- Felipe, vente un momento a mi despacho y pásame los papeles que te pedí el otro día.
- Voy.
- Siéntate chico, mira, tengo una cosa que decirte.
- ¿Qué ocurre?
- Jajaja, relájate hombre, no ocurre nada. Sólo quiero decirte que tanto Pereda como yo te estamos muy agradecidos por tu colaboración en este asunto. Es más, él me ha sugerido que debemos gratificarte de algún modo. Así que, hemos pensado en darte esto. – Gonzalo extendió su mano y tendió un cheque a Felipe.
- No, no puede ser.
- ¿Cómo que no? Si te lo has ganado chaval.
- Yo me he limitado a cumplir órdenes, no sé nada más.
- Pero no seas tonto, no acepto un no por respuesta. ¡Que no Felipe, que no me lo devuelvas! Además, sé que dentro de poco te vas a ir a vivir con tu novia y te va a venir muy bien. Venga, pues esto es todo, puedes volver a tu trabajo.
Felipe regresó a su puesto aturdido y consternado. La cifra que vio reflejada ante se ojos le provocaba vértigo. Ese dinero le supondría una gran ayuda ahora que estaba a punto de afrontar una mudanza. Pero, no ignoraba el significado del regalo, le estaban comprando a él, a su silencio. Se preguntó si habría algún modo de devolverlo, o si tal vez fuera mejor no cobrarlo. Por lo pronto, sólo se le ocurrió ocultar el papel maldito de la vista de sus compañeros. Aún así, lo sentía a cada paso que daba, como si lo llevara grabado a fuego. “¿Qué hago?” y lo que era aún peor “¿Me toman por gilipollas?”
- Es precioso, definitivamente precioso, y además nos va durar un montón de años…
“Se lo digo o no se lo digo”. Felipe guardaba silencio mientras su novia hablaba del precioso y carísimo sillón que había encontrado.
- Pero es que es tan caro… aunque como vamos a pagar las cosas a plazos tampoco tendremos muchos problemas, ¿no? ¿Tú que piensas?
- Si te parece bien lo compramos.
- Vaya Felipe, cómo has cambiado.
- Bueno, no sé, da igual, tampoco nos van tan mal las cosas. – Felipe enrojeció mientras pensaba en el maldito pedazo de papel bancario que le atormentaba. Lorena, entre tanto, le miró extrañada.
- ¿Ocurre algo?
–No.
- Vaya, bueno, me alegro. Las cosas como son, ese sofá y una decoración adecuada nos vendrían muy bien para la casa. Es posible que tengamos que recibir a gente importante del trabajo, y aunque quede mal decirlo, las cosas como son, la apariencia importa. Pero también hay que ser realistas, esta claro que ahora mismo no nos podemos meter en todo. Podríamos comprar el sofá y luego, pues ya poco a poco las otras cosas, qué remedio.
- Sí cariño. – Luego se marcharon a casa. Lorena, en un extraño acceso de nostalgia, tomó la mano de su novio. Hacía mucho tiempo que no compartían este gesto, y aquel preciso instante, en el que se encontraban a las puertas de un cambio tan importante, le apeteció mucho hacerlo. En el fondo, no se sabía lo que la convivencia podría depararles. Felipe se enterneció, sin embargo, la sombra de la preocupación no le dejaba relajarse. “No puedo cobrarlo, no puedo. Pero a Lorena le hace tanta ilusión lo de la casa…”
Como siempre, sigo insistiendo jeje: http://www.anamariacuesta.es
Besos





