De Triunfadores - Capítulo XXI
Lorena, encerrada en su cuarto, intentaba relajarse, pero la angustia aumentaba en su interior. “¿Pero qué he hecho?” Desde el momento en que abandonó la casa de Felipe, comprendió que había cometido una terrible equivocación. Las imágenes de lo sucedido no dejaban de girar en su cabeza. El estrés, el exceso de trabajo, la falta de sueño… No, ninguna razón era suficiente para justificarlo. Pero tenía que recuperar a su Felipe, tenía que intentarlo. Encendió la luz, cogió su teléfono y llamó… esperó… saltó el contestador, su mano empezó a temblar. Volvió a marcar otra vez… pero fue igual, se agitó, una gota de sudor brotó de su frente. “No, no por favor” “Se ha enfadado de verdad”. Sus nervios se dispararon y se puso a dar vueltas por el cuarto. Notó el calor. “Ay Dios mío que le pierdo” “¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?” “Me tengo que tranquilizar, él me quiere, él no me dejará así por que sí, se puede hablar, seguro que se puede hablar, mañana hablaremos”. Pero sabía bien que no podría calmarse, así que tomó una inesperada decisión, se dirigió al cuarto de su hermana, que había salido, y empezó a rebuscar en su cajón hasta encontrar su caja de Tranquimazín. Lorena nunca fue partidaria de las pastillas, que su hermana utilizaba en época de exámenes, pero no podía más. Detestaba ver cómo las emociones la desbordaban, e incluso la alejaban de todo lo que más quería. “Yo no soy así, ¿qué me está pasando?”
En la mesa de Felipe, las bebidas empezaban a surtir efecto. Las bromas de los chicos fueron subiendo poco a poco de volumen, mientras que las chicas intentaban acercarse a sus objetivos. La rusa de Pavel, que le había echado el ojo a Niko, había comprendido a donde debía dirigir sus esfuerzos si quería conseguir éxito, así que retornó a su primer amigo. La otra, entre tanto, intentaba entablar conversación con Felipe. Pero éste se veía acosado por más frentes.
- Tío, ¿por qué no quieres que hablemos con ellas?
- Porque tengo novia.
- ¿Pero no te habías enfadado? Además, da igual, sólo es hablar.
- Que no tío, que me da mal rollo.
- ¿Y qué haces en tú trabajo guapo?
- Estoy en Administración.
- Vamos, que manejas el dinero ¿eh? Jejeje.
- Lo que pasa es que te da corte. Tío, que no pasa nada, te lo digo yo.
- ¿Cuántos años tienes?
- 28.
- Pues es muy buena edad para un hombre, jejeje.
- Oye, se me ocurre una idea, ¿por qué no vas a la mesa y le dices a la chica que le invito a una copa?
- ¿Pero no te estoy diciendo que no?
- Que no tío, que no te enteras, le dices que soy YO el que invita, que vas de mi parte. Así quedas fuera del lío.
- ¿Y por qué no vas tú?
- Te lo he dicho antes, porque tú eres español y tienes pinta de buen tío, así se fiarán más. Venga tío, que no pasa nada.
- Bueno vale, se lo diré porque es de tu parte, yo no quiero saber nada.
Felipe se acercó al grupo de chicas mientras Niko, expectante, observaba la jugada con atención. Tras escuchar las palabras de Felipe, la guapa se giró sobre su asiento y echó un vistazo a su pretendiente, que pareció ser de su agrado, pues desplegó una amplia sonrisa. Después hizo un gesto de afirmación. Niko, pleno de satisfacción, también sonrió al tiempo que alzaba el pecho.
- Ha dicho que sí.
- Gracias colega, eres un amigo. – Niko partió a tomar posesión de su conquista. Al marcharse, la rusa Irina se aproximó un poco más a Felipe. No le disgustaba la chica, que tenía una mirada dulce, pero Felipe quería demasiado a Lorena. De todos modos, le resultó simpática, así que optó por sincerarse.
- Tengo novia, pero no estamos pasando por el mejor momento.
- ¿Y eso? ¿Qué ha ocurrido?
- Hemos tenido una pelea fuerte.
- Vaya, que pena, ¿y por qué?
- Ha sido por el dinero. Ella quería comprar un coche, y a mí no me parece el mejor momento.
- Pero… ¿eso no lo podéis hablar?
- Eso pensaba yo, pero ella se ha enfadado mucho, ha sido imposible.
- Bueno, ¿y qué vas a hacer?
- No sé, yo quiero hablar las cosas, pero no me ha gustado nada como se ha puesto, esos gritos… cada vez que lo pienso me pongo fatal. No lo entiendo.
- ¿Es siempre así?
- No no, qué va, antes no era así para nada. Ha cambiado en los últimos tiempos, cada vez está de peor humor y no me gusta nada.
- A esa chica le pasa algo.
- Ya pero… ¿el qué?
- No lo sé, pero la gente no cambia así porque sí. Ahí hay algo extraño.
Se hizo el silencio, Felipe comprendió que había algo serio y cierto en las palabras de la chica. De pronto, ella reaccionó, se acercó un poco más y rozó con su muslo casi descubierto la pierna de Felipe.
- Pobrecito… si quieres tomamos algo… - Pero Felipe, que adivinó las intenciones, tuvo que echar el freno. Sentía una cierta atracción, pero no estaba de humor, ni quería dejarse caer en tentaciones que más adelante lamentaría. Él no era así.
- Bueno, no sé… voy al baño. – Una vez lejos de la sala, recuperó la cobertura de su móvil. En ese instante descubrió los mensajes que le avisaban de las llamadas perdidas de Lorena. Fueron suficientes para hacerle sentir su presencia allí mismo. Comprendió que no podía seguir en aquella turbadora situación, donde ni siquiera contaba con el apoyo de Niko. Lamentó no poder disfrutar de la compañía de aquella chica, aunque sólo fuera para aliviar sus penas por unos instantes, pero ella quería algo más, le resultó imposible. Se marchó.
Besos.
El hombre que me gustaría conocer prefiero no pensarlo que luego vienen las decepciones jejeje. Mejor pillar las cosas como vengan.
Besos.
¿Felipe, refleja a alguien que conozcas o refleja al hombre que te gustaría conocer? :)





