De Triunfadores - Capítulo XVIII

A la una menos cuarto de la tarde, ya lejos del chaparrón, Lorena se encontraba ultimando los detalles de la reunión en la que habría de participar unos minutos más tarde, aunque gracias a lo organizado de su carácter, en esencia estaba todo preparado. Aprovechó para ir al baño para deshacerse de los nervios de última hora. Después regresó a su sitio a esperar.
- Juan Manuel está aquí.
- Gracias. – Lorena colgó el teléfono con una mueca de desagrado tras el anuncio que realizó Adaina.
- Holaaa Juan Manuel ¿qué tal estás? – Bien gracias. – Una vez más Lorena se sorprendió de ver que Juan Manuel prescindía de todo tipo de acompañantes.
- ¿Quieres un café?
- No, no gracias.
- Bueno, vamos a la sala. – Dio comienzo la reunión.
– Lorena, no estoy descontento del resultado de la campaña que me habéis hecho, pero hay que avanzar, qué va a pasar a partir de ahora.
- No pasa nada, ya he mirado presupuestos para publicar en otros medios. – Lorena sonrió satisfecha de su propia eficiencia, acto seguido, extrajo los papeles de su carpeta. Mientras Juan Manuel le echaba un vistazo a su trabajo, Lorena tuvo tiempo de mirarle de refilón. Le agradó su aire a Richard Gere. Lo cierto es que Juan Manuel, gracias al deporte y a la buena vida, era uno de aquellos hombres maduros a los que el tiempo reservaba un atractivo especial.
- Para empezar no está mal Lorena. Me alegra ver que estás cuidando mis asuntos. Vale, lo hacemos así. Pero habrá que estar al tanto.
- Claro que sí, ya verás como todo va a ir muy bien. Y seguiré mirando más cosas para ti, no te preocupes.
- ¿Qué vas a hacer ahora?
- Pues no sé, me marcharé a comer supongo…
- ¿Has quedado con alguien?
- No… ¿por qué?
- Pues te invito a comer.
- Bueno es que yo…
- Es que así te comento unas cosas sobre otro posible cliente.
- Bueno vale.
Lorena sentía ciertas reticencias ante esta invitación, pues aunque Juan Manuel había sido correcto en todo momento, era lo suficientemente mayor como para conocer las debilidades de los hombres. No obstante, la posibilidad de de hacer un buen negocio era un dulce demasiado apetitoso como para rechazarlo. “La verdad es que me ha dicho nada fuera de lo normal, así que…”
En el parking de la empresa encontraron aparcado el flamante y enorme BMW de Juan Manuel. Negro y reluciente, el coche daba la apariencia de ser casi nuevo. Lorena admiró el vehículo en silencio mientras se planteaba lo muchísimo que habría costado, pero entre tanto fingió indiferencia. No quería poner de manifiesto su escasa experiencia en el mundo de los lujos. Después, partieron en camino.
Durante el trayecto, y para tranquilidad de Lorena, Juan Manuel se mantuvo poco hablador y algo serio. Finalmente llegaron al lugar seleccionado, que a simple vista resultaba caro y elegante.
- Vaya, ¿nos darán mesa aquí?
- Sí, no te preocupes, ahora tienen poca gente. – Lorena advirtió que el lujoso local no era extraño para su acompañante.
– Bueno Lorena, ¿y que tal te va en la empresa?
– Pues bastante bien.
- ¿Y qué planes tienes para el futuro? ¿Te gustaría quedarte ahí para siempre?
- No lo sé. De momento la verdad es que estoy bastante bien. Claro que en el futuro nunca se sabe.
– La verdad es que estado observando muy de cerca tu trabajo y eres una gran profesional, Lorena. ¿No has recibido ofertas de otras empresas?
– No, todavía no.
– Supongo que será porque eres bastante joven y todavía no te has dado a conocer lo suficiente, por cierto, ¿cuántos años tienes?
– 27.
– Sí, sí que eres bastante joven para el nivel que tienes. Algo más a tu favor. Además, tienes bastante buena presencia. Me extraña que no hayas recibido aún otras ofertas. – Lorena se sonrojó. – Bueno, lo que tenga que venir vendrá. – Respondió.
- ¿Y si te llegaran ofertas? ¿Estarías dispuesta a aceptarlas?
– Bueno, todo se puede estudiar.
– No sé, es que quizá me interesara tener a alguien como tú en mi equipo. ¿No te interesaría? – Lorena se quedó anonadada.
– Bueno, no sé… quizá, tendría que pensarlo.
– Bueno Lorena, ya hablaremos más adelante, te lo digo también para un futuro, no para ahora. Lo que ocurre es que es muy difícil encontrar buen personal de este tipo. Ya se verá. No hablemos más del tema que quizá no sea el momento. Hablemos de otras cosas. Y bien, Lorena, supongo que una chica tan guapa como tú tendrá novio, ¿no es así?
– Sí, sí que tengo novio.
– Jajaja, normal. Pero bueno, tener buena presencia es una ventaja en los negocios también, algo que probablemente ya sepas. En una comercial puede ser bastante importante.
– Quizá, no lo sé. – Lorena cambió el rostro y empezó a responder en un tono evasivo. No le gustaba el giro que había tomado la conversación, la intimidaba. Juan Manuel, como buen observador, optó por cambiar de tercio.
- Bueno, antes te comenté algo sobre un posible cliente…
Cuando terminaron la comida, se despidieron amistosamente. Lorena no quiso darle más vueltas a lo sucedido, por lo menos hasta que no tuviera más claro lo que realmente estaba tramando Juan Manuel. A fin de cuentas, no tenía ninguna prueba evidente para sospechar y no era aconsejable equivocarse. Los hombres siempre hacían bromas sobre esos temas. Lo importante del asunto es una vez más se había anotado otro tanto en su carrera y debía correr a la oficina para informar a sus superiores.
Cuando estaba a punto de cumplir con este objetivo, recibió una llamada de Felipe.
- Hola guapa.
- Hola guapo, ¿qué tal?
- Bien. Hoy no podemos quedar cariño.
- ¿Y eso?
- Uno de los clientes va a venir esta tarde a la empresa y creo que saldremos muy tarde de aquí.
- ¿Tan tarde?
- Sí, va a venir a última hora. Yo tampoco lo comprendo, pero Gonzalo me ha dicho que tiene que ser así.
- Vaya, bueno, pues que te sea leve guapo. – Comentó Lorena sin un atisbo de recelo en sus palabras.
- Gracias cielo, nos vemos mañana.





