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El Rincón de Denisa...
Aprende como si fueras a vivir para siempre, vive como si fueras a morir mañana
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Soy Denisa. Soy una voyeur del mundo, miro, observo, analizo y después cuento. Una serie de circunstancias en mi vida me impulsaron a hablar, y ahora creo que no puedo parar. Besos. php hit counter

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De Triunfadores - Capítulo IV


Primera Parte



- Felipe, ¿puedes pasar un momento a mi despacho? – Sí Gonzalo. - Aunque el semblante de Felipe mostraba el aspecto rejado de siempre, el chico notó una ligera sacudida en su interior. Sospechó que quizá habría llegado la hora del ansiado ascenso.
- Felipe, tú sabes que te aprecio enormemente y que a su vez tengo depositada una gran confianza en ti.
- Gracias Gonzalo.
- No tienes por qué darme las gracias hombre, el mérito es todo tuyo. Felipe, muchacho, hay una cosa que te quiero comentar. –Felipe, ilusionado, sintió como la emoción se hacía más intensa en él. – Verás, necesito pedirte una cosa. Tú sabes que confío en ti más que en nadie de esta empresa y por esa razón debo acudir a ti en este caso.
- No te preocupes, ¿de qué se trata?
- Bueno, verás, mi mujer tiene que acudir hoy al médico, a una importante revisión. No se encuentra bien y es preciso que una persona la lleve en coche a la clínica, que está en Tres Cantos. El problema, Felipe, es que el Presidente ha convocado para ahora mismo una reunión extraordinaria y no puedo dejar de acudir de ninguna manera y, para colmo de males, mi hijo tiene un examen importantísimo hoy. Sé que parece raro Felipe, pero, sinceramente, en estos momentos no se me ocurre ninguna otra persona a la que recurrir. En compensación, te ofrezco pasar el resto del día libre. – En aquel instante, Gonzalo hizo una pequeña pausa en su discurso, se detuvo para mirar directamente a Felipe y añadió con solemnidad:
- Por descontado, este pequeño favor que te pido aumentará con creces la buena consideración que tengo de ti. ¿Qué me dices?
- Bueno, lo cierto es que hoy tengo mucho trabajo, Gonzalo. Pero si tú no tienes ningún inconveniente en que lo deje aparcado un rato, pues nada, no hay problema.
- Muy bien Felipe, me alegra oír eso. No te preocupes tanto por el trabajo muchacho, eres muy responsable. Tómate el resto del día libre y descansa un poco, que te lo has ganado.
- Como quieras Gonzalo.
- Así me gusta chaval. Recuerdas la dirección ¿no?
- Sí, no te preocupes.
- Muchas gracias Felipe, y recuerda que no se me va a pasar por alto este detalle que has tenido conmigo. – Subrayó Gonzalo.
- No hay de qué, voy para allá ahora mismo.

Felipe abandonó el despacho envuelto en una sensación de extrañeza. No terminaba de asimilar que hubiera recaído sobre él una petición tan singular, que poco o nada tenía que ver con la clase de encomiendas que esperaba recibir en la oficina. Le resultaba muy chocante que Gonzalo no tuviera otro amigo, conocido o familiar más adecuado para atender esos asuntos tan personales. Pero, unos instantes después, ya se había familiarizado con el asunto y las dudas se disiparon de su mente. Al fin y al cabo, si el problema había acaecido repentinamente, tampoco era tan extraño que Gonzalo no pudiese disponer de otra persona, concluyó Felipe, y sin más zanjó la cuestión. Porque había una cosa que sí le había quedado muy clara, y es que Gonzalo tendría muy en cuenta este favor de cara a futuras decisiones, con lo cual Felipe supo con certeza lo que debía hacer.

Para cuando Felipe se encontraba ya arrancando el motor de su Ford Fiesta de segunda mano, el chico había recuperado por completo su templanza habitual. Se sentía bien cuando conducía solo y aquel día de finales de Septiembre, con su soleada calidez, contribuía a su bienestar.

Finalmente, llegó a las proximidades del magnífico chalet que pertenecía a Gonzalo. Tras aparcar su coche, se encaminó a la vivienda con algo de azoro, pues esta era una de las situaciones que todavía conseguían hacer aflorar su timidez. Antes de llamar a la puerta, observó durante unos instantes la esplendorosa fachada del chalet y su pequeño jardín que ya conocía de anteriores ocasiones, pero que sin embargo no dejaba de impresionarle. Aquella demostración de lujo le intimidaba un poco.

- ¿Quién es? – Soy Felipe García, trabajo para…- No le hizo falta decir nada más, pues en aquel instante la verja se abrió para él. Era obvio que le estaban esperando. Felipe atravesó el jardín en dirección a la puerta, que no tardó en abrir la asistenta. – Pasa por aquí. Ahora mismo viene Aurora. – Gracias.

Felipe se dispuso a esperar en el recibidor, pero no se vio obligado a hacerlo durante mucho tiempo, puesto que unos escasos segundos después una figura espectral hizo su aparición en lo alto de la escalera. Felipe, presa del asombro más absoluto, se quedó petrificado en su sitio mientras observaba como la mujer, cuyo rostro se encontraba envuelto en vendas, descendía los peldaños con gran esfuerzo. Por más que lo intentaba, no lograba vincular la imagen de aquel ser mutilado y desvalido con la elegante y orgullosa señora que había conocido anteriormente. El breve intervalo de tiempo en el que Aurora consiguió finalizar su trayecto, se le antojó una eternidad a Felipe, quien no fue capaz ni de pestañear.

- Hola Felipe. – Un leve quejido que apenas se asemejaba al tono habitual de la mujer fue suficiente para despertar al chico de su conmoción.
- Hola Aurora. – Contestó en voz baja y tímidamente.
- Muchas gracias por venir hijo, me has hecho un gran favor.
- No te preocupes Aurora, no pasa nada.
- Eres un chico muy amable, espero que mi marido te trate bien. – Dijo tratando de emular una sonrisa.
- Bueno, no me puedo quejar.

Felipe, que sentía algo de lástima, tomó a Aurora del brazo y la condujo con sumo cuidado hacia el lugar donde había aparcado su vehículo. Aurora no podía evitar detenerse de vez en cuando para emitir algún que otro gemido de dolor que apenaba aún más al muchacho. –Felipe, supongo que te habrá impresionado verme así. – Felipe, encarnado, respondió que sí. – Bueno, no te preocupes, no me pasa nada malo. Sólo me he hecho un par de retoques faciales para estar bien. Verás lo bien que queda. – Bueno, Aurora, yo creo que no lo necesitabas. – Comentó Felipe no exento de sinceridad en sus palabras. Aurora hizo un nuevo amago de sonrisa. – Gracias hijo, eres muy galante, pero la verdad es que las mujeres a partir de cierta edad tenemos que cuidarnos. – Felipe no quiso replicar, pero lo cierto es que no estaba muy de acuerdo con la afirmación, pues consideraba que Aurora se conservaba muy bien para la edad que tenía. Su aspecto saludable reflejaba un estilo de vida en el que el lujo y la comodidad no habían estado ausentes. Sin embargo, esto parecía no ser lo suficiente para ella. Posteriormente, ambos continuaron su camino en silencio.

La clínica se encontraba ubicada en un antiguo chalet reformado y presentaba una fisonomía muy diferente a la de las grises e insulsas moles de cemento que solían albergar a los hospitales habitualmente. Una vez que traspasaron la entrada, Felipe se asombró al descubrir que el interior del local tampoco tenía mucho que ver con las otras clínicas, ya que la decoración de la sala de espera daba la apariencia de ser excesivamente confortable y elegante. Sólo un atisbo de olor a lejía hubiera podido indicar a los extraños la realidad del lugar donde se hallaban. Un paso más adelante, en la recepción, tuvo la oportunidad de maravillarse de nuevo, ya que la chica que la atendía era bastante guapa y joven. Felipe la contempló ensimismado mientas Aurora se esforzaba por transmitir sus indicaciones. Unos minutos después, un demasiado atractivo médico de semblante sonriente irrumpió en la estancia para atender a Aurora con una desusada amabilidad, que al chico le resultó muy artificial. Entre sonrisas y halagos, el hombre condujo a Aurora hacia la sala de curas. En ese preciso instante Felipe sintió como si hubiera caído de repente en una película americana, de tan surrealista que le pareció la escena y le entraron hasta deseos de reír, aunque nunca lo hubiera exteriorizado.

Cuando la pareja se alejó por fin de su vista, a Felipe no le quedó otra cosa que hacer que sentarse a esperar en la bonita sala. Entre echarle un vistazo a las revistas médicas que había y que poco le interesaban, y dirigir miradas de reojo a la recepcionista, dejo transcurrir sin más el tiempo. Su mente se había situado ya en las horas de libertad que todavía le quedaban por delante. Después de todo lo que le había acontecido a lo largo de la mañana, Felipe ya se creía por fin completamente merecedor de la recompensa que había recibido y estaba deseoso de poder hacerla efectiva.





 
Comentario:
Voy a leer tu blog, pienso lo mismo que tu, sobre las votaciones. Intentare ser fiel a mi mente, no quiero fracasar en esa lealtad. Pasate por el mio cuando quieres, el unico compromiso es leer, espero que te guste.

Perdona la ausencia de acentos, es el teclado.
No