DE TRIUNFADORES - Capítulo I
Primera Parte
Apenas unos minutos después de las ocho de la mañana Lorena acude, como cada mañana, a tomar el metro con destino su trabajo. Frente a las escaleras de bajada, respira hondo y hace acopio de paciencia para descender entre la muchedumbre de rostros apagados y somnolientos. Para aliviar el transito de empujones y molestias varias que vendrán, se distrae observando de reojo a sus compañeros de viaje en el andén. En el vagón, son escasas las ocasiones en que puede hacerlo, pues a esas horas de la mañana la masa humana que se introduce en los compartimentos es tan compacta que apenas se puede respirar. Las miradas de soslayo, o no tanto, que le dedican algunos de los hombres en el trayecto, le proveen de ese punto de seguridad que a veces le falta. Como le sucede a la mayoría de las mujeres que habitan este planeta. También le gusta pasar revista a las chicas, las analiza, necesita saber si su atuendo esta en orden, si viste conforme a los patrones de moda actuales y además toma ideas curiosas que le puedan servir para perfeccionarse. Porque ella cuida hasta el último detalle.
Su novio, Felipe, realiza el mismo proceso cada mañana, como tantas otras personas de las que se concentran en las grandes urbes. Pero, en este caso, lo hace en coche. Se trata de un modelo de segunda mano que pronto será renovado. Él sabe que tiene serias posibilidades de mejorar su posición en la empresa, confía en que será pronto y, para relacionarse con ciertos clientes de la empresa, considera que este tipo de detalles le pueden beneficiar. Lorena opina del mismo modo, por ese motivo, la pareja ha decidido que el coche debe ser renovado y en un plazo no muy largo. A fin de cuentas, ambos ya disponen de un trabajo estable y bien remunerado y, a pesar de los sacrificios económicos que han de hacer a favor del piso, han llegado a un nivel en el que se pueden empezar a plantear ciertos lujos.
Ya ha salido del metro. Durante el trayecto, que le lleva una media hora, a veces le da un repaso a su trayectoria profesional y sus logros. Necesita encontrar una satisfacción que justifique la dedicación y las horas que le arrebata su trabajo y que le confiera la energía necesaria para empezar a salir de su estado de semi-letargo matinal. Casi siempre la encuentra. Tiene 27 años y ha avanzado muchísimo, en todos los sentidos. Muchas personas de más edad se han pasado años luchando por las metas que ella ha alcanzado sin conseguirlo. Tiene una más que prometedora carrera, su trabajo está bien remunerado y además, goza del reconocimiento de sus superiores. Su relación también es envidiable.
Él ha conseguido aparcar su vehículo y se dirige a su puesto de trabajo sacudiéndose el fresco de la mañana. En general, pasa estos primeros momentos del día poniendo en orden los asuntos a los que deberá enfrentarse a lo largo de la jornada. Es planificador y metódico, le gusta tenerlo todo organizado. Cada pequeña meta que se propone y consigue le estimula y le empuja a seguir adelante. A pesar de que no le faltan razones para sentirse bien en su trabajo, a veces una pequeña nube enturbia sus pensamientos inevitablemente. Piensa en ese compañero cuya rivalidad es un hecho más que manifiesta. Él está seguro de si mismo y de sus posibilidades, quiere pensar que su contrincante nunca logrará derribarle, pues a pesar de los obstáculos que ha intentado interponer en su camino, él siempre ha salido adelante. Sólo se trata de una sombra pasajera que enseguida borra de su mente. Se ha acostumbrado a ver este tipo de sucesos en la rutina habitual de cualquier trabajo y cada día le da menos importancia.
Le falta garra al principio. Eso siento. Para que capture... para que te atrape.
las primeras letras de una novela siempre que me han llamado me han llamado desde la intriga...
Tú eres algo que ya leo con cariño pero para mí el cariño es decirle la verdad al otro como el otro quiero que me la diga a mí en las mismas circunstancias.
A ti ya puedo porque sabes como es mi voz y mi ánimo al leerte y sabes que esto es que me preocupo por conocerte y por montarmelo de algo. En confianza o eso creo.
Muy bueno donde dices que buscas la mirada del otro para crecer en seguridad... ESa sensación yo la he vivivo casi a diario y me he preguntado mucho por ella... ¿qué haré cuándo falte? Entonces concluí que debo saltarmelas si luego no quiero echarlas de menos
Un beso.
Necesitaría ese primer audio que grabé aquí para linkearte... ¿lo tienes a mano tú? porque yo no sé donde lo puse pero como voy a seguir leyendo... ya lo encontraré otra vez :)





