logotipo

img_google
El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
Acerca de

Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

Enlaces
Información sobre la burbuja inmobiliaria: lo que no te cuentan en los medios de comunicación.
Enlaces de interés variados.
Los mejores blogs
Sindicación
 
De Triunfadores - Capítulo XXVII


Segunda Parte






Adaina pasaba muchas de sus libres tardes descansando en su casa, o disfrutando de alguna actividad tranquila, como escuchar música, o repasar sus ejercicios de clase. Ahora que por lo menos contaba con una ocupación para las mañanas, estaba aprendiendo a disfrutar de ese poco frecuente placer en la vida actual llamado tiempo libre.

Se encontraba plácidamente recostada en su cama cuando sonó su teléfono. Al instante, sus ojos se abrieron como platos, era Jaime. No quería, no debía, temía contestar, pero…

- ¿Sí?
- Hola… Adaina… Soy Jaime. ¿Qué tal estás?
- Bien, ¿y tú?
- Bien, ¿cómo te va la vida? ¿Estás trabajando?
- No, ahora estoy haciendo cursos. Pero bien, aprendo cosas nuevas.
- Me parece bien, eres joven, tienes mucho tiempo por delante. Ya verás como encuentras algo mucho mejor.
- Eso espero. Y… bueno, ¿qué querías?
- Bueno, nada, saber como estás, me alegro de que estés bien.
- Gracias, pues sí, estoy bien.
- También quería preguntarte algo… tú, ¿tienes algún tipo de relación con Lorena?
- Lorena, ¿qué Lorena? ¿La de la empresa?
- Sí sí, esa misma. ¿Te llevabas mal con ella o algo?
- Pues ni bien ni mal Jaime. La verdad es que era un poco borde conmigo, no sé, me miraba por encima del hombro y tal, pero era así con más gente. Y nada más. ¿Por qué me preguntas eso?
- Bueno, verás, es que he sabido que ella ha sido la culpable de tu despido, dijo cosas que no están nada bien… Pero bueno, si no tienes relación con ella, déjalo estar. Oye, me alegro mucho de que estés bien, de verdad. Y quería decirte que… si alguna vez te hice daño, perdóname… espero que te vaya todo muy bien…

Felipe esperaba en el coche a Lorena cuando se le ocurrió una idea. Había pasado mucho tiempo desde el incidente de Roxana y no se le había ocurrido llamarla, pensó que continuaría enfadada. Pero no por ello lo había olvidado.

- Hola Roxana, ¿cómo te encuentras?
- Bien gracias, ¿y tú?
- Bien, bien, ¿estás mejor? Se lo dije a tu hermano, era necesario…
- Sí, lo sé. No te preocupes, él fue bueno, me ayudó. Hiciste bien.

Roxana le contó que se encontraba bien, que todo se había quedado en un susto. Su hermano fue a recogerla y la llevó a casa, sin reproches, sólo con atenciones. Parecía que ahora ella confiaba más en él. Felipe se sintió reconfortado y satisfecho al escuchar sus palabras. La chica parecía estar bien, y se le notaba más centrada. Después apareció Lorena.

- Cariño, ¿estás bien?
- Sí.
- Pues te veo mala cara.
- Vaya, bueno, la verdad es que no he tenido un día muy bueno en el trabajo.
- ¿Y eso? ¿Qué te ha pasado?
- Que la gente es muy mala cariño. Los compañeros me están fastidiando.
- ¿Y eso? ¿Qué te han hecho?
- Están empezando a extender rumores, y la gente me mira con unas caras… uffff.
- ¿Y qué es lo que dicen?
- Bueno es igual Felipe. Ahora prefiero olvidar.
- Pero cariño, me preocupa que te pase esto, ¿no me lo quieres contar?
- Ahora no cielo, ahora no, sólo necesito descansar. – Lorena abrazó a su novio como nunca. Felipe había permanecido ajeno a sus maniobras en el trabajo y eso era algo que ella, bajo ningún concepto, deseaba cambiar. No podía permitirse caer ante sus ojos, revelarle la verdad. Era el mayor apoyo que tenía. Felipe, apenado por su tristeza, no pudo evitar estremecerse, y tomó una decisión que probablemente luego habría de lamentar.
- Cariño, ¿sabes una cosa? Me han dado una prima en la empresa. He pensado que podíamos empezar a comprar esos muebles que querías. Cuando nos den el piso claro…
- ¿En serio? ¿No me digas? ¡Pero eso es genial! ¡Qué bien!
- ¿Estás contenta?
- ¡Sí! ¡Muchísimo! No me extraña nada, si es que tú vales mucho. Y me decías de Gonzalo… ¿ves cómo te aprecia un montón? Menos mal que me has hecho caso. – Felipe enmudeció por completo. Entre ellos, y sin que se hubiesen dado cuenta, se había establecido una invisible aunque enorme muralla de secretos, que crecía y crecía sin parar. Sólo el destino determinaría lo que habría de pasar.