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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo XX







Ilustración de Milo Manara



      En los últimos tiempos, y de un modo gradual, algo había cambiado en la imagen de Lorena. La naturalidad de la que solía hacer gala en su temprana juventud estaba dando paso al uso, cada vez más frecuente, de variados artificios. Maquillaje, tacones más elevados y un vestuario más sensual. Como si hubiese tomado conciencia de repente de su belleza, y quisiera sacarle partido de algún modo.

     Por otra parte, también había variado su fisonomía. Aparte del adelgazamiento, que cada vez se había hecho más patente, unas sobras de color azulado parecían haberse instalado de forma permanente bajo sus ojos. Sin embargo, su rostro se había hecho más atractivo, ahora que la delgadez resaltaba más sus rasgos.

- ¡Qué me pases esos papeles, joder! – Al mismo tiempo, Lorena se sorprendía a sí misma con algunos arrebatos de mal carácter hacia sus compañeras, que al tiempo eran sus subordinadas. Nunca sus superiores. Después se lamentaba, sabía que tendría que realizar el doble de esfuerzo para recuperar su confianza.

     Lo que sí permanecía invariable, era su hábito de visitar a Felipe casi cada día, excepto aquellos en los cuales sus respectivas obligaciones lo hacían imposible. Como sus momentos eran fugaces, no tenían mucho margen para la improvisación, cenaban, tomaban algo, y posteriormente Felipe depositaba a Lorena en su casa. Otras veces, tomaban la cena en casa de alguno de sus padres, en espera de tener la suya propia. El procedimiento era rutinario, sin embargo, Lorena seguía sintiendo como sus tensiones se diluían cuando tenía a su novio cerca.

     Felipe, entre tanto, seguía dándole vueltas al conflicto en el que se había visto involucrado. No lo había querido, pero él había estado allí, en medio del intercambio. Si en el futuro hubiese consecuencias, por fuerza le habría de corresponder algo a él.

- Lorena, tengo que contarte una cosa.
- Dime, ¿qué ocurre?
- ¿Te acuerdas de la otra noche, aquella en la que no pudimos quedar porque me fui a atender un cliente con Gonzalo?
- Sí, ¿pasó algo?
- Sí Lorena, ocurrió algo muy extraño. No era un cliente normal de la empresa. Era un fulano que le ofreció un dinero a Gonzalo para que se lo blanquease.
- ¿Cómo? ¿Pero qué dices?
- Lo que oyes. El tío le ofreció un dinero a Gonzalo para que comprase algo a nombre de la empresa. Luego él lo recompraría más caro, el margen de la venta sería lo que se quedan Gonzalo y la empresa.
- Bueno.
- ¿Cómo que bueno? ¿Pero no te parece fuertísimo?
- Pues mira, no, esas cosas pasan continuamente en este país, qué quieres que te diga.
- Pero Lorena, ¡qué estamos hablando de un delito! Y, lo peor de todo, ¡yo estoy en medio! ¿Y si me ocurre algo?
- No te va a ocurrir nada. El que está en el chanchullo es Gonzalo.
- ¡Pero yo también estaba allí! Además, pienso que Gonzalo me quiere meter en otras cosas.
- Mientras no firmes nada aquí no pasa nada. También sé que en mi empresa entra dinero en b, no pasa nada, esto pasa en todas partes.
- Yo no lo veo así Lorena, no lo veo así.

     Felipe se sentía desolado por no hallar comprensión, consejo, sólo ante un asunto cuya intuición le hacía temer con fuerza. Como si algún poder superior hubiera decidido arrojarle a los leones sin remedio, sin su consentimiento, abandonado a su suerte. Otras veces se dejaba llevar por la inercia del entorno y se olvidaba del asunto. Cuando a todo el mundo le parecía lo normal, entonces debía serlo. Por otra parte, las envidias que despertaba entre sus compañeros se habían hecho mayores, aunque dada su posición, nadie osara abrir el pico. “Si ellos supieran”. Pero ellos no sabían nada, el poder es solitario.

     Aquel día no se había presentado muy problemático para Lorena, que consiguió salir de la oficina a las 7. Sin embargo, Felipe no corrió la misma suerte. Como en otras ocasiones similares, Lorena se dispuso a hacer tiempo de algún modo. Cuando la temperatura era cálida y agradable, no tenía problemas en sentarse a esperar en algún parte, pero la primavera aún no había llegado a la capital. Así pues, se decidió por revisar, como venía siendo habitual últimamente, algunas tiendas y escaparates. Se estaba aficionando demasiado al cuidado de la imagen, quería dar la mejor impresión a los clientes, clientes como Juan Manuel… Lorena se sonrojó inmediatamente al tener este pensamiento. Lo rechazó. Después llamó a Felipe para comentarle la zona donde estaba, cerca del centro.

     Justo cuando abandonaba uno de los establecimientos que acababa de supervisar, apreció en la lejanía una presencia conocida que le causó nerviosismo y estupor. Se trataba de Jaime, solo, que caminaba hacia ella. “No me ha visto, no me ha visto”, intentó tranquilizarse y se propuso evitarlo, así que se introdujo nuevamente en la tienda. Pero sus esfuerzos fueron en vano, porque Jaime ya la había visto, y con su desfachatez habitual, no dudó en abalanzarse hacia la tienda.

- ¡Hola guapa! ¿Qué tal estás?
- Bien, gracias.
- hace mucho tiempo que no hablamos, ¡me ignoras! ¿Estás bien?
- Sí.
- Bueno mujer, ¿y cómo te vas? ¿Sigues con ese chico?
- Sí.
- Pues no se te ve muy contenta. Oye, ¿por qué no te vienes a tomar algo, y así nos ponemos al día de todo?
- No puedo.
- ¿No? Qué pena. – Pero en ese mismo instante, una nueva idea irrumpió como un fogonazo en Lorena.
- Pues ahora que lo dices Jaime, hace mucho tiempo que no tenemos una buena conversación tú y yo.
- ¿Entonces qué? ¿Te vienes?
- Si quieres sí, pero es que todavía tengo que hacer un par de recados.
- No importa, si quieres te acompaño.
- Verás Jaime, es mejor que no. Son cosas de chicas. Si no te importa me podías esperar en un sitio, y dentro de 15 o 20 minutos voy para allá. ¿Te parece bien?
- Bueno Lorena, si tu quieres… pero ya te digo que no me importa acompañarte donde sea jeje.
- No, no, prefiero que lo hagamos así, ¿vale?
- Bueno vale, si no hay más remedio lo hacemos así. ¿Dónde te espero?
- No sé, ¿conoces algún bar chulo?
- Pues mira, por esta zona hay una cervecería que no está mal, “El Torito”, ¿la conoces?
- Ah, pues sí, alguna vez he estado, si quieres quedamos ahí.
- Vale, pues te espero ahí entonces.
- Muy bien, pues hasta ahora. – La pareja se separó, y mientras se alejaban, la encantadora y comercial sonrisa de Lorena, se transformó en sarcástica carcajada. “Ahí te pudras esperando guapo”.

     Después echo andar calle abajo, casi a zancadas, como si volará en busca de la libertad. Cuando se sintió totalmente a salvo, llamó a Felipe para citarle en un lugar diferente.

- Cariño, que alegre se te ve hoy.
- ¡Sí! Es que he tenido un buen día cielo.

     En aquel momento, Lorena estaba totalmente convencida de que la venganza era un plato exquisito.



 
Comentario:
Le he escrito a un crítico de blogs... con tu enlace... Tiene mi credibilidad... a ver si se te anima :)

besos
 
Comentario:
Kasandra,

Lo de la manga ancha, si es a lo que creo te refieres, pues sí, va en el mismo paquete, porque Lorena tiene una moral muy reducida...

Lo de las críticas lo decía en plural, a ver si alguien se anima, aunque sea de un modo anómino... Sabes que vienen muy bien para el trabajo...

Besossss
 
Comentario:
Me ha molao. Lo del planchazo me ha molao. Lo de la manga ancha... no sé; aunque quizás vaya todo en el mismo paquete, ¿no?

Sobre lo que me dices en el comentario del anterior post. ¿Flipas? Yo vengo a leerte. No vengo a hacer ninguna crítica. Buena estoy yo para que me critiquen a mí. Vengo a enterarme, chiquilla. Quiero saber cuál va a ser el desenlace. Hoy el relato es más largo. Bien. Muchos besos
No