De Triunfadores - Capítulo II
Segunda Parte
Un día más por la tarde, una tarde como cualquier otra tarde, llega el momento en el que Lorena y Felipe concluyen su jornada laboral y disponen por fin de un momento para verse. El reloj ya ha superado las 8 y media cuando Lorena consigue llegar a la elegante cafetería donde han concertado su cita. Hace ya bastante tiempo que ninguno de los miembros de la pareja realiza un cursillo de formación o de ocio, como solían hacer antaño. A día de hoy, sólo les quedaba tiempo y energía para salir de vez en cuando con sus amigos o realizar alguna escapada. Sin embargo, se sentían tan satisfechos con su evolución en el trabajo que ni siquiera echaban de menos las otras actividades.
No obstante, había una costumbre que no habían perdido en 7 años de relación a pesar del cambio de circunstancias de su vida y es la de encontrarse casi cada día aunque sólo fuera un momento. Su compañía mutua había constituido el mayor refugio para ambos durante mucho tiempo y a estas alturas ya dependían de estos encuentros. No había otra persona en el mundo para ninguno de los dos a la cual pudiesen confiar sus temores e intimidades con un grado de confianza tan alto. De este modo, cada día se comentaban sus preocupaciones y sus esperanzas, así como criticaban a aquellos que les incomodaban en el trabajo o fuera de él. Si la relación se terminara, ninguno de ellos sabría ya con quien desahogarse o hablar.
- ¡Hola guapo!
- ¡Hola preciosa! – Felipe se levantó de su asiento y obsequió a su novia con un tierno y breve beso en los labios. Aquel gesto quedaba muy lejos del arrebato y la pasión con los que se recibían en los primeros tiempos de su relación, no obstante, era suficiente como para satisfacer las necesidades actuales de la pareja. Después, Lorena se encaminó a la barra para solicitar su refresco habitual. – ¿Te pongo uno? – Sí. – Respondió Lorena con una sonrisa. No necesitó comentar nada más en aquel local que visitaban con tanta frecuencia. Mientras tanto, Felipe se entretenía ojeando las páginas de uno de aquellos diarios gratuitos que tanto abundaban en cada esquina de la ciudad.
Lorena regresó a la mesa con su bebida burbujeante y se sentó frente a Felipe, tras lo cual permaneció un rato en silencio para despejarse de la tensión acumulada del día. Tras injerir con tranquilidad un par de tragos de su refresco, Lorena se recuperó un poco, se frotó con la mano sus ojos cansados y se dispuso a preguntarle a su novio algo sobre el devenir de su jornada. Felipe, en ese mismo instante, dobló el periódico y lo dejo sobre la mesa.
Un rato más tarde, la pareja cayó en el silencio. Mientras Felipe observaba el telediario en el gran monitor que había cerca de ellos, Lorena dirigió hacia él su mirada. Echó un vistazo a su cuerpo y comprobó como, cada vez más, se hacía diferente del de aquel muchacho que había conocido algunos años antes. Al mismo tiempo que la personalidad y la forma de vida de Felipe se iban estabilizando, su cuerpo parecía ir perdiendo el nervio de antaño y la curva que enmarcaba su cintura se hacía más pronunciada. Entonces apareció la imagen del cuerpo fibroso de Jaime en los pensamientos de Lorena, que bajó los ojos. No quiso darle alas a esta idea y la desechó de su mente, con rechazo.
- ¿Nos vamos a casa Felipe?
- Bueno, como quieras. – En algunas ocasiones se quedaban a tomar algo para cenar en los locales que visitaban como manera de permanecer más tiempo juntos, pero no es algo que se pudieran permitir siempre. Por otra parte, Lorena sabía que la comida de los bares no era lo más adecuado para mantener su tipo.
En la puerta, un camarero trataba de evitar la entrada de un mendigo en el local. – Que te he dicho que no puedes entrar. – Tú que te piensas, ¿qué nunca vas a ser como yo? Soy una persona, yo también tengo hambre, como los demás.
Lorena agarró el brazo de su novio y bajó la vista. Ninguno de los dos hizo comentarios sobre el tema. Junto a su pareja, Lorena se sentía fuerte, segura, pensaba que nada malo le podría pasar. En momentos como ese se sentía completamente segura de lo que quería y desterraba por completo los pensamientos no deseados de su cabeza.
El detalle del mendigo... a mí me hace reaccionar. Me fijo mucho en eso pero no bajo los ojos :)
Observo... el doble...
Disfruta de tu novio, ya que lo tienes bien en forma, en cuanto a Lorena, ya veremos a ver que pasa jeje.
El caso es que Jaime con su cuerpo bien contorneado es una dura tentación y esa barriga de su novio se lo está poniendo fácil para decidirse...
Sigue así, porque engancha, tanto que te acabo dar mi voto para mejor blog de ficción.
bye
Aunque apuradamente sigo leyendo siguiendo esos cambios.
besos
José





