logotipo

img_google
El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
Acerca de

Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

Enlaces
Información sobre la burbuja inmobiliaria: lo que no te cuentan en los medios de comunicación.
Enlaces de interés variados.
Los mejores blogs
Sindicación
 

De Triunfadores - Capítulo XIX








     Había mucho trabajo aquella mañana en la oficina. Lorena, demostrando una vez más su capacidad de concentración, intentaba terminar tres informes urgentes al mismo tiempo. En situaciones como aquella, a veces se planteaba si todo ese esfuerzo valía la pena, si no sería mejor dejarlo todo por una vida más relajada, pero antes o después lo descartaba por imposible. De pronto, sonó el timbre de su teléfono. Era Maica, su voz denotaba un cierto nerviosismo. – Lorena, ¿puedes venir un momento? – Sí, claro. – Lorena resopló pensando en el papeleo que quedaba sobre su mesa, pero acudió rápidamente.

- Hola Maica, ¿qué tal?
- Bien, bueno, siéntate Lorena.
- ¿Ocurre algo?
- Sí Lorena. Ha ocurrido un incidente bastante desagradable.
- ¿Qué ha pasado?
- Ayer por la tarde me dejé un sobre con dinero de caja encima de la mesa. Esta mañana el sobre ha desaparecido.
- ¿Qué quieres decir? ¿Qué lo han robado?
- Exactamente. Pero lo más grave de todo es que, con todas las medidas de seguridad que tenemos, está claro que ha sido alguien de la empresa.
- Pero… ¿Estás segura?
- Sí Lorena, sí. He mandado revisar una a una todas las cintas de seguridad. No ha entrado nadie extraño en la empresa. Me temo que no hay otra posibilidad.
- Me acabas de dejar muerta. Pero no sé Maica… ¿no habrá sido un cliente, un mensajero o cualquiera de los que vienen y van?
- ¿Un cliente? ¿Pero tú te crees que uno de los clientes de la empresa iba a tener otra cosa mejor que hacer que meterse en mi despacho a robar un sobre de la mesa? Y, desde luego, los mensajeros no pasan de la puerta.
- Uff, pues entonces me parece fuertísimo.
- Ya te digo chica. Y dicho esto, no me queda más remedio que preguntarte a ver si me puedes ayudar a aclarar este asunto. ¿Has visto algo?
- Maica, yo no sé… de verdad que no…
- Lorena, ante todo, quiero que sepas que por supuesto tú estás libre de toda sospecha, no faltaba más. Te conozco desde hace mucho tiempo y si eres mi chica de confianza es por algo. Ahora te lo vuelvo a preguntar otra vez, ¿viste entrar a alguien de la oficina ayer por la tarde en mi despacho? ¿Has visto cualquier cosa que te resulte extraña?

     En ese instante, un violento y terrible impulso sacudió el corazón de Lorena. Su fuerza era de tal intensidad que se sintió incapaz de ponerle barreras, a pesar de que sabía perfectamente lo negativo de su acción.

- Verás Maica, creo que recuerdo algo… pero….
- Dime lo que sea Lorena, por favor te lo pido.
- Pues verás… ayer… sobre las 6 y media de la tarde, me pareció ver a alguien salir de tu despacho y… me resultó algo raro.
- ¿De quién se trataba Lorena? Sé que no es fácil decir estas cosas de un compañero, pero es necesario Lorena.
- De Adaina.
- ¿Adaina? ¿La chiquilla de la recepción? ¿Estás segura?
- Sí.
- Qué extraño, pero si sólo es una chiquilla… ¿y no viste a nadie más?
- No.
- Vaya, bueno, pues gracias por colaborar. A ver si se resuelve el asunto. Y no te preocupes Lorena, has hecho lo que debías.

     Cuando Maica abandonó el departamento, Lorena sintió como la sangre que se había agolpado en su cabeza descendía de repente. “Pero que he hecho Dios mío, ¡qué he hecho!”. Trató de volver a su teclado, pero después de golpearlo durante un tiempo, sus manos empezaron a temblar. “Bueno, a lo mejor esto se aclara finalmente y no pasa nada por lo que he hecho”. Pero los nervios no desaparecían fácilmente, sentía la urgencia de levantarse. En su ansia de movimiento, se desplazó hacia el baño. Intentó justificar los hechos de algún modo. “Pues tampoco le vendría mal a ese cabrón quedarse sin ver a su furcia”. Se horrorizó de sus pensamientos, pero sonrió. Y volvió a sus tareas habituales.

     Las horas transcurrían, y a pesar de que a Lorena le sobraban los recursos para sacar adelante todo su trabajo fueran cuales fueran las condiciones, no dejaban de asaltarle cada cierto tiempo las tensiones. Sin embargo, logró que todo aquello pasase desapercibido para los demás. A última hora de la tarde, volvió a recibir una llamada de Maica.

- Lorena, he estado hablando con la gente y es extraño, pero nadie más ha visto a esta chica entrar en mi despacho.
- Ah… ¿sí?...
- Sí, pero lo cierto es que tampoco han visto entrar a nadie más. No sé que pensar Lorena, quizá están protegiendo a su compañera… ¿a ti te ha comentado alguien alguna otra cosa?
- Pues verás, Maica, así hablando con las compañeras... hay una chica que me ha dicho que lo ha visto también, pero claro, no se atreve a decir nada. Nadie quiere buscarse problemas.
- Ya, claro, comprendo. Pues nada, qué le vamos a hacer. Va a ser muy difícil hacer que la gente hable, y, sin más testimonios, tampoco podemos tomar medidas urgentes. De todas maneras, da igual. Esta chica tiene un contrato temporal y creo que vence en poco tiempo, así que lo mejor será que nos la quitemos de en medio sin más contratiempos ni problemas. Mientras tanto, habrá que vigilarla. Muchas gracias por tu colaboración Lorena.

     Tras colgar el teléfono, Lorena respiró aliviada. El haber salido indemne de su mentira, que hubo de mantener a toda costa, le alivió tanto, que ya casi se había olvidado de sus remordimientos de conciencia. Sin embargo, aunque se lo negase a sí misma, el poso negro que había depositado en su corazón todavía le pesaba.

     Unos minutos más tarde, Lorena recogió las cosas para marcharse. En la entrada, se encontró con la chica que, con los ojos iluminados, intercambiaba unas palabras con Jaime. “Que les jodan a los dos”. – Pensó. Y abandonó el local sonriente.



 

De Triunfadores - Capítulo XVIII


Cuarta Parte







     Felipe había oído hablar del sitio con anterioridad, pero nunca se había imaginado que él mismo traspasaría sus puertas, ni le apetecía ni lo más mínimo hacerlo. Aquellas curtidas mujeres de mirada perdida y claras intenciones, le causaban mucho reparo. Le resultaba todo tan frío y tan forzado que no se veía capaz de excitarse. Las chicas, en cambio, sonreían ante la perspectiva de aquel nuevo cliente joven, tímido y no mal parecido del todo. Gonzalo y Pereda, sin embargo, disfrutaban intensamente del momento.

- Voy a pedir unas copas, esta vez invito yo. – Dijo Pereda. – Lo mismo de antes ¿no?
- Sí, vale.

Felipe, al borde de la nausea, no pudo contenerse más.

- ¿Pero quién es este señor y qué tiene que ver con la empresa?
- Felipe ya te lo he dicho antes, es un inversor y va a meter su dinero en la empresa. De acuerdo que no es un negocio de los que hacemos habitualmente, pero es un modo de ingresar dinero. En todas las empresas lo hacen, y si quieres ser alguien en la vida, vas a tener que acostumbrarte, ¿me entiendes? Creía que iba a hacer de ti alguien importante. – Espetó Gonzalo algo enfadado.
- Pero esto es blanqueo de dinero, no es legal.
- ¿Pero a ti que más te da de dónde ha sacado este señor su dinero? A nosotros no nos involucra para nada. Nosotros compramos el edificio y se lo vendemos, más caro. Lo que quede de margen nos lo quedamos y aquí todos tan contentos. El señor tiene su edificio y nosotros pues un dinero que viene muy bien. ¿Vale? A nosotros no nos pueden coger en nada.
- Qué no es legal.
- ¡Y dale cojones! Que nosotros sólo compramos y vendemos un edificio, y ya está. El problema en todo caso lo tiene él. Felipe pensaba que estabas preparado para ser un ejecutivo pero ya veo que no. Oye chaval, si no te gustan las cosas mañana finalizamos el contrato y te buscas un trabajo de administrativo, que lo mismo te va más.
- No, no, Gonzalo…
- Me parece que va a ser lo mejor, me estás decepcionando, no te veo preparado.
- Que no Gonzalo, que no pasa nada, es sólo que es la primera vez que veo algo así. Lo siento.
- ¿Entonces confías en mi o no?
- Sí Gonzalo sí.
- Bueno vale, eres joven y te queda mucho por aprender, pero vamos a dejar las cosas como están. ¿Por qué no te vas con una chavala de estas, que ya verás como te relajan jejeje?
- Bueno yo…
- Venga, que invito yo.
- Es que no tengo muchas ganas. – Jajaja, ¿pero tú has visto cómo están? – En ese momento, regresó Gonzalo con las copas.
- ¿Qué habéis visto alguna ya? Yo he visto una mulata que está tremenda jeje.
- Jajaja, yo me las follaba a todas.
- ¿Y tú chaval?
- Yo, es que… a mí no me apetece mucho…
- Pero cómo que no, ¿tú las has visto?
- Jajaja, deja el chaval, que tiene una novia joven y muy guapa. Cuando lleve años con la misma como nosotros ya nos contará jajaja…- Felipe esgrimió una mueca de amargura al recordar a Aurora, la dulce mujer de Gonzalo. “Y esa pobre operándose para que este gilipollas ni la mire”.

- Emmm, Gonzalo, si no te importa, me gustaría marcharme a casa, no me encuentro bien.
- Jajaja, el chaval, que se ha impresionado. Bueno, esto es para pasarlo bien, si no te apetece te puedes marchar…
- De verdad que no me encuentro bien, lo siento.
- Bueno chico, vete a casa no te preocupes, nos vemos mañana.
- Hasta mañana.

- ¡Pero ya te vas guapo! – Felipe apuró el paso al escuchar los reclamos. Para cuando consiguió llegar a su casa, el pretendido dolor de cabeza se había transformado en una realidad. Se tumbó sobre la cama, pero no consiguió cerrar los ojos. “Esto no es normal, no es normal”.