De Triunfadores - Capítulo XI
Sentía poderosos impulsos de saltar, gritar, bailar, pero debía contenerse. - ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí! – Chilló en su fuero interno, ahora que había conquistado su sueño. Tantas emociones contenidas provocaron un temblor en sus manos. – A ver que dicen estos cuando lo sepan. – Pensó mientras observaba a los que se movían en su entorno. Pero no era la ocasión de hablar, todavía no, así que regresó a su mesa en silencio. Por el momento no le quedó otro remedio que centrarse e intentar seguir con lo suyo, aunque le fuera a costar hercúleos esfuerzos lograrlo.
Pero unos minutos después se rindió a la evidencia, no podía reprimirse más, hizo un receso y tomó su teléfono para llamar a Lorena.
- Cariño, ¡lo he conseguido!
- ¿El qué cielo?
- ¡El ascenso cariño! ¡El ascenso! Me han ascendido a Jefe de Administración.
- ¡Dios! ¡Es genial! ¡Me alegro muchísimo cariño! – Lorena, que no cabía en sí de gozo, creyó que iba a caerse de la silla. Su alegría era incluso superior a la de su pareja. Se veía a sí misma en compañía de todo un Jefe de Administración. Sus labios se arquearon hasta la deformidad. Al contrario que su pareja, la contención no entraba en sus planes, y fue corriendo a transmitir la noticia.
- Sandra, chicas, ¿a que no sabéis lo que ha pasado?
- ¿Qué ocurre?
- Han ascendido a mi novio, ahora es Jefe de Administración. – Declaró Lorena henchida como un pavo.
- ¡Felicidades! – Dijo Sandra.
- Ah, enhorabuena. – Comentaron otras, quizá menos efusivamente, pero muy conscientes de su deber de felicitar a la jefa.
Lorena no se detuvo a analizar la sinceridad de las declaraciones. Cumplido su cometido, regresó al trabajo, eso sí, con mucho más vigor que antes.
En la oficina de Felipe, mientras tanto, la noticia voló con una rapidez que él ni hubiera querido ni hubiera sospechado. Las reacciones se sucedieron en cascada.
- ¡Enhorabuena tío! ¡Felicidades guapo! – Ahora todo eran sonrisas y halagos. Había cruzado la línea, la competencia había terminado.
Finalmente, Eloy, el máximo rival para el puesto, se presentó frente a la mesa de Felipe a última hora de la tarde. El muchacho no dijo nada, se limitó a observar a su contrincante con un nudo en el estómago.
- Enhorabuena, Felipe. Lo has conseguido.
– Gracias.
- Nada, no hay de qué. Oye, tengo algo que decirte, ¿te vienes a tomar algo?
- Bueno, la verdad es que he quedado con mi novia y otra gente para celebrarlo...
- Sólo te pido un minuto. Lo que tengo que decirte es importante, pero no puedo hacerlo aquí. Venga, sólo será un momento. Es importante, en serio.
– Bueno, dame un minuto.
A Felipe no le atraía la propuesta nada en absoluto, pero no pudo resistirse al mágico canto de la curiosidad. Receloso, pero preocupado, acompañó a su compañero al exterior del edificio.
Felipe indicó el lugar donde se hallaba el bar más cercano, pero Eloy rehusó la propuesta.
– Podríamos encontrarnos con la gente del curro, no me parece buena idea. Vamos un poco más arriba... – Felipe anduvo tenso durante el camino, deseoso de saber, pero a su vez con temor sobre lo que le habría de ser revelado. Finalmente, llegó la hora de la verdad.
- Felipe, he presentado mi dimisión, me voy. Sí, me imagino que estás pensando que lo hago porque a ti te han concedido el puesto y sí, lo cierto es que es bastante injusto. Entiéndeme, chaval, yo no digo que tú no valgas, que sí vales, y mucho. Además, sé que eres buena persona. Pero últimamente me he enterado de cosas que no me gustan nada. Estoy hasta los cojones.
- ¿Pero que ocurre?
- No puedo decirte nada. Pero bueno, a lo que voy, como te dije, creo que eres buena persona, así que ten cuidado porque en este barco hay más de una rata. Sobre todo el pájaro ese de Gonzalo.
– Eloy, ¿pero de qué me estás hablando?
- Sólo te digo que tengas cuidado, nada más.
- Bueno, no entiendo nada, pero de todas maneras gracias por tus consejos y que tengas suerte.
- No te preocupes por mí, sobreviviré, preocúpate por ti. Hazme caso y presta mucha atención a lo que se cuece ahí dentro. No te fíes nada de Gonzalo. Mucha suerte chaval, siento los malos rollos del pasado.
- Yo también lo siento, que te vaya bien.
Los dos ex-compañeros se despidieron. Aunque Eloy había conseguido sembrar la duda en la mente de Felipe, lo cierto es que éste se inclinaba más a pensar que tales palabras eran fruto del resentimiento. Así pues, por el momento, no quiso concederle mayor importancia a los comentarios. Felipe se encaminó alegre y confiado a recibir las alabanzas de su novia y familiares, que muy gustosos compartirían con él su dicha.
Disfruta, disfruta...
Jerjes, en todo culebrón tiene que a ver malos, si no no tiene gracia jajaja.
Besos
Pero si es que luego me dirás que eres un angelito! jajaja
Un beso!
Ummm, el éxito, el exitazo...
Ay, te dejo Deni, entre tanta gente de éxito.
Bye





