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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo XXX


Primera Parte





Aquella espléndida y soleada mañana de mayo, Felipe llegó 5 minutos tarde a la oficina, algo que no tendría nada de particular si no fuera porque todas las miradas y cabezas se giraban a su paso para clavarse justamente sobre él. “¿Pero qué está pasando?”

Inquieto, asustado, se precipitó a su despacho y encendió su ordenador. Pero, tan rápido como lo hizo, alguien llamó a la puerta. Era el Director General.

- Buenos días Felipe.
- Buenos días señor Fernández.
- Tengo que hacerte una pregunta. ¿Tú sabes dónde está Gonzalo?
- No, lo siento.
- Como sabes, ayer no vino a trabajar.
- Ya… pensé que estaba enfermo.
- Lo cierto es que no dio ningún tipo de explicación. Ayer por la tarde llamé a su casa y su mujer me dijo que no sabía nada. Hoy tampoco se ha presentado por aquí. En fin, vamos a esperar, todo esto es muy raro.

Felipe se echó las manos a la cabeza en cuanto su interlocutor se dio la vuelta. “Ya está, ya se ha liado. ¿Qué va a pasar ahora?” A partir de entonces, se preocupó de un modo tal que fue incapaz de hacer nada a derechas. Para hacer más lamentable su situación, se sabía el centro de miradas de la oficina, por lo que no se atrevió ni a dar un paso fuera del acristalado cubículo. No le quedó más remedio que permanecer encerrado aguardando a que llegara la anhelada hora de salida.

El tormento de catastróficas premoniciones no le dio cuartel en todo el día. A última hora de la tarde, cuando se creía a punto de librarse, fue convocado por sus jefes. Apabullado y sudoroso, no tardo ni un minuto en presentarse al despacho del Director General, donde le esperaban varios miembros de la plana mayor con cara de pocos amigos. Tragó saliva y se preparó para recibir la peor de las noticias.

- Siéntate por favor. Felipe, tenemos que hablar contigo muy seriamente.
- Hemos revisado todos los movimientos de la empresa y resulta que el dinero que habéis solicitado para la inversión inmobiliaria no ha llegado al propietario.
- Sabemos que tú has tenido una gran implicación en este asunto. De hecho tú has presentado todos los papeles. ¿De quién era esa cuenta? ¿A dónde hemos hecho el ingreso?
- Y bien, ¿qué es lo que sabes? Habla.
- Bueno... yo… sólo sé que Gonzalo pensaba comprar un edificio, para revenderlo después. Nada más…
- ¿Cómo que nada más? ¿Dónde está Gonzalo? ¿Dónde está el dinero?
- Les prometo que no tengo ni la menor idea.
- Tú eres la mano derecha de Gonzalo. ¿De verdad pretendes hacernos creer que no sabes nada más? Habla de una vez.
- Yo no sé nada… sé lo juro, no tenía ni idea.
- Bueno chaval. Pues que sepas que vamos a poner este asunto ahora mismo en manos de la policía y que te las vas a tener que ver con ellos.

- ¡Pero que me dices!
- Lo que has oyes. Gonzalo se ha largado con el dinero y me ha dejado a mí solo con todo el marrón.
- ¡Dios! ¡Quién lo iba a decir! Con lo serio que parecía Gonzalo…
- ¿Serio? ¡Pero qué me estás contando Lorena! Ya te había dicho que no me fiaba de él, que lo que estaba pasando no era normal, pero tú nunca quisiste escucharme.
- ¿Pero cómo podía saberlo? Nunca me hubiera imaginado una cosa así. Felipe ya sabes que yo sólo pienso en tú bien…
- ¿En mi bien o en el tuyo?
- ¿Pero cómo me preguntas eso?
- ¡Déjalo Lorena! Estoy muy alterado. Vamos a ver qué pasa ahora. Pero no será nada bueno desde luego.
- ¡Lo siento Felipe! ¡Lo siento muchísimo! Espero que podamos solucionar esto de algún modo. No sé, algo tiene que haber. Lo más importante es que tú no tienes la culpa de nada cariño. Tienen que darse cuenta de eso. Si quieres buscamos la ayuda de algún abogado o algo.
- No sé. Ahora mismo no sé nada. ¡No puedo pensar! ¡Joder! ¡Estoy acabado!
- No cariño, por favor no digas eso. Todo saldrá bien ¡me oyes! Todo se va a arreglar.

La noche entera se convirtió en un sinvivir para Felipe, que no consiguió cerrar los ojos hasta el amanecer. Sin embargo, una hora después, las palpitaciones le sacudieron de ese estado. Apenas quedaban unos quince minutos para que sonara el despertador, así que, preso del nerviosismo, se decidió a saltar de la cama de una vez. Lo primero que hizo fue tomar una ducha fría para intentar aplacar su agitación, pero fue imposible. Después, decidió dejar de lado su café habitual para preparase una tila, pero siguió igual. Se planteó abandonar su trabajo, no volver nunca más, pero consideró que si lo hacía atraería hacia sí todas las sospechas, el remedio sería peor. Sin otra cosa más que hace que afrontar los hechos, fueran los que fueran, se dirigió a su trabajo.