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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo XXII



     La secretaria se dio la vuelta y las puertas se cerraron tras Lorena, que quedó sola en medio de la sala de reuniones. Observó la frialdad del lugar donde se encontraba. Despojadas de presencia humana, aquellas grandes salas daban una imagen de solemnidad que impresionaba un poco. Lorena ni siquiera se atrevió a tomar asiento. Para hacer tiempo, extrajo un pequeño espejo de su bolso y comprobó su maquillaje. Sus ojeras, cada día más acentuadas, continuaban bien cubiertas.

     Un día después de la discusión, había conseguido hablar con Felipe, que no fue capaz de resistirse a su sincero y profundo arrepentimiento, la quería demasiado. A pesar de la tranquilidad que esto le daba, seguía sin poder conciliar bien el sueño por las noches. Había decidido rechazar el uso de pastillas en lo sucesivo, así que sin otra solución, día a día iba acumulando un poco de cansancio.

     De pronto, un golpe seco le hizo despertarse del ensimismamiento. Se cerró la puerta y apareció sonriente Juan Manuel.

- Hola Lorena, buenos días.
- Hola Juan Manuel, ¿qué tal estás?
- Bien. ¿Y tú?
- Bien también. – Ambos sonrieron.
- Ya veo que estás bien. – Dijo Juan Manuel, al tiempo que enviaba una mirada profunda a Lorena. Ella se sintió incómoda. - ¿No vienen los demás? – Preguntó Lorena.
- No, la reunión la tendremos nosotros.
- ¿Qué raro, no? llevo toda la semana hablando con Carmen.
- Lo sé, no te preocupes Lorena, estoy al tanto de todo. – Lorena comenzó a sospechar que aquella situación no era normal del todo.

- Señorita, pase a mi despacho. – Adaina, sorprendida, siguió al Jefe de Recursos Humanos sin rechistar. No estaba acostumbrada a relacionarse con la directiva de la empresa.
- Siéntese, por favor. Señorita, como sabe, el contrato que firmó usted con esta empresa está a punto de finalizar.
– Bueno, pues debo comunicarle que, en vista del interés que ha puesto usted en su trabajo y en esta empresa, hemos decidido no proceder a su renovación. ¿Tiene algo que decir?
- No.
– Muy bien, pues en ese caso no tengo nada más que decirle. En breve recibirá su liquidación. Por cierto, debido a que lleva usted seis meses en la empresa, le corresponden por derecho quince días de vacaciones, con lo cual, no es necesario que se incorpore mañana a la empresa.

Adaina, fuertemente impresionada, se dirigió a su mesa con pasos temblorosos y los ojos como platos. “¿Será cabrón? ¿Pero qué borde!
- ¿Te ocurre algo?
– No, bueno, sí.
- ¿Y eso?
– No me van a renovar el contrato.
- ¡Vaya! Lo siento mucho Adaina. ¿Quieres que te traiga algo?
– No gracias. – Bueno, pero si necesitas algo me lo dices ¿de acuerdo?
– Vale. – La compañera contempló a la chica con lástima y se marchó. Adaina, entre tanto, regresó al puesto que ocupaba habitualmente, aunque tenía ganas de cualquier cosa menos de trabajar. Ya todo daba igual, se tenía que marchar de ese trabajo en el que no se encontraba mal. Lo peor, la dureza con la que se habían dirigido a ella. “¿Pero qué habré hecho? ¿Qué es eso del poco interés?”. Por más vueltas que le daba no lograba encontrar cuál había sido su error, así que todo le pareció una tremenda injusticia. “Aquí no aguanto más, ¿para qué?”. Con los ojos enrojecidos, se dispuso a recoger sus cosas y a marcharse.

     En contra de lo que Lorena temía, la reunión transcurrió con mucha seriedad. Sin embargo, había algo que le impedía bajar la alerta, y eran las miradas profundas e intensas que le dirigía Juan Manuel. “Uff, espero que no pase nada”. Se jugaba mucho con ese cliente, pero no recibió ningún comentario dudoso más. Nada podía hacer mientras Juan Manuel no traspasase la línea.

     Cuando llegó a la boca del metro, no pudo entrar, su cuerpo le pedía andar, seguir adelante, tenía mucho sobre lo que pensar. “A ver qué le digo ahora a mi madre”. Una avalancha de preocupaciones nuevas había caído sobre ella, que de repente tenía que reorganizar su vida, buscar otro trabajo, dar muchas explicaciones, y todo ello, bajo la sombra de la inseguridad, el temor que proporciona el haber fracasado. También era fuerte la pena que le producía abandonar lo conocido, aquello a lo que se había acostumbrado, las personas de las que se había encariñado, y sobre todas ellas su Jaime. Su semblante se ensombreció aun más. “¿Le volveré a ver alguna vez?”. Sus esperanzas no eran muchas, debido a que el contacto entre ellos prácticamente había desaparecido. Él no llamaba, y ella lo intentó alguna vez, pero no encontró respuesta. Sin embargo sus sentimientos eran fuertes y le costaba muchísimo trabajo hacer desaparecer al chico de ellos, aunque tuviera que limitarse a observarle de lejos y suspirar.

- Lorena, ¿qué tal han ido las cosas?
- Bien Maica, Juan Manuel está contento con el servicio.
- Muy bien Lorena muy bien, menos mal.
- ¿Y eso?
- Pues es que esta semana se han dado de baja dos clientes, las cosas no van bien.
- ¿Qué me cuentas? ¿Y quiénes son?
- Ahora vamos a tener una reunión y lo hablamos. ¡Ah! Por cierto, al final han despedido a Adaina.
- Vaya, qué mal…
- Bueno Lorena, tú has hecho lo que tenías que hacer. No había más remedio.
- Ya… - Lorena quería sentirlo, pero ciertamente le daba igual. Sólo se preocupaba por sus problemas, la crisis de los clientes y las miradas penetrantes de Juan Manuel, que conservaba muy bien en su memoria.

 

De Triunfadores - Capítulo XXI


Quinta Parte






     Lorena, encerrada en su cuarto, intentaba relajarse, pero la angustia aumentaba en su interior. “¿Pero qué he hecho?” Desde el momento en que abandonó la casa de Felipe, comprendió que había cometido una terrible equivocación. Las imágenes de lo sucedido no dejaban de girar en su cabeza. El estrés, el exceso de trabajo, la falta de sueño… No, ninguna razón era suficiente para justificarlo. Pero tenía que recuperar a su Felipe, tenía que intentarlo. Encendió la luz, cogió su teléfono y llamó… esperó… saltó el contestador, su mano empezó a temblar. Volvió a marcar otra vez… pero fue igual, se agitó, una gota de sudor brotó de su frente. “No, no por favor” “Se ha enfadado de verdad”. Sus nervios se dispararon y se puso a dar vueltas por el cuarto. Notó el calor. “Ay Dios mío que le pierdo” “¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?” “Me tengo que tranquilizar, él me quiere, él no me dejará así por que sí, se puede hablar, seguro que se puede hablar, mañana hablaremos”. Pero sabía bien que no podría calmarse, así que tomó una inesperada decisión, se dirigió al cuarto de su hermana, que había salido, y empezó a rebuscar en su cajón hasta encontrar su caja de Tranquimazín. Lorena nunca fue partidaria de las pastillas, que su hermana utilizaba en época de exámenes, pero no podía más. Detestaba ver cómo las emociones la desbordaban, e incluso la alejaban de todo lo que más quería. “Yo no soy así, ¿qué me está pasando?”


     En la mesa de Felipe, las bebidas empezaban a surtir efecto. Las bromas de los chicos fueron subiendo poco a poco de volumen, mientras que las chicas intentaban acercarse a sus objetivos. La rusa de Pavel, que le había echado el ojo a Niko, había comprendido a donde debía dirigir sus esfuerzos si quería conseguir éxito, así que retornó a su primer amigo. La otra, entre tanto, intentaba entablar conversación con Felipe. Pero éste se veía acosado por más frentes.

- Tío, ¿por qué no quieres que hablemos con ellas?
- Porque tengo novia.
- ¿Pero no te habías enfadado? Además, da igual, sólo es hablar.
- Que no tío, que me da mal rollo.

- ¿Y qué haces en tú trabajo guapo?
- Estoy en Administración.
- Vamos, que manejas el dinero ¿eh? Jejeje.

- Lo que pasa es que te da corte. Tío, que no pasa nada, te lo digo yo.

- ¿Cuántos años tienes?
- 28.
- Pues es muy buena edad para un hombre, jejeje.

- Oye, se me ocurre una idea, ¿por qué no vas a la mesa y le dices a la chica que le invito a una copa?
- ¿Pero no te estoy diciendo que no?
- Que no tío, que no te enteras, le dices que soy YO el que invita, que vas de mi parte. Así quedas fuera del lío.
- ¿Y por qué no vas tú?
- Te lo he dicho antes, porque tú eres español y tienes pinta de buen tío, así se fiarán más. Venga tío, que no pasa nada.
- Bueno vale, se lo diré porque es de tu parte, yo no quiero saber nada.

     Felipe se acercó al grupo de chicas mientras Niko, expectante, observaba la jugada con atención. Tras escuchar las palabras de Felipe, la guapa se giró sobre su asiento y echó un vistazo a su pretendiente, que pareció ser de su agrado, pues desplegó una amplia sonrisa. Después hizo un gesto de afirmación. Niko, pleno de satisfacción, también sonrió al tiempo que alzaba el pecho.

- Ha dicho que sí.
- Gracias colega, eres un amigo. – Niko partió a tomar posesión de su conquista. Al marcharse, la rusa Irina se aproximó un poco más a Felipe. No le disgustaba la chica, que tenía una mirada dulce, pero Felipe quería demasiado a Lorena. De todos modos, le resultó simpática, así que optó por sincerarse.

- Tengo novia, pero no estamos pasando por el mejor momento.
- ¿Y eso? ¿Qué ha ocurrido?
- Hemos tenido una pelea fuerte.
- Vaya, que pena, ¿y por qué?
- Ha sido por el dinero. Ella quería comprar un coche, y a mí no me parece el mejor momento.
- Pero… ¿eso no lo podéis hablar?
- Eso pensaba yo, pero ella se ha enfadado mucho, ha sido imposible.
- Bueno, ¿y qué vas a hacer?
- No sé, yo quiero hablar las cosas, pero no me ha gustado nada como se ha puesto, esos gritos… cada vez que lo pienso me pongo fatal. No lo entiendo.
- ¿Es siempre así?
- No no, qué va, antes no era así para nada. Ha cambiado en los últimos tiempos, cada vez está de peor humor y no me gusta nada.
- A esa chica le pasa algo.
- Ya pero… ¿el qué?
- No lo sé, pero la gente no cambia así porque sí. Ahí hay algo extraño.

     Se hizo el silencio, Felipe comprendió que había algo serio y cierto en las palabras de la chica. De pronto, ella reaccionó, se acercó un poco más y rozó con su muslo casi descubierto la pierna de Felipe.

- Pobrecito… si quieres tomamos algo… - Pero Felipe, que adivinó las intenciones, tuvo que echar el freno. Sentía una cierta atracción, pero no estaba de humor, ni quería dejarse caer en tentaciones que más adelante lamentaría. Él no era así.
- Bueno, no sé… voy al baño. – Una vez lejos de la sala, recuperó la cobertura de su móvil. En ese instante descubrió los mensajes que le avisaban de las llamadas perdidas de Lorena. Fueron suficientes para hacerle sentir su presencia allí mismo. Comprendió que no podía seguir en aquella turbadora situación, donde ni siquiera contaba con el apoyo de Niko. Lamentó no poder disfrutar de la compañía de aquella chica, aunque sólo fuera para aliviar sus penas por unos instantes, pero ella quería algo más, le resultó imposible. Se marchó.