De Triunfadores - Capítulo XII
Los tacones eran demasiado altos como para que se pudiera salvar la diferencia entre ambos zapatos, así que Lorena comprendió que la única alternativa era igualarlos. Ahora que la mujer y los niños, para su regocijo, se habían esfumado de la escena, se sintió libre para golpear el zapato sano con furia, una y otra vez, hasta que desgajó el alza sobrante. Después se calzó, pero comprobó desilusionada que con tan arqueados empeines le sería imposible enlazar dos pasos con normalidad.
Con la misma gracia con la que los patos danzaban al salir fuera del agua continuó su rabiosa huída hacia delante, dispuesta a derrotar todos los obstáculos. Todavía quedaba una última esperanza, y es que había un almacén chino muy próximo a al flamante edificio de oficinas.
La ruta se le hizo eterna. – ¡Pero qué cosas más raras pasan hoy! Es como si la tienda estuviera mucho más lejos... – Pensó con estupefacción. Luego contuvo el aliento para mirar nuevamente el reloj. - ¡Pero si apenas ha pasado tiempo! – Y sonrió embargada de esperanzas, abrazándose al arrojo que tantas veces la acompañaba.
Por fin llegó al chino de la esquina, en cuyo mostrador descubrió a un hombre cuya cabeza asombraba por sus grandes dimensiones. -¿Será verdad que me estoy quedando ciega? – Atemorizada se dirigió rauda a la estantería donde recordaba haber visto algunos zapatos, no muy elegantes, pero calzado al fin y al cabo. Sin embargo, cuando llegó a la balda no encontró nada del material ansiado. Volvió sus ojos a uno y otro lado ansiosamente, pero no divisó nada ni remotamente parecido. Se sintió atacada por un nuevo golpe de calor. Le temblaron las piernas. – Uff, tendré que preguntarle al hombre... – Pero no tenía por costumbre dejarse dominar por el miedo, así que no lo dudó.
- Emm, perdone… ¿me podría decir dónde están los zapatos?
- Zapatos, ahí. – Lorena siguió la dirección del dedo. – Pero… oiga, eso no son zapatos… - ¡Zapatos ahí! – Replicó el hombre enfurecido, para después perder sus ojos de nuevo en una revista que estaba leyendo. – Lorena sintió que en esta ocasión iba a romper a llorar definitivamente cuando contempló aquella colección de fluorescentes e imposibles chanclas playeras.
De pronto escuchó un grito, un alarido que penetró en sus tímpanos y le hizo abrir sus grandes ojos al máximo. Era el despertador. Se incorporó sobre la cama y se tocó la frente. Estaba ardiendo. Trató de mover un poco más su cuerpo bañado en sudor, pero sus doloridos músculos protestaron. Aun así decidió esforzarse y acudir a la cocina.
- ¡Pero qué te pasa hija!
- Tengo fiebre mamá.
- ¡Hija estás fatal! ¡Así no puedes ir a trabajar!
- Ya mamá, pero es que tengo una reunión muy importante…
- Hija que no puede ser, además tienes muy mala cara, ¿no te has visto?
- No… - Intrigada, arrastró sus debilitadas piernas al baño. Sentía un cansancio tan profundo que temió que lo suyo no fuera cosa de broma. – Uf, sí que estoy mal.
- Mamá, tienes razón, creo que tengo gripe.
- Te lo estoy diciendo, así no puedes ir a trabajar.
…
Se despertó y trató de estirar un poco su cuerpo entumecido y blando, que se hallaba en un estado aún más deplorable que dos días antes. Sin embargo, tantas horas en la cama hacían su convalecencia insoportable y de vez en cuando se empujaba así misma fuera de las mantas. ¡Qué frío! ¡Qué dolor! – Se lamentaba mientras cubría bien los resquicios menos abrigados de su cuerpo. Torpe por la tiritera, alcanzó la cocina con dificultad. Pensó que el gran piso despejado de habitantes ofrecía todo un abanico de libertades. Le hubiera gustado danzar desnuda, brincar, en definitiva, expresar cualquier cosa que no se pareciese a su pose habitual. Pero en tal día que se hallaba libre de las ataduras del trabajo, le era imposible hacerlo.
Tras el café con analgésicos, regresó a su cuarto. Pero nada lograba aliviar con eficacia las molestias de la gripe. Encendió su ordenador para matar el aburrimiento y casi al tiempo que las luces llenaban su pantalla se abrió el mesenger, que Lorena prácticamente no utilizaba.
Sin embargo, recibió un mensaje.
“Hola”
“Hola”
“¿Qué tal estás? Me han dicho que no muy bien...”
“No, no muy bien. ¿Y tú que haces conectado? ¿no estás en el trabajo?”
“Sí, jajaja, pero es que ahora no está el jefe jajaja”
Se produjo un breve silencio. Lorena, quien se había olvidado bastante del asunto, notó un cierto rebrotar de sus calores. - ¿Pero por qué? ¿Será la enfermedad?
“Bueno y qué, ¿te están cuidando bien?”
“No me puedo quejar”
“Oye, pues si quieres me paso a darte algo de calorcito jejeje”
“¡Jaime!”
“¿No me das cam?”
“Sí anda, para que me vean los del trabajo...”
“Jajaja, es broma mujer”
“Bueno vale”
“¡No te enfades guapísima! ¡Una chica con esos ojos no puede estar triste!”
“Bueno Jaime déjalo.”
“Es que si eres guapa, eres guapa y te lo tengo que decir, si no te estaría mintiendo.”
“Bueno Jaime te tengo que dejar”
Lorena se sintió repentinamente agobiada y se desconectó, pues no era poco lo que temía el resurgir de ciertas sensaciones. Enjugó el sudor que ya descendía en gotas por su frente y se refugió en la cama. El fuego ascendió desde la entrepierna a la mente, pero su debilidad era más fuerte, y finalmente cayó dormida. Pero no pudo evitar que en sus sueños los fibrosos y juveniles brazos del pecado cayeran sobre ella.
Y con la gripe el doble.
El tal Jaime no me parece interesante. Pero a veces por el físico de los sentidos... aceptamos fingirnos :)
Yo ya he follado con algún Jaime ;)
Muchos besos
Jerjes, bueno, a quién no le traicionan los sueños? ese sueño está inspirado en los sueños que de vez en cuando tenemos y que parecen totalmente reales. En este caso es todo inventiva.
Anaccapote si te parece raro o propio de una perturbada lo puedes decir, que no pasa nada.
Besos.
Por cierto...parece un sueño muy real...lo soñaste de verdad?
Besos
Besos
En fin,me voy a trabajar.
Hasta después





