De Triunfadores - Capítulo XXI

Oskar Kokoschka - "La Tragedia del Hombre"
- ¿Hoy no te has traído el coche?
- Buf, no. Este mes voy un poco pillado de pelas. No sé que pasa, pero cada vez me cunde menos el dinero.
- Ya, a mi me ocurre lo mismo. – Adaina sonrió. – Bueno, ¿entonces vamos en metro?
- Sí, vamos.
Era sábado, por lo que Lorena y Felipe ya podían disfrutar por fin de su compañía mutua sin limitaciones. Ese día los padres de Felipe habían salido de viaje, así que ambos miembros de la pareja, cansados, decidieron aprovechar para pasar el día en el piso sin preocuparse de nada más. Lorena, mientras se dirigía a la casa de los padres de su novio, se preguntaba por qué habría también tanta gente en el metro los fines de semana. “Esto está siempre igual”. Una vez más le asaltaron los deseos de poseer un coche.
Felipe, por su parte, se afanaba en preparar una buena cena. La calidad de sus encuentros con Lorena había disminuido, y era la oportunidad de ponerle solución. Por otra parte, en un tiempo habrían de irse a vivir juntos, y tendría que compartir las tareas con Lorena. Los dos tenían una carrera profesional muy seria.
- Hola cariño.
- Hola, ¿qué tal?
- Muy bien, menos mal que es sábado. – La pareja, que ya no tenía demasiados arrebatos pasionales, se encaminó hacia el salón para ver una película tranquilamente. Mientras Lorena rebuscaba entre la colección de DVDs de Felipe, este preparaba con cuidado la mesa sobre la que habrían de tomar la cena. Ya que se había esforzado, no quería que la presentación desmereciera el trabajo.
La pareja se introdujo en el metro con dirección a la zona centro. Jaime demostraba una seriedad inusual en su rostro esta vez, aunque no quisiera manifestarlo abiertamente. Adaina, que de algún modo captaba estas señales, se inquietó.
- ¿Te ocurre algo?
– No, ¿por qué?
– No sé, sólo me lo parecía. ¿A dónde vamos?
– He quedado con los colegas en “El Barco”, ¿lo conoces?
- No.
- Creo que te gustará.
Cientos de cuerpos en movimiento anunciaban el ambiente. Sin embargo, para Adaina no existía nadie más que Jaime en ese momento, pues la cercanía de su cuerpo embriagaba su ser.
- ¡Cómo está esto de peña! Qué agobio. – Pero Adaina no andaba, sino flotaba, con lo que apenas se daba cuenta de los obstáculos que les asaltaban. Finalmente llegaron al sitio, que, para su fortuna, no estaba atestado de gente, con lo que incluso pudieron localizar una mesa donde sentarse.
- Voy a pedir, ¿quieres algo?
- Una cerveza.
- Cielo, tenemos que hablar. – Dijo Lorena.
- ¿Qué ocurre?
- Nada, es sólo que estoy pensando comprarme un coche.
- Bueno, eso ya lo habíamos hablado antes. Cuando nos den el piso…
- Ya, pero ¿por qué esperar si me lo voy a comprar de todos modos?
- Pues porque todavía no sabemos ni lo que nos van a costar los muebles y lo más seguro es que tengamos que meternos en más créditos.
- Vale, pero es que las cosas han cambiado. Ahora ganamos más dinero los dos.
- De todas maneras es igual, va a ser una cantidad de dinero bastante importante, no creo que sea conveniente ahora. Además, aunque ganes más, también estás gastando mucho más ahora. ¿Qué más te da esperar un poco? Si ya lo teníamos bien…
- ¿Pero qué me estás diciendo? ¿Qué gasto de más?
- No, no es eso pero…
- Sí, sí es eso. ¿Y qué pasa, que tú puedes tener un coche para que te ayude en el trabajo y yo no? ¿Es que mi trabajo no es importante?
- Tranquilízate Lorena, yo no he dicho nada de eso, pero habíamos planeado las cosas y…
- Ya, pero a ti te han dado un coche de la empresa y eso tampoco estaba planeado. ¿Así que tú puedes tener dos coches y te parece mal que yo tenga uno?
- No, no me parece mal. Es más, ahora que dices esto, si quieres te puedes quedar con el mío antiguo.
- ¿Con ese montón de chatarra? ¿Pero de qué vas Felipe?
- ¡De qué vas tú! Yo llevo utilizando ese coche un montón de tiempo y sin problemas.
- Ya, pero es que las cosas han cambiado, y con ese trasto no me puedo presentar delante de los clientes.
- ¿Y por qué lo tienen que ver los clientes? Además ¿y qué más da? ¿Pero qué te pasa?
- A ti te han dado un coche nuevo para que des buena imagen. ¿Qué pasa, que mi carrera no es importante?
- ¿Pero cómo puedes decirme eso? ¡Sabes que te he apoyado siempre!
- Ahora no, para una cosa que se me ocurre y mira como te pones. No me esperaba esto de ti.
- ¿¿Pero qué te ocurre Lorena?? ¡No entiendo nada! ¡Has cambiado! ¡Antes no eras así! ¿Por qué me haces esto?
- ¿De qué estás hablando? ¡El que me estás puteando eres tú!
- ¿Pero cómo puedes decir eso, con todo lo que te he dado? Cómprate el puto coche Lorena, ¡cómpratelo! ¡Haz lo que te de la gana! Me da igual, ¿ten enteras? ME DA IGUAL.
- ¡Vete a tomar por culo! Pensaba que me comprendías, pero ahora sé que no tengo a nadie. ¡Me voy! ¡Déjame en paz! – Acto seguido, Lorena se abalanzó llorosa hacia la puerta. Felipe, preso del enfado y la confusión, arrastró de un manotazo el mantel sobre el que se posaba todo su trabajo, que quedó derribado en el suelo.
Y sí, la crisis tiene su punto. De acuerdo.
Sí, sé que parece que me estoy pasando con los personajes, que tiendo mucho al dramatismo, pero... acaso no es en las grandes crisis cuando la gente no descubre lo mejor de si mismos? se produce la catársis? evolucionamos a mejor?
Besos
Conduces a estos chicos a su desintegración. Encima Adaina más temblorosa que un flan con Jaime. Y Jaime más colgado de la que le putea que un mono de una rama :))
Besos chiquilla :)





