De Triunfadores - Capítulo VI
Segunda Parte
Eran las doce del mediodía. Por aquel entonces, Lorena había perdido ya la cuenta del número de llamadas, correos electrónicos y encargos urgentes que había despachado ya. Todos los días notaba un leve descenso de energía a aquella hora, pero en esa jornada en especial, se encontraba realmente desganada. Las condiciones climatológicas habían hecho descender su tensión hasta el suelo. Trató de hacer un esfuerzo e intentó fijar la vista en la pantalla, pero comprobó como cada vez le resultaba más difícil. Necesitaba un café, y lo necesitaba ya.
- Sandra ¿me puedes traer un café?
- Sí, claro. – A Sandra, que estaba hasta arriba de trabajo, le venía fatal el encargo. Pero, tras lo ocurrido, a nadie se le hubiera ocurrido contradecir a Lorena, quien, por otra parte, se congratuló de poder evitarse el triste espectáculo de ver a Adaina empapada.
Cuando llegó su encargo, Lorena dirigió su mirada a la pared y trató de relajarse un poco. Estaba tan acostumbrada a la presión, que sólo necesitaba unos instantes para volver a la carga. Abrió su correo electrónico de nuevo. De pronto, algo hizo que su vitalidad despertara de repente. Había un mensaje de Jaime. Lo abrió.
“Hola, hace mucho que no hablamos. ¿Te apetece que quedemos para comer hoy.”
“Muchas gracias Jaime, pero no puedo.”
“¿Y eso? ¿Tienes otros planes? Me tienes abandonado, esto no puede ser.”
“Estoy muy cansada y tengo que pasar por casa de mis padres.”
“¿Cansada tú? No me lo puedo creer. Ya veo como quieres a los amigos. Estoy muy triste. Venga mujer, anímate, así podemos hablar un rato. Por favor, di que sí. Me alegraré mucho.”
Lorena, presa de la agitación, se dejó llevar por un impulso.
“Bueno, vale”
“¿Dónde quedamos?”
“No sé, pero que sea lejos. Paso de que se entere la gente, ya sabes lo que les gusta hablar.”
Cuando terminó el intercambio de mensajes, Lorena regresó a la Tierra y se quedó pasmada al comprobar todo el tiempo que había pasado. Sentía una especie de confusión. También lamentó la decisión espontánea que había tomado. Sabía que esa amistad de la que hablaba Jaime no era más que una calculada estratagema para doblegar sus defensas. Podía presentir el peligro. Pero, lo que más le preocupaba, era lo que podría surgir de ella. No podía negarse a sí misma que se sentía atraída por Jaime, de hecho, había sentido una emoción profunda al recibir sus mensajes. Empezó a preocuparse.
La intensa lluvia de la mañana se había transformado en un fino goteo. Lorena y Jaime se encontraron a las puertas de un modesto restaurante.
- Hola guapísima.
- Hola Jaime, ¿cómo te va?
- Muy bien guapa ¿y a ti? Hace mucho que no hablamos.
- Ya, la verdad es que últimamente no quedo mucho con los compañeros.
- ¿Por qué, tienes mucho lío?
- Sí Jaime, sí.
Lorena solicitó una simple pechuga de pollo con ensalada. Se había propuesto cuidar su dieta y, tras los acontecimientos del día, tampoco tenía demasiada hambre. Sentada frente a Jaime, no podía dejar de contemplar esos rasgos que secretamente admiraba. Muy a su pesar, ese panorama hacía que algo en su interior bullese. Deseaba besarle, tocarle, sentirle cerca de ella. Un rato después, Lorena se encontró pidiendo el que sería ya su tercer café del día. Jaime la acompañó mientras se esforzaba por arrancarle las palabras. Buscaba una vía para entrar.
- ¿Te ocurre algo? No estás muy habladora.
- No es nada Jaime, es este tiempo tan tonto.
- ¿Qué tal hoy en el trabajo? ¿Van bien las cosas?
- Bueno, digamos que hoy he tenido un día un poco complicado.
- ¿Y eso? ¿Qué te ha pasado?
- He tenido un pequeño problema con Adaina. No quería llevarme unas cartas a correos.
- ¿Ah sí? Pues no sé, me parece raro, es una chica muy maja. – De repente, Lorena lo vio todo púrpura. Aquella afirmación se había clavado en su pecho como una daga envenenada. Sus rasgos se contrajeron en un rictus de desagrado. En una jugada maestra, optó por desviar la atención del tema, no quería que Jaime descubriera los aspectos más oscuros de su persona.
- Será que no la conozco bien.
El tiempo, tan escaso en los días laborales, amenazaba con agotarse. Abandonaron el sitio.
- Vamos en mi coche. Te dejaré donde no puedan vernos. – Jaime lanzaba escrutadoras miradas a Lorena en cada ocasión en que la conducción se lo permitía. Lorena, que era perfectamente consciente de este hecho, se acaloraba cada vez que se producía.
- Estás muy guapa, ¿lo sabes?
- Gracias. – Lorena sonrió, pero apartó su mirada.
- ¿Sigues con tu novio? – El nerviosismo se apoderó de Lorena.
- Sí.
- ¿Y qué tal te van las cosas?
- Muy bien. Nos vamos a vivir juntos. – Jaime frunció el ceño, pero volvió a la carga.
- ¿Entonces no tengo posibilidades?
- No. –Ahora que sus sospechas se habían confirmado, Lorena se encendió por completo. Por desgracia, el orgullo de saberse deseada no hacía más que incrementar su interés. Entre tanto, continuó fijando su vista en un punto lejano tras su ventanilla y manteniendo una actitud evasiva a fin de que Jaime no intuyese sus inclinaciones.
Pero el esfuerzo fue en vano. En la parada de un semáforo, Jaime puso una mano sobre su brazo.
- Si no pruebas más opciones, ¿cómo sabrás que has elegido bien?
- ¡YA BASTA JAIME!
Tras el grito, Jaime, ofendido y decepcionado, apartó rápidamente sus manos y sus ojos del cuerpo de Lorena. Pero, para sorpresa de Lorena, unos minutos después el chico volvió a dirigirse a ella con normalidad, casi como si nada de lo anterior hubiese sucedido.
- Lorena, perdóname. Había notado no sé… que tú querías lo mismo que yo. – Lorena se sonrojó. – Lo siento por la equivocación. ¿Quieres que sigamos siendo amigos?
- Siempre y cuando no vuelvas a intentarlo, por mí no hay problema.
- No te preocupes mujer, que conmigo nunca te va a pasar nada que tú no quieras. – Lorena le miró con furia.
- Qué es broma, chica. Vamos, alegra esa cara. No te preocupes.
Aquella misma tarde, Lorena obsequió a su novio con un beso y un abrazo poco más o menos tan sentidos como los que le daba en los primeros tiempos de la relación. – Cariño, ¿qué te pasa? – Nada, es sólo que he tenido un día un poco malo.
Por la noche, apenas pudo pegar ojo. Aquella contradicción no dejaba de girar en su cabeza. Por una parte, en sus manos estaba la posibilidad de entregarse al placer y disfrutar del hombre que tanto le excitaba. Pero no se podía tener todo en la vida. Si obraba de esta manera, se exponía a perder su relación y, por otra parte, no le agradaba en nada la idea de traicionar a la persona que más quería. Sólo sabía que, si perdía a Felipe, sería igual que un naufrago sin su tabla. Él era su apoyo, su sustento, el único punto de equilibrio de su vida, sin el cual difícilmente encontraría la garra que necesitaba para desafiar al mundo cada día.
Lynn, muchísimas gracias por tus buenos deseos, lo mismo te digo, gracias.
Kasandra, gracias por entenderlo, el trabajo es lo que tiene. Haremos lo que podamos.
Besos
Se te espera de todas formas y aprovecho ahora antes de comer para empezar por el principio ;)
Así mientras no escribes me pongo al día...
bye
Besos.
Besos
hasta otro rato
Jerjes, menudo peligro tienes tú jejeje.
Besos
Saludos
Seguimos trabajando en ello. Besos.
Nada, venñia a ver si ya habías subido capítulo nuevo, q andaba con la intriga ;)
Besos
Muchas gracias por vuestros comentarios, me ha encantado conocer vuestras impresiones.
En fin, veo que cada cual ha hecho sus apuestas, pero ya veremos a ver que pasa jejeje...
Besos
Me voy a quedar a ver si Lorena se da cuenta... y se atreve al menos a probar lo que podría suceder de dejarse arrastrar por su deseo :)
Me ha gustado mogollón hoy :))
la Roja
Sigue así y a ver dónde acaban estos dos.
Sigue así y a ver dónde acaban estos dos.
Un beso





