http://www.anamariacuesta.es
Antes salía muy bien en los buscadores, pero ahora no sé, ha desaparecido, si alguien me puede decir algo...
Por cierto, el editor para links de este blog no funciona bien, por eso no he podido enlazarla correctamente, lo siento por las molestias.
Besos
- Es Juan Manuel Ferrero.
- Vale, pásame la llamada.
- Hola Lorena, buenos días ¿qué tal?
- Bien gracias, dime.
- Tengo que hablar contigo esta noche, ¿quedamos para cenar?
- Bueno, verás, es que esta noche no puedo, he quedado, pero vamos, puedo hacerte un hueco esta tarde si es tan urgente.
- Tiene que ser esta noche.
- Pero Juan, es que no puedo…
- Nada, déjalo, tendré que buscarme otra empresa que me dé mejor servicio.
- ¿Pero por qué dices eso? Sabes que siempre estamos aquí, trabajando para ti.
- No Lorena, los clientes preferenciales deben tener otro trato.
- Y no te quepa duda de que tú lo eres, pero es que me has pillado por sorpresa, así, sin avisar, compréndelo hombre.
- Ya veo que no tienes mucha disponibilidad. ¿Y así quieres llegar a Directora Comercial?
- ¡Pero Juan Manuel! ¡Vamos! A mí no me importa trabajar más horas, tú lo sabes, pero necesito que me digas las cosas con tiempo, para que no haya problemas, sólo te pido eso.
- Bueno Lorena, de acuerdo, entonces ¿podrías mañana?
- Sí, vale, mañana, ¿a que hora sería? ¿Quieres pasarte por la oficina?
- A la misma hora, sería para cenar.
- De acuerdo, como quieras… “Dios mío, que paciencia hay que tener”.
El día del evento, Lorena decidió darle un vuelco a la imagen que mostraba en los últimos tiempos. Se enfundó el traje más serio que tenía, junto con una camisa abotonada hasta el cuello y, para darle más seriedad al conjunto, se recogió el pelo y suprimió casi todo el maquillaje. Lo que se le venía encima era ya más que evidente y se preparó para afrontarlo. Tanta insistencia con lo de la cena no era normal, y menos teniendo en cuenta las insinuaciones que había escuchado antes, las mismas que ella había considerado broma. Estaba disgustada, no comprendía por qué tenía que ocurrirle aquello, estaba segura de no haber hecho nada para provocarlo. Tan sólo había realizado su trabajo como siempre, con la máxima dedicación, e incluso había tenido la suficiente inteligencia como para esquivar las indirectas dudosas. “¿Qué ha podido fallar?”.
Mientras esperaba a las puertas del restaurante, notó como sus piernas temblaban como una hoja, sin embargo, Lorena se mantuvo firme cuando Juan Manuel se acercó a ella y extendió su mano.
- Lorena, querida, siento lo de ayer, no tenía que haberte hablado de ese modo. Es que tenía muchas ganas de hablar contigo.
- Ya, bueno, vamos dentro.
Lorena, expectante, se guardó mucho de pronunciar palabra.
- Te invito a lo que quieras, ¿qué te apetece tomar?
- Ahora miraré.
- Me alegro mucho de que estemos aquí.
- Bueno, ¿y de qué querías hablar?
- Te he traído algo, un regalo.
- ¿Un regalo? ¿Y por qué?
- Para que veas que estoy muy contento contigo. Toma.
- No puedo aceptarlo.
- Si no lo haces me ofenderé. Cógelo.
- Vaya, es impresionante, ¿es de oro?
- Sí.
- Uf, no tenías por qué, no debo…
- Sí por favor, quiero que lo uses. Ese es el motivo de la cena, quería regalártelo.
- Pues no entiendo, pero bueno, muchas gracias…
- De nada Lorena, te admiro mucho, más de lo que tú piensas… de hecho… me gustaría que me dieses una oportunidad…
- ¿Pero qué dices? No entiendo…
- Que me interesas.
- No, no, no, no puede ser, tú sabes que tengo pareja, ¿y tú? ¿No estabas casado?
- No Lorena, me estoy separando, y tú me gustas mucho.
- Pues ya te he dicho que no puede ser, lo siento.
- Muy bien Lorena, si eso es lo que quieres, no pasa nada. Te ofrezco mi amistad y no habrá nada más. Pero si te decides a probar, dímelo. Piénsatelo, tengo mucho que ofrecer Lorena, no te lo puedes imaginar, trabajo, dinero, en fin, no me conoces Lorena, estarías como una reina. Pero no te preocupes, que respetaré tu decisión, y te repito, cuenta con mi amistad para lo que quieras.
- Bueno Juan, gracias, me dejas más tranquila, no me gustaría perder la buena relación que tengo contigo.
- Eso no ocurrirá, no sería justo, yo te aprecio realmente.
- Creo que debería devolverte el reloj, no tiene sentido que lo acepte.
- No, no, Lorena, por favor, te lo regalo porque quiero, no significa otra cosa. Tómatelo como el regalo de un amigo, me gustaría mucho que lo tuvieses, de verdad. Ya te he dicho lo que te tenía que decir, y respetaré tu decisión. Bueno, y ahora… ¿qué vas a querer para cenar?
- Hola ¿que hay?
- Hola Felipe…
- ¡Roxana! ¿Qué te ocurre?
- Felipe… estoy muy mal… Tengo un problema… estaba con un chico… y… y… me fui con él, en el coche… luego intentó hacerme cosas… pero yo no quería… entonces intentó por la fuerza… como vio que no podía… me trató mal… me empujó y me echó del coche, me dejó tirada en la calle… no tengo dinero… no sé como volver a casa….
- ¿Pero quién es? ¡Qué cabronazo!
- Uno que conozco… Felipe no puedo ir a casa… ¿vienes a buscarme?
- ¡Dios! ¡Ojalá pudiera! Pero es que no puedo, estoy en el cumpleaños de mi novia.
- Por favor te lo pido, no puedo volver a casa… ¿qué hago?
- ¡Llama a tu hermano por favor!
- ¡Felipe! ¡No puedo! ¡Si se entera de que ando con chicos me matará!
- ¡No! ¡No digas eso! ¡Eso no va a ocurrir, te ayudará! ¡Tienes que llamarle! ¡Roxana por favor! Confía en mí.
- No lo entiendes. – Y apagó el teléfono, dejando a Felipe sumido en un estado de nerviosismo y desolación muy difícil de ocultar.
“Dios, no puede ser, no puede ser, ¿qué hago? ¿Y si le ocurre algo?” – Mientras buscaba una solución, Felipe entró precipitadamente en el pub. No podía parar de moverse mientras pensaba, e incluso le entró calor, tuvo que enjuagarse el sudor de la frente.
- Felipe
- ¡Qué!
- ¿Estás bien?
- Sí, bueno, es que me ha llamado mi madre, parece que no está bien…
- ¿Y eso? ¿Qué le ocurre?
- Pues es que no sé, no me he enterado bien con el ruido, me parece que voy a tener que salir otra vez a llamar.
- Espera, voy contigo…
- No, no, ahora vuelo, un segundo. – Felipe salió a la calle móvil en mano dispuesto a arreglar como fuese la situación. Le preocupaba seriamente el estado de la chica, así que para bien o para mal, tenía que actuar.
- ¡Niko, tienes que llamar a tu hermana! ¡De prisa, es urgente!
- ¿Pero qué ocurre?
- ¡Le ha pasado algo muy malo, llámala ahora mismo por favor!
Nada más colgar el teléfono, Felipe se dio la vuelta para regresar y se encontró, frente a frente, con una Lorena enrojecida y furiosa.
- ¿Quién es ese Niko?
- Un amigo de la familia, que está en casa.
- Claro, ¿y qué es eso de que llame a su hermana?
- Sí, es para que vaya con el coche…
- ¡Tú me estás mintiendo! ¡Tú te crees que soy gilipollas!
- ¡Qué no Lorena, qué no! Que a mi madre le ha dado un mareo…
- ¡Eso es mentira! ¡Tú me estás ocultando algo! ¿Me vas a decir de una vez quiénes son esos?
- ¡Ya te lo he dicho! Que son amigos de la familia…
- ¡No me lo creo! ¿Desde cuándo se quedan tus padres con amigos a estas horas?
- ¡Mira Lorena, si no confías en mí me lo dices de una vez y lo dejamos!
- Pero Felipe…
- ¡Ni pero ni nada! ¿Quieres que lo dejemos sí o no?
- ¡Basta ya Felipe! No es eso, no es que no confíe en ti, es que esto es muy raro, no digas que no joder.
- Vale, sí, tienes razón, perdóname por no habértelo explicado todo bien desde el principio, pero es que estaba muy nervioso, y no quería preocuparte, ni estropearte la fiesta con la movida.
- Bueno bueno, pero tenías que habérmelo dicho Felipe, no hubiera pasado nada, y hora qué, ¿vas a ir a verla?
- No, no hace falta, ya te dije que está bien atendida.
Felipe se sintió extrañamente tranquilo después de la pelea. No lamentó en absoluto haber mentido, ni chantajeado, y sólo se preocupó los resultados, ya había tenido suficientes problemas por culpa de los demás últimamente. Algo en su interior empezaba a cambiar. Un tiempo después, tuvo la necesidad de saber lo que había pasado. – Voy un momento a llamar otra vez, a ver que ha pasado al final. – Vale Felipe. – Sí, sí, ya estamos en casa. Roxana está bien, no te preocupes, ya te contaré. – Felipe dio por sentado el enfado de Roxana, pero lo único que le importaba en ese momento era su bienestar, ya que la chica era demasiado joven para apreciar el cariño y la protección que le proporcionaba su hermano. Se alegró.





