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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo XXIX



Sólo quedaba un mes y medio para la entrega del piso, y Lorena por lo menos había encontrado el entretenimiento de la decoración y los muebles para abstraerse. Era su refugio, una ocupación que le servía para olvidarse durante algunas horas de sus problemas. Felipe, en cuanto a este punto, se dejaba llevar sin más, entendía tales asuntos como una obligación que no lograba despertar su entusiasmo. Es más, encontraba francamente aburrido el desfile de tiendas, precios y comparaciones.

Durante las noches, en el solitario abandono de su dormitorio, Felipe no podía evitar acordarse sus amigos los rumanos. Tenía un peso demasiado grande sobre sí, y guardar silencio le producía una sensación de ahogo. En su evasión, se imaginaba saliendo de juega con ellos, sorbiendo sus problemas a tragos, olvidándose de todo. Los duros y desnudos muslos de las chicas bailaban en su mente, y él casi sentía la firmeza de sus carnes entre sus manos.

Adaina, por su parte, se había quedado un poco trastocada tras la llamada de Jaime. Aquellas calurosas palabras de preocupación habían conseguido reabrir las heridas aún superficialmente cicatrizadas. Sus pensamientos empezaron a revolotear. “¿Entonces sentía algo por mí?” “¿Todavía lo sentirá?” Tres días y tres noches enteros pasó dándole rienda suelta a estas ideas, pero el autoengaño no duró mucho más. En definitiva, Jaime había dejado la conversación cerrada, sin esperanzas de reencuentro, ni de volver a hablar nunca más. Había sido dulce, pero también distante.

Había transcurrido un tiempo respetable desde que finalizaran sus relaciones y eso la ayudó a tomarse las cosas de una manera diferente, más racional. Lo que ya había aceptado anteriormente le resultó más fácil de aceptar en la época actual. Su recuperación, su ansia de vivir, no se detuvo ante este contratiempo. Ya no se quería amargar más, y menos ahora que tenía la oportunidad de guardar algo bonito de Jaime, un recuerdo que le ayudó a sentirse mejor consigo misma, menos utilizada.

Jaime, sabedor del daño que podía ocasionar a la chica, optó por retirase de su vida y continuar con su plan. No quería perjudicarla más, ni tampoco despertar unos sentimientos que no podía corresponder. De algún modo, algo había cambiado en él. Por lo demás, dejó de esparcir comentarios por la oficina. Esa fase ya había cumplido su cometido y la dio por finalizada. Ahora su objetivo principal consistía en hacerle saber a las personas importantes de la empresa, la directiva, la clase de empleada de confianza que tenían. El golpe maestro, el golpe final. Su mayor escollo constituía la falta de pruebas, pero, por más vueltas que le daba al asunto, no conseguía encontrar nada. Sólo le quedaba encontrar el modo de aproximarse a alguno de ellos, uno de los jefes. Si se ganaba su confianza podría revelar lo que fuera.

Pasaban los días y los anónimos en el trabajo no cesaban, pero a Lorena eso ya casi ni le importaba. Transcurría el tiempo y el misterioso amenazador no parecía mover ficha. Empezaba a creer que se trataba de una mala broma. A veces le contestaba, y a veces simplemente lo ignoraba. El problema radicaba en que, sin duda alguna, el autor de los mensajes estaba difundiendo la noticia por la oficina, y eso le generaba una creciente tensión. Quizá el mismo nada más podía hacer contra ella, pero si los otros se enteraban, antes o después el rumor podría alcanzar a quien ella no deseaba. Cada día lo notaba más en el trato, en los gestos. Departamento tras departamento, la voz iba circulando.

Armada con su espíritu de lucha, Lorena por fin se atrevió a dirigirse al informático. No le permitió acercarse a su ordenador, pero sí le inquirió acerca del modo de identificar una IP. Gracias a su consejo logró averiguar que se trataba de alguien de dentro, de la oficina. Nada que no supiese ya. Empezó a tomarse el problema un poco más en serio. No era una chica acostumbrada a amedrentarse en los asuntos de trabajo, pero por una vez en su vida, se imaginó que podría llegar a un punto en el que la situación le superara. No tenía plan y no se desmoronó, pero a partir de ese momento ya no pudo descansar en paz. A estas alturas las pastillas para dormir se habían convertido ya en sus mejores aliadas.

Felipe, que advertía como iba en aumento el desánimo de su novia, por fin se decidió a hacer lo que había propuesto para endulzarle la vida. Así pues, un sábado por la mañana, se decidió a jugarse el todo por el todo y procedió a ingresar el cheque de Gonzalo en su cuenta. Se abandonó a su destino, consideró que hiciera lo que hiciera, iba a recibir los palos igualmente. Ya no había vuelta atrás.


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