logotipo

img_google
El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
Acerca de

Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

Enlaces
Información sobre la burbuja inmobiliaria: lo que no te cuentan en los medios de comunicación.
Enlaces de interés variados.
Los mejores blogs
Sindicación
 

De Triunfadores - Capítulo XXI


Cuarta Parte









     Para sorpresa de Felipe, Niko comentó que había quedado con sus amigos en el centro, en la misma zona que él a veces frecuentaba. Por un instante se inquietó pensando que podría encontrarse con alguno de sus conocidos, pero no quería echarse para atrás. De todos modos, sus amigos tampoco estaban allí cuando los necesitaba.

     Después de dejar el coche aparcado, caminaron un rato por las iluminadas y pobladas calles, que por la noche lucían en su máximo esplendor. Finalmente llegaron al local donde Niko había quedado. Se trataba de una cervecería irlandesa de ambiente abigarrado, en el que se apreciaba una curiosa mezcla de españoles, turistas e inmigrantes de diversa condición. Felipe recordó haber estado alguna vez en ese sitio anteriormente.

- Mis amigos están abajo.

     En la planta baja del pub, se habían habilitado unas amplias mesas y el ambiente era mucho más tranquilo. Felipe siguió a su acompañante hasta la mesa que sus amigos, gracias a la fortuna, habían logrado ocupar. Dentro del grupo, sólo le resultó familiar la figura de Pavel. Éste muchacho, aunque también alto y fuerte, quedaba aún muy lejos del atractivo animal de Niko, que arrastraba miradas a su paso. Con respecto a los demás, un chico y dos chicas, no sabía nada.

- Son rusas. Las ha invitado Pavel, a ver si consigue algo. – Niko le guiñó un ojo. Efectivamente, Pavel se afanaba en mantener una conversación animada con ellas. El otro chico, en cambio, permanecía distante, callado. Felipe pensó que aquellas chicas no hacían mucho honor a la afamada belleza de las mujeres de su país. No estaban mal, no, pero carecían del encanto magnético de la guapa Roxana, a la que él consideraba mucho más atractiva.
- Chicas, os presento a Felipe.
- Holaaaa, hola ¿qué tal? Sentaros aquí. – Ambas giraron su atención de inmediato hacia los recién llegados, que parecían ser mucho más de su interés. Felipe, en su condición de español burgués, podía ser considerado un caramelito por ellas. Niko, por su parte, era el hombre más atractivo de la mesa.
- ¿No tomáis nada?
- Sí, ahora pedimos.

- Parece que les interesamos ¿eh?
- Sí, eso parece.
- Tú qué, ¿te animas?
- No estoy de humor, además, ya sabes que tengo novia.
- Ya, ¿y?
- ¿Cómo que “y”?
- Jajaja, vale tío, ya te conozco.
- ¿A ti no te interesan?
- No están mal, pero a mí me gustaría pillar otra cosa.
- Jajaja ¿sí? ¿Has pensado en alguien?
- No, en nadie en particular, pero me gusta conquistar guapas españolas. He visto como me miran, sé que les pongo, pero me tienen miedo porque soy rumano. Esto pone más emocionante la cosa. Para enrollarse conmigo tienen que vencer sus miedos. Una chica como esa que está sentada ahí, con cara de niña buena, ¿la ves? Es guapa, es española, y seguro que me tiene mucho miedo jejeje.
- No sé tío, tiene una mirada muy triste. – Dijo Felipe tras observar a Adaina.
- Sí, se nota que el tío ese no sabe tratar a las mujeres. Si yo tuviera novia, seguro que no tenía queja jejeje.

     Adaina sentía como sus fuerzas flaqueaban a medida que transcurría el tiempo. No se sentía con ánimos para continuar con la farsa y decidió marcharse.
- Jaime, estoy muy cansada. Creo que me voy a casa.
- Muy bien, como quieras.
- Bueno, pues ya nos veremos.
- Ya nos veremos. Hasta luego. – Jaime se despidió con un rápido y no muy efusivo beso en sus labios. Adaina observó con tristeza como la fisura que se había abierto entre ambos se agrandaba de un modo imparable. Con los ojos bajos, se encaminó hacia la planta de arriba, donde se encontraba la puerta. Jaime ni siquiera se había dignado a acompañarla hasta allí. Una vez en la calle, aceleró el paso hasta casi correr, quería huir lejos de los ojos de la gente, necesitaba el refugio de la soledad.

- Vaya, se nos ha escapado la perica. Pero mira, ahí hay otra.
- Sí, está buena.
- Ya ves, además es una pija, seguro que no me da ni la hora. Y mira que en mi país he tenido tías mucho mejores, pero aquí es lo que hay.
- No sé tío, lo mismo si lo intentas…
- Oye tío, ¿y si entramos al grupo los dos? Tú eres español y pijo también, seguro que si vienes tú se fían.
- ¿Entrarle a unas tías? ¿Pero qué dices?

Felipe ni se acordaba de cómo era aquello de entrar a las chicas.

 

De Triunfadores - Capítulo XXI


Tercera Parte






     Felipe, abandonado en un amplio sillón, no acertaba a moverse. No terminaba de asimilar lo que le había sucedido y se sumió en el abatimiento. El comportamiento de Lorena le había producido una gran confusión, no sólo por lo desagradable de la escena en sí, sino porque habían salido a relucir facetas del carácter de su novia que no conseguía encajar. Tal vez ella hubiera cambiado, o tal vez no hubiera descubierto la realidad hasta entonces, pero, fuera cual fuese el motivo, a Felipe no le importaba. Sólo sabía que no le gustaba y, lo que es peor, no sabía qué hacer de ahora en adelante. Quería a Lorena y había volcado gran parte de sus esperanzas e ilusiones en ella, ¿qué podía hacer cuando todo era diferente a lo esperado?

     Un rato después, cuando el tiempo logró devolverle un poco la calma, se encontró buscando de sí razones para la tranquilidad. Auto engañarse siempre resultaba más fácil y prometedor que aceptar la realidad. “Un arrebato” “Será el estrés” “No volverá a repetirse”. No se podía derrumbar un castillo sin violencia, ni despojarse de un amor sin miedo y sufrimiento. Sin embargo, el inconsciente no miente, y dentro de él quedaba un poso de inseguridad que le hacía estar alerta. Ya había advertido cambios desfavorables desde hacía un tiempo.

     La vida sin Lorena sería para él como adentrarse en un oscuro y desconocido territorio. La vida con ella, en las nuevas condiciones, también.

     El piso grande y acomodado empezó a resultarle frío y solitario. La ausencia de amigos cercanos e íntimos a los que acogerse cuando asomaban las dificultades, también. De todos modos, tampoco importaba, los hombres no hablaban de esas cosas.

¿Estaba solo? No. Todavía quedaba alguien.

- Hola, ¿qué tal? ¿Sabes quién soy?
- Sí.

     Felipe, que por fin se había decidido a dejar de lado sus imprescindibles camisas y se había enfundado una camiseta, llamó a la puerta. Roxana, quien le abrió con gesto compungido.

- Hola.
- Hola guapa, ¿qué tal estás?
- Bien.
- ¿Bien? Pues no te veo muy alegre.
- Bueno.
- Hola, qué pasa tío.
- ¿Qué tal? Cuanto tiempo sin venir por los bajos fondos.
- Emmm….
- Es broma jajaja, estarías ocupado con tu preciosa chica.
- Sí, así es.
- Bueno, yo si estuviera en tu lugar haría lo mismo. Pero pasa, ¿quieres una cerveza?
- Sí. – En dos pasos llegaron al salón. Roxana comentó algo a su hermano en su idioma, a lo que él respondió de igual modo. Después, la chica se dejó caer sobre el destartalado sillón con gesto mohíno.
- ¿Qué le ocurre?
- ¿Qué que le ocurre? Me he enterado de que esta semana no ha ido un día clase. No puedo permitirlo. No sabe lo que se está jugando.
- Es muy joven, son cosas de críos.
- Es diferente. Nosotros no tenemos muchas oportunidades. Mira, yo ya estoy perdido, pero tengo que conseguir que ella haga algo con su vida. Hoy no sale. – Niko fue a buscar las cervezas, mientras tanto, Felipe se sentó en el sillón. Le dio pena la muchacha.
- ¿Estás bien?
- Sí. Mi hermano no entiende nada.
- Lo hace por tu bien.
- No es justo, él no es mi padre. ¿Por qué no me deja en paz? Yo sé lo que tengo que hacer, soy mayor.
- Algún día lo comprenderás, y lo mismo hasta le das las gracias. – Ella se acurrucó todavía más.
– ¿Pero tú no tendrías que estar estudiando? Pues venga.
- Es que no me apetece.
- ¿Qué no? ¿Y qué va a pensar Felipe de ti? Mira lo bien que le va a él y a su novia por que han estudiado. – No fue necesario añadir nada más. Ella se levantó con rabia y se marchó.
- ¡Qué críos estos! Bueno, ¿y qué es de tu vida? ¿Cómo no estás con tu chica?
- Mejor no me hables de ella.
- ¿Cómo? ¿Qué ha pasado?
- Hemos tenido una pelea.
- Bueno, pero eso es normal ¿no? Mañana lo arregláis con un par de polvos.
- Las cosas no siempre son así.
- ¿Que no? Ya lo verás. ¿Vienes a dar una vuelta?
- Vale.

     Adaina, quieta, silenciosa, se esforzaba por mantener la serenidad, mientras que Jaime, Carlos y otros amigos hablaban y se entretenían tranquilamente. Quería distraerse, pero el bullicio que había a su alrededor parecía desaparecer por momentos. Nada le importaba tanto como lo que ocurría en la mesa.

     Jaime, tan efusivo otras veces, ese día se mostraba casi indiferente. No mantenía contacto físico con ella, no tomaba sus manos, ni rozaba su cuerpo, ni mucho menos la besaba. Sólo de vez en cuando intercambiaba alguna palabra insustancial con ella. El cambio era más que evidente y le afectaba, pero no le quedaba otra carta que jugar, así que mantuvo el tipo contra viento y marea.