<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/"><title><![CDATA[El Rincón de Denisa...]]></title><link rel="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated><entry><title><![CDATA[Triunfadores - Capítulo XXX]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Triunfadores - Capítulo XXX]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_143.htm"><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>Nada más hizo su entrada por la puerta un coro de murmullos insolentes jaleó su tránsito hacia el despacho. Se encerró sin dilación. Las manos le temblaban mientras intentaba en vano apretar las teclas, pero no tuvo que intentar esforzarse mucho más, porque acto seguido sus jefes llegaron para reclamarle.<br/><br/>- Felipe haz el favor de venir ahora mismo. <br/>- Te lo vamos a preguntar una vez más. ¿Qué sabes sobre este asunto?<br/>- ¡Nada! ¡Se lo juro! ¡No sé nada!<br/>- La denuncia ya está en curso. Ya se verá si sabes algo o no. De momento, hemos decidido tomar una serie de medidas cautelares. No podemos permitirnos que alguien como tú tenga acceso a cierta información, así que quedas relegado de todas las responsabilidades. A partir de este momento puedes continuar con nosotros pero como un simple administrativo, con la consiguiente disminución de categoría y sueldo. Además, quedas fuera del departamento de Administración. No te despedimos porque preferimos que te quedes por aquí hasta que se aclare la investigación. <br/>- ¡Pero esto es humillante! Quiero abandonar mi puesto inmediatamente. <br/>- Piénsalo bien Felipe, estás involucrado en un escándalo financiero importante, y no creo que puedas encontrar un trabajo decente en ningún sitio más. Por otra parte, si colaboras y se aclaran las cosas es posible que de aquí a un tiempo podamos llegar a un acuerdo favorable para todos. <br/>- No sé, no creo…<br/>- No estás en posición de elegir mucho más. Si realmente no tienes nada que ver con este asunto intentaremos solucionarlo todo del mejor modo posible. Piénsalo.  <br/><br/>     Felipe, lleno de pesar e incertidumbre, aceptó lo que le proponían sin más discusión. Lo cierto era que estando en medio de una investigación policial no tendría muchas oportunidades de recomponer su situación laboral. Se sentía acosado y degradado, pero las palabras acuerdo y solución le daban un pequeño rayo de esperanza. Quizá todo se resolviese al final de un modo adecuado y entonces podría marcharse con dignidad. ¿Pero y sí Gonzalo lo había preparado todo para inculparlo directamente? Sentía demasiado miedo como para actuar. <br/><br/>Lo que Felipe aún no comprendía era que la directiva de la empresa, en realidad, daba crédito a su inocencia. No podían mantenerlo en el lugar que ocupaba porque estaba efectivamente vinculado al grave robo, y ya no había vuelta atrás al respecto. Por otra parte, tampoco podían concederle el desagravio del despido porque perderían el único nexo que les unía al delincuente. Necesitaban, por tanto, tener al chico vigilado. Así fue como encontraron la solución alternativa de la recolocación, humillante para Felipe, pero oportuna para ellos. <br/><br/>Unos minutos más tarde, un Felipe terriblemente abochornado fue conducido a su nuevo puesto de trabajo, en el departamento de marketing, para lo que se le pudieran mandar. Las miradas entre reprobatorias y burlonas de sus nuevos compañeros se le clavaron como espadas. No se creyó con fuerzas para sostener el plan hasta el final. Después, para aumentar su pesadumbre, recibió la temida visita de la policía. Dos hombres uniformados le acompañaron a un despacho.<br/><br/>- ¿Qué relación tenía usted con el señor Gonzalo Márquez?<br/>- Era su empleado.<br/>- Sus compañeros afirman que también tenían una relación de amistad personal. <br/>- No.<br/>- ¿No? ¿No es cierto que usted ha tenido encuentros con el señor Márquez fuera del horario de trabajo?<br/>- Sí, pero siempre fueron por motivos de trabajo.<br/>- ¿Qué motivos de trabajo? Explíquese. <br/>- Gonzalo hacía negocios para la empresa. <br/>- ¿Qué clase de negocios? ¿Cómo la compraventa del edificio situado en la calle de los Dolores?<br/>- Sí…<br/>- ¿Qué implicación tenía usted en la compra de ese edificio?<br/>- Ninguna, yo me limité a cumplir las órdenes de Gonzalo.<br/>- ¿Pero no es cierto que usted preparó todos los papeles para que se realizara la compraventa?<br/>- Sí, pero lo hice todo según las instrucciones de Gonzalo. No sé nada más. <br/>- ¿Seguro que no sabes nada más? Pues verás, chaval, resulta que hemos investigado tus cuentas corrientes y hemos descubierto que has ingresado un cheque de Gonzalo. <br/>- Sí…<br/>- Sí ¿qué? ¿Por qué te pagó ese dinero?<br/>- No lo sé, dijo que era un regalo…<br/>- ¿Un regalo a cuento de qué? ¿Por qué?<br/>- Dijo que era por mi trabajo, por lo que le había ayudado. <br/>- Tú has colaborado en este asunto. <br/>- ¡No! ¡Se lo juro! ¡Yo no he tenido nada que ver! <br/><br/>Felipe tenía la moral por los suelos y ya empezó a creer que no había mayor vergüenza en el mundo que la que estaba pasando en ese momento. Pero, por fortuna, pronto llegó la hora de la comida. Pudo escaparse, correr. Cuando logró esconderse en el rincón de una oscura y lejana taberna, intentó evadirse de sus problemas con los tragos amargos de una copa. Pero su intento de escapar fue inútil, ya que a los pocos minutos de sentarse observó aterrado una breve noticia que venía en la prensa. <br/><br/>“Director Financiero desfalca 300.000 euros de su empresa” <br/><br/>Terminó la copa de golpe y salió a caminar. Su agobio era infinito, como si se viera envuelto en una persecución que nunca hubiera de terminar. Desolado, desesperado, comprobó que se acercaba la hora de regresar a su trabajo. Deseó con todas sus fuerzas que se le tragara la tierra, pero no lo podía evitar, si se ausentaba confirmaría las sospechas. Quería gritar, llorar, pero sólo le quedaba tragar. Rojo como un tomate, hizo su aparición en la oficina. Su estado de pesadumbre era tan evidente que nadie se atrevía a acercarse a él para encargarle tareas, lo cual agradeció mucho, dado que hubiera sido incapaz de concentrarse. <br/><br/>Al finalizar el día, acudió corriendo al refugio de los brazos de su novia. La abrazó con furia, con pasión, como lo hacía en los primeros tiempos, como si fuera lo único que le mantuviese atado a la tierra. Ella, sabedora de su necesidad, intentaba consolarle con su ternura y compasión. Le producía una gran pena ver a su hombre reducido a ese estado y le ofreció todo su cariño, porque era más cariño que emoción lo que le unía a él en ese momento. Por lo demás, en su fuero interno no podía dejar de pensar en que les quedaba tan sólo un mes para que les entregaran el piso, y la degradación laboral de Felipe le sentó como un jarro de agua fría. ¿Ahora como iban a pagar? Un problema más, y un problema para ella sola además. ¿Qué podía exigirle a Felipe con lo mal que se encontraba? Suspiró pensando en su mala suerte. <br/><br/>Por la noche, ya bien lejos de la intromisión ajena, Felipe logró por fin explotar y llorar, en un vano intento de soltar el inmenso peso que le había caído encima al margen de su voluntad. Estaba desesperado y no paraba de imaginarse a si mismo preso, o en el paro y sin nadie a quien acudir para reclamar. “¿Qué puedo hacer? ¿Cómo lo voy a solucionar?” <br/></FONT><br/><P>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXX]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXX]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_142.htm"><![CDATA[<br/><P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>Aquella espléndida y soleada mañana de mayo, Felipe llegó 5 minutos tarde a la oficina, algo que no tendría nada de particular si no fuera porque todas las miradas y cabezas se giraban a su paso para clavarse justamente sobre él. “¿Pero qué está pasando?”<br/><br/>Inquieto, asustado, se precipitó a su despacho y encendió su ordenador. Pero, tan rápido como lo hizo, alguien llamó a la puerta. Era el Director General. <br/><br/>- Buenos días Felipe. <br/>- Buenos días señor Fernández. <br/>- Tengo que hacerte una pregunta. ¿Tú sabes dónde está Gonzalo? <br/>- No, lo siento. <br/>- Como sabes, ayer no vino a trabajar. <br/>- Ya… pensé que estaba enfermo. <br/>- Lo cierto es que no dio ningún tipo de explicación. Ayer por la tarde llamé a su casa y su mujer me dijo que no sabía nada. Hoy tampoco se ha presentado por aquí. En fin, vamos a esperar, todo esto es muy raro. <br/><br/>Felipe se echó las manos a la cabeza en cuanto su interlocutor se dio la vuelta. “Ya está, ya se ha liado. ¿Qué va a pasar ahora?” A partir de entonces, se preocupó de un modo tal que fue incapaz de hacer nada a derechas. Para hacer más lamentable su situación, se sabía el centro de miradas de la oficina, por lo que no se atrevió ni a dar un paso fuera del acristalado cubículo. No le quedó más remedio que permanecer encerrado aguardando a que llegara la anhelada hora de salida. <br/><br/>El tormento de catastróficas premoniciones no le dio cuartel en todo el día. A última hora de la tarde, cuando se creía a punto de librarse, fue convocado por sus jefes. Apabullado y sudoroso, no tardo ni un minuto en presentarse al despacho del Director General, donde le esperaban varios miembros de la plana mayor con cara de pocos amigos. Tragó saliva y se preparó para recibir la peor de las noticias. <br/><br/>- Siéntate por favor. Felipe, tenemos que hablar contigo muy seriamente. <br/>- Hemos revisado todos los movimientos de la empresa y resulta que el dinero que habéis solicitado para la inversión inmobiliaria no ha llegado al propietario. <br/>- Sabemos que tú has tenido una gran implicación en este asunto. De hecho tú has presentado todos los papeles. ¿De quién era esa cuenta? ¿A dónde hemos hecho el ingreso? <br/>- Y bien, ¿qué es lo que sabes? Habla.<br/>- Bueno... yo… sólo sé que Gonzalo pensaba comprar un edificio, para revenderlo después. Nada más…<br/>- ¿Cómo que nada más? ¿Dónde está Gonzalo? ¿Dónde está el dinero?<br/>- Les prometo que no tengo ni la menor idea.<br/>- Tú eres la mano derecha de Gonzalo. ¿De verdad pretendes hacernos creer que no sabes nada más? Habla de una vez. <br/>- Yo no sé nada… sé lo juro, no tenía ni idea. <br/>- Bueno chaval. Pues que sepas que vamos a poner este asunto ahora mismo en manos de la policía y que te las vas a tener que ver con ellos. <br/><br/>- ¡Pero que me dices!<br/>- Lo que has oyes. Gonzalo se ha largado con el dinero y me ha dejado a mí solo con todo el marrón. <br/>- ¡Dios! ¡Quién lo iba a decir! Con lo serio que parecía Gonzalo…<br/>- ¿Serio? ¡Pero qué me estás contando Lorena! Ya te había dicho que no me fiaba de él, que lo que estaba pasando no era normal, pero tú nunca quisiste escucharme. <br/>- ¿Pero cómo podía saberlo? Nunca me hubiera imaginado una cosa así. Felipe ya sabes que yo sólo pienso en tú bien…<br/>- ¿En mi bien o en el tuyo?<br/>- ¿Pero cómo me preguntas eso?<br/>- ¡Déjalo Lorena! Estoy muy alterado. Vamos a ver qué pasa ahora. Pero no será nada bueno desde luego. <br/>- ¡Lo siento Felipe! ¡Lo siento muchísimo! Espero que podamos solucionar esto de algún modo. No sé, algo tiene que haber. Lo más importante es que tú no tienes la culpa de nada cariño. Tienen que darse cuenta de eso. Si quieres buscamos la ayuda de algún abogado o algo. <br/>- No sé. Ahora mismo no sé nada. ¡No puedo pensar! ¡Joder! ¡Estoy acabado!<br/>- No cariño, por favor no digas eso. Todo saldrá bien ¡me oyes! Todo se va a arreglar. <br/><br/>La noche entera se convirtió en un sinvivir para Felipe, que no consiguió cerrar los ojos hasta el amanecer. Sin embargo, una hora después, las palpitaciones le sacudieron de ese estado. Apenas quedaban unos quince minutos para que sonara el despertador, así que, preso del nerviosismo, se decidió a saltar de la cama de una vez. Lo primero que hizo fue tomar una ducha fría para intentar aplacar su agitación, pero fue imposible. Después, decidió dejar de lado su café habitual para preparase una tila, pero siguió igual. Se planteó abandonar su trabajo, no volver nunca más, pero consideró que si lo hacía atraería hacia sí todas las sospechas, el remedio sería peor. Sin otra cosa más que hace que afrontar los hechos, fueran los que fueran, se dirigió a su trabajo. <br/></FONT><br/><P>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXIX]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXIX]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_141.htm"><![CDATA[<P><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>Sólo quedaba un mes y medio para la entrega del piso, y Lorena por lo menos había encontrado el entretenimiento de la decoración y los muebles para abstraerse. Era su refugio, una ocupación que le servía para olvidarse durante algunas horas de sus problemas. Felipe, en cuanto a este punto, se dejaba llevar sin más, entendía tales asuntos como una obligación que no lograba despertar su entusiasmo. Es más, encontraba francamente aburrido el desfile de tiendas, precios y comparaciones. <br/><br/>Durante las noches, en el solitario abandono de su dormitorio, Felipe no podía evitar acordarse sus amigos los rumanos. Tenía un peso demasiado grande sobre sí, y guardar silencio le producía una sensación de ahogo. En su evasión, se imaginaba saliendo de juega con ellos, sorbiendo sus problemas a tragos, olvidándose de todo. Los duros y desnudos muslos de las chicas bailaban en su mente, y él casi sentía la firmeza de sus carnes entre sus manos. <br/><br/>Adaina, por su parte, se había quedado un poco trastocada tras la llamada de Jaime. Aquellas calurosas palabras de preocupación habían conseguido reabrir las heridas aún superficialmente cicatrizadas. Sus pensamientos empezaron a revolotear. “¿Entonces sentía algo por mí?” “¿Todavía lo sentirá?” Tres días y tres noches enteros pasó dándole rienda suelta a estas ideas, pero el autoengaño no duró mucho más. En definitiva, Jaime había dejado la conversación cerrada, sin esperanzas de reencuentro, ni de volver a hablar nunca más. Había sido dulce, pero también distante.<br/><br/>Había transcurrido un tiempo respetable desde que finalizaran sus relaciones y eso la ayudó a tomarse las cosas de una manera diferente, más racional. Lo que ya había aceptado anteriormente le resultó más fácil de aceptar en la época actual. Su recuperación, su ansia de vivir, no se detuvo ante este contratiempo. Ya no se quería amargar más, y menos ahora que tenía la oportunidad de guardar algo bonito de Jaime, un recuerdo que le ayudó a sentirse mejor consigo misma, menos utilizada. <br/><br/>Jaime, sabedor del daño que podía ocasionar a la chica, optó por retirase de su vida y continuar con su plan. No quería perjudicarla más, ni tampoco despertar unos sentimientos que no podía corresponder. De algún modo, algo había cambiado en él. Por lo demás, dejó de esparcir comentarios por la oficina. Esa fase ya había cumplido su cometido y la dio por finalizada. Ahora su objetivo principal consistía en hacerle saber a las personas importantes de la empresa, la directiva, la clase de empleada de confianza que tenían. El golpe maestro, el golpe final. Su mayor escollo constituía la falta de pruebas, pero, por más vueltas que le daba al asunto, no conseguía encontrar nada. Sólo le quedaba encontrar el modo de aproximarse a alguno de ellos, uno de los jefes. Si se ganaba su confianza podría revelar lo que fuera. <br/><br/>Pasaban los días y los anónimos en el trabajo no cesaban, pero a Lorena eso ya casi ni le importaba. Transcurría el tiempo y el misterioso amenazador no parecía mover ficha. Empezaba a creer que se trataba de una mala broma. A veces le contestaba, y a veces simplemente lo ignoraba. El problema radicaba en que, sin duda alguna, el autor de los mensajes estaba difundiendo la noticia por la oficina, y eso le generaba una creciente tensión. Quizá el mismo nada más podía hacer contra ella, pero si los otros se enteraban, antes o después el rumor podría alcanzar a quien ella no deseaba. Cada día lo notaba más en el trato, en los gestos. Departamento tras departamento, la voz iba circulando. <br/><br/>Armada con su espíritu de lucha, Lorena por fin se atrevió a dirigirse al informático. No le permitió acercarse a su ordenador, pero sí le inquirió acerca del modo de identificar una IP. Gracias a su consejo logró averiguar que se trataba de alguien de dentro, de la oficina. Nada que no supiese ya. Empezó a tomarse el problema un poco más en serio. No era una chica acostumbrada a amedrentarse en los asuntos de trabajo, pero por una vez en su vida, se imaginó que podría llegar a un punto en el que la situación le superara. No tenía plan y no se desmoronó, pero a partir de ese momento ya no pudo descansar en paz. A estas alturas las pastillas para dormir se habían convertido ya en sus mejores aliadas. <br/><br/>Felipe, que advertía como iba en aumento el desánimo de su novia, por fin se decidió a hacer lo que había propuesto para endulzarle la vida. Así pues, un sábado por la mañana, se decidió a jugarse el todo por el todo y procedió a ingresar el cheque de Gonzalo en su cuenta. Se abandonó a su destino, consideró que hiciera lo que hiciera, iba a recibir los palos igualmente. Ya no había vuelta atrás. <br/><br/></FONT><br/><P>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXVIII]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXVIII]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_140.htm"><![CDATA[<P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>En los días siguientes, la situación de Lorena no pareció variar significativamente. El recelo de sus compañeros parecía inalterable, pero por lo menos seguía manteniendo una relación de trabajo normal con ellos, a fin de cuentas tenía un puesto importante, debían respetarla. Lo que verdaderamente le preocupaba era el asunto de los anónimos. Una semana después del primero, recibió el segundo, con un mensaje idéntico.<br/><br/>SÉ LO QUE HAS HECHO CON ADAINA. ESTO NO VA A QUEDAR ASÍ, VAS A PAGAR LAS CONSECUENCIAS. <br/><br/>Las palabras no dejaban de retumbar en su mente, y la incertidumbre era muy difícil de soportar. Se decidió a contestar. <br/><br/>SÉ QUIÉN ERES, HE VISTO LA IP. A VER SI TIENES COJONES DE DECÍRMELO A LA CARA. <br/><br/>Inesperadamente, Justicia respondió al momento. JAJAJA ¿Y QUIÉN SOY? Lorena no se arredró. EL INFORMÁTICO LO ESTÁ MIRANDO. TE VOY A PARTIR LA CARA. – PUES AQUÍ TE ESTOY ESPERANDO. VETE PREPARANDO, PORQUE TODOS VAN A SABER LO QUE HAS HECHO. <br/><br/>Lorena se asustó realmente, incluso por un momento valoró la posibilidad de llevar a cabo sus amenazas, es decir, hablar con el informático. Pero si lo hiciera, se descubriría el contenido de los mensajes, quedaría en evidencia. Optó por callar, pero no podía dejar las cosas así. Tal vez sólo querían jugar con ella, derrumbarla moralmente, pero quizá el peligro fuese real y alguien pretendía destruir su carrera. El fuego con el que había jugado empezaba a calentar sus manos. <br/><br/>En otro punto de la ciudad, allí donde Felipe trabajaba, la atmósfera se había enrarecido también. Así como el ambiente se empieza a enturbiar cuando las lluvias llegan, Felipe empezó a intuir que algo serio se avecinaba. Gonzalo, por lo pronto, apenas le dirigía la palabra, y algo le decía que su gesto había cambiado. Su actitud fría y distante llegó a preocupar bastante a Felipe, que creyó adivinar problemas y complicaciones tras ella. <br/><br/>Las tardes, para la pareja, se habían vuelto más silenciosas. Las preocupaciones ocultas quedaban disimuladas bajo los muros de la confianza. Pero no había sospechas, a fin de cuentas, después de tanto tiempo juntos, era normal que no necesitaran de muchas palabras para comunicarse. Miradas cálidas y breves, y tímidas sonrisas sólo interrumpidas por comentarios acerca de la casa. Así dejaban pasar ambos sus tardes primaverales. - ¿Entonces te vendrás a ver los muebles conmigo? – Claro. – Regresaron al silencio otra vez. Las sombras de justicia@hotmail.com y Gonzalo eran alargadas. <br/><br/>En la misma ciudad y a la misma hora, pero en un punto lejano cuya existencia ninguno de los miembros de la pareja podría imaginar, se había reunido un pequeño cónclave de empleados de la empresa de Lorena. <br/>- Se lo podríamos decir a Maica. <br/>- Sí, claro, cómo si fuera tan fácil, cualquiera habla con ella. <br/>- Además, Lorena es su mano derecha. Nos la podemos cargar. Y más teniendo en cuenta cómo está el patio. <br/>- Ya, ya. Qué palo con lo de los despidos. <br/><br/>Jaime y Patricia se habían reunido con un par de chicas del departamento para debatir una vez más sobre su tema de conversación favorito últimamente, las vilezas de Lorena. Poco a poco, pero con eficiencia, Jaime había ido infiltrando la historia de Adaina entre las chicas que trabajaban con Lorena, además de otros muchos empleados. El veneno parecía haber causado su efecto e incluso aquellas personas que habían mantenido una relación más o menos cordial con Lorena estaban reaccionando. Cada vez la veían con más inquina. <br/><br/>No obstante, era complicado dar un paso más allá. Las chicas, trabajadoras comunes, no estaban muy por la labor de jugarse su puesto por una venganza que a fin de cuentas a ellas ni les iba ni les venía. Por otra parte, la gente que lleva un tiempo en el mundo empresarial está demasiado acostumbrada al juego sucio y a la falsedad. Bastante tenían con salvar su puesto, sobre todo aquellos que contaban con pagos, hipotecas y demás obligaciones. A veces es necesario ser frío para sobrevivir. No corren buenos tiempos para los Robin Hood. <br/><br/>Sin embargo, las guerras se suelen ganar batalla a batalla. Así que Jaime no se desmotivó por el transcurso de los acontecimientos. Había logrado su primer objetivo, hacer temblar los cimientos, así que tenía razones para confiar en la victoria. Todo era cuestión de estrategia. “Si por lo menos pudiera descubrir quien robó el puto dinero”.<br/><br/></FONT><br/><P>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXVII]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXVII]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_139.htm"><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>Adaina pasaba muchas de sus libres tardes descansando en su casa, o disfrutando de alguna actividad tranquila, como escuchar música, o repasar sus ejercicios de clase. Ahora que por lo menos contaba con una ocupación para las mañanas, estaba aprendiendo a disfrutar de ese poco frecuente placer en la vida actual llamado tiempo libre. <br/><br/>Se encontraba plácidamente recostada en su cama cuando sonó su teléfono. Al instante, sus ojos se abrieron como platos, era Jaime. No quería, no debía, temía contestar, pero…<br/><br/>- ¿Sí?<br/>- Hola… Adaina… Soy Jaime. ¿Qué tal estás?<br/>- Bien, ¿y tú?<br/>- Bien, ¿cómo te va la vida? ¿Estás trabajando?<br/>- No, ahora estoy haciendo cursos. Pero bien, aprendo cosas nuevas. <br/>- Me parece bien, eres joven, tienes mucho tiempo por delante. Ya verás como encuentras algo mucho mejor. <br/>- Eso espero. Y… bueno, ¿qué querías?<br/>- Bueno, nada, saber como estás, me alegro de que estés bien. <br/>- Gracias, pues sí, estoy bien. <br/>- También quería preguntarte algo… tú, ¿tienes algún tipo de relación con Lorena?<br/>- Lorena, ¿qué Lorena? ¿La de la empresa?<br/>- Sí sí, esa misma. ¿Te llevabas mal con ella o algo?<br/>- Pues ni bien ni mal Jaime. La verdad es que era un poco borde conmigo, no sé, me miraba por encima del hombro y tal, pero era así con más gente. Y nada más. ¿Por qué me preguntas eso?<br/>- Bueno, verás, es que he sabido que ella ha sido la culpable de tu despido, dijo cosas que no están nada bien… Pero bueno, si no tienes relación con ella, déjalo estar. Oye, me alegro mucho de que estés bien, de verdad. Y quería decirte que… si alguna vez te hice daño, perdóname… espero que te vaya todo muy bien…<br/><br/>Felipe esperaba en el coche a Lorena cuando se le ocurrió una idea. Había pasado mucho tiempo desde el incidente de Roxana y no se le había ocurrido llamarla, pensó que continuaría enfadada. Pero no por ello lo había olvidado. <br/><br/>- Hola Roxana, ¿cómo te encuentras?<br/>- Bien gracias, ¿y tú?<br/>- Bien, bien, ¿estás mejor? Se lo dije a tu hermano, era necesario…<br/>- Sí, lo sé. No te preocupes, él fue bueno, me ayudó. Hiciste bien. <br/><br/>Roxana le contó que se encontraba bien, que todo se había quedado en un susto. Su hermano fue a recogerla y la llevó a casa, sin reproches, sólo con atenciones. Parecía que ahora ella confiaba más en él. Felipe se sintió reconfortado y satisfecho al escuchar sus palabras. La chica parecía estar bien, y se le notaba más centrada. Después apareció Lorena. <br/><br/>- Cariño, ¿estás bien? <br/>- Sí. <br/>- Pues te veo mala cara. <br/>- Vaya, bueno, la verdad es que no he tenido un día muy bueno en el trabajo.<br/>- ¿Y eso? ¿Qué te ha pasado?<br/>- Que la gente es muy mala cariño. Los compañeros me están fastidiando.<br/>- ¿Y eso? ¿Qué te han hecho?<br/>- Están empezando a extender rumores, y la gente me mira con unas caras… uffff. <br/>- ¿Y qué es lo que dicen?<br/>- Bueno es igual Felipe. Ahora prefiero olvidar. <br/>- Pero cariño, me preocupa que te pase esto, ¿no me lo quieres contar?<br/>- Ahora no cielo, ahora no, sólo necesito descansar. – Lorena abrazó a su novio como nunca. Felipe había permanecido ajeno a sus maniobras en el trabajo y eso era algo que ella, bajo ningún concepto, deseaba cambiar. No podía permitirse caer ante sus ojos, revelarle la verdad. Era el mayor apoyo que tenía. Felipe, apenado por su tristeza, no pudo evitar estremecerse, y tomó una decisión que probablemente luego habría de lamentar. <br/>- Cariño, ¿sabes una cosa? Me han dado una prima en la empresa. He pensado que podíamos empezar a comprar esos muebles que querías. Cuando nos den el piso claro…<br/>- ¿En serio? ¿No me digas? ¡Pero eso es genial! ¡Qué bien!<br/>- ¿Estás contenta?<br/>- ¡Sí! ¡Muchísimo! No me extraña nada, si es que tú vales mucho. Y me decías de Gonzalo… ¿ves cómo te aprecia un montón? Menos mal que me has hecho caso. – Felipe enmudeció por completo. Entre ellos, y sin que se hubiesen dado cuenta, se había establecido una invisible aunque enorme muralla de secretos, que crecía y crecía sin parar. Sólo el destino determinaría lo que habría de pasar. <br/><br/></FONT><P>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXVII]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XXVII]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_138.htm"><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A las once de la mañana, como cualquier otro día, la actividad era febril en la oficina de Lorena. Las hormigas engalanadas, participaban de la agitación colectiva o se refugiaban en las páginas de Internet, si sus obligaciones se lo permitían. Todo era igual, en apariencia, y sin embargo diferente. Cada una de las personas individuales ignoraba las sorpresas con las que se podía encontrar.<br/><br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“Alguien tiene que saber algo, ¿pero, cómo podría…?” En los días siguientes a la conversación con Patricia, Jaime empezó a cavilar acerca del tratamiento que le había de dar a la nueva información. Aunque su fallida aventura con Lorena le había afectado más de lo que hubiera querido y esperado, no era un hombre de naturaleza rencorosa. Sin embargo, la puñalada trapera que Lorena le había asestado a Adaina, había tocado su fibra más sensible. No sabía si era instinto de protección, o el cariño, que no amor, que todavía dispensaba a la chica, pero no podía aceptar lo sucedido, le parecía intolerable. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miraba a su alrededor, contemplando uno a uno los rostros, pero no sabía a qué dirección apuntar. Si alguna vez hubo un culpable del robo, éste se cuidaría bien de no ser descubierto. “¿Qué puedo hacer?” Dudaba, pero tenía claro que aquello no iba a quedar así, no podía soportar tanta maldad. “Ésta se va a enterar”. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Unos metros más allá, y sin embargo totalmente lejos de la vista de Jaime, se encontraba Lorena, con su estrés habitual, pero con problemas adicionales. De un día para otro, el ambiente se había enrarecido sobremanera. Los rostros que se encontraba no le resultaban muy amigables, si no por el contrario, bastante fríos y distantes. “¿Qué le ocurre hoy a la gente?”. Cada cierto tiempo, no podía evitar interrumpir su trabajo para reflexionar. “¿Se habrán enterado de lo de Patricia? ¿Pensarán que soy culpable? No creo que Maica me haya hecho eso, no puede. A lo mejor lo han pensado por su cuenta, no sé.” Su intuición no podía negar lo evidente y esto constituía un buen motivo para la preocupación. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un rato después, recibió una llamada de Juan Manuel. No pudo evitar sobresaltarse, pero, para su fortuna, la conversación retomó el sendero de lo habitual, sin comentarios personales, ni alusiones a los últimos sucesos. Aunque, eso sí, había en sus palabras una mayor familiaridad, más confianza, como si realmente se hubiese establecido una amistad. Se tranquilizó, por lo menos en ese aspecto parecía que las aguas volvían a su cauce, pero no ignoraba que trataba de una tregua temporal, debía estar preparada para la próxima tormenta. No confiaba en él.<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A última hora de la tarde, Lorena tenía ya prácticamente superado el malestar que le había producido la reacción de sus compañeros. Aceptó que no podía cambiar lo inevitable, si sus compañeros se habían enterado de lo de Patricia, no le quedaba otra alternativa que vivir con ello, superarlo. “Ya se les olvidará”. Todavía confiaba en su capacidad para recuperar el terreno perdido. Por el momento, nada más podía hacer. Llego la hora de salir, por fin podía apagar su equipo, marcharse, desconectar de todo, olvidar. Pero, cuando se disponía a hacerlo, revisó su correo por última vez. Encontró un mensaje realmente desconcertante. <br/><br/>SÉ LO QUE HAS HECHO CON ADAINA. ESTO NO VA A QUEDAR ASÍ, VAS A PAGAR LAS CONSECUENCIAS. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un tal Justicia firmaba el amenazante texto. De repente, un escalofrío sacudió su cuerpo, y los nervios se apoderaron de ella. “¿Pero esto qué es?”. La habían descubierto. Se sintió tan violenta que sólo atinó a apagar su ordenador con rapidez. Miró a su alrededor. “¿Quién habrá sido?”. Pero aquel día había apreciado demasiada hostilidad en las miradas, podría ser cualquiera. Se marchó. Empezó a pensar, pero por más vueltas que le daba, no lograba averiguar quién podría estar operando en su contra, podría ser cualquiera, todos y nadie, en el fondo de su ser reconocía que se lo había buscado. <br/></FONT>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XVI]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XVI]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_137.htm"><![CDATA[<br><P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>- Felipe, vente un momento a mi despacho y pásame los papeles que te pedí el otro día. <br/>- Voy. <br/>- Siéntate chico, mira, tengo una cosa que decirte. <br/>- ¿Qué ocurre?<br/>- Jajaja, relájate hombre, no ocurre nada. Sólo quiero decirte que tanto Pereda como yo te estamos muy agradecidos por tu colaboración en este asunto. Es más, él me ha sugerido que debemos gratificarte de algún modo. Así que, hemos pensado en darte esto. – Gonzalo extendió su mano y tendió un cheque a Felipe.<br/>- No, no puede ser.<br/>- ¿Cómo que no? Si te lo has ganado chaval. <br/>- Yo me he limitado a cumplir órdenes, no sé nada más. <br/>- Pero no seas tonto, no acepto un no por respuesta. ¡Que no Felipe, que no me lo devuelvas! Además, sé que dentro de poco te vas a ir a vivir con tu novia y te va a venir muy bien. Venga, pues esto es todo, puedes volver a tu trabajo. <br/><br/>Felipe regresó a su puesto aturdido y consternado. La cifra que vio reflejada ante se ojos le provocaba vértigo. Ese dinero le supondría una gran ayuda ahora que estaba a punto de afrontar una mudanza. Pero, no ignoraba el significado del regalo, le estaban comprando a él, a su silencio. Se preguntó si habría algún modo de devolverlo, o si tal vez fuera mejor no cobrarlo. Por lo pronto, sólo se le ocurrió ocultar el papel maldito de la vista de sus compañeros. Aún así, lo sentía a cada paso que daba, como si lo llevara grabado a fuego. “¿Qué hago?” y lo que era aún peor “¿Me toman por gilipollas?”<br/><br/>- Es precioso, definitivamente precioso, y además nos va durar un montón de años…<br/>“Se lo digo o no se lo digo”. Felipe guardaba silencio mientras su novia hablaba del precioso y carísimo sillón que había encontrado. <br/>- Pero es que es tan caro… aunque como vamos a pagar las cosas a plazos tampoco tendremos muchos problemas, ¿no? ¿Tú que piensas? <br/>- Si te parece bien lo compramos. <br/>- Vaya Felipe, cómo has cambiado. <br/>- Bueno, no sé, da igual, tampoco nos van tan mal las cosas. – Felipe enrojeció mientras pensaba en el maldito pedazo de papel bancario que le atormentaba. Lorena, entre tanto, le miró extrañada. <br/>- ¿Ocurre algo? <br/>–No. <br/>- Vaya, bueno, me alegro. Las cosas como son, ese sofá y una decoración adecuada nos vendrían muy bien para la casa. Es posible que tengamos que recibir a gente importante del trabajo, y aunque quede mal decirlo, las cosas como son, la apariencia importa. Pero también hay que ser realistas, esta claro que ahora mismo no nos podemos meter en todo. Podríamos comprar el sofá y luego, pues ya poco a poco las otras cosas, qué remedio. <br/>- Sí cariño.  – Luego se marcharon a casa. Lorena, en un extraño acceso de nostalgia, tomó la mano de su novio. Hacía mucho tiempo que no compartían este gesto, y aquel preciso instante, en el que se encontraban a las puertas de un cambio tan importante, le apeteció mucho hacerlo. En el fondo, no se sabía lo que la convivencia podría depararles. Felipe se enterneció, sin embargo, la sombra de la preocupación no le dejaba relajarse. “No puedo cobrarlo, no puedo. Pero a Lorena le hace tanta ilusión lo de la casa…” <br/></FONT><P><br/><FONT COLOR="BLUE"><br/><br/>Como siempre, sigo insistiendo jeje: http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Besos<br/></FONT><P>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XVI]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De Triunfadores - Capítulo XVI]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_136.htm"><![CDATA[<br/><P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Primera Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un menudo pero reconfortante rayo de sol atravesó las persianas para acariciar el rostro de Adaina, que esperaba sentada a que comenzaran las clases. Sonrió. Por fin había sido convocada para realizar uno de los cursos del paro que había solicitado, y aunque el problema del trabajo era el más importante, todavía era muy joven como para volcarse plenamente en ello. Mejorar su formación podría ayudarle en el futuro, quizá para encontrar un trabajo mejor, así que de algún modo empezó a considerar que cambiaba su suerte. Era demasiado joven como para que los nubarrones negros de la mente destruyeran la fuerza que le empujaba a la vida. Por otra parte, salir de la inactividad le estaba ayudando mucho a mejorar su estado de ánimo, ya no tenía tanto tiempo para pensar. <br/><br/>- Hola, ¿qué tal? <br/>- Bien. <br/>- ¿Cómo te llamas? ¿Es la primera vez que vienes por aquí?<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus nuevos compañeros parecían amigables, y las sonrisas que recibió tuvieron para ella un sabor especial. Ahora que los desaires del pasado empezaban a quedar atrás, se sentía a las puertas de una nueva vida, quizá aún con temor, pero no sin la esperanza que antes le faltaba. <br/><br/>- Jaime tío, ¿te vienes a tomar una caña? <br/>- Vale, venga, ¿vamos?<br/>- Espera, que he quedado con una chica, viene ahora. <br/>- Hola chicos, ¿qué tal?<br/>- Bien. Patricia, vaya cara ¿qué te ocurre?<br/>- Que me han despedido. <br/>- ¡Qué dices! ¿Y eso?<br/>- Pues yo que sé, vámonos de aquí, ahora os cuento. – Los tres miembros del grupo se introdujeron en el coche del compañero de Jaime. Como en otras ocasiones, se dirigieron a un local algo apartado, para quedar lejos de las miradas y las murmuraciones. <br/>- Vaya Patricia tía, lo siento mucho. <br/>- Gracias chicos, pero qué se le va a hacer, cuando se te cruza una hija de puta en el camino…<br/>- ¿Una hija de puta? ¿Qué ha pasado?<br/>- Esto ha sido la Lorena, estoy segura. <br/>- ¿Por qué dices eso?<br/>- Mira, todas sabemos como es en el departamento, una trepa, una sinvergüenza, además, a mí no me podía ni ver, no veas cómo me trataba. <br/>- Joder tía, lo siento, pero ¿tienes alguna prueba?<br/>- No, no tengo una prueba en concreto de lo mío, pero estoy bastante segura, ella ya ha estado implicada en movidas como ésta antes. <br/>- ¿Qué dices?<br/>- Lo que oyes, ¿no sabíais lo que paso con Adaina?<br/>- No, ¿Qué pasó?<br/>- Pues que la golfa esta le dijo a Maica que había robado un dinero para quitársela de encima. <br/>- ¡Ah sí! ¿Qué dices? Cuenta, cuenta. <br/>- Me lo ha dicho una tía que conoce bien al de Recursos Humanos.   <br/>- Pues vaya trepa, que asco. <br/>- Ya ves, antes me lo tenía bien callado, pero ahora me ocuparé de que esto se sepa bien sabido, ya lo verás. <br/>- Bueno, no te preocupes guapa, que el tiempo le dará lo suyo. <br/>- Puedes estar segura de que sí. – Finalizó Jaime.  <br/><br/></FONT><P><br/><br/><FONT COLOR="BLUE"><br/>Mi página web: http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Siento que no salga el link directo, pero es que ahora no permiten ponerlo. Besos. <br/><br/></FONT><P><br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[DE TRIUNFADORES - CAPÍTULO XXV]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[DE TRIUNFADORES - CAPÍTULO XXV]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_135.htm"><![CDATA[<P><br/><FONT SIZE="5" COLOR="#DC143C" FACE="Comic Sans"><CENTER><b>Segunda Parte</b></CENTER></FONT><br/><HR width=95% COLOR="#DC143C"><br/><P><br/><FONT FACE="Lucida Console"><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;“Noooooooooo, esto no puede estar pasando”. A pesar del aire fresco de la noche, Lorena tenía abiertas las puertas de su ventana de par en par. La Luna llena, poderosa y brillante, bañaba con su luz azulada el interior de la habitación. No podía parar de dar vueltas en la cama, ni siquiera tras tomar la pastilla de siempre, y a cada giro que daba el calor se apoderaba más de ella, empapando de sudor sus rincones. “¿Será verdad que me va a respetar, que no lo va a intentar más? Ufff, ¡que va! con lo que son los tíos. Vaya problema. El mejor cliente de la empresa. A ver cómo salgo de ésta. Ojalá, ojalá pueda controlarlo”. En una de las vueltas, observó la reluciente caja que había depositado sobre su mesilla. La abrió, y extrajo el flamante reloj nuevo. No pudo dejar de observarlo con fascinación. “La verdad es que es maravilloso”. Nunca creyó que tendría en su poder semejante posesión y se asustó de la extraña sensación que le producía, porque, a pesar de todo, no era capaz de mirar a Juan Manuel con desagrado del todo. Finalmente, optó por tomarse otra pastilla, tantos pensamientos confusos estaban llegando a saturarla. <br/><br/>- Lorena, ¿estás bien? Tienes mala cara. <br/>- Sí, bueno, un poco cansada, pero nada más. <br/>- ¿Qué tal van las cosas con Juan Manuel? Parece que bien ¿no?<br/>- Sí, sí, sin problemas.<br/>- Muy bien. Oye, cuando puedas pásate por mi despacho que tenemos que hablar. <br/>- Ok.<br/>- Cierra la puerta. Bueno, verás, como sabes hemos tenido algunos problemillas en la empresa últimamente. En esta semana se han dado de baja otros dos clientes más. <br/>- ¿En serio?<br/>- Sí, la verdad es que la cosa no va muy bien, la facturación está bajando, lo lleva haciendo un tiempo, y ya se están notando los resultados. Tenemos que hacer algo, y no hay más remedio que reducir plantilla. <br/>- ¿Qué?<br/>- Como lo oyes. Me han dicho que hay que empezar a despedir gente. Por suerte, esto no va a afectar mucho a nuestro departamento, pero, aún así, tenemos que elegir al menos a una persona.<br/>- Noooo. No puede ser. <br/>- Es inevitable, no tenemos otra alternativa. <br/>- Qué mal rollo, y… ¿Habéis pensado algo?<br/>- Estamos en ello, por eso precisamente quería hablar contigo, tú trabajas día a día con las chicas y las conoces mejor que nadie, necesito que me digas tu opinión, ¿cuál es la que va peor? <br/>- Pues… si hay que decir a alguien, yo te diría que Patricia, pero…<br/>- Muy bien Lorena, eso es lo que quería saber, gracias.<br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pesar de lo comprometido de la situación, Lorena no se sintió particularmente afectada. En realidad, Patricia no le gustaba, nunca había sido santo de su devoción. Aquella chica, a diferencia de las otras, no se mostraba simpática con Lorena, ni parecía acatar de buen grado su mandato. Aunque a simple vista parecía correcta, por lo menos en cuanto a las formas, siempre resultaba algo seca, y sus miradas, fugaces, transmitían rechazo o desprecio. En el fondo sintió que se había quitado un peso de encima. <br/><br/>- Felipe, ya está arreglado todo. <br/>- ¿Cómo? <br/>- Que ya se ha solucionado lo de la venta. Pereda ya ha elegido un edificio. <br/>- Bien. <br/>- Ponte la chaqueta, que nos vamos. – Felipe renunció a contestar, sabía que no podía hacer nada para cambiar las cosas. <br/><br/>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta vez el encuentro no se produjo en un hotel, si no en un modesto, aunque no mal situado apartamento. Felipe aguardó sentado y en silencio mientras los otros dos hombres bromeaban y se servían una copa, como si aquella situación fuese lo más normal del mundo. Había alguien más en el grupo, un hombre fornido, callado, que había acompañado a Pereda. Felipe, que se sintió intimidado por su mirada, dedujo que se trataba de un guardaespaldas. <br/><br/>- Bueno, bueno, bueno, dejémonos de bromas, ¿has traído lo mío? <br/>- Jajajaja, aquí lo tienes, sigues igual que siempre, no pasas ni una ¿eh?<br/>- Jajajaja, por supuesto que no amigo mío, los negocios son los negocios. – Pereda extrajo de su equipaje un grueso maletín que depositó sobre la cama. – Cuéntalo, anda. – Felipe observó atónito el desfile de billetes morados. “Vaya fortuna, ¿cómo puede tener tanto dinero en efectivo?”. Se preguntó en qué clase de negocios turbios estaría involucrado. <br/>- Vaya, vaya, parece que está todo, así da gusto jaja. <br/>- Jajaja, a estas alturas y que todavía no te fíes de mí. <br/>- Bueno Felipe, hemos terminado. Ahora coge mi coche y pon el maletín a buen recaudo, que nosotros tenemos que ir a celebrarlo. ¡Ah! Y ve preparando los papeles para que la empresa realice la compra. <br/>- Pero… ¿esto se puede hacer?<br/>- Pero otra vez… cómo no se va a poder hacer, la empresa ya tiene otros intereses inmobiliarios. Y no te preocupes de nada más, que ya los firmaré yo. Te acompaña este señor al coche. Venga, hasta luego. – Una vez más, Felipe se quedó sin derecho a réplica. Con firma o sin firma, había sido testigo de un hecho ilegal, y había establecido algún tipo de relación con esa gente. “¿Pero para qué me necesitan? ¿Qué quieren de mí? Me quieren colocar algo, estoy seguro”. <br/><br/></FONT><P><br/><br/><FONT COLOR="BLUE"><br/>Hola a todos, gracias por vuestra visita. También tengo una página Web, por si os apetece pasaros. <br/><br/>http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Besos<br/><br/></FONT><P><br/><br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Mi página Web]]></title><link rel="El Rincón de Denisa..." type="text/html" href="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/atom.xml" title="El Rincón de Denisa..."/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Mi página Web]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(Denisa)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/elrincondedenisa/c_134.htm"><![CDATA[Ésta es mi página Web, por si la queréis visitar y que estos señores de Google la rescaten de la marginación:<br/><br/>http://www.anamariacuesta.es<br/><br/>Antes salía muy bien en los buscadores, pero ahora no sé, ha desaparecido, si alguien me puede decir algo...<br/><br/>Por cierto, el editor para links de este blog no funciona bien, por eso no he podido enlazarla correctamente, lo siento por las molestias. <br/><br/>Besos<br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry></feed>
