vaya, ¿nos darán mesa aquí?
- Sí, no te preocupes, ahora tienen poca gente. – Lorena advirtió que el lujoso local no era extraño para su acompañante.
– Bueno Lorena, ¿y que tal te va en la empresa?
– Pues bastante bien.
- ¿Y qué planes tienes para el futuro? ¿Te gustaría quedarte ahí para siempre?
- No lo sé. De momento la verdad es que estoy bastante bien. Claro que en el futuro nunca se sabe.
– La verdad es que estado observando muy de cerca tu trabajo y eres una gran profesional, Lorena. ¿No has recibido ofertas de otras empresas?
– No, todavía no.
– Supongo que será porque eres bastante joven y todavía no te has dado a conocer lo suficiente, por cierto, ¿cuántos años tienes?
– 27.
– Sí, sí que eres bastante joven para el nivel que tienes. Algo más a tu favor. Además, tienes bastante buena presencia. Me extraña que no hayas recibido aún otras ofertas. – Lorena se sonrojó. – Bueno, lo que tenga que venir vendrá. – Respondió.
- ¿Y si te llegaran ofertas? ¿Estarías dispuesta a aceptarlas?
– Bueno, todo se puede estudiar.
– No sé, es que quizá me interesara tener a alguien como tú en mi equipo. ¿No te interesaría? – Lorena se quedó anonadada.
– Bueno, no sé… quizá, tendría que pensarlo.
– Bueno Lorena, ya hablaremos más adelante, te lo digo también para un futuro, no para ahora. Lo que ocurre es que es muy difícil encontrar buen personal de este tipo. Ya se verá. No hablemos más del tema que quizá no sea el momento. Hablemos de otras cosas. Y bien, Lorena, supongo que una chica tan guapa como tú tendrá novio, ¿no es así?
– Sí, sí que tengo novio.
– Jajaja, normal. Pero bueno, tener buena presencia es una ventaja en los negocios también, algo que probablemente ya sepas. En una comercial puede ser bastante importante.
– Quizá, no lo sé. – Lorena cambió el rostro y empezó a responder en un tono evasivo. No le gustaba el giro que había tomado la conversación, la intimidaba. Juan Manuel, como buen observador, optó por cambiar de tercio.
- Bueno, antes te comenté algo sobre un posible cliente…

     Cuando terminaron la comida, se despidieron amistosamente. Lorena no quiso darle más vueltas a lo sucedido, por lo menos hasta que no tuviera más claro lo que realmente estaba tramando Juan Manuel. A fin de cuentas, no tenía ninguna prueba evidente para sospechar y no era aconsejable equivocarse. Los hombres siempre hacían bromas sobre esos temas. Lo importante del asunto es una vez más se había anotado otro tanto en su carrera y debía correr a la oficina para informar a sus superiores.

     Cuando estaba a punto de cumplir con este objetivo, recibió una llamada de Felipe.

- Hola guapa.
- Hola guapo, ¿qué tal?
- Bien. Hoy no podemos quedar cariño.
- ¿Y eso?
- Uno de los clientes va a venir esta tarde a la empresa y creo que saldremos muy tarde de aquí.
- ¿Tan tarde?
- Sí, va a venir a última hora. Yo tampoco lo comprendo, pero Gonzalo me ha dicho que tiene que ser así.
- Vaya, bueno, pues que te sea leve guapo. – Comentó Lorena sin un atisbo de recelo en sus palabras.
- Gracias cielo, nos vemos mañana.

 

De Triunfadores - Capítulo XVIII


Primera Parte






El lunes por la mañana Lorena se preparó para incorporarse a su trabajo como cualquier otro día del año. Aparentemente, su estado de ánimo había vuelto a la normalidad. Sin embargo, en el momento de colocarse frente al espejo detectó algún que otro cambio inexplicable en su rostro, en el que empezaban a asomar unas pequeñas manchas azuladas bajo los ojos, o el tono de su piel, que se había vuelto más pálido. Lo solucionó con maquillaje.

Después, se cubrió a conciencia con una gruesa bufanda y un abrigo de lana para protegerse de los rigores del incipiente mes de enero. Ya en el metro, se encontró de golpe con una creciente y enfurecida masa humana que no veía la llegada del ansiado tren. “Joder otra vez”. Mientras unos perdían los papeles, otros, más resignados, se colocaban en la fila del tipo que repartía justificantes para el trabajo. Pero Lorena no estaba dispuesta a dejarse llevar por el nerviosismo generalizado. Sin pensárselo dos veces, giró sus pies y dio la vuelta hacia arriba. En la calle, se apresuró a localizar el punto donde se solían tomar los taxis, pero comprobó que había gente. Debía tomar la delantera. A grandes pasos trató de avanzar para colocarse unos metros por delante del grupo, pero antes de que pudiera lograrlo, una luz verde se aproximó a toda velocidad. En una improvisada maniobra, se destacó de los demás como si hubiera sido la primera de la fila. - ¿Pero qué haces? – Oyeeeeeee, que estaba yooooooo. – Pero antes de que alguien pudiera arrebatarle el puesto, Lorena logró cerrar la puerta. En menos de un segundo, recuperó la mejor de sus sonrisas para indicarle al conductor la dirección deseada. Una vez más, lamentó no tener coche.

Posiblemente el tráfico fuera un poco más intenso y problemático aquella mañana, pero Felipe, que ya estaba muy acostumbrado a lidiar con estos inconvenientes, siempre salía de casa antes de tiempo. Si llegaba demasiado pronto, se tomaba un café en el bar de al lado.

- Hola Felipe.
- Buenos días Gonzalo.
- ¿Qué tal va el año? Mira he hablado con recursos humanos y ya tienen el nuevo contrato preparado para ti jeje. Pásate cuando puedas a firmarlo. Por cierto, Felipe, ahora que empiezas en tu nuevo cargo tengo un encargo para ti. Esta noche viene un nuevo cliente, un inversor, y tenemos que atenderle como corresponde. ¿Estarás disponible esta noche no?
- … Sí…. Claro….
- Muy bien. Luego hablamos. – El recién ascendido Felipe no se podía oponer a ninguna encomienda, por extraña o incómoda que le pareciera. No quería estropear las cosas.

Lorena llegó finalmente a su trabajo a tiempo, e incluso unos minutos antes. El frío solía encender sus mejillas en las mañanas invernales, pero ese día no se produjo ese efecto, tal era la palidez que se había apoderado de ella. Mientras conversaba en el pasillo con un par de chicas para hacer tiempo, el sonido de una voz conocida hizo que su cabeza se girase y sus nervios se crisparan. – Hola, hola ¿qué tal? – Si Adaina hubiese sido consciente de la mirada con la que la estaba obsequiando Lorena, hubiese caído fulminada. Mientras tanto, la chica joven regalaba su presencia fresca y un tanto ingenua a quienes se cruzaban con ella. Tenía un brillo en la mirada muy especial, una alegría intangible que irradiaba de su alma.

Lorena, furiosa muy a su pesar, se retiró de la zona para intentar olvidarse de aquellas turbulencias que tanto perjuicio le causaban. Lo primero era salir adelante con lo suyo, y avanzar. Pero había una cosa que tenía muy clara, y es que aún le quedaba una cuenta pendiente por saldar.