De Triunfadores - Capítulo IX
Segunda Parte
- ¿Qué ocurre aquí? – Felipe levantó su mirada y se topó con la estampa de un chico joven, con aspecto de recién levantado.
- El chico se ha levantado Nico, quiere marcharse.
- Hola tío, ¿qué tal estás? – Felipe se extrañó de tanta familiaridad. – Bueno, ya veo que mal. – Dijo entre sonrisas. La piel de Felipe se erizó, sintió recelo.
- Me duele todo el cuerpo.
- Normal tío, te han dado una buena paliza. Cuando te encontré ayer por la noche pensaba que estabas muerto. – Nico rió otra vez. Felipe le miró sin comprender. – Entonces fui a levantarte y dije que iba a llamar a urgencias. Pero tú te pusiste a gritar ¡No, no, no! Y no sabía que hacer, por eso te traje aquí. Pero yo creo que lo mejor será que te llevemos allí.
- Sí, sí, estoy fatal. – Exclamó Felipe aliviado, ansioso por salir de allí y liberarse del dolor.
- Pues será mejor que vayamos, lo siento tío, pero no tengo coche. Hay que andar. – Felipe no estaba en posición de objetar. Entre tanto se ayudó del soporte de Roxana para ir poquito a poco desplazándose fuera de la habitación. Nico se cambió en un instante y se incorporó al achacoso grupo. Era una vivienda de reducidas dimensiones, con lo que el empuje del vigoroso y recién incorporado miembro bastó para que alcanzaran la puerta muy pronto.
Tras la puerta hubieron de abrirse paso por una delgada terraza-pasillo que agrupaba varios apartamentos similares, al estilo de una corrala. El aspecto sórdido y descuidado del resto del edificio, con sus desconchones, no desentonaba con el piso visitado. Por otra parte, la antigüedad y el estilo de los acabados daban a entender que la casa probablemente tendría unos cien años. Felipe, que se sobrepuso con firmeza a sus padecimientos, puso todo su empeño en salir de allí cuanto antes.
Emprendieron la ardua tarea de descender las escaleras. Como el espacio era limitado, Nico se constituyó en el único soporte de Felipe. Aunque la piedra estaba desgastada no encontraron mucho obstáculo hasta el final, donde las losas de algunos peldaños se habían desprendido. – A ver si lo reparan de una puta vez.
Siguieron avanzando hasta la salida. Afortunadamente, Felipe se había recuperado un poco, de hecho, una vez que llegaron a la calle no necesitó que le sostuvieran. Empezó a caminar solo, aunque debió hacerlo despacio.
- ¿Cómo lo llevas?
- Bien, parece que mejor.
Los peculiares hermanos se dispusieron a ambos lados de Felipe, cual pareja de guardianes. Entre ellos intercambiaron algunas palabras en su idioma, imposible de comprender para Felipe. Aquel detalle le hizo desconfiar un poco. Por lo demás, Felipe no pudo dejar de echarles de vez en cuando curiosas miradas, no exentas de admiración aunque también de desconfianza. Eran ambos atractivos, incluso guapos, parecidos, pero diferentes a la vez. Pero… ¿Qué se ocultaba detrás de aquellos hermosos rostros, de aquellas sonrisillas pícaras que se enviaban el uno al otro? ¿No era todo, incluso su altruismo, demasiado bello para ser cierto?
Kasandra, ¿qué tú no eres directa? pues mira que me sorprende.
Y fijo que viene, los hombres saben desconectar muy bien a veces, mejor que nosotras. Pero volverá.
yo creo que tú si puedes ayudarme a esclarecer.
TE preguntarás por qué no se lo pregunto directamente al biólogo... porque yo no soy de ser directa, aunque esta tarde lo he intentado pero no vino :)
Me da miedo que no vuelva :')(
me gusta mucho :)
Jerjes creo que por ahí hay algo, no te suena "Rufino, un asesino de la tercera edad" jeje. Pero bueno, en principio las bandas de rumanos imponen más.
Mireia gracias por la visita! un saludo.
Besos.
saludos a la dueña de la casa.
Besos
Mireia, cualquier reflexión positiva o crítica la puedes compartir con nosotros.
Lynn, creo haber visto un comentario nuevo tuyo por ahí, me alegra que vuelvas a la carga, vamos a ver esas actualizaciones.
Besos.
Besos Denisa preciosa...mejórate
KSNdr
Gracias por tu comentario razonado.
Kasandra, a veces las miradas y los gestos hacen más efecto que las palabras, mucho más. En este caso aún más porque el chaval está de lo más perdido, después de lo que le ha pasado.
Seguimos con la fiebre, pero bueno, son inconvenientes de la vida cotidiana.
Muchos besos.
Te dejo un beso y te repito que espero que la fiebre haya cedido :)
Un placer
KSNDR





