- Hola ¿que hay?
- Hola Felipe…
- ¡Roxana! ¿Qué te ocurre?
- Felipe… estoy muy mal… Tengo un problema… estaba con un chico… y… y… me fui con él, en el coche… luego intentó hacerme cosas… pero yo no quería… entonces intentó por la fuerza… como vio que no podía… me trató mal… me empujó y me echó del coche, me dejó tirada en la calle… no tengo dinero… no sé como volver a casa….
- ¿Pero quién es? ¡Qué cabronazo!
- Uno que conozco… Felipe no puedo ir a casa… ¿vienes a buscarme?
- ¡Dios! ¡Ojalá pudiera! Pero es que no puedo, estoy en el cumpleaños de mi novia.
- Por favor te lo pido, no puedo volver a casa… ¿qué hago?
- ¡Llama a tu hermano por favor!
- ¡Felipe! ¡No puedo! ¡Si se entera de que ando con chicos me matará!
- ¡No! ¡No digas eso! ¡Eso no va a ocurrir, te ayudará! ¡Tienes que llamarle! ¡Roxana por favor! Confía en mí.
- No lo entiendes. – Y apagó el teléfono, dejando a Felipe sumido en un estado de nerviosismo y desolación muy difícil de ocultar.
“Dios, no puede ser, no puede ser, ¿qué hago? ¿Y si le ocurre algo?” – Mientras buscaba una solución, Felipe entró precipitadamente en el pub. No podía parar de moverse mientras pensaba, e incluso le entró calor, tuvo que enjuagarse el sudor de la frente.
- Felipe
- ¡Qué!
- ¿Estás bien?
- Sí, bueno, es que me ha llamado mi madre, parece que no está bien…
- ¿Y eso? ¿Qué le ocurre?
- Pues es que no sé, no me he enterado bien con el ruido, me parece que voy a tener que salir otra vez a llamar.
- Espera, voy contigo…
- No, no, ahora vuelo, un segundo. – Felipe salió a la calle móvil en mano dispuesto a arreglar como fuese la situación. Le preocupaba seriamente el estado de la chica, así que para bien o para mal, tenía que actuar.
- ¡Niko, tienes que llamar a tu hermana! ¡De prisa, es urgente!
- ¿Pero qué ocurre?
- ¡Le ha pasado algo muy malo, llámala ahora mismo por favor!
Nada más colgar el teléfono, Felipe se dio la vuelta para regresar y se encontró, frente a frente, con una Lorena enrojecida y furiosa.
- ¿Quién es ese Niko?
- Un amigo de la familia, que está en casa.
- Claro, ¿y qué es eso de que llame a su hermana?
- Sí, es para que vaya con el coche…
- ¡Tú me estás mintiendo! ¡Tú te crees que soy gilipollas!
- ¡Qué no Lorena, qué no! Que a mi madre le ha dado un mareo…
- ¡Eso es mentira! ¡Tú me estás ocultando algo! ¿Me vas a decir de una vez quiénes son esos?
- ¡Ya te lo he dicho! Que son amigos de la familia…
- ¡No me lo creo! ¿Desde cuándo se quedan tus padres con amigos a estas horas?
- ¡Mira Lorena, si no confías en mí me lo dices de una vez y lo dejamos!
- Pero Felipe…
- ¡Ni pero ni nada! ¿Quieres que lo dejemos sí o no?
- ¡Basta ya Felipe! No es eso, no es que no confíe en ti, es que esto es muy raro, no digas que no joder.
- Vale, sí, tienes razón, perdóname por no habértelo explicado todo bien desde el principio, pero es que estaba muy nervioso, y no quería preocuparte, ni estropearte la fiesta con la movida.
- Bueno bueno, pero tenías que habérmelo dicho Felipe, no hubiera pasado nada, y hora qué, ¿vas a ir a verla?
- No, no hace falta, ya te dije que está bien atendida.
Felipe se sintió extrañamente tranquilo después de la pelea. No lamentó en absoluto haber mentido, ni chantajeado, y sólo se preocupó los resultados, ya había tenido suficientes problemas por culpa de los demás últimamente. Algo en su interior empezaba a cambiar. Un tiempo después, tuvo la necesidad de saber lo que había pasado. – Voy un momento a llamar otra vez, a ver que ha pasado al final. – Vale Felipe. – Sí, sí, ya estamos en casa. Roxana está bien, no te preocupes, ya te contaré. – Felipe dio por sentado el enfado de Roxana, pero lo único que le importaba en ese momento era su bienestar, ya que la chica era demasiado joven para apreciar el cariño y la protección que le proporcionaba su hermano. Se alegró.
Un abrazo :))
Por otra parte el que no puedas contarle a tu novia parte de tu vida no ayuda a la claridad... Pasa mucho. Pero no es lo que ayuda.
Besos ;)





