De Triunfadores - Capítulo V
Desde el mismo instante en el que Felipe hubo de regresar a su oficina, pudo detectar algunos cambios. Si bien es cierto que en su relación con algunos, que no muchos compañeros ya había tensión de antes, ahora la crispación había aumentado. Gestos como susurros, miradas esquivas u ojos que descendían para eludir el contacto lo dejaban bien patente. Eloy, su más firme competidor, ya había optado por retirarle el saludo directamente. Felipe, en virtud de aquel movimiento, previó que la llegada de nuevos acontecimientos estaba muy próxima. Tal vez hubiera rumores sobre su ascenso que él ignoraba, o quizá la gente se hubiera tomado a mal el exceso de confianza que el jefe le otorgaba.
- ¡Buenos días Felipe!
- Buenas, Gonzalo. – Luego te veo muchacho, necesito que me prepares unos informes.
- Su jefe, sin embargo, no había variado en nada su actitud. Si la pieza clave del puzzle no hacía revelaciones, entonces sólo le quedaba esperar.
- Señorita, es aquí. – Gracias. – Lorena descendió del autobús por la escalera de la entrada. Miró su reloj y comprobó que eran las 5 menos 25, es decir, que su exceso de celo le había llevado una vez más a llegar con unos veinte minutos de antelación. Se alegró por ello, sabía que la tensión de las prisas podía afectar negativamente a su trabajo. No obstante, el viaje de más de una hora que había tenido que realizar para llegar al Corredor del Henares le indujo a maldecir nuevamente el transporte público y a desear con fuerza la adquisición de un coche. Pero sabía que, estando como estaba a las puertas de firmar una hipoteca, eso no era posible.
Sin otra cosa que hacer, echó a un vistazo al paraje que descubría por primera vez. Le resultó particularmente artificial. El Parque Empresarial se componía de una larga serie de cuadrangulares e idénticos edificios con pocos ornatos cuya visión, a falta de gente en las calles, transmitía cualquier cosa menos vida. A los laterales de la gran avenida que se abría tras la entrada, nacían unas cuantas callejas perpendiculares que también sorprendían por su uniformidad.
Lorena, que empezó a temer que no encontraría su destino, sintió un gran alivio cuando divisó al guardia de seguridad que rondaba por la zona. – Hola, buenos días, ¿me podría decir dónde está la calle Londres? – Claro señorita, es la segunda paralela a la derecha. – Gracias. – De nada guapa. – El guardia sonrió ampliamente mientras repasaba de arriba abajo la figura de Lorena. Lamentablemente, no gozaba de mucha compañía en su profesión y había que reconocer que Lorena se ponía muy guapa cuando se preparaba para una reunión importante. El traje gris, aunque sobrio y elegante, no dejaba de ser atractivo con su corte moderno y su leve brillo satinado. Además, resultaba favorecedor para las chicas curvas como ella. El resto de su imagen, que solía ser impecable por lo general, también había sido especialmente cuidadO.
Así pues, Lorena se dirigió al lugar indicado caminando sobre el liso sendero de piedra, que competía en cuanto a apagamiento y uniformidad con los propios edificios que lo bordeaban. Para intentar añadirle naturalidad a la gris micro ciudad de cemento, los autores del esperpento habían insertado unos rectángulos de tierra entre el camino y los portales. Sin embargo, y contra del efecto pretendido, el verde de la hierba implantada resultaba tan vivo y estridente que no hacía más que incrementar la artificialidad del conjunto, pues se asemejaba demasiado al plástico.
Todavía quedaban unos minutos para que diera comienzo la reunión, con lo que Lorena se recostó sobre la barandilla que separaba el camino de la hierba. Respiró profundamente. A estas alturas de su joven vida, ya tenía una amplia experiencia en tratos comerciales, puesto que había empezado a hacer prácticas en empresas antes de abandonar la facultad. No obstante, aún le quedaba algún que otro vestigio de inseguridad cuando debía afrontar situaciones nuevas o importantes. Pero, al igual que en otras facetas de su vida, había aprendido a tomar el control de la situación. Sólo necesitaba centrarse en sus objetivos y proponerse darlo todo de sí para lograr la victoria.
- ¿Me deja un momento su DNI? – Sí. – La guardia jurado hizo la pertinente comprobación. En la recepción del bloque de empresas en cuestión, las medidas de seguridad eran fuertes, como mandaba el uso que se estaba implantando en los últimos tiempos. La empresa que visitaba Lorena, distribuida en tres plantas, constituía la mayor de aquel conjunto de diez.
- Buenas tardes, soy Lorena Martínez y tenía una cita con Juan Manuel Ferrero. – Muy bien. – La recepcionista apretó el correspondiente botón de la centralita para dar el aviso. Posteriormente, se levantó. – Venga por aquí. – Lorena acompañó a la chica por el impecable pasillo enmoquetado de azul. A la derecha del mismo se habían dispuesto varias extensas hileras de puestos de trabajo apenas separados por unas finas placas de plástico, mientras que a la izquierda se encontraban los despachos principales cerrados con puertas. Finalmente, una de esas puertas se abrió para Lorena. – Espere aquí un momento. La sala de reuniones, decorada de una forma mucho más seria, imponía más respeto que el resto del lugar. Lorena sintió la necesidad de respirar con fuerza otra vez, pero tuvo que desistir de sus propósitos, pues escuchó el golpe seco de la puerta al cerrarse.
- Buenas tardes, ¿Lorena?
- Sí.
- Hola, ¿qué tal? Soy Juan Manuel. – El hombre desplegó una gran sonrisa de dientes blancos que hizo recuperarse a Lorena del susto de la puerta en el acto. Ella, entre tanto, le devolvió la mejor de sus estudiadas sonrisas mientras cruzaban sus manos.
- Siéntate aquí. Vamos a ver ese proyecto que me traes. Pero, un momento ¿quieres tomar un café o agua? – No gracias. – Lorena tomó asiento y, sin más preámbulos, extrajo el proyecto y el presupuesto de su carpeta, que procedió a exponer con sus convincentes modos aprendidos. Ya en harina, su actuación mejoraba por momentos. Hablaba sin parar, y lo hacía con toda confianza.
- Bueno, Lorena, en principio me parece bien, pero tengo que estudiarlo un poco primero. Creo que para llegar a un acuerdo tengo que hacer algunas modificaciones. – Muy bien, ya verás como te gusta. – Dijo Lorena riendo mientras entregaba el dossier. Juan Manuel rió también. – Sí me lo dice una chica tan guapa me lo tendré que creer. – Gracias. Por cierto, si tienes alguna duda o sugerencia no dudes en llamarme. – Por supuesto que lo haré. – Dijo Juan Manuel fijando sus pupilas en las de Lorena. Se despidieron.
Una vez que abandonó el edificio y se halló lejos de toda mirada, Lorena volvió a sonreír. Pero en esta ocasión, y por primera vez en toda la tarde, de un modo espontáneo. Había leído la aprobación en la mirada y en los gestos de Juan Manuel. En su programa ya constaba el hacer algunas concesiones, por lo que confiaba en que después de la negación, el cliente sería suyo.
Después le tocó armarse de paciencia junto a la parada del autobús provincial. Miró al cielo, observó que estaba encapotado. El manto de nubes grises parecía fundirse con el engendro visitado, que ya parecía una enorme masa compacta y oscura. Pero ni el aire frío ni el horror estético consiguieron afectar el ánimo de Lorena, que pensaba alegremente en Juan Manuel. Le pareció atractivo. El hombre, aunque entrado en la madurez, se conservaba bastante bien. Su pelo peinaba algunas canas, aunque no demasiadas, y su cuerpo se mantenía fibroso, seguramente debido al ejercicio físico regular. Su rostro, en el que destacaban unos pequeños pero vivos ojos castaños y rasgados, no manifestaba en demasía los efectos del paso de los años, probablemente como producto de la buena vida. A Lorena, a quien también le había impresionado su buen gusto en el vestir, le recordaba un poco a Richard Gere. Intuyó que aquel hombre debía ser un gran seductor.
El sonido del teléfono móvil vino a despertar a Lorena de sus ensoñaciones. Lo tomó en sus manos. Apreció que era una llamada a número oculto, por lo que decidió no responder, como siempre hacía ante este tipo de llamadas. Pero su rostro se enrojeció de repente. Ninguna de las personas con las que se relacionaba normalmente negaba la identidad llamante. Sospechó que se trataba de Jaime.
Ese beso :)
Estoy deseando darles lectura
bye
Un beso
Prometo leermelo todo!!
La verdad es que me he pasado el día leyendo y votando otros blogs... así que se me ha ido el santo al cielo.
Besos
Deni??
No hay nuevos capítulos?
Bueno, volveré más tarde
Besos
besos de la Roja
Si su amiga es más terrible que usted, entonces será bienbenida. En esta casa se apoya la libertad de expresión y, personalmente, me va la marcha.
Suerte en su viaje, para su amigo y que lo disfrute usted.
Su nick es Diahny. Esta es más terrible que yo,xD, pero muy certera.Mucha suerte y si ella me deja sin puesto, no intervendré más, jaja. Las Mujeres al poder!
Good luck! I´m going to go to England.
bye!
Supongo que es el comenatrio nº 13 de su post anterior y que no sé por qué razón no me deja leer, el resto sí.
Tengo que admitir que la descripción de los personajes está bastante bien, señorita Denise.
Saludos y suerte para esta noche.
Ah y sigo apoyando a http://tierrafirme.blogia.com
Hasta pronto.
Lynn, espero de verdad que no te confundas con los personajes, mira que todavía quedan unos cuantos por entrar... Si en algún momento no me explico bien o esto resulta un embrollo, por favor comenten... Aunque quizá lo parezca un poco si no se leen los capítulos precedentes.
En cuanto al tema del amor, pues verás, esta sociedad tan consumista en la que vivimos nos conduce a sentirnos perpetuamente insatisfechos. El amor, como otros aspectos de la vida, también se ve afectado.
A mí también me calman algunas sonrisas con dientes blancos.
Y me da desazón no saber llegar...
Me voy volando.
Un beso chiquilla :)
bye





